Un estudio internacional realizado en 192 sitios de cuatro continentes revela que algunas coníferas introducidas en el hemisferio sur combinan un crecimiento acelerado con mayor resistencia a la sequía, aunque su expansión puede amenazar los ecosistemas nativos.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Eduardo Schmitz
Los árboles no siempre encuentran las mejores condiciones para crecer dentro de sus regiones de origen. Una investigación internacional publicada en la revista científica Nature ha demostrado que determinadas coníferas procedentes del hemisferio norte pueden crecer hasta cuatro veces más rápido cuando se desarrollan en el hemisferio sur y, al mismo tiempo, mostrar una mayor resistencia a la sequía.
El estudio, realizado en 192 sitios distribuidos por cuatro continentes, reunió a más de veinte investigadores que analizaron el comportamiento de pinos, abetos, píceas, cedros y otras coníferas en ambientes donde son nativas y en territorios donde fueron introducidas.
Los resultados plantean una posibilidad interesante para los proyectos de almacenamiento de carbono: algunas especies pueden acumular biomasa rápidamente sin perder necesariamente su capacidad para soportar condiciones de escasez de agua.
Sin embargo, los científicos advierten que esta ventaja fisiológica no convierte automáticamente a las plantaciones de árboles exóticos en una solución ambiental. Su expansión puede desplazar especies autóctonas, alterar ecosistemas y aumentar determinados riesgos, incluidos los incendios forestales.
Una investigación que cuestiona la relación entre crecimiento y sequía
En ecología vegetal se ha considerado tradicionalmente que las plantas deben afrontar ciertos compromisos entre crecimiento y resistencia al estrés ambiental.
Una especie que dedica gran parte de sus recursos a crecer rápidamente podría disponer de menos energía para desarrollar mecanismos que le permitan resistir condiciones adversas, como la falta de agua.
La nueva investigación encontró una excepción importante a esa expectativa.
Las coníferas del hemisferio norte introducidas en determinados ambientes del hemisferio sur presentaron tasas de crecimiento considerablemente superiores a las observadas en sus regiones naturales, sin mostrar necesariamente una menor tolerancia a la sequía.
En algunos casos, ambas características mejoraron simultáneamente.
Stephen Brewer, profesor de Biología de la Universidad de Misisipi, en Estados Unidos, participó en el trabajo junto con investigadores de diferentes instituciones internacionales.
Según explicó Brewer, el resultado resulta sorprendente porque contradice la expectativa de que un crecimiento más rápido deba acompañarse de una menor tolerancia a las condiciones ambientales difíciles.
El hallazgo es relevante para comprender cómo responden los árboles cuando son trasladados a regiones con condiciones climáticas y ecológicas diferentes de aquellas en las que evolucionaron.
Las reservas de azúcares y almidón podrían explicar la resistencia
Uno de los aspectos más interesantes del estudio está relacionado con las reservas de carbono que mantienen los árboles en sus tejidos.
Los investigadores observaron que las coníferas introducidas en el hemisferio sur presentaban mayores concentraciones de carbohidratos, incluidos azúcares y almidones.
Estas sustancias funcionan como reservas energéticas que las plantas pueden utilizar durante periodos de estrés.
Cuando disminuye la disponibilidad de agua, un árbol debe mantener sus procesos vitales mientras ajusta el funcionamiento de sus tejidos y limita las pérdidas hídricas.
Disponer de reservas de carbono puede contribuir a sostener esas funciones durante condiciones desfavorables.
Alex Fajardo, investigador del Instituto de Ecología y Biodiversidad de Chile y profesor de la Universidad de Talca, destacó la importancia de haber identificado un posible mecanismo fisiológico relacionado con la combinación de crecimiento acelerado y tolerancia a la sequía.
Los resultados sugieren que una mayor acumulación de carbohidratos podría contribuir a explicar por qué algunas coníferas mantienen un buen desempeño incluso cuando enfrentan restricciones hídricas.
No obstante, los autores reconocen que todavía es necesario investigar con mayor profundidad las causas de esta respuesta.
