El episodio podría convertirse en el más intenso desde que comenzaron los registros modernos, mientras el déficit de lluvias presiona el arroz, el aceite de palma, la pesca y las reservas de agua del sudeste asiático
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Santiago Duarte
El rápido fortalecimiento de El Niño está elevando el riesgo de sequías severas en Asia y amenaza con extender sus consecuencias a los mercados mundiales de alimentos. El sudeste asiático ya registra incendios, reducción de reservas de agua y problemas para la pesca, mientras el fenómeno climático continúa intensificándose en el Pacífico tropical y se aproxima a su máximo previsto hacia diciembre de 2026.
Las señales oceánicas y atmosféricas apuntan a un episodio excepcional. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) estima una probabilidad del 69% de que el actual El Niño termine siendo el más fuerte registrado desde 1950. El servicio meteorológico nacional del Reino Unido también considera que podría convertirse en el más intenso observado en tiempos modernos.
La evolución confirma una tendencia que se venía observando desde mediados de año. En julio, los pronósticos ya indicaban que El Niño podía situarse entre los episodios más intensos registrados desde 1950, aunque entonces la probabilidad estimada de alcanzar una categoría muy fuerte era del 81% para el trimestre octubre-diciembre.
El sudeste asiático entra en una fase crítica de sequía
El Niño se produce cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental alcanzan temperaturas superiores a las normales y esos cambios oceánicos se acoplan con modificaciones de la circulación atmosférica. El resultado puede reorganizar las precipitaciones a miles de kilómetros y favorecer sequías en unas regiones e inundaciones en otras.
En el sudeste asiático, uno de los patrones característicos de un episodio fuerte es la reducción de las lluvias. Indonesia, Malasia, Tailandia, Vietnam y otros países de la región afrontan por ello una etapa particularmente sensible, debido a la importancia de las precipitaciones estacionales para la agricultura, los embalses, los ríos y el abastecimiento urbano.
Los mecanismos que permiten a El Niño alterar el clima mundial están relacionados con cambios simultáneos en el océano y la atmósfera. Una explicación detallada de cómo se forma El Niño y desplaza los patrones de lluvia a escala planetaria permite entender por qué un calentamiento localizado en el Pacífico puede terminar afectando regiones alejadas de ese océano.
En Indonesia, la escasez de precipitaciones ya ha favorecido incendios en bosques y turberas. También está disminuyendo el nivel del embalse de Karian, en la provincia de Banten, una infraestructura estratégica para el suministro de agua del área metropolitana de Yakarta.
Arroz y aceite de palma quedan expuestos a la falta de agua
La agricultura se encuentra entre los sectores más vulnerables. La temporada húmeda del sudeste asiático, generalmente comprendida entre junio y octubre, resulta esencial para recuperar las reservas de agua, reducir el estrés térmico y disponer de recursos para el riego antes de los siguientes ciclos de siembra.
Una sequía prolongada puede obligar a retrasar la plantación, reducir la superficie cultivada o sustituir determinados cultivos. Kareff Rafisura, responsable de la División de Reducción del Riesgo de Desastres de la Comisión Económica y Social de Naciones Unidas para Asia y el Pacífico, advirtió que la agricultura se encuentra en primera línea frente a los efectos del episodio.
El arroz merece especial atención porque India, Vietnam y Tailandia, los tres principales exportadores mundiales, se encuentran entre los países que pueden experimentar efectos importantes del actual El Niño. La producción está concentrada en Asia y depende en gran medida de sistemas agrícolas sensibles tanto a las lluvias monzónicas como a la disponibilidad de agua para riego.
Indonesia y Malasia presentan otra vulnerabilidad de alcance internacional: conjuntamente suministran alrededor del 85% del aceite de palma del mundo. En las plantaciones indonesias, la falta de lluvia puede incluso dificultar la fertilización, ya que los productores necesitan humedad suficiente para disolver los fertilizantes y reducir el riesgo de daños a las plantas.
La amenaza climática alcanza también a la pesca del Mekong
Los efectos potenciales no se limitan a los cultivos terrestres. Menores precipitaciones y temperaturas elevadas pueden reducir los caudales y modificar las condiciones ecológicas de ríos y lagos que sostienen importantes pesquerías continentales.
El sistema del Mekong, que atraviesa seis países, es especialmente relevante. Millones de personas dependen directa o indirectamente de sus recursos acuáticos para alimentación, ingresos y agricultura. La cuenca ya se encuentra sometida a múltiples presiones derivadas de la construcción de infraestructuras, la minería y las modificaciones del régimen hidrológico.
Especialistas de la Comisión del Río Mekong advierten que los niveles de agua menos predecibles dificultan tanto la pesca como la producción agrícola de las comunidades ribereñas. Una sequía intensa durante El Niño puede añadir presión a un sistema donde las variaciones estacionales del caudal son fundamentales para los ciclos reproductivos de numerosas especies.
