Un estudio de la Universidad de Columbia cuestiona la idea de que los volcanes de latitudes medias enfrían mucho más el hemisferio norte. Las simulaciones climáticas y los registros históricos destacan la influencia de las erupciones tropicales.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Karem Díaz S.
Las grandes erupciones volcánicas tropicales desempeñan un papel más importante en el enfriamiento del hemisferio norte de lo que sugerían algunas investigaciones anteriores. Un nuevo estudio dirigido por Zachary McGraw, de la Universidad de Columbia, en Estados Unidos, cuestiona la hipótesis de que las erupciones situadas en latitudes medias producen un enfriamiento hasta 7,5 veces mayor que las tropicales de magnitud comparable.
La investigación, publicada en la revista científica Geophysical Research Letters y difundida el 2 de noviembre de 2026, combina simulaciones climáticas de la NASA con registros históricos y reconstrucciones de temperaturas para examinar cómo influye la ubicación geográfica de los volcanes en sus efectos atmosféricos.
Los resultados indican que las erupciones extratropicales pueden provocar un enfriamiento más intenso en determinadas circunstancias, pero las simulaciones no respaldan una amplificación tan elevada como la propuesta anteriormente.
En los experimentos realizados, el enfriamiento adicional asociado con las erupciones de latitudes medias alcanzó como máximo aproximadamente el doble del producido por erupciones tropicales comparables, una diferencia considerablemente menor que la estimada en trabajos previos.
El hallazgo ayuda a explicar por qué las grandes erupciones de los trópicos aparecen con tanta frecuencia vinculadas a episodios de enfriamiento documentados en la historia climática del planeta.
Cómo una erupción volcánica puede enfriar la superficie terrestre
Las erupciones explosivas pueden inyectar grandes cantidades de dióxido de azufre en las capas superiores de la atmósfera, especialmente en la estratosfera.
Una vez allí, el gas participa en reacciones químicas que favorecen la formación de pequeñas gotas de ácido sulfúrico, conocidas como aerosoles sulfatados.
Estas partículas dispersan y reflejan parte de la radiación solar que llega a la Tierra. Como consecuencia, disminuye temporalmente la energía que alcanza la superficie y puede producirse un descenso de las temperaturas.
La intensidad y duración del enfriamiento dependen de varios factores, entre ellos la cantidad de dióxido de azufre liberada, la altura alcanzada por la columna eruptiva, la distribución de los aerosoles y las condiciones de circulación atmosférica.
No todas las erupciones generan efectos climáticos importantes. Para que el enfriamiento alcance una escala regional o global, es especialmente relevante que los gases y partículas permanezcan durante suficiente tiempo en la estratosfera.
Un ejemplo histórico es la erupción del volcán Tambora, en Indonesia, ocurrida en 1815. Sus efectos atmosféricos contribuyeron a las anomalías climáticas de 1816, conocido como el año sin verano, cuando distintas regiones del hemisferio norte experimentaron temperaturas inusualmente bajas.
La influencia de grandes episodios volcánicos sobre las temperaturas también ha sido examinada mediante investigaciones que relacionan las erupciones con periodos de enfriamiento y avances glaciares durante el Holoceno.
La ubicación del volcán no produce las diferencias esperadas
El equipo de McGraw se propuso resolver una discrepancia entre las estimaciones del efecto climático de las erupciones tropicales y las extratropicales.
Algunos estudios anteriores habían sugerido que los volcanes situados aproximadamente entre los 30 y los 70 grados de latitud podían provocar un enfriamiento mucho más intenso en el hemisferio norte que los volcanes tropicales de magnitud semejante.
La explicación propuesta estaba relacionada con la distribución geográfica de los aerosoles.
Cuando una erupción ocurre en latitudes medias del hemisferio norte, una proporción importante de las partículas volcánicas puede permanecer concentrada en ese hemisferio.
En cambio, los aerosoles procedentes de grandes erupciones tropicales pueden desplazarse hacia ambos hemisferios debido a los patrones de circulación atmosférica.
Por tanto, una erupción extratropical podría producir un efecto de enfriamiento más concentrado geográficamente, mientras que una tropical distribuiría sus efectos sobre una superficie más extensa.
