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Panorama Planetario · 22 de agosto de 2026

El sistema Tierra entra en una fase de elevada tensión térmica e hidrológica

El calor persistente en continentes y océanos, el fortalecimiento de El Niño y la coincidencia de sequías, incendios e inundaciones mantienen alto el nivel de vigilancia ambiental mundial.

Resumen ejecutivo

La señal dominante de este 22 de agosto es la acumulación de calor en el sistema climático. Julio dejó temperaturas oceánicas superficiales excepcionalmente altas y condiciones secas que favorecieron incendios intensos, especialmente en Europa occidental. Al mismo tiempo, NOAA señala que El Niño continúa fortaleciéndose y atribuye una probabilidad superior al 90 % a que alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño y el invierno boreales de 2026-2027. Este patrón aumenta la necesidad de anticipar cambios regionales en lluvias, sequías, calor terrestre y olas de calor marinas.

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Temperatura global

Calor excepcional sobre tierra y mar

La Organización Meteorológica Mundial mantiene la atención sobre temperaturas récord, olas de calor y episodios extremos observados durante julio y comienzos de agosto. El calentamiento no se distribuye de manera uniforme: algunas regiones sufren calor prolongado, mientras otras experimentan lluvias intensas alimentadas por una atmósfera más cálida y húmeda.

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Océanos

El calor marino amplifica riesgos

Copernicus registró en julio las temperaturas superficiales oceánicas globales más altas para ese mes. El exceso de energía puede intensificar el estrés de arrecifes y ecosistemas, alterar la productividad marina y proporcionar más humedad a determinados sistemas de tormentas. El Pacífico ecuatorial concentra además la señal creciente asociada con El Niño.

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CO₂ atmosférico

La presión de fondo continúa

Las concentraciones de dióxido de carbono permanecen en niveles históricamente elevados. Aunque las variaciones estacionales modifican temporalmente las mediciones, la tendencia de largo plazo sigue siendo ascendente. Este forzamiento atrapa calor adicional y favorece cambios persistentes en temperaturas, océanos, hielo, ciclo del agua y frecuencia de extremos.

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Hielo polar

Temporada crítica de deshielo ártico

El Ártico se aproxima al mínimo anual de hielo marino, previsto normalmente en septiembre. Cada semana restante resulta importante para conocer la extensión final de 2026. En la Antártida, la evolución invernal exige seguimiento por sus fuertes contrastes regionales y por la sensibilidad reciente de la cobertura marina.

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Incendios

Vegetación seca y calor elevan el peligro

El verano boreal ha mantenido condiciones favorables para incendios en zonas de Europa, Norteamérica y otras regiones. En Europa occidental, el periodo junio-julio fue especialmente cálido y seco. La combinación de humedad reducida en combustibles, altas temperaturas y viento puede producir propagaciones rápidas y emisiones que deterioran el aire.

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Sequías

La degradación de tierras gana prioridad

La sequía agrícola y ecológica continúa afectando cuencas y territorios vulnerables. En Ulaanbaatar, la COP17 de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación mantiene hasta el 28 de agosto el foco internacional sobre resiliencia, restauración, pastizales y financiación para tierras degradadas.

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Fenómenos extremos

Calor, lluvias e inundaciones coexisten

Una atmósfera más cálida puede retener más vapor de agua, aumentando el potencial de precipitaciones intensas cuando existe un mecanismo meteorológico favorable. Por eso pueden coexistir sequías prolongadas y crecidas repentinas en regiones próximas. La vigilancia debe concentrarse en alertas locales, cuencas rápidas y exposición urbana.

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Oscilación del Pacífico

El Niño se fortalece rápidamente

El Centro de Predicción Climática de NOAA informa que El Niño está intensificándose y podría persistir hasta la primavera boreal de 2027. Su evolución no determina por sí sola cada episodio meteorológico, pero modifica probabilidades estacionales de lluvia y temperatura en numerosas regiones del planeta.

