Las Academias Nacionales de Estados Unidos destacan el aumento de la investigación y las pruebas de campo, pero advierten que todavía deben demostrarse la escala, permanencia y seguridad ambiental de estas técnicas
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Santiago Duarte
Las tecnologías diseñadas para retirar dióxido de carbono de la atmósfera mediante procesos marinos han avanzado desde la investigación conceptual hacia experimentos de campo, inversiones privadas y proyectos tecnológicos. Sin embargo, su capacidad para operar a una escala climáticamente relevante todavía no está demostrada, de acuerdo con una actualización publicada por las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina de Estados Unidos.
El informe digital revisa el estado de la eliminación marina de dióxido de carbono, conocida como CDR por sus siglas en inglés. Entre las preguntas pendientes figuran cuánto CO₂ puede retirarse realmente, durante cuánto tiempo permanecerá almacenado, cómo medir el balance neto del proceso y qué consecuencias pueden producir las intervenciones sobre los ecosistemas oceánicos y las comunidades costeras.
La evaluación señala que estas técnicas, si llegan a probarse como eficaces y responsables, podrían complementar la reducción directa de las emisiones de gases de efecto invernadero. No deben interpretarse como un sustituto de la descarbonización, porque cualquier contribución significativa a los objetivos climáticos exigiría una expansión considerable y controles rigurosos.
Las propuestas buscan reforzar procesos naturales del océano
El océano absorbe de manera natural una parte del dióxido de carbono emitido a la atmósfera. Las estrategias de CDR marino intentan aumentar esa capacidad mediante intervenciones físicas, químicas o biológicas, pero difieren considerablemente en su nivel de desarrollo, sus necesidades energéticas y sus posibles efectos secundarios.
Una de las opciones más estudiadas es el aumento de la alcalinidad oceánica. El procedimiento incorpora materiales alcalinos o utiliza sistemas electroquímicos para modificar la composición del agua, reducir su acidez y permitir que el océano absorba más CO₂ atmosférico. El mecanismo se relaciona con investigaciones que evalúan cómo alterar controladamente la química del océano podría aumentar la captura de carbono.
Otros enfoques incluyen el cultivo y posterior almacenamiento de algas marinas, la fertilización con nutrientes para estimular el fitoplancton, el ascenso o descenso artificial de masas de agua, la restauración de ecosistemas marinos y diferentes procesos electroquímicos.
Cada opción plantea un recorrido distinto para el carbono. En algunos casos, el CO₂ se transforma en bicarbonato disuelto; en otros, pasa a organismos y biomasa que después deben mantenerse fuera de la atmósfera. Esa variedad impide aplicar una única metodología para medir la eficacia y evaluar los riesgos.
Medir la eliminación neta continúa siendo un desafío
Registrar la cantidad de material añadido al mar o la biomasa producida no permite calcular automáticamente cuánto carbono atmosférico fue eliminado. La evaluación debe incluir emisiones asociadas con la extracción y el procesamiento de materiales, el transporte, el consumo energético, la operación de los equipos y el destino final del carbono.
También es necesario determinar qué habría ocurrido sin la intervención. Las corrientes oceánicas, el intercambio de gases con la atmósfera, la actividad biológica y las variaciones estacionales modifican continuamente el carbono marino, lo que dificulta separar la señal producida por un proyecto de la variabilidad natural.
La permanencia constituye otro requisito central. Un sistema puede retirar CO₂ temporalmente y liberarlo después, reduciendo o anulando su beneficio climático. Esta dificultad forma parte del debate sobre si las tecnologías que aceleran procesos naturales pueden almacenar carbono de forma duradera.
El informe considera prioritario desarrollar procedimientos transparentes de monitoreo, reporte y verificación. Sin mediciones comparables e independientes no sería posible conocer el balance neto, conceder créditos de carbono fiables ni responsabilizar a los operadores cuando los resultados difieran de lo anunciado.
