Una investigación de la Universidad de Bath calcula que la producción mundial de dióxido de carbono por el metabolismo aumentó un 74 % entre 1985 y 2015. Los científicos aclaran que respirar no equivale a contaminar con combustibles fósiles.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Eduardo Schmitz
La humanidad produjo aproximadamente 2.050 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO₂) durante 2015 mediante sus procesos metabólicos naturales, según una investigación internacional dirigida por la Universidad de Bath, en Reino Unido. El estudio, publicado el 26 de octubre de 2026 en la revista científica The Lancet Planetary Health, ofrece una estimación global de la cantidad de carbono que los seres humanos liberan al transformar los alimentos en energía.
Los investigadores determinaron que esta producción metabólica aumentó un 74 % durante las tres décadas comprendidas entre 1985 y 2015. En el primer año del periodo estudiado, el metabolismo de la población mundial generaba aproximadamente 1.180 millones de toneladas de CO₂ anuales, una cantidad que ascendió a 2.050 millones de toneladas en 2015.
El principal factor detrás del incremento fue el crecimiento demográfico, responsable de más del 60 % del aumento registrado. Los cambios en el peso corporal de la población también contribuyeron, aunque en una proporción considerablemente menor.
Los autores subrayan una distinción fundamental: el dióxido de carbono que exhalamos no representa una emisión climática equivalente a la producida por la combustión de petróleo, carbón o gas natural. El objetivo del trabajo no es presentar la respiración humana como una causa adicional del calentamiento global, sino mejorar la comprensión de los intercambios de carbono entre los organismos vivos y la atmósfera.
Una estimación mundial basada en miles de mediciones metabólicas
La investigación fue encabezada por el profesor Javier T. Gonzalez, del Centro de Ejercicio, Nutrición y Metabolismo de la Universidad de Bath, con la colaboración de especialistas de otras instituciones científicas internacionales.
Para calcular la producción de CO₂ del organismo humano, el equipo utilizó la base de datos de agua doblemente marcada del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), una herramienta científica que permite estudiar el gasto energético de las personas en condiciones de vida cotidiana.
El conjunto de información incluyó 9.006 mediciones correspondientes a 6.756 participantes, de los cuales 4.479 eran mujeres y 2.277 hombres. Las edades comprendían desde recién nacidos hasta personas de 101 años.
Esta diversidad permitió examinar cómo cambia la producción metabólica de dióxido de carbono según características como la edad, el sexo y la masa corporal.
Los investigadores desarrollaron modelos matemáticos para estimar la cantidad anual de CO₂ generada por personas con diferentes características físicas. Posteriormente, combinaron esos resultados con estadísticas demográficas internacionales y registros históricos de peso corporal.
Entre las fuentes utilizadas estuvieron la Organización Mundial de la Salud, el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas y la colaboración internacional NCD Risk Factor Collaboration.
La combinación de mediciones fisiológicas y datos demográficos permitió reconstruir la evolución de la producción metabólica mundial de dióxido de carbono entre 1985 y 2015.
Por qué el aumento de la población explica la mayor parte del crecimiento
Uno de los principales resultados del estudio es que el incremento global del CO₂ metabólico no se debió fundamentalmente a que cada persona comenzara a producir cantidades mucho mayores de este gas.
La explicación dominante fue el aumento del número de habitantes del planeta.
Los investigadores observaron que las variaciones en la masa corporal tuvieron una influencia secundaria en la evolución del total mundial. Aunque el peso de una persona puede afectar sus necesidades energéticas y su producción metabólica de dióxido de carbono, los cambios demográficos explicaron la mayor parte de la tendencia histórica.
El análisis también mostró diferencias geográficas relacionadas con la distribución de la población.
Asia concentró la mayor contribución continental a la producción metabólica global de CO₂, principalmente por su elevada población.
Las diferencias entre hombres y mujeres observadas a escala individual tendieron a compensarse cuando se analizaron los resultados agregados de grandes poblaciones.
Estos hallazgos permiten comprender mejor cómo la evolución demográfica modifica determinados flujos naturales de carbono sin que ello implique necesariamente un aumento equivalente de las emisiones netas responsables del cambio climático.
El CO₂ que exhalamos pertenece al ciclo rápido del carbono
Para interpretar correctamente los resultados es necesario distinguir entre el carbono que circula a través de los organismos vivos y el carbono que se libera desde depósitos geológicos antiguos.
Los alimentos que consumen los seres humanos contienen carbono procedente de plantas o de animales que, directa o indirectamente, se alimentaron de ellas.
Las plantas incorporan carbono atmosférico mediante la fotosíntesis. Posteriormente, ese carbono puede pasar a otros organismos a través de las cadenas alimentarias.
Cuando el cuerpo humano transforma los nutrientes para obtener energía, una parte del carbono regresa a la atmósfera en forma de dióxido de carbono.
Este proceso forma parte del denominado ciclo rápido del carbono, caracterizado por intercambios relativamente continuos entre la atmósfera, la vegetación, los organismos y otros componentes de la biosfera.
La importancia de cuantificar estos intercambios también aparece en investigaciones sobre la respiración del suelo y la liberación de CO₂ por raíces y microorganismos, procesos naturales que movilizan grandes cantidades de carbono.
