Simulaciones de la Universidad de Leipzig muestran que los veranos excepcionalmente cálidos pueden concentrar sus peores temperaturas durante la segunda mitad de la estación
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Valentina Ríos
La disminución de la humedad del suelo puede ampliar el periodo durante el cual Europa occidental permanece expuesta a episodios prolongados de calor extremo. Así lo indica una investigación de la Universidad de Leipzig, en Alemania, que comparó veranos excepcionalmente cálidos del clima preindustrial con los que pueden producirse bajo las condiciones actuales.
El estudio, publicado en la revista Earth’s Future, concluye que el final del verano se está calentando más que su primera parte. Al mismo tiempo, la superficie terrestre llega a agosto y septiembre con menos agua disponible, lo que reduce la capacidad natural del suelo para moderar las temperaturas.
Los autores advierten que el próximo verano excepcionalmente extremo podría superar considerablemente los episodios observados durante los últimos años. Sin embargo, no ofrecen una fecha para su aparición: analizan cómo sería un evento con una probabilidad estadística aproximada de uno por siglo dentro del clima actual.
El calor más intenso se desplaza hacia el final del verano
En el clima preindustrial, correspondiente al periodo de referencia entre 1850 y 1900, los veranos extremadamente cálidos estudiados tendían a mantener temperaturas elevadas durante toda la estación. Las simulaciones actuales muestran una distribución diferente.
Un “verano del siglo” contemporáneo podría comenzar con condiciones relativamente frescas y evolucionar después hacia un periodo persistentemente caluroso durante la mitad y el final de la estación. Esta estructura aumenta la posibilidad de que una sucesión de días cálidos se convierta en una ola de calor extensa.
Peter Pfleiderer, investigador del Instituto de Meteorología de la Universidad de Leipzig y autor principal del trabajo, explicó que ahora existe una ventana más prolongada al final del verano en la que una configuración meteorológica favorable, combinada con terrenos muy secos, puede generar temperaturas extremas.
El resultado se suma a la evidencia de que las olas de calor europeas son más frecuentes e intensas. El calentamiento de fondo eleva la temperatura desde la que comienza cada episodio, mientras las condiciones regionales determinan su duración y magnitud.
Por qué un suelo seco eleva la temperatura del aire
La humedad del suelo interviene directamente en el balance energético de la superficie. Cuando el terreno contiene suficiente agua, una parte de la energía solar se consume en la evaporación. Este proceso extrae calor del entorno y funciona como un mecanismo de refrigeración.
Cuando el agua disponible disminuye, la evaporación se reduce. Una proporción mayor de la energía se transforma entonces en calor sensible, que eleva la temperatura del suelo y del aire situado sobre él. De esta manera, una superficie seca puede intensificar el efecto de una masa de aire caliente o de un sistema persistente de alta presión.
La investigación calcula que los veranos del clima actual presentan, en promedio, un 8 % menos de precipitaciones estacionales y suelos aproximadamente un 7 % más secos al final de la estación. Durante un verano extraordinariamente cálido, estas diferencias pueden resultar más pronunciadas.
El proceso forma una interacción acumulativa: el calor acelera la pérdida de humedad y, a medida que el suelo se seca, disminuye la evaporación capaz de limitar el aumento de temperatura. Este mecanismo no reemplaza la influencia del calentamiento global ni de la circulación atmosférica, sino que amplifica sus efectos regionales.
Simulaciones diseñadas para estudiar eventos poco frecuentes
Los episodios de calor con una frecuencia aproximada de uno por siglo son difíciles de examinar mediante simulaciones climáticas convencionales. Para obtener suficientes casos comparables sería necesario ejecutar modelos durante periodos muy extensos, con un elevado coste computacional.
El equipo utilizó un procedimiento denominado muestreo de eventos raros. Los investigadores iniciaron numerosas simulaciones al comienzo del verano y evaluaron periódicamente su evolución. Cuando una ejecución no avanzaba hacia condiciones extremadamente cálidas, era interrumpida para concentrar los recursos informáticos en los escenarios relevantes.
Este método permitió generar una colección amplia de veranos extremos tanto para el clima actual como para el preindustrial. Posteriormente, el equipo comparó las temperaturas, la precipitación y la humedad del suelo para identificar cambios que no podían explicarse únicamente por el aumento medio de la temperatura.
El análisis se concentró en Europa occidental y utilizó el modelo climático CESM2. Los resultados no describen con el mismo detalle todas las regiones del continente, ya que el Mediterráneo, Europa central y el este europeo pueden responder de manera diferente a la circulación, la vegetación y las reservas de agua.
Circulación atmosférica y humedad del suelo actúan juntas
Para que aparezca una ola de calor prolongada no basta con que el terreno esté seco. También deben coincidir patrones atmosféricos capaces de mantener cielos despejados, aire cálido y escasas precipitaciones sobre una misma región.
Los sistemas de alta presión persistentes pueden bloquear el desplazamiento habitual de las perturbaciones. La relación entre estos bloqueos atmosféricos y los extremos meteorológicos en Europa ayuda a explicar por qué algunos episodios permanecen durante días o semanas.
Otra investigación de la Universidad de Leipzig atribuyó cerca del 55 % de la tendencia observada hacia veranos europeos más secos a modificaciones de la circulación atmosférica. Los detalles de ese análisis sobre la circulación y la pérdida de humedad del suelo en Europa muestran que el calentamiento y los cambios meteorológicos regionales deben estudiarse conjuntamente.
Los autores del nuevo trabajo continuarán investigando la influencia de la circulación sobre los veranos excepcionales. También pretenden ampliar las simulaciones al Mediterráneo y Europa oriental, donde la sequedad previa, las precipitaciones y la respuesta del terreno pueden diferir de las condiciones occidentales.
Preparación para episodios más largos y tardíos
Un periodo de calor que se prolonga hasta el final del verano puede coincidir con embalses más bajos, vegetación seca, suelos agotados y una mayor presión acumulada sobre la agricultura y los ecosistemas. También puede aumentar el peligro de incendios y prolongar la demanda de refrigeración y agua.
La preparación necesita considerar la duración total del episodio, no solo la temperatura máxima de una jornada. Los planes de adaptación pueden requerir alertas sanitarias más largas, protección para trabajadores expuestos, disponibilidad de refugios climáticos y seguimiento continuo de la humedad del suelo.
El estudio no sostiene que todos los próximos veranos serán extremos. Su conclusión es que, bajo el clima actual, las condiciones físicas permiten un evento mucho más intenso y persistente que los experimentados recientemente, dentro de un continente que se calienta con mayor rapidez que el promedio mundial.
El muestreo de eventos raros ofrece una herramienta para anticipar escenarios de baja frecuencia pero consecuencias elevadas. Esta información puede ayudar a las autoridades a diseñar planes para un verano que todavía no ha ocurrido, pero que ya resulta físicamente posible en las condiciones climáticas presentes.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Earth’s Future
