Un análisis con modelos biogeoquímicos, aprendizaje automático e inversiones atmosféricas calcula que los suelos retiran entre 40 y 45 millones de toneladas métricas del gas cada año.
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Eduardo Schmitz
Los microorganismos que viven en los suelos podrían retirar de la atmósfera una cantidad de metano considerablemente mayor de la calculada hasta ahora, según una investigación publicada en 2026 en la revista Journal of Geophysical Research: Biogeosciences. El resultado modifica una pieza importante del balance global de este potente gas de efecto invernadero.
El equipo dirigido por Youmi Oh estimó que los microbios terrestres absorben entre 40 y 45 teragramos de metano al año, equivalentes a entre 40 y 45 millones de toneladas métricas. Las evaluaciones anteriores situaban generalmente este sumidero biológico entre 28 y 35 millones de toneladas anuales.
La nueva cifra surgió al comparar tres aproximaciones independientes: un modelo basado en procesos biogeoquímicos, un sistema de aprendizaje automático alimentado con observaciones y una inversión atmosférica que reconstruye fuentes y sumideros a partir de las concentraciones del gas.
Los metanótrofos funcionan como un filtro atmosférico
Los organismos responsables de esta absorción se conocen como metanótrofos. Son bacterias y otros microorganismos capaces de utilizar el metano como fuente de carbono y energía, oxidándolo antes de que permanezca en la atmósfera.
La actividad ocurre principalmente en suelos con oxígeno disponible, donde el gas atmosférico penetra a través de los poros. Las condiciones de humedad, temperatura, estructura y nutrientes determinan cuánto metano pueden procesar las comunidades microbianas.
Los metanótrofos se encuentran en ambientes muy diferentes, desde suelos árticos hasta bosques, praderas y desiertos. Su diversidad y distribución todavía no están completamente documentadas, lo que ha dificultado representar su actividad en los modelos del ciclo global del carbono.
En otros ecosistemas también actúan como barrera biológica. Un estudio realizado en el estuario del río Yangtsé comprobó que los túneles excavados por cangrejos favorecen a microorganismos consumidores de metano al introducir oxígeno en los sedimentos de los humedales.
Tres modelos permitieron revisar el sumidero mundial
Las estimaciones convencionales suelen proceder de dos enfoques. El primero representa desde abajo los procesos del suelo, la vegetación, los humedales y las aguas continentales. El segundo comienza con las concentraciones observadas en la atmósfera y calcula hacia atrás la combinación de fuentes y sumideros compatible con esos registros.
Ambos métodos no siempre producen el mismo balance. Los modelos basados en procesos han calculado emisiones de humedales y aguas continentales superiores a las inferidas mediante observaciones atmosféricas. Un sumidero del suelo mayor ayudaría a explicar parte de esa diferencia.
Los investigadores añadieron un tercer enfoque basado en aprendizaje automático. También actualizaron la representación de la dinámica microbiana e incorporaron lugares y comunidades que habían recibido poca atención en cálculos anteriores.
El modelo biogeoquímico y el sistema de aprendizaje automático produjeron estimaciones semejantes. Cuando la mayor absorción se incorporó a las inversiones atmosféricas, estas reprodujeron mejor tanto la concentración observada de metano como la composición de sus isótopos estables de carbono.
La coincidencia entre aproximaciones no elimina la incertidumbre, pero ofrece una señal consistente de que el sumidero terrestre fue subestimado. También demuestra el valor de combinar mecanismos físicos y biológicos con análisis estadísticos de grandes conjuntos de datos.
El metano calienta más que el dióxido de carbono
El metano permanece menos tiempo en la atmósfera que el dióxido de carbono, pero tiene una capacidad de calentamiento entre 27 y 30 veces superior durante un horizonte de 100 años. Por ello, incluso cambios moderados en sus fuentes o sumideros pueden modificar las proyecciones climáticas.
Las principales fuentes humanas incluyen la producción y distribución de combustibles fósiles, la ganadería, los vertederos y el cultivo de arroz. Los humedales, lagos, suelos inundados y otros sistemas naturales también generan el gas mediante microorganismos que prosperan en ambientes con poco oxígeno.
El equilibrio depende de la competencia entre los organismos que producen metano y aquellos que lo consumen. Investigaciones sobre el efecto del calentamiento en las emisiones naturales de metano indican que los microbios consumidores no siempre compensan el aumento de la producción cuando suben las temperaturas.
