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17 DE OCTUBRE DE 2026 | OBSERVATORIO PLANETARIO

🌎 Panorama Planetario

El sistema Tierra atraviesa un período en el que el calentamiento acumulado, la respuesta de los océanos, la disponibilidad de agua y la transformación de los ecosistemas deben interpretarse conjuntamente.

Esta edición presenta una lectura de los principales indicadores planetarios y de los procesos que condicionan su evolución. Distingue entre tendencias científicas consolidadas y situaciones que requieren observaciones actualizadas antes de atribuirles una intensidad determinada.

🌡️ TEMPERATURA GLOBAL

Un planeta condicionado por el calor acumulado

La temperatura media global constituye uno de los indicadores fundamentales del cambio climático. Su interpretación exige comparar períodos suficientemente largos con referencias históricas y evitar que una variación de pocos días se confunda con una modificación de la tendencia climática.

El calentamiento provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero sigue siendo el factor dominante de la tendencia a largo plazo. La variabilidad natural, incluida la circulación oceánica y atmosférica, puede intensificar o moderar temporalmente sus manifestaciones.

Para conocer la anomalía mensual más reciente deben consultarse los conjuntos oficiales de Copernicus, NOAA o NASA. Esta actualización no atribuye al 17 de octubre una cifra diaria sin verificación instrumental.

🌊 OCÉANOS

El almacenamiento de calor continúa siendo decisivo

Los océanos absorben la mayor parte del exceso de energía retenida en el sistema climático. Este proceso afecta a la temperatura superficial y profunda, modifica la distribución de energía y puede influir en los ecosistemas marinos.

El contenido de calor oceánico ofrece una perspectiva más estable del calentamiento que las fluctuaciones superficiales de corta duración. Al mismo tiempo, las anomalías regionales pueden tener efectos muy diferentes sobre la vida marina, las corrientes y los intercambios con la atmósfera.

Las temperaturas superficiales deben analizarse mediante mapas actualizados, prestando especial atención a la persistencia, profundidad y extensión de cada anomalía.

🏭 CO₂ ATMOSFÉRICO

Una señal estructural de largo recorrido

El dióxido de carbono atmosférico es un indicador central del desequilibrio energético terrestre. Su concentración responde a las emisiones humanas, a los intercambios con océanos y vegetación y al ciclo estacional de absorción y liberación de carbono.

Las mediciones de observatorios como Mauna Loa permiten seguir su evolución mediante registros continuos. Sin embargo, un valor puntual no debe extrapolarse automáticamente a todo el planeta, porque existen diferencias entre estaciones y metodologías.

La señal relevante es la acumulación persistente de CO₂ y su contribución al forzamiento radiativo. Los valores exactos de octubre deben contrastarse con los registros oficiales publicados.

🧊 HIELO POLAR

Dos hemisferios con ciclos diferentes

En octubre, el hielo marino del Ártico se encuentra normalmente en su fase de crecimiento posterior al mínimo estacional de septiembre. En la Antártida, el sistema suele atravesar la etapa posterior a su máximo invernal, con el avance de la primavera austral.

Estas fases estacionales no indican por sí mismas una recuperación o un deterioro estructural. Para evaluar los cambios deben compararse extensión, concentración, espesor y anomalías respecto de las series históricas.

La pérdida de hielo continental, por su parte, tiene implicaciones directas para el nivel del mar. Conviene diferenciarla siempre de los cambios en la superficie del hielo marino flotante.

🔥 INCENDIOS

El riesgo depende del combustible y de la meteorología

La actividad de incendios forestales responde a la combinación de vegetación disponible, humedad, temperatura, viento y fuentes de ignición. La estacionalidad modifica las zonas de mayor exposición, pero no elimina la posibilidad de episodios fuera de los períodos habituales.

Los satélites permiten detectar anomalías térmicas y estimar áreas quemadas. Una anomalía térmica, sin embargo, no equivale necesariamente a un incendio forestal confirmado, ni informa por sí sola sobre los daños.

La vigilancia debe combinar detección remota, pronósticos meteorológicos y avisos de las autoridades competentes.

💧 SEQUÍAS

La disponibilidad hídrica exige múltiples indicadores

La sequía meteorológica, la agrícola y la hidrológica representan procesos relacionados, pero no idénticos. La ausencia de precipitaciones puede manifestarse primero en la humedad del suelo y posteriormente en los caudales, embalses o reservas subterráneas.