Sin embargo, la nueva investigación encontró que esa diferencia en la distribución atmosférica no basta para justificar un enfriamiento siete veces y media superior.
Los investigadores utilizaron un modelo climático de la NASA para comparar erupciones tropicales y extratropicales bajo diferentes condiciones de emisión de azufre y distintas estaciones del año.
Las simulaciones no identificaron un mecanismo capaz de producir sistemáticamente la enorme amplificación planteada por algunas reconstrucciones anteriores.
El resultado no significa que la ubicación del volcán carezca de importancia, sino que su influencia debe interpretarse junto con otros procesos atmosféricos.
Los aerosoles tropicales permanecen más tiempo en la atmósfera
Una de las diferencias más relevantes identificadas por los investigadores está relacionada con la duración de los aerosoles volcánicos.
Según el estudio, los aerosoles procedentes de erupciones extratropicales suelen presentar una permanencia atmosférica más corta, que en muchos casos alcanza aproximadamente nueve meses.
Por el contrario, los aerosoles asociados con grandes erupciones tropicales pueden permanecer en la atmósfera durante periodos de hasta tres años.
Esta diferencia ayuda a explicar por qué las erupciones tropicales pueden generar efectos climáticos prolongados.
Los científicos relacionan la menor duración de los aerosoles extratropicales con varios procesos.
Uno de ellos es la altura a la que los gases volcánicos son introducidos en la atmósfera. La estructura atmosférica varía con la latitud y puede condicionar el transporte y la permanencia de las partículas.
También intervienen las precipitaciones y la nieve, que contribuyen a retirar aerosoles de la atmósfera mediante procesos de deposición.
Además, la circulación atmosférica puede transportar partículas desde las latitudes medias hacia regiones polares, donde sus condiciones de permanencia y eliminación son diferentes.
La combinación de estos mecanismos limita la duración de algunos episodios de enfriamiento asociados con volcanes extratropicales.
En los trópicos, determinadas condiciones de circulación estratosférica permiten una distribución más amplia de los aerosoles y favorecen que sus efectos radiativos persistan durante más tiempo.
Los anillos de los árboles ayudan a reconstruir erupciones antiguas
Para comprobar si los resultados de las simulaciones eran compatibles con el comportamiento histórico del clima, el equipo recurrió a registros paleoclimáticos.
Entre ellos destacan los anillos de crecimiento de los árboles, utilizados para reconstruir variaciones ambientales anteriores a la existencia de mediciones meteorológicas instrumentales.
El crecimiento anual de los árboles puede verse afectado por las temperaturas, las precipitaciones y otros factores ambientales.
En determinados lugares, los veranos fríos pueden producir anillos de crecimiento más estrechos, mientras que las condiciones favorables permiten un desarrollo mayor.
Los investigadores examinaron registros asociados con varias erupciones extratropicales históricas, entre ellas la actividad volcánica de Islandia en el año 1783, un episodio situado en latitudes medias alrededor del año 536 y una erupción ocurrida en Alaska aproximadamente en el año 43 antes de nuestra era.
Estos acontecimientos fueron comparados con numerosos episodios volcánicos tropicales posteriores al año 750.
El análisis permitió evaluar con qué frecuencia las erupciones de distintas regiones coincidieron con veranos anormalmente fríos en el hemisferio norte.
Los resultados mostraron que los episodios de enfriamiento aparecen asociados con mayor frecuencia a erupciones tropicales.
Una explicación importante es que las grandes erupciones extratropicales son comparativamente menos frecuentes en los registros analizados, lo que reduce su contribución acumulada a los episodios históricos de enfriamiento.
Los investigadores también realizaron simulaciones de 100.000 erupciones hipotéticas y sus correspondientes periodos de enfriamiento para ampliar las comparaciones, debido a la escasez de grandes erupciones extratropicales observadas durante la época instrumental.
Por qué los volcanes tropicales influyen en ambos hemisferios
La circulación atmosférica constituye un elemento fundamental para comprender los resultados.
En las regiones tropicales, los movimientos de aire y los mecanismos de transporte estratosférico pueden distribuir los aerosoles volcánicos hacia latitudes más altas de ambos hemisferios.
Esto permite que una gran erupción tropical altere el balance de radiación solar en extensas regiones del planeta.