⚠️ Señal planetaria destacada

La convergencia entre océanos muy cálidos y un El Niño en rápido fortalecimiento constituye la señal central. Su importancia reside en que puede reorganizar la circulación atmosférica durante los próximos meses y reforzar impactos sobre agua, agricultura, ecosistemas, incendios y salud. Los pronósticos regionales deberán actualizarse con frecuencia porque los efectos serán diferentes en cada territorio.

🔭 Perspectiva para los próximos 7–14 días

Se mantendrá la vigilancia por calor prolongado, incendios y estrés hídrico en áreas secas del hemisferio norte, junto con riesgo de lluvias fuertes y crecidas rápidas donde converjan humedad abundante y sistemas de baja presión. El Pacífico ecuatorial seguirá siendo el principal indicador de evolución estacional. La prioridad operativa es atender avisos meteorológicos nacionales, proteger a la población expuesta al calor y reducir fuentes de ignición en territorios con vegetación seca.

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El conocimiento sesgado de la biodiversidad y el funcionamiento de los ecosistemas de la Antártida dificulta su conservación

Un estudio coliderado por el CSIC propone estandarizar los métodos de estudio y la integración y accesibilidad de los datos disponibles


CSIC/DICYT Los ecosistemas de la Antártida son un laboratorio natural para entender los cambios globales. Sin embargo, un estudio co-liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) señala que el conocimiento sobre la biodiversidad y el funcionamiento de los ecosistemas del continente es sesgado, lo que dificulta su conservación. El estudio, publicado en Science, analiza el grado de conocimiento sobre la biodiversidad antártica y caracteriza tanto los avances como las lagunas existentes en las investigaciones en este continente e identifica, así, las grandes incógnitas por resolver sobre su ecología y evolución.

Los resultados muestran que, aunque se conoce bastante sobre la biología de vertebrados marinos que se reproducen en la costa como pingüinos y focas, aún hay un gran desconocimiento sobre gran parte de la diversidad y el funcionamiento de los ecosistemas terrestres del continente helado. Los investigadores destacan la necesidad de invertir más en estudios taxonómicos sobre grupos crípticos, monitorización de poblaciones, muestreos regionales en zonas menos exploradas, y la caracterización de rasgos funcionales y respuestas fisiológicas. Según apunta el estudio, liderado por el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y el Instituto de Investigación en Cambio Global de la Universidad Rey Juan Carlos (IICG-URJC), es igualmente necesaria la estandarización de métodos e integración y accesibilidad de datos.

“Esta investigación nos ha permitido por primera vez tener una visión completa del nivel de conocimiento ecológico para todo un continente, estableciendo la pauta para exportar este tipo de estudios a Europa y otros territorios con mucha más complejidad” señala Luis R. Pertierra, investigador del CSIC en el MNCN y líder del estudio. “Esto es, saber lo que sabemos, y lo que no, como base para identificar lo que aún nos queda por conocer”, añade.

Antártida, un laboratorio helado

“La Antártida es uno de los pocos territorios del planeta que quedan prácticamente prístinos, con unas características ambientales que hacen que albergue una biodiversidad única”, explica la investigadora del CSIC en el MNCN Asunción de los Ríos. “La investigación en el continente helado comenzó hace apenas dos siglos y su estudio ha revelado importantes descubrimientos acerca de la evolución y el funcionamiento de la vida en lugares tan aislados y con unas condiciones climáticas tan extremas”, comenta.

“Además, se trata de ecosistemas que realizan importantes funciones, como la regulación del clima y, por tanto, es clave entender cómo se están viendo afectados por los efectos del cambio global”, puntualiza Leopoldo García Sancho, investigador de la Universidad Complutense de Madrid. Este estudio confirma que se han descrito ya más de 2.000 especies de fauna, microbiota y flora terrestre para un sistema aparentemente inerte y rodeado de hielo, pero que faltan muchas más por descubrir. A esto se suma la dificultad de acceder a decenas de miles de microorganismos (tales como bacterias y virus) que previsiblemente están bajo el hielo. Como resultado, lo que se sabe de las propiedades de estos organismos es todavía más escaso y muy variable entre diferentes grupos.