Las temperaturas elevadas incrementan la demanda evaporativa de la atmósfera, lo que puede agravar los déficits de humedad. No obstante, el riesgo real depende de las condiciones regionales y de los antecedentes de precipitación.

Una evaluación rigurosa utiliza índices de precipitación, observaciones del suelo, almacenamiento de agua y necesidades de los ecosistemas y las comunidades.

⛈️ FENÓMENOS EXTREMOS

La vigilancia meteorológica debe ser regional y continua

Tormentas intensas, lluvias extremas, ciclones y episodios de viento pueden desarrollarse rápidamente. La peligrosidad depende de su trayectoria, intensidad, duración y exposición de la población y las infraestructuras.

En octubre continúa la temporada oficial de huracanes del Atlántico norte, aunque la existencia de una temporada activa no implica que haya necesariamente un ciclón amenazando una región determinada.

Los avisos operativos deben proceder de los servicios meteorológicos y centros especializados. Los pronósticos cambian y requieren comprobaciones frecuentes.

🛰️ INTEGRACIÓN DE INDICADORES

Las observaciones aisladas no cuentan toda la historia

Una anomalía térmica, una disminución de humedad o una variación del hielo adquieren significado científico cuando se relacionan con su contexto temporal y espacial.

Las redes de observación terrestres, oceánicas y satelitales permiten construir diagnósticos más robustos. También ayudan a distinguir las señales climáticas persistentes de episodios meteorológicos pasajeros.

El desafío del seguimiento planetario consiste en interpretar conjuntamente procesos que operan a escalas de horas, estaciones, décadas y siglos.

🌐 SEÑAL PLANETARIA DESTACADA

El calentamiento oceánico y sus efectos encadenados

El océano conecta procesos atmosféricos, ecológicos y geofísicos. Su acumulación de calor puede contribuir a la expansión térmica del agua, alterar hábitats marinos y modificar los intercambios de energía y humedad con la atmósfera.

Esta conexión convierte al seguimiento del calor oceánico en una prioridad científica. Las variaciones regionales deben interpretarse mediante series de observación y no únicamente a partir de mapas de temperatura de un día concreto.

📡 PERSPECTIVA | 17–31 DE OCTUBRE

Próximos 7–14 días: variables que merecen seguimiento

Durante la segunda mitad de octubre, la vigilancia planetaria debe concentrarse en la evolución de las anomalías de temperatura, los sistemas de precipitación intensa, la humedad de los suelos y los cambios estacionales del hielo marino.

En el hemisferio norte, la transición otoñal modifica progresivamente la circulación atmosférica y las condiciones térmicas. En el hemisferio sur, el avance de la primavera introduce otras dinámicas de vegetación, precipitación y exposición al fuego.

Esta perspectiva identifica variables de vigilancia, no constituye un pronóstico meteorológico operativo ni confirma episodios extremos específicos. Los avisos de los próximos días deben verificarse en los organismos meteorológicos oficiales.

Noticias de la Tierra | Actualizado: 17 de octubre de 2026. Referencias científicas: NASA, NOAA, Copernicus Climate Change Service, NSIDC, WMO y Global Carbon Project. Indicadores interpretativos sin valores diarios no verificados.
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El impacto ambiental de las guerras: una amenaza que perdura a largo plazo

El antiguo fondo del embalse de Kakhovka el 25 de junio de 2023, después de la voladura de la presa que lo vació. Los carteles prohíben nadar y advierten de la presencia de minas. / Ivan Antipenko

Un estudio en la revista Science revela que la voladura de la presa de Kakhovka en la guerra de Ucrania liberó una “bomba tóxica de relojería” por la contaminación encerrada en los sedimentos del embalse, que se expandió por las tierras inundadas. Es un caso más de cómo el coste medioambiental de las guerras prolonga los daños una vez que terminan.


Javier Yanes


En la madrugada del 6 de junio de 2023, una o varias explosiones fracturaron la presa ucraniana de Kakhovka, controlada por Rusia desde el primer día de la invasión que dio origen a la guerra actual. La riada incontenible del embalse anegó poblaciones y granjas, destruyó infraestructuras y causó un número indeterminado de víctimas. Vueltas ya las aguas a su cauce, queda sin embargo un daño menos visible pero perdurable, el medioambiental, como analiza un estudio publicado en la revista Science.

