El análisis de un cráneo fósil hallado en Estados Unidos revela que Infernogallus jamesi tenía una mandíbula adaptada para triturar alimentos blandos, una especialización poco conocida entre los dinosaurios.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Karem Díaz S.
Un equipo internacional de paleontólogos ha identificado una nueva especie de dinosaurio que probablemente se alimentaba en buena medida de frutas. Bautizado como Infernogallus jamesi, el animal vivió durante el Cretácico tardío, hace aproximadamente 66 millones de años, en territorios que actualmente forman parte de Estados Unidos.
La investigación, publicada el 10 de octubre de 2026 en la revista científica Nature Communications y difundida el 28 de octubre por el Royal Ontario Museum, describe un conjunto de adaptaciones anatómicas que habrían permitido a este dinosaurio procesar alimentos blandos mediante movimientos de la mandíbula poco habituales entre los terópodos no avianos.
El hallazgo amplía el conocimiento sobre la diversidad alimentaria de los dinosaurios que compartieron los últimos ecosistemas del Cretácico con grandes especies como Tyrannosaurus rex y Triceratops.
Un pequeño dinosaurio entre los gigantes del Cretácico
Infernogallus jamesi pertenecía a los cenagnátidos, un grupo de dinosaurios ovirraptorosaurios caracterizados por carecer de dientes. Sus integrantes formaban parte de una rama evolutiva de terópodos, el mismo gran linaje que incluye a numerosos dinosaurios carnívoros.
Sin embargo, la nueva especie desarrolló características muy distintas de las que se asocian habitualmente con los depredadores.
Los investigadores estiman que el animal tenía una masa corporal aproximada de 12 kilogramos, comparable a la de un pavo grande. Se encontraba entre los representantes más pequeños de su grupo, incluso después de alcanzar la madurez.
Sus restos proceden de la formación geológica Hell Creek, una unidad sedimentaria del oeste de Estados Unidos conocida por conservar fósiles correspondientes a las etapas finales del Cretácico.
El material estudiado incluye un cráneo casi completo, cuyos huesos conservaron buena parte de sus relaciones anatómicas originales, y elementos de un esqueleto parcial. Esta preservación permitió examinar estructuras que anteriormente eran poco conocidas en los cenagnátidos.
Una mandíbula capaz de triturar alimentos blandos
La principal novedad científica se encuentra en la anatomía del cráneo. Mediante tomografías computarizadas y reconstrucciones de la musculatura mandibular, los especialistas identificaron modificaciones en los huesos del paladar y en la orientación de los músculos responsables de la mordida.
Algunos huesos del techo de la boca se proyectaban hacia el interior de la cavidad oral. Esta disposición modificaba la dirección de determinadas fuerzas musculares y habría permitido movimientos de la mandíbula hacia delante y hacia atrás.
Ese mecanismo contrasta con la mordida predominantemente vertical de numerosos dinosaurios terópodos.
La reconstrucción también indica que las superficies enfrentadas del pico presentaban relieves capaces de contribuir al procesamiento de alimentos blandos. En conjunto, estas características sugieren una alimentación especializada que probablemente incluía frutos carnosos.
Los autores encontraron semejanzas funcionales con determinadas aves actuales que consumen frutas, especialmente algunos loros que poseen adaptaciones para manipular y triturar este tipo de alimento.
La comparación no significa que el dinosaurio tuviera una anatomía idéntica a la de esas aves, sino que diferentes linajes pudieron desarrollar soluciones mecánicas parecidas frente a necesidades alimentarias semejantes.
Las plantas con flores transformaban los ecosistemas
El descubrimiento adquiere especial interés por el momento de la historia terrestre en que vivió este animal.
Durante el Cretácico, las angiospermas, es decir, las plantas con flores, experimentaron una importante diversificación. Los frutos carnosos también aumentaron su variedad y disponibilidad en numerosos ambientes terrestres.
Hasta ahora, establecer relaciones directas entre esa transformación de la vegetación y las adaptaciones alimentarias de determinados dinosaurios había resultado difícil.
El estudio plantea que los cenagnátidos desarrollaron características para procesar alimentos vegetales blandos durante una etapa en la que los frutos de las angiospermas se diversificaban.
Esta coincidencia evolutiva constituye una pista sobre las interacciones entre animales y plantas en los ecosistemas del Cretácico tardío. No obstante, los investigadores advierten que todavía no se conocen con precisión todas las relaciones ecológicas implicadas.
¿Podían los dinosaurios dispersar semillas?
Una de las posibilidades planteadas por el descubrimiento es que algunos dinosaurios participaran en la dispersión de semillas, una función ecológica desempeñada actualmente por numerosas aves, reptiles y mamíferos.
Si Infernogallus jamesi consumía frutos carnosos, pudo haber interactuado con las plantas que los producían. Sin embargo, la anatomía de su mandíbula no demuestra por sí sola que transportara semillas viables entre diferentes lugares.
Para confirmar esa función serían necesarias otras evidencias, como restos directos de alimentación o información adicional sobre las plantas disponibles y el procesamiento de sus semillas.
Los autores consideran que la especialización alimentaria identificada convierte a los cenagnátidos en candidatos importantes para estudiar las relaciones entre dinosaurios y plantas con flores, aunque el alcance de esas interacciones continúa siendo incierto.
Un fósil que revela una diversidad todavía desconocida
La investigación fue encabezada por Gregory Funston, de Stony Brook University, con la participación de especialistas del Royal Ontario Museum, el North Dakota Geological Survey y otras instituciones científicas.
La conservación del cráneo resulta especialmente significativa porque los fósiles relativamente completos de dinosaurios pequeños son escasos. En muchos casos, los cenagnátidos se conocían principalmente por restos fragmentarios que dificultaban reconstruir sus hábitos alimentarios.
La nueva especie demuestra que, incluso entre los dinosaurios emparentados con linajes originalmente carnívoros, existieron formas de alimentación altamente especializadas.
También aporta una perspectiva distinta sobre los ecosistemas que precedieron a la extinción masiva del final del Cretácico. Junto a grandes depredadores y herbívoros, vivían especies pequeñas que probablemente ocupaban funciones ecológicas muy particulares.
El descubrimiento no permite determinar por sí solo si los dinosaurios estaban aumentando o disminuyendo su diversidad antes de aquella extinción. Sí pone de manifiesto que una parte de sus adaptaciones y comportamientos continúa insuficientemente representada en el registro fósil.
Fuentes referenciales:
Nature Communications — Fruit-eating adaptations in a Late Cretaceous oviraptorosaur (Theropoda)
Royal Ontario Museum — Rare fossil discovery reveals new dinosaur species that were specialized fruit-eaters




