Un yacimiento de 94,5 millones de años descubierto en China conserva moluscos y otros organismos marinos que permiten reconstruir las temperaturas extremas de un océano desaparecido antes del levantamiento de la meseta tibetana.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Eduardo Schmitz
Un equipo internacional de geólogos y paleontólogos ha descubierto en el centro del Tíbet, China, un conjunto excepcional de fósiles marinos que demuestra que parte de la actual meseta tibetana estuvo cubierta por un mar poco profundo hace aproximadamente 94,5 millones de años. Los análisis químicos de las conchas revelaron que aquellas aguas alcanzaron temperaturas cercanas a los 39 grados Celsius durante uno de los períodos cálidos del Cretácico.
La investigación, publicada en septiembre de 2026 en la revista científica Geophysical Research Letters y destacada el 8 de octubre por la Unión Geofísica Americana (AGU), ofrece una nueva reconstrucción de las condiciones ambientales existentes antes de que una parte de esta región adquiriera su actual configuración montañosa.
El trabajo fue encabezado por Ming Wang, de la Universidad de Jilin, y Xin Rao, de la Universidad del Noroeste de China, con la participación de especialistas de la Academia China de Ciencias, la Universidad de Oxford y otras instituciones científicas.
Los investigadores identificaron una comunidad de organismos marinos conservados en el lugar donde vivieron, una característica especialmente importante para reconstruir el ambiente original. Entre los fósiles aparecen bivalvos rudistas, otros moluscos, gasterópodos y organismos asociados con antiguos fondos marinos.
El hallazgo aporta dos tipos de información complementaria: evidencia geológica de la existencia de un ambiente marino antes del levantamiento regional y un registro químico que permite estimar cómo variaron las temperaturas del agua durante una etapa de intensas perturbaciones climáticas globales.
Un antiguo fondo marino conservado entre las montañas
El yacimiento estudiado se encuentra en Puga, dentro de la cuenca de Asuo, en el sector central de la meseta tibetana. Actualmente, la región forma parte de uno de los territorios de mayor altitud del planeta, pero las rocas investigadas se originaron cuando el paisaje era muy diferente.
Durante el Cretácico tardío, extensas áreas del continente asiático estaban organizadas de otra manera. La evolución de antiguos océanos, la convergencia de bloques continentales y los movimientos tectónicos modificaron progresivamente la distribución de mares y tierras emergidas.
El equipo identificó fósiles dentro de una sucesión de rocas sedimentarias formada por areniscas, conglomerados y niveles de caliza. Los restos aparecen a lo largo de un intervalo estratigráfico de aproximadamente 15 metros de espesor y se extienden lateralmente durante más de 300 metros.
La presencia de organismos marinos en estas rocas indica que los sedimentos se acumularon en un ambiente relacionado con una plataforma marina poco profunda.
Sin embargo, encontrar fósiles marinos en una cordillera no demuestra por sí solo que los organismos vivieran exactamente donde fueron descubiertos. Las conchas pueden desplazarse mediante corrientes, tormentas y otros procesos sedimentarios antes de quedar enterradas.
Por esa razón, los investigadores examinaron cuidadosamente su disposición, conservación y relación con las capas de roca.
Las conchas permanecieron en su posición original
Uno de los resultados más importantes fue comprobar que numerosos organismos se conservaron prácticamente en la posición que ocupaban durante su vida.
Los rudistas, un grupo extinto de moluscos bivalvos característico de los mares del Mesozoico, aparecieron en algunos casos orientados verticalmente respecto de las capas sedimentarias.
Aproximadamente un tercio de los ejemplares conservaba las dos valvas articuladas, mientras que otros presentaban conchas completas y detalles externos reconocibles.
También se encontraron gasterópodos y organismos delicados sin señales evidentes de haber sufrido un transporte prolongado.
La combinación de estas características permitió interpretar el conjunto como una comunidad fósil autóctona, es decir, preservada en el mismo entorno donde vivían sus integrantes.
Este detalle diferencia el descubrimiento de otros depósitos que contienen restos marinos transportados desde regiones alejadas.
Los investigadores consideran que el yacimiento representa uno de los registros marinos más recientes y cronológicamente seguros conocidos en esta parte del Tíbet antes de los grandes cambios tectónicos que transformaron el territorio.
Rudistas y caracoles permiten fechar el antiguo ecosistema
La identificación de los organismos fósiles fue esencial para determinar la edad de los sedimentos.
