Las observaciones de la misión SMOS muestran cómo el desplazamiento de aguas menos salinas puede revelar cambios tempranos asociados al fenómeno climático
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
La distribución de la salinidad superficial en el océano Pacífico tropical podría aportar señales tempranas sobre la evolución de El Niño. Observaciones de la misión satelital SMOS, operada por la Agencia Espacial Europea, muestran que las masas de agua menos salina se desplazan hacia el este cuando se debilitan los vientos alisios y cambia el régimen de lluvias sobre la región ecuatorial.
El análisis de las condiciones asociadas al episodio emergente de El Niño de 2026 indica que la salinidad permite seguir simultáneamente modificaciones en la precipitación, la evaporación y las corrientes superficiales. Esta información complementa las mediciones de temperatura del mar utilizadas habitualmente para vigilar el ciclo de El Niño-Oscilación del Sur, conocido como ENSO.
La concentración de sales disueltas en la capa superior del océano responde con rapidez a los intercambios de agua entre el mar, la atmósfera y los continentes. Las lluvias intensas y las descargas fluviales reducen la salinidad, mientras que la evaporación tiende a incrementarla. En las regiones polares también influyen el derretimiento y la formación del hielo marino.
El depósito de agua menos salina avanza hacia el este
Durante las condiciones neutrales del Pacífico tropical, los vientos alisios empujan el agua superficial hacia el oeste. Este proceso contribuye a mantener en el extremo occidental una extensa acumulación de agua cálida y relativamente poco salina, alimentada por las abundantes precipitaciones de la región.
Cuando comienza a desarrollarse El Niño, los alisios pueden debilitarse o incluso cambiar temporalmente de dirección. La pérdida de esa fuerza permite que el límite oriental del depósito de agua menos salina se desplace hacia el centro y el este del Pacífico, acompañado por zonas de convección atmosférica y lluvias intensas.
Las observaciones satelitales también registran el movimiento hacia el este de aguas más salinas situadas originalmente junto al borde del depósito. Sin embargo, buena parte de la masa de agua occidental conserva valores bajos de salinidad. Esta combinación proporciona una imagen de los cambios que experimentan tanto las corrientes como la distribución de las precipitaciones.
Investigaciones anteriores ya habían mostrado que las anomalías de salinidad pueden influir en la diversidad de los episodios de El Niño, al modificar la estratificación vertical y el intercambio de calor entre las aguas superficiales y las capas más profundas.
Una huella oceánica del ciclo del agua
La salinidad superficial funciona como una huella del ciclo del agua porque conserva información sobre el balance entre lluvia y evaporación. Una anomalía de agua más dulce puede señalar precipitaciones superiores a las habituales o el transporte de una masa de agua desde otra región. Una anomalía más salina puede reflejar menos lluvia, mayor evaporación o cambios en la circulación.
Esta capacidad de integrar varios procesos explica el interés científico por incorporar la salinidad al seguimiento de ENSO. Los mapas no muestran solamente dónde llueve o se evapora más agua: también permiten rastrear el movimiento de las masas oceánicas que redistribuyen esas señales.
La utilidad de este indicador no se limita al Pacífico abierto. Un análisis basado en observaciones de la NASA documentó que El Niño también modifica la salinidad de las aguas costeras, donde las variaciones pueden ser especialmente pronunciadas por la influencia combinada de los ríos, las lluvias y las corrientes.
SMOS detecta cambios mediante emisiones de microondas
La misión SMOS emplea un radiómetro de microondas para medir pequeñas variaciones en la radiación natural emitida por la superficie terrestre y oceánica. A partir de esas observaciones, los especialistas pueden estimar la humedad del suelo sobre los continentes y la salinidad superficial en el mar.
El estudio combinó información de SMOS con mediciones de la misión SMAP de la NASA y otros conjuntos de datos. Los investigadores compararon patrones observados durante fases recientes de El Niño y La Niña con las condiciones registradas durante el desarrollo del episodio de 2026.
SMOS lleva más de 15 años recopilando información, lo que permite examinar las anomalías actuales dentro de un registro prolongado. La continuidad resulta importante porque la salinidad puede variar por procesos locales o estacionales que deben distinguirse de las reorganizaciones oceánicas vinculadas a ENSO.
Otros casos demuestran la relevancia de estas mediciones para comprender la dinámica marina. Frente a Australia, por ejemplo, se ha documentado una rápida disminución de la salinidad en el océano Índico sur, un cambio con posibles implicaciones para la circulación regional.
La salinidad también interviene en la circulación oceánica
La salinidad no es únicamente un marcador pasivo. Junto con la temperatura, determina la densidad del agua marina. Las diferencias de densidad contribuyen al movimiento de las corrientes y, por tanto, a la redistribución de calor, nutrientes y carbono entre distintas regiones y profundidades del océano.
El agua fría o salina suele ser más densa y puede hundirse, mientras que el agua más cálida o menos salina permanece con mayor facilidad cerca de la superficie. Cuando cambian estas propiedades, también puede modificarse la estratificación de la columna de agua y la comunicación entre las capas superficiales y profundas.
La relación entre aportes de agua dulce y circulación aparece asimismo en registros del pasado. Evidencias geológicas indican que una descarga de baja salinidad procedente del mar Negro reorganizó el Mediterráneo oriental hace aproximadamente 11.000 años, reduciendo la formación de aguas profundas en esa cuenca.
Un indicador complementario para vigilar El Niño
La temperatura superficial del mar continúa siendo la característica oceánica central para identificar un episodio de El Niño. También son indispensables las mediciones atmosféricas, entre ellas la presión, los vientos y la distribución de las lluvias. Por ello, la salinidad no se plantea como un sustituto de los indicadores existentes.
Su valor reside en aportar una variable adicional que responde a procesos distintos y que puede revelar cómo comienza a reorganizarse la superficie del Pacífico. Si las anomalías de salinidad aparecen antes de que el calentamiento alcance los umbrales utilizados para clasificar El Niño, podrían ayudar a reconocer anticipadamente algunas etapas de su desarrollo.
Para determinar hasta qué punto mejora los pronósticos será necesario comparar más episodios, integrar los registros satelitales con observaciones realizadas en el océano y evaluar el comportamiento de la señal bajo diferentes configuraciones de ENSO. El análisis actual muestra una aplicación prometedora, pero no convierte la salinidad en un predictor independiente ni garantiza por sí sola la evolución de un evento.
La combinación de temperatura, salinidad, corrientes y condiciones atmosféricas ofrece una descripción más completa del sistema. Esa perspectiva integrada puede fortalecer la vigilancia de un fenómeno capaz de alterar los patrones de precipitación y temperatura en numerosas regiones del planeta.
Fuente referencial:
Phys.org — SMOS mission could offer early indicator of El Niño