La contaminación tóxica en los sedimentos expuestos del antiguo lecho del embalse supone una amenaza a largo plazo

Podría parecer que, frente al coste en vidas humanas de una guerra, hablar de su impacto ambiental es casi una frivolidad. Pero escriben los autores del nuevo trabajo, dirigido por el Leibniz Institute of Freshwater Ecology and Inland Fisheries en Berlín: “Aunque la atención de los medios se centró en los impactos inmediatos de las inundaciones en la economía, la sociedad y la política, nuestros resultados muestran que la contaminación tóxica en los sedimentos expuestos del antiguo lecho del embalse supone una amenaza, a largo plazo y largamente ignorada, para el agua dulce y los ecosistemas marinos y de estuarios”.

El granero de Europa, contaminado

El análisis calcula que el vaciado del embalse expuso al aire sedimentos que contenían más de 83 000 toneladas de metales pesados de origen industrial, como plomo, cadmio, níquel, cinc y otros, a los que se sumaba la contaminación por nitrógeno y fósforo procedente de la agricultura. Una pequeña parte de este sedimento, unos 780 000 metros cúbicos, fue dispersada por las aguas, que además arrastraron unas 450 toneladas de combustibles de la central hidroeléctrica de la presa y de las gasolineras anegadas.

Los metales pesados pueden causar cáncer, trastornos congénitos, daños al sistema nervioso o al endocrino y muchos otros

Oleksandra Shumilova, Leibniz Institute of Freshwater Ecology and Inland Fisheries

Además de los efectos inmediatos de la riada en las tierras atravesadas por el río Dniéper hasta su desembocadura en el mar Negro, esta “bomba tóxica de relojería”, como los autores la denominan, “puede tener consecuencias negativas en diferentes sistemas del organismo humano”, dice a SINC la primera autora del estudio, Oleksandra Shumilova; “por ejemplo, los metales pesados pueden causar cáncer, trastornos congénitos, daños al sistema nervioso o al endocrino y muchos otros”. No debe olvidarse que a Ucrania se la considera el granero de Europa, o al menos así era antes de la guerra.

Hambre, pobreza y enfermedad

“Es cierto que en la guerra la primera prioridad urgente es la necesidad humanitaria, la conservación de la vida, la salud y el bienestar de los civiles afectados”, comenta a SINC el geocientífico ambiental Jonathan Bridge, de la Universidad de Sheffield Hallam, que no ha participado en el nuevo estudio pero ha investigado la contaminación de los suelos provocada por la guerra civil en Siria. “Pero el impacto ambiental no debe ignorarse”.

La destrucción de las infraestructuras de agua, saneamiento e higiene extiende una polución que conduce al hambre, la pobreza y la enfermedad

Bridge explica que estos efectos se manifiestan de forma inmediata: la destrucción de las infraestructuras de agua, saneamiento e higiene extiende una polución que conduce “al hambre, la pobreza y la enfermedad entre la gente que ya ha sido desplazada por el conflicto”, dice, citando como ejemplo el brote de cólera en el noroeste de Siria desde 2022.

Pero Bridge subraya el “legado duradero después de la guerra”, una degradación medioambiental que dificulta la recuperación una vez que el conflicto ha terminado, afectando a los recursos naturales, la agricultura y otras necesidades y actividades. “En resumen, sin una consideración adecuada del medio ambiente en la guerra y en la construcción de la paz, los costes humanos y económicos de la guerra se prolongan e intensifican”.

Sin una consideración adecuada del medio ambiente en la guerra y en la construcción de la paz, los costes humanos y económicos de la guerra se prolongan e intensifican

Jonathan Bridge, Universidad de Sheffield Hallam

Recuerdos de guerras pasadas

Un claro ejemplo de cómo la amenaza de estas secuelas sigue presente durante generaciones se encuentra entre el noroeste de Francia y Bélgica. Allí se concentraron algunas de las batallas más largas y cruentas de la Primera Guerra Mundial, el primer conflicto a gran escala donde se emplearon masivamente explosivos de producción industrial y armas químicas.