“Estamos en un punto crítico en el que es necesario parar y analizar qué conocemos y qué falta por descubrir sobre este fascinante continente para dirigir los siguientes esfuerzos de investigación.”, comenta Pertierra. Es por eso que científicos de distintas partes del mundo se han reunido en este trabajo para analizar las lagunas en el conocimiento de la biodiversidad antártica. Entre sus autores está Andrés Barbosa, miembro destacado del Comité Científico para la Investigación en la Antártida (SCAR) y quien también fue coordinador de la investigación española en este continente, fallecido hace ahora dos años y a quien se dedica este estudio.

Este grupo internacional de investigadores ha recopilado y analizado la información recogida en las principales bases de datos globales sobre biodiversidad; “grandes repositorios como GBIF, que compila datos de ocurrencia espacial, o GenBank, que reúne información genética, nos permiten tanto examinar la distribución de la biodiversidad, como identificar huecos en nuestro conocimiento sobre ella” comenta Cristina Ronquillo, investigadora del CSIC en el MNCN.

El análisis de estos datos masivos muestra que, dentro de los animales (casi 400 especies) el protagonismo se lo llevan en gran medida una veintena de vertebrados, con un conocimiento minoritario, pero creciente, en invertebrados. “Es de resaltar que este conocimiento sistematizado está principalmente encaminado a describir las tolerancias climáticas de las especies”, subraya Miguel Ángel Olalla Tárraga, investigador en el IICG-URJC. “Esto, probablemente, es debido a que tenemos una demanda acuciante de información sobre estas tolerancias para entender las respuestas de las especies al incremento de temperaturas”, comenta Pablo Escribano, también de la URJC. En cambio, apenas conocemos la estructura de las redes tróficas en los ecosistemas antárticos. “Básicamente nuestro conocimiento está limitado a una idea aproximada de quién come a quién”, apunta Pertierra.

Falta también mucha información sobre los rasgos funcionales de la mayoría de las especies, lo que dificulta identificar los mecanismos que les permiten adaptar su fisiología a condiciones extremas. En el caso de la flora se tiene una amplia comprensión sobre su distribución, cada vez mejor gracias a mediciones satelitales que identifican manchas de vegetación en imágenes de alta resolución. Pero de nuevo este conocimiento no se ve arropado por avances en otras disciplinas.

“Por ejemplo, apenas sabemos nada de sus relaciones evolutivas, o la naturaleza de sus interacciones”, comenta Pertierra. El desconocimiento sobre los microorganismos es todavía mayor. “Los recientes estudios sobre el funcionamiento y flujos de nutrientes en comunidades de microorganismos, así como el movimiento de éstos de unas zonas a otras nos da pistas de cómo se desarrolla la vida microscópica en un clima tan extremo”, añade Antonio Quesada, investigador de la Universidad Autónoma de Madrid.

En el trabajo se hace hincapié en que ese desequilibrio en el conocimiento de la biología de tantos grupos de organismos impide comprender cómo se desarrollan los procesos ecológicos en la Antártida, algo clave para poder guiar medidas de conservación de cara al cambio global. “Los análisis de las lagunas de conocimiento sobre la biodiversidad nos permiten identificar las principales necesidades de investigación en los próximos años. En el caso de la Antártida, es necesario invertir en investigación taxonómica, monitorizar las poblaciones, identificar especies modelo, estandarizar los métodos de estudio que utilizamos e integrar los datos que vamos obteniendo. Estas son algunas de las medidas que proponemos para resolver las incógnitas que tenemos sobre este importante y fascinante territorio”, concluye Joaquín Hortal, también investigador del CSIC en el MNCN.