La relación entre crecimiento y almacenamiento de carbono también ha sido examinada desde otra perspectiva en investigaciones sobre la velocidad de formación de madera y la capacidad de los bosques para capturar CO₂, que muestran que disponer de una temporada de crecimiento más prolongada no garantiza una mayor producción de biomasa.
Chile, Brasil y Sudáfrica muestran los desafíos de las especies introducidas
Los resultados tienen especial relevancia para países del hemisferio sur donde las plantaciones forestales comerciales utilizan especies originarias de otras regiones.
Los pinos y los abetos de Douglas, por ejemplo, no forman parte de la vegetación nativa del hemisferio sur, pero han sido introducidos ampliamente en países como Chile, Brasil y Sudáfrica.
Estas plantaciones pueden alcanzar elevadas tasas de crecimiento y producir grandes cantidades de madera.
Desde una perspectiva exclusivamente productiva o de acumulación rápida de biomasa, esas características pueden resultar atractivas.
El problema aparece cuando las especies introducidas comienzan a expandirse fuera de las áreas donde fueron plantadas.
Brewer señaló que determinados pinos están colonizando ambientes naturales donde pueden competir con la vegetación autóctona y transformar profundamente la estructura del ecosistema.
Uno de los ejemplos mencionados por el investigador corresponde al Cerrado brasileño, una extensa región de sabanas tropicales con una biodiversidad excepcional.
En ese ambiente, los pinos introducidos pueden crecer rápidamente y desplazar la vegetación característica del paisaje.
La expansión de árboles exóticos sobre sabanas naturales no representa necesariamente una recuperación forestal. Puede significar la sustitución de un ecosistema original por otro dominado por especies que no pertenecían a él.
Esta distinción es importante porque los ambientes abiertos, incluidos pastizales y sabanas, poseen comunidades biológicas adaptadas a condiciones ecológicas específicas y cumplen funciones ambientales propias.
El riesgo de incendios modifica el balance ambiental
La investigación también llama la atención sobre la relación entre las plantaciones de coníferas y los incendios forestales.
Brewer explicó que el problema no se limita al hemisferio sur. En el estado estadounidense de Misisipi, las actividades forestales comenzaron a sustituir durante la década de 1930 parte de los pinares de pino de hoja larga por plantaciones de pino elliottii, conocido también como pino slash, debido a su crecimiento más rápido.
Ambas especies son nativas de esa región, pero presentan diferencias importantes en su comportamiento frente al fuego.
El pino de hoja larga está particularmente adaptado a ecosistemas donde los incendios frecuentes desempeñan una función ecológica natural.
En cambio, las plantaciones densas de otras especies pueden resultar más vulnerables a determinados incendios y modificar las características del combustible vegetal.
El investigador recordó haber observado incendios capaces de eliminar plantaciones completas de pinos, tanto en Misisipi como en regiones del hemisferio sur.
La experiencia ha llevado a responsables forestales y organizaciones ambientales a recuperar el interés por el pino de hoja larga en determinadas áreas del sureste estadounidense.
El caso ilustra por qué el crecimiento rápido no debe utilizarse como único criterio para seleccionar árboles destinados a programas de forestación.
La composición del bosque, la densidad de plantación, las condiciones locales y la adaptación natural al fuego pueden influir decisivamente en la permanencia del carbono almacenado.
Capturar más carbono no siempre significa mejorar el ecosistema
Las coníferas de crecimiento acelerado pueden incorporar dióxido de carbono atmosférico y transformarlo en biomasa mediante la fotosíntesis.
Una parte de ese carbono permanece almacenada en troncos, ramas, raíces y otros tejidos durante el crecimiento del árbol.
Sin embargo, el beneficio climático de una plantación no depende exclusivamente de la velocidad con la que sus árboles aumentan de tamaño.
También deben considerarse el carbono presente anteriormente en el suelo y la vegetación, la supervivencia a largo plazo, las perturbaciones y el destino de la biomasa después de su aprovechamiento.
Una plantación que acumula carbono rápidamente puede ofrecer resultados diferentes de un bosque natural que mantiene grandes reservas durante periodos prolongados.
Investigaciones sobre el almacenamiento de carbono en bosques primarios y gestionados han mostrado que las reservas del suelo, la madera muerta y los árboles vivos deben evaluarse conjuntamente para comprender el balance real.