Entre los bivalvos encontrados destacan representantes de los géneros Auroradiolites, Eoradiolites, Sauvagesia y Neocaprina, además de otros moluscos característicos de ambientes marinos del Cretácico.
Los investigadores también identificaron gasterópodos de los géneros Neoptyxis y Simploptyxis, así como restos de organismos asociados con comunidades bentónicas.
La composición del conjunto permitió relacionarlo con el Cenomaniense tardío, una etapa del Cretácico superior situada alrededor de hace 94,5 millones de años.
Para comprobar esa interpretación, el equipo utilizó información paleontológica y métodos de datación geológica.
El análisis de circones extraídos de capas de arenisca proporcionó una edad aproximada de 94 millones de años, con un margen de incertidumbre de un millón de años, para el grupo de cristales más jóvenes utilizado en la estimación.
Esta datación es compatible con la edad inferida a partir de los fósiles, aunque debe interpretarse como una restricción sobre la edad máxima de deposición y no como una fecha exacta de muerte de los organismos.
La utilización conjunta de fósiles y minerales permite reconstruir acontecimientos geológicos con mayor precisión que cuando se dispone de una sola línea de evidencia.
El análisis químico reveló temperaturas de hasta 39 grados
Además de identificar el antiguo ecosistema, los científicos examinaron la composición química de las conchas para reconstruir las condiciones del agua marina.
Las estructuras minerales de determinados organismos incorporan elementos e isótopos presentes en el ambiente durante su crecimiento.
Al estudiar esas señales, los investigadores pueden obtener información sobre características del agua, como su temperatura y determinados cambios en la química marina.
En este caso, el equipo combinó análisis de isótopos de oxígeno, carbono y estroncio conservados en los materiales fósiles.
Los resultados indicaron que las aguas poco profundas de esta región alcanzaron temperaturas cercanas a los 39 grados Celsius.
Se trata de un valor extraordinariamente elevado para un ambiente marino, comparable con el de algunas aguas termales utilizadas para el baño.
Sin embargo, esa cifra no debe interpretarse como una temperatura constante durante todo el año ni como una característica de todos los océanos del Cretácico.
El estudio reconstruyó variaciones térmicas a partir de materiales de un yacimiento específico. Las condiciones pudieron cambiar según la profundidad, la circulación marina, la estación y los episodios climáticos.
La importancia del resultado reside en demostrar que determinados ambientes costeros experimentaron temperaturas extremas durante un período caracterizado por condiciones globales de efecto invernadero.
El Cretácico fue una etapa de mares cálidos y grandes cambios ambientales
Hace aproximadamente 94,5 millones de años, la Tierra atravesaba un intervalo climático muy diferente del actual.
Las concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero, la distribución de los continentes y la circulación oceánica contribuían a mantener temperaturas elevadas en amplias regiones.
Los mares poco profundos podían responder con especial intensidad a las variaciones climáticas, debido a sus características físicas y a su intercambio de calor con la atmósfera.
La nueva investigación proporciona información sobre un ambiente costero del antiguo océano de Tetis, un sistema marino que ocupó extensas regiones entre los continentes durante buena parte del Mesozoico.
El registro del Tíbet resulta especialmente interesante porque complementa las reconstrucciones realizadas a partir de sedimentos oceánicos profundos.
Las condiciones de una plataforma marina no son necesariamente idénticas a las del océano abierto. Las diferencias de profundidad, circulación y composición del agua pueden producir respuestas térmicas distintas.
Investigaciones anteriores sobre la circulación oceánica durante el Cretácico han mostrado que la configuración de los continentes y las corrientes marinas desempeñó un papel importante en la distribución del calor.
Los nuevos datos permiten incorporar una referencia adicional sobre cómo respondían los ambientes costeros a aquellas condiciones climáticas.
Los fósiles registraron una gran perturbación del oxígeno oceánico
El estudio también identificó señales relacionadas con el Evento Anóxico Oceánico 2, conocido como OAE2 por sus siglas en inglés.
Este acontecimiento, ocurrido cerca del límite entre el Cenomaniense y el Turoniense, se caracterizó por importantes alteraciones de la química oceánica y por la expansión de condiciones de bajo contenido de oxígeno en determinadas regiones marinas.
Los eventos anóxicos pueden afectar profundamente a los ecosistemas porque el oxígeno disuelto es esencial para numerosos organismos.
Durante estas perturbaciones, las comunidades marinas pueden experimentar cambios en su distribución, abundancia y composición.
En el yacimiento tibetano, los investigadores identificaron variaciones en las asociaciones de bivalvos y en los registros isotópicos compatibles con transformaciones ambientales ocurridas durante aquel intervalo.