En las latitudes medias, la distribución de las partículas suele estar más condicionada por la circulación propia del hemisferio donde se produce la erupción.
Por ello, aunque una erupción extratropical pueda concentrar sus efectos sobre el hemisferio norte, no necesariamente produce un enfriamiento total mucho mayor.
La investigación destaca que es necesario considerar simultáneamente la concentración de aerosoles, su distribución y su tiempo de permanencia.
Estos factores permiten interpretar mejor las diferencias entre los episodios volcánicos y evitar conclusiones basadas exclusivamente en la latitud del volcán.
La diversidad de comportamientos volcánicos también se refleja en otros fenómenos geológicos, como las erupciones antiguas identificadas mediante depósitos de cenizas en la Antártida, donde los registros geológicos permiten reconstruir acontecimientos que no fueron observados directamente.
El enfriamiento volcánico no equivale a una solución climática
Los autores subrayan la importancia de distinguir entre las alteraciones temporales producidas por las erupciones y las tendencias climáticas de larga duración.
El enfriamiento volcánico se debe principalmente a la presencia de aerosoles capaces de reflejar parte de la radiación solar.
Cuando esas partículas desaparecen de la atmósfera, su efecto de enfriamiento disminuye.
Por esta razón, una gran erupción puede modificar temporalmente las temperaturas sin eliminar el calentamiento asociado con la acumulación de gases de efecto invernadero de origen humano.
La investigación no propone utilizar las erupciones volcánicas como herramienta de regulación climática.
Su objetivo es comprender con mayor precisión la respuesta de la atmósfera ante grandes inyecciones naturales de aerosoles.
Esta distinción resulta importante porque los volcanes también pueden provocar daños directos a poblaciones e infraestructuras mediante cenizas, gases, flujos volcánicos y otras amenazas.
La actividad eruptiva reciente ha demostrado que los efectos de las cenizas pueden extenderse mucho más allá del entorno inmediato de un volcán, como ocurrió durante los episodios de dispersión de cenizas del Anak Krakatau en Indonesia, que afectaron las operaciones aéreas.
Por tanto, el enfriamiento atmosférico representa únicamente una de las múltiples consecuencias posibles de las grandes erupciones.
Una herramienta para comprender riesgos climáticos futuros
La investigación ofrece información útil para mejorar las simulaciones de episodios volcánicos de gran magnitud y sus posibles repercusiones sobre el clima.
Una disminución importante de las temperaturas durante varias temporadas puede afectar los patrones de precipitación, las condiciones de crecimiento de la vegetación y la disponibilidad de recursos.
Los científicos consideran que comprender la distribución de los aerosoles volcánicos permite evaluar mejor los riesgos para la producción de alimentos y la seguridad alimentaria.
También puede ayudar a estudiar cómo determinadas perturbaciones climáticas intensifican presiones sobre los recursos naturales y las comunidades humanas.
Sin embargo, estas consecuencias dependen de la magnitud de la erupción, las condiciones atmosféricas y la vulnerabilidad de las regiones afectadas. El estudio no predice una erupción concreta ni anticipa un episodio de enfriamiento próximo.
Su principal contribución consiste en revisar una hipótesis científica sobre la intensidad relativa del enfriamiento provocado por volcanes tropicales y extratropicales.
Los resultados indican que las erupciones de latitudes medias no poseen necesariamente la enorme ventaja de enfriamiento atribuida por investigaciones anteriores.
Al considerar conjuntamente los modelos atmosféricos y los registros paleoclimáticos, el equipo concluye que las grandes erupciones tropicales siguen siendo protagonistas fundamentales de los episodios de enfriamiento volcánico documentados en el hemisferio norte.
El trabajo, titulado No Evidence for Strongly Enhanced Northern Hemisphere Cooling From Extratropical Versus Tropical Eruptions, proporciona una nueva base para interpretar la relación entre volcanismo, circulación estratosférica y variabilidad climática.
Fuentes referenciales:
Geophysical Research Letters — No Evidence for Strongly Enhanced Northern Hemisphere Cooling From Extratropical Versus Tropical Eruptions
Phys.org — Volcanic eruptions in the tropics are a major factor in Earth’s thermostat




