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Panorama Planetario

Estado general del sistema Tierra

Actualización: 28 de julio de 2026

El planeta entra en la segunda mitad del verano boreal bajo una combinación de océanos excepcionalmente cálidos, consolidación de El Niño, incendios de gran intensidad en Europa y persistencia de déficits hídricos regionales. La señal dominante no procede de un único fenómeno: es la interacción entre calor acumulado, humedad oceánica, vegetación seca y circulación atmosférica alterada.

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Temperatura global
Calor planetario persistentemente elevado

Junio de 2026 fue el segundo junio más cálido registrado globalmente, con una temperatura media de 16,54 °C y una anomalía aproximada de 1,39 °C respecto del nivel preindustrial estimado. Europa occidental atravesó su junio más cálido conocido, dejando suelos y vegetación vulnerables al calor posterior.

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Océanos
Temperatura marina en zona récord

La superficie de los océanos extrapolares alcanzó en junio un promedio de 20,86 °C, el mayor registrado para ese mes. La acumulación de calor marino incrementa el estrés sobre arrecifes y pesquerías, favorece olas de calor marinas y suministra más humedad a episodios de lluvia intensa.

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CO₂ atmosférico
428,72 ppm en el promedio semanal

La estación de Mauna Loa registró 428,72 partes por millón durante la semana iniciada el 19 de julio. La cifra supera la del mismo periodo de 2025 y se sitúa más de 25 ppm por encima del nivel observado diez años atrás, confirmando la continuidad del forzamiento climático.

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Hielo polar
Cobertura reducida en ambos hemisferios

El hielo marino del Ártico ocupó en junio la sexta menor extensión registrada para el mes, con déficits destacados cerca de Svalbard y la Tierra de Francisco José. La Antártida también presentó su sexta menor extensión de junio y una cobertura especialmente baja en el mar de Bellingshausen.

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Incendios
Emergencia extrema en Francia y España

Los incendios del suroeste de Francia y distintas regiones españolas han provocado evacuaciones masivas, pérdida de viviendas, deterioro de hábitats y extensas columnas de humo. En la Unión Europea se habían quemado 254.388 hectáreas hasta el 22 de julio, por encima del promedio de las últimas dos décadas.

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Sequías
Estrés hídrico y combustibles vegetales secos

El déficit de humedad en suelos mediterráneos y áreas interiores de Norteamérica sigue amplificando el riesgo de incendios y pérdidas agrícolas. En regiones secas, una lluvia puntual no elimina la sequía estructural: la recuperación de acuíferos, embalses y humedad profunda requiere periodos húmedos prolongados.

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Tormentas y extremos
El Niño reorganiza los riesgos

El Niño está activo y se prevé que se fortalezca durante el segundo semestre de 2026. Puede reducir parte de la actividad ciclónica atlántica mediante mayor cizalladura, pero elevar la probabilidad de lluvias intensas, sequías, calor terrestre y olas de calor marinas en diferentes regiones.

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Observación global
Satélites siguen fuego, humo y humedad

Los sensores MODIS y VIIRS de NASA FIRMS continúan detectando anomalías térmicas casi en tiempo real. Copernicus añade estimaciones de áreas quemadas, sequía y daños territoriales, permitiendo diferenciar incendios aislados de episodios capaces de alterar aire, ecosistemas y actividades económicas.

⚠️
Señal planetaria destacada
La combinación de El Niño y océanos cálidos amplía la volatilidad climática

La transición hacia un El Niño más intenso coincide con temperaturas marinas excepcionalmente altas y con una atmósfera que contiene más energía y humedad. Esto no produce el mismo resultado en todas partes: algunas regiones pueden sufrir lluvias torrenciales y crecidas, mientras otras afrontan sequía, monzones debilitados, calor extremo o temporadas de incendios más largas. La prioridad operativa es vigilar las señales regionales, no interpretar El Niño como un pronóstico uniforme.

Perspectiva para los próximos 7–14 días

El riesgo inmediato seguirá concentrado en el calor y los incendios del Mediterráneo occidental, la propagación transfronteriza del humo y la posibilidad de nuevos focos provocados por viento, rayos o actividad humana. También será necesario observar las cuencas del Pacífico, donde la circulación asociada con El Niño puede modificar precipitaciones y actividad tropical. Las autoridades deberán mantener vigilancia sobre la calidad del aire, la disponibilidad de agua, las temperaturas nocturnas y el comportamiento de incendios capaces de generar nubes convectivas propias. Esta perspectiva describe condiciones de fondo y debe complementarse con alertas meteorológicas oficiales de cada país.

Fuentes de seguimiento: Copernicus Climate Change Service, Copernicus Emergency Management Service, NOAA Climate Prediction Center, NOAA Global Monitoring Laboratory, Organización Meteorológica Mundial y NASA FIRMS.
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Nuestra Tierra que respira: una revisión de la ciencia de la respiración del suelo

La científica terrestre Stephanie Pennington mide la respiración del suelo en el Centro Smithsonian de Investigación Ambiental cerca de Edgewater, Maryland. Crédito: Ben Bond-Lamberty

El suelo bajo nuestros pies está exhalando. De manera constante y sin pausa, a través de un proceso llamado respiración del suelo, las raíces de las plantas y los microbios liberan dióxido de carbono (CO 2 ) a la atmósfera.


por Aaron Sidder, Eos


La cantidad de CO 2 que pasa del suelo al aire es significativa: casi un orden de magnitud mayor que las emisiones humanas. Calcular este flujo para todo el planeta y comprender cómo puede estar cambiando es complicado e incierto debido a las lagunas en los datos de observación . Sin embargo, el cálculo es esencial para comprender el ciclo global del carbono y las reacciones del cambio climático.

En un nuevo artículo de revisión publicado en el Journal of Geophysical Research: Biogeosciences , Ben Bond-Lamberty y sus colegas resumen las últimas dos décadas de progreso en la ciencia de la respiración del suelo .

En un estudio citado, los investigadores evaluaron cómo responde la respiración al suelo humedecido por la lluvia. En otro, los investigadores rodearon árboles o quitaron sus capas exteriores para imitar los efectos de los insectos y rastrearon cómo el estrés de los árboles influía en la respiración.

La sinopsis relata enfoques y hallazgos de laboratorio, explora el refinamiento de las estrategias de medición en entornos naturales y narra métodos para simular y documentar la respiración del suelo.

De cara al futuro, los autores enfatizan cómo aprovechar los avances en áreas como el aprendizaje automático y el modelado mecanicista debe avanzar junto con los esfuerzos para diversificar la comunidad investigadora global. Mejorar la representación de las regiones de bajos ingresos tendrá el beneficio adicional de reforzar la cobertura de datos y mejorar las estimaciones globales de la respiración del suelo, confusas por la incertidumbre.

Más información: Ben Bond‐Lamberty et al, Veinte años de progreso, desafíos y oportunidades en la medición y comprensión de la respiración del suelo, Journal of Geophysical Research: Biogeosciences (2024). DOI: 10.1029/2023JG007637