Entre los resultados figura una excursión positiva de los valores isotópicos del carbono, con magnitudes comprendidas aproximadamente entre 1,28 y 3,01 por mil.
Estas variaciones constituyen indicadores utilizados para relacionar sedimentos de diferentes regiones con acontecimientos importantes del ciclo global del carbono.
El registro también conserva señales asociadas con el denominado Evento Frío Plenus, una perturbación climática reconocida dentro de la evolución ambiental de ese período.
La coexistencia de temperaturas muy elevadas y oscilaciones climáticas demuestra que el Cretácico cálido no fue una etapa de condiciones ambientales uniformes.
Una comunidad marina sometida a cambios de temperatura
La composición de los fósiles permitió observar que las comunidades de organismos no permanecieron completamente estables durante la acumulación de los sedimentos.
En diferentes niveles del yacimiento aparecen asociaciones distintas de rudistas y otros moluscos.
Algunos grupos disminuyeron o desaparecieron del registro mientras otros adquirieron mayor presencia.
Los investigadores relacionaron estas variaciones con cambios ambientales registrados durante el Cenomaniense tardío, incluidos los acontecimientos asociados con el OAE2.
Sin embargo, la coincidencia temporal no demuestra que la temperatura fuera la única causa de las transformaciones biológicas.
Las comunidades marinas también pueden responder a modificaciones del oxígeno disponible, la química del agua, la sedimentación y otras condiciones ecológicas.
El estudio permite documentar una secuencia de cambios ambientales y biológicos, pero no atribuir cada modificación de la fauna a un único mecanismo.
Esta distinción resulta importante al interpretar ecosistemas desaparecidos, porque sus respuestas se reconstruyen mediante evidencias parciales conservadas en las rocas.
La meseta tibetana no siempre fue el techo del mundo
Actualmente, la meseta tibetana constituye una de las regiones elevadas más extensas del planeta, con una altitud media superior a los 4.000 metros.
Su formación está relacionada con una historia tectónica prolongada que incluye la convergencia de diferentes bloques continentales y la posterior colisión entre India y Eurasia.
Sin embargo, el levantamiento de la meseta no ocurrió de manera simultánea en todas sus regiones.
Distintos sectores experimentaron episodios de deformación, engrosamiento cortical y elevación en momentos diferentes.
La presencia de un ecosistema marino de hace 94,5 millones de años demuestra que el área estudiada conservaba condiciones de plataforma marina durante el Cretácico tardío.
Esta evidencia ayuda a establecer restricciones temporales sobre la evolución del relieve regional.
La reconstrucción también complementa estudios que han examinado las diferencias en el levantamiento de los sectores occidental y central del Tíbet, relacionadas con la evolución profunda de las placas continentales.
Los nuevos fósiles corresponden a una etapa mucho más antigua y permiten investigar cómo era el territorio antes de algunos de los principales episodios que dieron forma a la meseta actual.
La transformación de un mar en una región montañosa
La desaparición de un ambiente marino puede responder a varios procesos geológicos.
Entre ellos se encuentran el levantamiento tectónico, los cambios relativos del nivel del mar y las transformaciones de las cuencas sedimentarias.
En el Tíbet, la interacción entre bloques continentales provocó modificaciones importantes en la distribución de las áreas emergidas y sumergidas.
El registro fósil de Puga ofrece una referencia sobre la existencia de condiciones marinas en un momento concreto de esa evolución.
Sin embargo, el estudio no permite establecer una fecha única para la elevación de toda la meseta ni demuestra que el territorio adquiriera inmediatamente su altitud actual después de desaparecer el mar.
La formación del relieve tibetano fue un proceso prolongado y espacialmente desigual.
Otras investigaciones sobre la transformación de la corteza continental durante la formación del Himalaya han mostrado que las colisiones tectónicas implican procesos complejos de engrosamiento, deformación y reciclaje de materiales.
Por ello, los fósiles marinos deben interpretarse como una pieza de una historia geológica mucho más extensa.
Por qué las conchas son archivos del clima antiguo
Las conchas de organismos marinos pueden conservar información ambiental durante millones de años cuando sus minerales permanecen suficientemente protegidos frente a las alteraciones posteriores.
Uno de los indicadores más utilizados es la proporción de determinados isótopos de oxígeno.
Esta proporción depende de factores como la temperatura del agua y su composición isotópica.