Los impactos sobre las pesquerías ya se observan en otras zonas del Pacífico. En Ecuador, por ejemplo, el calentamiento asociado a El Niño está modificando la pesca artesanal, al desplazar especies comerciales y aumentar las distancias que deben recorrer algunas embarcaciones.
Hasta 49 millones de personas adicionales podrían afrontar inseguridad alimentaria
El Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas estima que los efectos asociados al actual episodio podrían empujar al menos a 49 millones de personas adicionales hacia situaciones de inseguridad alimentaria aguda antes de finalizar 2027. Las mayores amenazas se concentran en partes de América Central y África austral, aunque también se anticipan consecuencias importantes en África oriental y en el sur y sudeste de Asia.
El impacto final dependerá de numerosos factores además del clima. Las cosechas disponibles, las reservas nacionales, el comercio internacional, los precios de la energía y los fertilizantes y la capacidad de los gobiernos para apoyar a las poblaciones vulnerables determinarán cuánto de la perturbación climática termina convirtiéndose en una crisis alimentaria.
Asia afronta el episodio después de destinar recursos públicos a amortiguar otros choques económicos, incluidos los mayores costos energéticos y las dificultades en el suministro de fertilizantes vinculadas con el conflicto en Irán. Esa combinación reduce el margen fiscal disponible en algunos países para responder a nuevas pérdidas productivas.
La relación entre El Niño y el acceso a los alimentos ya se ha convertido en una preocupación en otros territorios. Naciones Unidas había advertido, por ejemplo, que el fenómeno podía agravar la inseguridad alimentaria de millones de personas en Ecuador cuando los extremos climáticos coinciden con vulnerabilidades económicas y productivas preexistentes.
Los alimentos podrían encarecerse si coinciden pérdidas en grandes productores
La relevancia del sudeste asiático para el comercio internacional significa que una sequía regional puede transmitirse rápidamente a otros países mediante los precios. Una reducción simultánea de cultivos exportables como arroz y aceite de palma limitaría la oferta disponible en los mercados internacionales.
Analistas de Goldman Sachs estiman que el episodio podría elevar más de un 15% los precios mundiales de las materias primas alimentarias. Se trata de una estimación económica y no de un resultado inevitable: la magnitud dependerá de la duración de la sequía, los rendimientos agrícolas, las reservas disponibles y las decisiones comerciales de los países productores.
El riesgo aumenta cuando varios exportadores importantes son afectados al mismo tiempo. En productos con una proporción relativamente pequeña de la producción destinada al comercio internacional, una reducción moderada de las exportaciones puede generar movimientos de precios mayores que los sugeridos por la caída de la cosecha global.
El Niño actúa sobre océanos que ya registran temperaturas elevadas
El Niño forma parte de la variabilidad natural del sistema climático y no está causado por el calentamiento global. Sin embargo, el episodio de 2026 se desarrolla mientras los océanos presentan temperaturas excepcionalmente elevadas. En agosto se registraron nuevos máximos de temperatura oceánica mundial, de acuerdo con los datos citados por especialistas de Naciones Unidas.
Las observaciones del Pacífico ya habían mostrado señales claras antes del actual fortalecimiento. La misión satelital SMOS permitió seguir cambios en la salinidad superficial relacionados con la evolución de El Niño, incluido el desplazamiento hacia el este de aguas menos salinas conforme se debilitaban los vientos alisios.
La Organización Meteorológica Mundial informó a comienzos de septiembre que El Niño estaba firmemente establecido y continuaría intensificándose. Su actualización situó en casi el 100% la probabilidad de que el episodio persista hasta febrero de 2027 con una intensidad muy fuerte.
Un episodio récord no implica los mismos impactos en todos los países
La elevada intensidad prevista no permite determinar por sí sola qué ocurrirá en una localidad concreta. El Niño modifica las probabilidades de determinados patrones meteorológicos, pero sus efectos dependen de la estación, la geografía y la interacción con otros componentes de la circulación atmosférica y oceánica.
En el sudeste asiático y partes de Australia predominan los riesgos de sequedad y calor durante determinados períodos, mientras algunas regiones de América del Sur, África oriental y el sur de Estados Unidos pueden experimentar condiciones más húmedas. Incluso dentro de una misma región pueden coexistir déficits de lluvia y episodios extremos de precipitación.
La experiencia histórica confirma esas diferencias. Episodios intensos como los de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016 tuvieron repercusiones mundiales, pero no reprodujeron exactamente la misma distribución de sequías, inundaciones y temperaturas extremas.
Para Asia, la preocupación inmediata se concentra en el agua y los alimentos. La intensidad que alcance El Niño hacia finales de 2026, la duración de las anomalías durante 2027 y la respuesta de los monzones determinarán cuánto de la actual amenaza se traduce finalmente en pérdidas agrícolas, alteraciones de la pesca y presión sobre los precios mundiales.
Fuente referencial:
Phys.org