Los efectos ambientales deben estudiarse a escala de ecosistema
Las Academias Nacionales advierten que los experimentos pequeños y de corta duración no siempre permiten anticipar las consecuencias de una operación comercial. Un cambio químico o biológico localizado puede propagarse mediante corrientes, cadenas alimentarias e intercambios entre el fondo marino y la columna de agua.
La alcalinización podría reducir localmente algunos efectos de la acidificación, pero una aplicación excesiva o mal distribuida podría alterar la composición química del agua y afectar a organismos sensibles. La fertilización oceánica, por su parte, puede modificar la disponibilidad de nutrientes, la productividad del plancton y el equilibrio entre especies.
Algunas investigaciones advierten que determinados métodos de eliminación de CO₂ podrían agravar la pérdida de oxígeno marino si incrementan la descomposición de materia orgánica en aguas profundas. Este riesgo muestra por qué la captura de carbono no puede valorarse únicamente por la cantidad retirada de la atmósfera.
El cultivo de algas ofrece otra vía de investigación. La biomasa puede captar carbono durante su crecimiento, pero el resultado depende de su procesamiento y destino. Estudios sobre granjas de algas y almacenamiento marino de carbono describen mecanismos potenciales, aunque todavía deben cuantificarse las emisiones, la permanencia y los cambios ecológicos a gran escala.
Una prueba en el golfo de Maine aporta datos de campo
La actualización destaca el proyecto LOC-NESS, dirigido por Adam Subhas, científico asociado del Departamento de Química y Geoquímica Marina de la Institución Oceanográfica Woods Hole. La iniciativa analiza el aumento de la alcalinidad mediante experimentos de campo, modelos oceánicos, trabajos de laboratorio y sistemas de monitoreo.
El equipo completó en agosto de 2025 una prueba de campo en el golfo de Maine y presentó resultados preliminares durante una reunión de ciencias oceánicas celebrada en 2026. El experimento forma parte del movimiento hacia evaluaciones realizadas fuera del laboratorio, necesarias para conocer el comportamiento de los materiales en condiciones marinas reales.
Los ensayos de campo deben ser suficientemente amplios para generar datos útiles, pero también limitados y reversibles mientras persistan incertidumbres. Antes de expandir una intervención resulta necesario establecer valores de referencia, definir indicadores ambientales y mantener vigilancia durante y después del experimento.
La gobernanza deberá avanzar junto con la tecnología
La viabilidad de la CDR marina no depende exclusivamente de que una técnica funcione. También intervienen las leyes aplicables, los permisos, la coordinación internacional, la aceptación pública y la distribución de beneficios y riesgos entre empresas, gobiernos y comunidades.
Las corrientes y los ecosistemas no respetan fronteras administrativas. Una intervención autorizada en una jurisdicción puede producir cambios en aguas de otros países o en zonas internacionales, por lo que el informe plantea la necesidad de normas en los niveles local, nacional y global.
Las decisiones también deben considerar a comunidades costeras, pueblos indígenas, pescadores y otros grupos que dependen directamente del océano. El debate sobre la justicia ambiental en las intervenciones climáticas oceánicas incluye quién participa en las decisiones, quién asume los posibles daños y quién recibe los beneficios económicos.
La publicación de 2026 actualiza el marco de evaluación, el estado general del sector, la gobernanza y las dimensiones sociales, además del módulo dedicado al aumento de la alcalinidad. Los apartados sobre fertilización con nutrientes, cultivo de algas, circulación artificial, recuperación de ecosistemas y métodos electroquímicos continúan basados en la edición de 2022 y serán revisados progresivamente.
Las Academias Nacionales recomiendan que la investigación evolucione con transparencia, revisión independiente y participación social. Solo una combinación de mediciones fiables, evaluación ecológica y reglas claras permitirá determinar qué opciones pueden aportar una eliminación neta y duradera de CO₂ sin trasladar nuevos riesgos al océano.
Fuentes referenciales:
Phys.org: avances y dudas sobre la eliminación marina de dióxido de carbono
Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina: estrategia de investigación para la eliminación oceánica de CO₂