Para interpretar correctamente los resultados, los investigadores deben evaluar si los minerales originales fueron modificados durante el enterramiento, la compactación o la circulación de fluidos.
En el estudio tibetano se realizaron análisis geoquímicos destinados a examinar la conservación de las señales originales.
La comparación entre distintos indicadores permitió respaldar la interpretación paleoclimática de las conchas seleccionadas.
El método guarda relación con otras investigaciones que utilizan restos de moluscos para reconstruir condiciones ambientales anteriores a los registros instrumentales.
Por ejemplo, el análisis de conchas de caracoles como archivos de antiguos fenómenos climáticos demuestra cómo diferentes organismos pueden conservar información química sobre el ambiente en el que vivieron.
En el caso del Tíbet, la antigüedad del material y su relación con una comunidad marina conservada en el lugar de origen amplían considerablemente el valor geológico del registro.
Qué revelan estos datos sobre los climas extremos
La reconstrucción de temperaturas cercanas a los 39 grados Celsius proporciona una referencia sobre las condiciones que podían alcanzar determinados mares poco profundos durante períodos de intenso calentamiento global.
Sin embargo, los resultados no deben utilizarse como una predicción directa de las temperaturas oceánicas futuras.
La Tierra del Cretácico tenía una distribución continental, una circulación marina y unas condiciones atmosféricas diferentes de las actuales.
Además, el estudio describe un ambiente localizado y no una temperatura media global.
Su utilidad para la investigación climática consiste en ofrecer datos independientes que pueden utilizarse para evaluar reconstrucciones paleogeográficas y modelos del clima antiguo.
Las observaciones procedentes de conchas fósiles ayudan a comprobar si las simulaciones reproducen adecuadamente las condiciones de regiones costeras durante etapas de efecto invernadero intenso.
También permiten estudiar cómo los ecosistemas marinos respondieron a episodios de calentamiento, enfriamiento y alteraciones del oxígeno disuelto.
La integración de estas evidencias contribuye a mejorar la comprensión de los mecanismos físicos y biogeoquímicos que han condicionado la evolución ambiental del planeta.
Las limitaciones de la reconstrucción paleoclimática
Aunque el yacimiento proporciona una evidencia excepcional, la reconstrucción presenta limitaciones que deben considerarse.
La temperatura se estimó mediante indicadores geoquímicos y no mediante mediciones directas, imposibles para un período tan antiguo.
La interpretación depende de la conservación de las conchas y de los supuestos utilizados para relacionar su composición isotópica con las condiciones del agua.
Además, el registro procede de una localidad concreta, por lo que no permite describir automáticamente todas las regiones del antiguo océano de Tetis.
La sucesión fósil también representa un intervalo determinado de la historia geológica y no una secuencia continua de todas las transformaciones posteriores del Tíbet.
Los investigadores combinaron diferentes métodos para reducir estas incertidumbres, pero sus resultados siguen correspondiendo a una reconstrucción científica basada en las evidencias disponibles.
La principal fortaleza del estudio es la coincidencia entre la conservación de una comunidad marina autóctona, la identificación paleontológica de su edad y las señales químicas preservadas en las conchas.
Un nuevo registro para reconstruir la historia del Tíbet
El descubrimiento de Puga aporta una referencia geológica singular sobre el ambiente existente en el centro del Tíbet antes de importantes etapas de su levantamiento.
Los fósiles demuestran que una comunidad de organismos marinos habitaba aguas poco profundas hace aproximadamente 94,5 millones de años, mientras que su composición química indica que el mar experimentó temperaturas extremas y cambios ambientales relacionados con perturbaciones climáticas globales.
El hallazgo también ayuda a relacionar la evolución de los ecosistemas marinos con la historia tectónica de Asia.
La presencia de moluscos conservados en posición de vida permite reconstruir un paisaje que contrasta profundamente con el actual: donde hoy se extienden montañas y altiplanos, existió un ambiente costero cálido habitado por comunidades de organismos marinos.
La investigación proporciona nuevos datos para estudiar cuándo desaparecieron estos ambientes y cómo evolucionaron las cuencas sedimentarias antes de la formación del relieve tibetano moderno.
También ofrece un registro poco habitual de las temperaturas y transformaciones ecológicas que experimentaron los mares someros durante uno de los grandes períodos cálidos de la historia terrestre.
Fuentes referenciales:
Geophysical Research Letters — A Shallow-Marine Ecosystem Before Initial Tibetan Plateau Uplift
Unión Geofísica Americana — Before the Tibetan Plateau rose from the sea, critters swam in hot tub temperatures