En Suecia, por ejemplo, un estudio publicado en 2026 encontró que los bosques primarios conservaban cantidades considerablemente mayores de carbono que los bosques sometidos a gestión forestal.
Esto demuestra que la velocidad de crecimiento y la cantidad total de carbono almacenado son indicadores diferentes.
La biodiversidad también representa un componente fundamental de la evaluación ambiental.
Los bosques con numerosas especies pueden proporcionar funciones ecológicas que no se reflejan únicamente en la cantidad de madera producida.
Un análisis internacional de 846 cuencas hidrográficas mostró que la diversidad de árboles está relacionada con el almacenamiento de carbono, la regulación del agua y la protección del suelo, aunque los beneficios varían según las condiciones ambientales.
Por esta razón, una plantación de crecimiento rápido no debe considerarse automáticamente equivalente a un ecosistema forestal diverso.
Los árboles nativos del hemisferio sur también mostraron ventajas
El estudio no se limitó a examinar especies introducidas.
Los investigadores también analizaron el comportamiento de árboles autóctonos del hemisferio sur, incluidos representantes del género Nothofagus, conocidos como hayas australes.
Estos árboles mostraron resultados favorables en las mediciones de crecimiento y tolerancia a la sequía.
Fajardo señaló que podrían representar una alternativa potencialmente más sostenible para determinadas iniciativas forestales.
La observación resulta relevante porque permite ampliar la discusión más allá de la comparación entre árboles que crecen rápidamente y árboles que lo hacen lentamente.
Las especies autóctonas pueden aportar beneficios asociados con su integración en las comunidades ecológicas locales.
Además de producir biomasa, forman parte de relaciones con otros organismos y participan en procesos ambientales característicos de sus regiones de origen.
Sin embargo, los resultados no significan que todas las especies de Nothofagus sean adecuadas para cualquier programa de restauración.
La selección debe considerar las condiciones climáticas, el tipo de suelo, la disponibilidad de agua y las características del ecosistema que se pretende conservar o recuperar.
Una advertencia para los proyectos de forestación y compensación de carbono
La investigación plantea una cuestión importante para los programas que utilizan la plantación de árboles como herramienta de mitigación climática.
Si algunas coníferas pueden crecer mucho más rápido fuera de sus regiones naturales y resistir mejor la sequía, podrían parecer candidatas especialmente atractivas para retirar dióxido de carbono de la atmósfera.
No obstante, los autores advierten que adoptar esa estrategia sin evaluar sus consecuencias ecológicas puede producir impactos importantes.
Las plantaciones de especies no nativas pueden expandirse hacia hábitats naturales, modificar la vegetación y generar conflictos con la conservación de la biodiversidad.
En determinados ambientes también pueden alterar el comportamiento de los incendios forestales.
Estos riesgos obligan a diferenciar entre una estrategia diseñada para aumentar rápidamente la biomasa y otra orientada a recuperar el funcionamiento de un ecosistema.
El debate está relacionado con las investigaciones sobre los límites de la plantación de árboles como respuesta al cambio climático, que destacan la importancia de evaluar las condiciones reales de cada territorio.
La nueva investigación aporta información fisiológica para comprender por qué determinadas especies introducidas presentan un desempeño excepcional, pero no establece que su plantación generalizada sea ambientalmente recomendable.
Su principal contribución consiste en demostrar que el crecimiento rápido y la resistencia a la sequía pueden coexistir en algunos árboles, mientras que las consecuencias ecológicas de aprovechar esas características dependen del contexto.
Para los programas de forestación, el resultado refuerza la necesidad de combinar criterios de crecimiento, almacenamiento de carbono, adaptación al clima, biodiversidad y prevención de incendios.
El estudio, titulado Pines grow faster and are more drought resilient in the Southern Hemisphere, fue publicado en Nature y constituye una nueva referencia para comprender cómo cambia el comportamiento de los árboles cuando crecen fuera de sus áreas naturales de distribución.
Fuentes referenciales:
Nature — Pines grow faster and are more drought resilient in the Southern Hemisphere
Universidad de Misisipi — Why some trees thrive far from home—and what that means for carbon sinks




