Un estudio de la Universidad de Houston identifica a Texas y Luisiana como zonas clave para desplegar tecnología marina de eliminación de carbono

Communications Sustainability (2026). DOI: 10.1038/s44458-026-00035-9
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Karem Díaz S.
La costa del Golfo de Estados Unidos aparece como una de las regiones más prometedoras para aplicar una tecnología emergente que busca aumentar la capacidad del océano para retirar dióxido de carbono de la atmósfera. La investigación, liderada por científicos de la Universidad de Houston, evaluó qué zonas costeras estadounidenses reúnen mejores condiciones logísticas, industriales y energéticas para desarrollar sistemas de eliminación marina de carbono.
El trabajo fue encabezado por Mim Rahimi, profesor del Cullen College of Engineering de la Universidad de Houston, y publicado en Communications Sustainability. Su objetivo no fue demostrar únicamente si la tecnología funciona en laboratorio, sino construir una hoja de ruta para su posible implementación a gran escala si empresas o gobiernos deciden utilizarla en el futuro.
La tecnología analizada se conoce como eliminación electroquímica marina de dióxido de carbono, o e-mCDR por sus siglas en inglés. Este proceso trata el agua de mar para aumentar su capacidad de absorber y almacenar CO₂ atmosférico. La idea parte de una función natural del océano: los mares ya absorben alrededor del 30 % de las emisiones de dióxido de carbono producidas por la actividad humana cada año, lo que convierte al sistema oceánico en una pieza central del ciclo climático global.
Por qué el Golfo destaca frente a otras costas
El equipo analizó 38 instalaciones costeras de Estados Unidos, entre ellas plantas eléctricas, plantas desalinizadoras y terminales de gas natural licuado. A partir de esos sitios, los investigadores agruparon las zonas evaluadas en cinco grandes centros regionales: noreste, sureste, sur, oeste y noroeste.
El centro sur, que incluye la costa del Golfo a lo largo de Texas y Luisiana, obtuvo la mejor clasificación general. La ventaja no se explica por un solo factor, sino por la combinación de electricidad relativamente asequible, infraestructura industrial extensa y redes sólidas de transporte y almacenamiento de hidrógeno. Para una tecnología que necesita energía, manejo de agua de mar e integración con instalaciones costeras, esa mezcla convierte al Golfo en un candidato especialmente competitivo.
Abdelrahman Refaie, doctor y autor del artículo, destacó que el centro sur presenta una alta diversidad de instalaciones entre plantas eléctricas, desalación y terminales de gas natural licuado. Esa diversidad reduce el riesgo operativo: si una infraestructura no está disponible para el despliegue de la tecnología, otra podría cumplir parte de la función dentro de la misma región.
El océano como infraestructura climática
La investigación se inscribe en un debate más amplio sobre el papel del océano como infraestructura natural y tecnológica frente al cambio climático. En Noticias de la Tierra ya se ha explicado cómo la superficie del océano absorbe dióxido de carbono en cantidades relevantes para el balance climático, aunque esa capacidad natural no elimina la necesidad de reducir emisiones en origen.
La eliminación electroquímica marina de carbono busca intervenir sobre esa capacidad oceánica sin depender únicamente de procesos biológicos de corta duración. A diferencia de soluciones basadas en biomasa marina, la modificación química del agua de mar apunta a mejorar la retención del carbono de manera más estable, aunque todavía requiere evaluación ambiental, energética y económica antes de cualquier despliegue amplio.
Ese punto es importante porque otras investigaciones han advertido que algunos métodos de eliminación de carbono oceánico pueden tener limitaciones o efectos secundarios. Por ejemplo, se ha señalado que los métodos de eliminación de dióxido de carbono deben evaluarse con cuidado para evitar impactos no deseados sobre la química marina y el oxígeno oceánico.
California y el noreste también muestran potencial
Aunque el Golfo obtuvo la mejor puntuación general, el estudio también identificó fortalezas en otras regiones costeras de Estados Unidos. Las instalaciones de California destacaron por su gran capacidad de toma de agua de mar y por una matriz energética más limpia. El noreste, en cambio, mostró buenos resultados por su potencial de remoción de carbono.
Esta diferencia regional es relevante porque la tecnología no depende solo de tener costa. También necesita infraestructura compatible, disponibilidad energética, condiciones industriales adecuadas y capacidad para integrarse con redes existentes. Por eso, la investigación no propone una respuesta única para todo el país, sino una clasificación comparativa de zonas donde el despliegue podría ser más viable.
La planificación territorial aparece así como una parte central del problema climático. No basta con desarrollar una tecnología de captura; también hay que decidir dónde puede operar con menor costo, menor riesgo y mayor posibilidad de escalar. En ese sentido, el estudio se acerca más a una estrategia de implementación que a una simple prueba técnica.
Una tecnología prometedora, pero todavía en fase de desarrollo
Rahimi señaló que su próximo objetivo es aumentar la conciencia sobre esta tecnología y sobre los lugares donde podría funcionar mejor. En marzo, el investigador se reunió con miembros del Congreso de Estados Unidos para conversar sobre la eliminación oceánica de dióxido de carbono y sus avances.
La Universidad de Houston considera que su ubicación en la costa del Golfo le da una posición estratégica para participar en este desarrollo. Rahimi destacó que la institución trabaja desde la base tecnológica construida en laboratorio, pero también se encuentra dentro del centro regional que, según el análisis, presenta los mejores indicadores logísticos y de desempeño.
El estudio no presenta la eliminación marina de carbono como sustituto de la reducción de emisiones, sino como una posible herramienta adicional dentro de un conjunto más amplio de respuestas climáticas. Ese matiz resulta clave: la tecnología de captura de carbono está creciendo, pero todavía enfrenta dudas sobre costos, escala, permanencia del almacenamiento y gobernanza ambiental.
La costa del Golfo, con Texas y Luisiana como puntos centrales, ofrece una ventaja inicial por su infraestructura energética e industrial. Pero el verdadero desafío será demostrar que la tecnología puede capturar CO₂ de forma eficiente, verificable y ambientalmente segura, sin trasladar nuevos riesgos al sistema marino.
Fuente(s) referenciales
Phys.org / University of Houston: New Gulf Coast plan uses ocean technology to trap carbon dioxide