En la Zona Roja de Verdún (Francia) persisten hasta 300 bombas sin explotar por hectárea y hasta 176 gramos de arsénico por kilo de suelo

Ciertas áreas siguen tan contaminadas que permanecen vedadas, como la llamada Zona Roja de Verdún, donde persisten hasta 300 bombas sin explotar por hectárea y hasta 176 gramos de arsénico por kilo de suelo, una polución que mata el 99 % de la vida vegetal. Las estimaciones hablan de siglos hasta que estas áreas vuelvan a ser seguras.

No hay guerra que no haya dejado su legado tóxico. Los supervivientes de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki sufrieron leucemias y otras enfermedades. Hoy estas ciudades japonesas son seguras, pero no así las regiones de Vietnam donde EE UU esparció el agente naranja. Las dioxinas que contenía este herbicida y defoliante son contaminantes orgánicos persistentes que aún siguen presentes en la leche materna y en la sangre de la población vietnamita, y que se han asociado con defectos congénitos y alteraciones celulares.

Los países pobres, más afectados

El caso de Vietnam ilustra cómo son los países en desarrollo los que se llevan la peor parte. “Vemos efectos en la salud de la exposición materna a los restos tóxicos de la guerra, y acceso limitado a tierras cultivables, lo que causa inseguridad alimentaria y malnutrición”, cuenta a SINC Stacey Pizzino, de la Universidad de Queensland, experta en salud pública relacionada con desastres y guerras, que no ha participado en el estudio de Ucrania.

Vemos efectos en la salud de la exposición materna a los restos tóxicos de la guerra, y acceso limitado a tierras cultivables, lo que causa inseguridad alimentaria y malnutrición

Stacey Pizzino, Universidad de Queensland

En Irak, los altos niveles de titanio y magnesio encontrados en los niños por los residuos de la guerra se han relacionado con un aumento en los trastornos neurológicos. En Gaza, incluso antes del actual conflicto ya se informó de la presencia de metales pesados en madres y recién nacidos, junto con defectos congénitos por exposición al fósforo blanco y otros contaminantes.

La polución se extiende más allá de las regiones devastadas por la guerra. En 2006 el bombardeo israelí de una central de energía en Líbano vertió 110 000 barriles de petróleo al Mediterráneo, causando un desastre ambiental. La ONU investiga el impacto de la actual guerra de Gaza, en la que cada día se vierten al suelo y al Mediterráneo 100 000 metros cúbicos de aguas residuales.

El cambio climático agrava el problema

Las regiones que han sufrido la guerra dejan a las comunidades más vulnerables a otros daños, como los provocados por el cambio climático.

En Gaza, antes del actual conflicto ya se detectaron metales pesados en madres y recién nacidos, junto con defectos congénitos por exposición al fósforo blanco

“En comunidades postconflicto donde la infraestructura todavía se está recuperando, los impactos de fenómenos meteorológicos extremos son complejos”, dice Pizzino. “En Libia, en 2023, hubo inundaciones sin precedentes e informes de minas terrestres en las aguas después de la tormenta Daniel”.

Al menos, este ya no es un problema tan ignorado. Según Bridge, desde comienzos de este siglo se ha disparado el número de estudios sobre el impacto ambiental de las guerras. Organizaciones como la británica Conflict and Environment Observatory (CEObs) se centran específicamente en ello, y en 2022 Naciones Unidas aprobó una resolución sobre protección del medio ambiente en relación con los conflictos armados. En la cumbre del clima COP28 de 2023, celebrada en Emiratos Árabes Unidos, se abordó por primera vez esta cuestión.

Desde comienzos de este siglo se ha disparado el número de estudios sobre el impacto ambiental de las guerras

Regresando a Ucrania, la voladura de la presa de Kakhovka no es el único perjuicio ambiental; otros expertos están estudiando los múltiples daños que dejará la guerra. El estudio sobre la presa predice que en dos años se recuperará la biodiversidad en las zonas anegadas, y que en cinco años se restaurará un 80 % de las funciones de los ecosistemas.

En cuanto a los metales pesados, para los autores la solución más viable es la biorremediación con plantas que absorban los contaminantes. Pero añaden: “Cualquier plan para la recuperación de los ecosistemas acuáticos de Ucrania dañados por el conflicto requiere que la guerra termine”.

Referencia:

Shumilova, O. et al., “Environmental effects of the Kakhovka Dam destruction by warfare in Ukraine”, Science (2025)

Fuente: SINC – Derechos: Creative Commons