El nuevo cálculo del sumidero del suelo no significa que las emisiones hayan dejado de ser un problema ni que los microorganismos puedan neutralizar automáticamente las fuentes humanas. El hallazgo mejora el balance global, pero no sustituye la reducción de fugas de combustibles fósiles, emisiones ganaderas y otros aportes.
Los suelos pueden emitir o absorber según sus condiciones
La función de un suelo cambia según el oxígeno y la humedad. Los terrenos bien aireados suelen favorecer la oxidación del metano, mientras los suelos anegados pueden crear zonas sin oxígeno donde otros microorganismos producen el gas.
Esta dualidad explica por qué dos ecosistemas próximos pueden tener balances opuestos. Incluso dentro de un mismo humedal, las capas profundas pueden generar metano mientras las zonas superficiales oxigenadas consumen parte del gas antes de que llegue al aire.
Los árboles también intervienen en este intercambio. Algunos pueden transportar metano originado en suelos húmedos o albergar microorganismos productores dentro de sus tejidos, como mostró el estudio sobre las bacterias metanogénicas presentes en árboles.
La humedad insuficiente también puede perjudicar a los metanótrofos porque limita su actividad. La compactación, la degradación, los incendios y los cambios de uso del territorio alteran la porosidad, el oxígeno y las comunidades microbianas que sostienen el sumidero.
El Ártico reúne productores y consumidores de metano
Los suelos árticos contienen enormes reservas de materia orgánica congelada. Cuando el permafrost se descongela, los microorganismos recuperan acceso a ese material y pueden liberar dióxido de carbono o metano dependiendo de la humedad y del oxígeno disponible.
En algunos lugares, los metanótrofos consumen una fracción importante del gas producido bajo la superficie. El resultado final depende del equilibrio entre ambos grupos, como explica el análisis sobre el papel contradictorio de los microbios en el Ártico.
El calentamiento, el drenaje y la formación de nuevos humedales pueden modificar ese balance. Un terreno más seco puede incorporar oxígeno y favorecer la oxidación, mientras la saturación de agua crea condiciones adecuadas para producir metano.
Estas respuestas no son uniformes en toda la región polar. La vegetación, la nieve, la profundidad de la capa activa, la topografía y el tipo de materia orgánica introducen diferencias que requieren mediciones locales y observaciones prolongadas.
La corrección de unidades evita una interpretación errónea
La información divulgativa original fue corregida el 21 de agosto de 2026 para precisar que la absorción estimada se expresa en teragramos, no en gigatoneladas. Un teragramo equivale a un millón de toneladas métricas.
La diferencia entre ambas unidades es de mil veces. Por tanto, el resultado correcto es de 40 a 45 millones de toneladas métricas de metano por año, no de 40 a 45 gigatoneladas.
Esta precisión resulta esencial para comparar el hallazgo con otros componentes del presupuesto global de metano. El valor revisado continúa siendo superior a las estimaciones utilizadas en métodos anteriores y en algunas evaluaciones climáticas internacionales, pero permanece dentro de una escala físicamente coherente.
Los modelos climáticos podrán representar mejor el ciclo del gas
Una estimación más precisa del sumidero permite calcular con mayor fidelidad cuántas emisiones son necesarias para explicar el metano observado en la atmósfera. También ayuda a separar la contribución de humedales, combustibles fósiles, agricultura y otras fuentes.
El siguiente paso será ampliar las mediciones en regiones poco estudiadas y determinar cómo responden los metanótrofos al calentamiento, la sequía, los cambios de vegetación y la degradación del suelo. Los ecosistemas húmedos merecen especial atención porque albergan simultáneamente comunidades productoras y consumidoras, como muestran las investigaciones sobre el papel de los microbios de humedales en el ciclo del carbono.
El estudio tampoco demuestra que todos los modelos anteriores sean incorrectos. Propone una revisión basada en la convergencia de tres métodos y ofrece una hipótesis más consistente con las observaciones atmosféricas disponibles.
Reconocer una mayor absorción microbiana modifica la contabilidad del metano, pero no reduce la necesidad de controlar sus emisiones. El sumidero del suelo constituye un servicio ecológico vulnerable cuyo funcionamiento depende de conservar la estructura, biodiversidad y condiciones ambientales de los ecosistemas terrestres.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Journal of Geophysical Research: Biogeosciences
Eos – American Geophysical Union