En cambio, la combustión de combustibles fósiles introduce en el sistema atmosférico carbono que permaneció almacenado bajo tierra durante millones de años.
Por eso, aunque ambos procesos producen químicamente el mismo gas, su significado dentro del balance climático es diferente.
La respiración humana devuelve a la atmósfera carbono que ya circulaba recientemente por los sistemas biológicos. La utilización de combustibles fósiles añade carbono procedente de reservas geológicas y contribuye al aumento sostenido de su concentración atmosférica.
Dos mil millones de toneladas no significan nuevas emisiones fósiles
La cifra estimada por los investigadores podría resultar sorprendente por su magnitud. Sin embargo, no debe sumarse directamente a los inventarios de emisiones procedentes de combustibles fósiles como si se tratara de una fuente adicional equivalente.
El estudio cuantifica un flujo metabólico de carbono, no una nueva categoría de contaminación causada por la respiración.
Esta diferencia es esencial para evitar interpretaciones incorrectas de los resultados.
Los autores tampoco recomiendan reducir la actividad física, modificar la alimentación o limitar la respiración para disminuir las emisiones de CO₂.
Su interés científico consiste en mejorar la representación de los procesos biológicos dentro de los modelos utilizados para estudiar el movimiento del carbono.
La necesidad de distinguir entre fuentes, intercambios y acumulación atmosférica también se observa en investigaciones sobre el intercambio de dióxido de carbono entre los minerales del desierto y la atmósfera, donde una cantidad considerable de carbono puede entrar y salir del suelo sin representar necesariamente una captura permanente.
De manera semejante, conocer cuánto CO₂ produce el metabolismo humano ayuda a describir un intercambio biológico, pero no significa que esa cantidad permanezca íntegramente como una acumulación adicional en la atmósfera.
Una pieza adicional para comprender el balance global del carbono
Los modelos científicos del ciclo del carbono buscan representar cómo este elemento se desplaza entre distintos reservorios del planeta.
Para ello deben considerar procesos como la fotosíntesis, la respiración de los organismos, la descomposición de materia orgánica, la absorción oceánica y las emisiones asociadas con las actividades humanas.
La producción metabólica humana constituye uno de esos flujos, especialmente relevante cuando se estudian regiones densamente pobladas.
Los investigadores consideran que disponer de una estimación global más precisa puede contribuir a mejorar los modelos de intercambio de carbono y la interpretación de observaciones atmosféricas.
La importancia de estos registros se refleja también en las mediciones satelitales de dióxido de carbono realizadas por la NASA, que permiten estudiar la distribución del gas en la atmósfera y sus variaciones temporales.
Sin embargo, las concentraciones observadas desde el espacio no identifican por sí solas el origen de cada flujo. Para comprenderlas es necesario integrar diferentes mediciones, modelos atmosféricos y conocimientos sobre los procesos naturales y humanos.
La nueva investigación incorpora información fisiológica y demográfica a ese esfuerzo científico.
La evolución del metabolismo humano y los cambios demográficos futuros
El estudio examinó específicamente el periodo comprendido entre 1985 y 2015. Por tanto, la cifra de 2.050 millones de toneladas corresponde a una estimación para 2015 y no constituye una medición directa de las emisiones metabólicas mundiales de 2026.
Los investigadores señalan que la evolución futura de este flujo dependerá principalmente de los cambios demográficos, aunque también pueden intervenir modificaciones en la estructura por edades y en las características corporales de las poblaciones.
Las proyecciones internacionales prevén que la población mundial alcance su máximo durante la segunda mitad del siglo XXI, una evolución que podría influir en la cantidad total de CO₂ generada por el metabolismo humano.
No obstante, los autores no presentan esta tendencia como una justificación para reducir la población ni como una alternativa a las políticas de disminución de emisiones fósiles.
La investigación debe interpretarse dentro del estudio de los procesos que intervienen en el ciclo global del carbono.
Este enfoque también permite comprender mejor la diferencia entre intercambios naturales y alteraciones persistentes del balance atmosférico, como las relacionadas con la liberación de carbono por incendios y degradación de la Amazonía.
El trabajo, titulado Accounting for global carbon dioxide production from human metabolism between 1985 and 2015: a modelling study, contó con la participación de investigadores de universidades de Reino Unido, Nueva Zelanda, España y Tailandia, además de colaboradores de la base de datos internacional de agua doblemente marcada.
Sus resultados proporcionan una estimación basada en miles de observaciones reales de la actividad metabólica humana y muestran cómo el crecimiento demográfico modificó este flujo durante tres décadas.
La aportación principal es disponer de una referencia cuantitativa para representar mejor el papel de los seres humanos como organismos vivos dentro del ciclo del carbono, sin confundir la respiración con las emisiones adicionales derivadas de la utilización de combustibles fósiles.
Fuentes referenciales:
The Lancet Planetary Health — Accounting for global carbon dioxide production from human metabolism between 1985 and 2015: a modelling study
Universidad de Bath — Comunicado científico del 28 de octubre de 2026
Phys.org — Collective human metabolism produces 2 billion metric tons of CO₂ a year




