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Panorama Planetario

Panel de situación del sistema Tierra
2 de septiembre de 2026
Resumen ejecutivo: el comienzo de septiembre mantiene una señal planetaria dominada por calor acumulado, océanos anómalamente cálidos y contrastes extremos en el ciclo del agua. Europa occidental sale de un verano excepcional, mientras el fortalecimiento de El Niño reorganiza lluvias, temperaturas y riesgos agrícolas en varias regiones. La combinación de suelos secos, vegetación estresada y episodios de calor tardío prolonga la exposición a incendios y escasez hídrica.
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Temperatura global

Calor persistente

La temperatura media mundial continúa claramente por encima de los valores preindustriales. Copernicus estimó para julio un calentamiento global cercano a 1,43 °C, dentro de una secuencia de meses excepcionalmente cálidos. En el Reino Unido, el verano de 2026 terminó como el más cálido registrado, con una media estacional provisional de 16,5 °C.

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Océanos

Calor marino elevado

Las aguas superficiales mantienen extensas anomalías térmicas. El calentamiento favorece una mayor evaporación, incrementa la humedad disponible para lluvias intensas y somete a corales, praderas marinas y pesquerías a estrés prolongado. En el Pacífico tropical, El Niño añade una redistribución de energía capaz de alterar patrones atmosféricos a escala mundial.

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CO₂ atmosférico

Concentración en ascenso

La concentración de dióxido de carbono conserva su tendencia estructural ascendente y sigue siendo el principal impulsor del calentamiento de larga duración. Las oscilaciones naturales cambian temporalmente la distribución del calor, pero no neutralizan el efecto acumulativo de los gases de efecto invernadero emitidos por la actividad humana.

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Hielo polar

Vigilancia estacional

El hielo marino del Ártico se aproxima a su mínimo anual de septiembre. Su extensión y concentración requieren seguimiento porque las aguas abiertas absorben más radiación solar que una superficie cubierta de hielo. En la Antártida, las variaciones regionales continúan siendo relevantes para el balance energético y la dinámica oceánica del hemisferio sur.

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Incendios

Combustibles muy secos

La peligrosidad permanece elevada donde las olas de calor coincidieron con falta prolongada de precipitaciones. Europa occidental registró una temporada especialmente activa y el Reino Unido informó un número inusual de incendios. El riesgo puede reactivarse rápidamente con viento, baja humedad y temperaturas altas, incluso al comenzar el otoño meteorológico.

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Sequías

Déficit hídrico europeo

Los déficits de lluvia y la elevada evaporación han reducido la humedad del suelo en amplias áreas europeas. Inglaterra atravesó una sequía nacional y Francia llega a septiembre con suelos extremadamente secos. Los impactos abarcan caudales, abastecimiento, vegetación, agricultura y calidad del agua, con una recuperación que dependerá de lluvias sostenidas y no de tormentas aisladas.

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Tormentas y extremos

Contrastes intensificados

Una atmósfera más cálida puede almacenar más vapor de agua, aumentando el potencial de aguaceros intensos cuando se forman tormentas. Al mismo tiempo, otras zonas permanecen bajo bloqueos atmosféricos y sequedad persistente. Esta coexistencia de inundaciones repentinas y sequías constituye una de las expresiones más visibles de un ciclo hidrológico intensificado.

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El Niño y circulación global

Señal dominante

El Niño de 2026 continúa como modulador central de la circulación tropical. Su evolución puede favorecer calor y sequedad en Australia y partes de Asia, modificar el monzón, aumentar la probabilidad de lluvias en sectores de Sudamérica y cambiar la actividad ciclónica. Los resultados finales dependerán de la interacción con patrones regionales.

🔎 Señal planetaria destacada

El final del verano boreal no está produciendo un descenso uniforme del riesgo térmico. El sur de Francia inicia septiembre con previsiones cercanas o superiores a 35 °C, después de tres olas de calor durante 2026. La persistencia del calor sobre suelos secos eleva simultáneamente la demanda de agua, el peligro de incendios y el estrés de ecosistemas y cultivos.

🧭 Perspectiva para los próximos 7–14 días

La vigilancia debe concentrarse en cuatro frentes: calor tardío y peligro de incendios en Europa occidental y mediterránea; evolución del monzón asiático bajo la influencia de El Niño; anomalías de lluvia en el Pacífico y el Índico; y formación de sistemas tropicales en cuencas activas. Las previsiones de corto plazo pueden cambiar, por lo que las alertas meteorológicas nacionales deben prevalecer para decisiones locales.

Referencias de contexto: Copernicus Climate Change Service, Organización Meteorológica Mundial y servicios meteorológicos nacionales. Actualización editorial: 2 de septiembre de 2026.

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Informe IPCC: Restaurar y conservar los océanos es insuficiente si no frenamos el cambio climático

Los impactos del cambio climático en los océanos ya son evidentes. Las olas de calor en el mar son episodios de temperaturas extremas que ahora se pueden prolongar durante semanas e incluso meses.

Con esta duración e intensidad, exponen a las especies y ecosistemas marinos a condiciones que sobrepasan sus límites de tolerancia.


Elena Ojea, Universidade de Vigo


Ahora sabemos que estos eventos de calor extremo están provocados por el cambio climático de origen antropogénico. También sabemos que las olas de calor se van a intensificar en el futuro, llevando a diferentes hábitats marinos a cambios irreversibles o al colapso. Así lo recoge el sexto informe del IPCC que publica estos días la síntesis de evidencia científica sobre impactos y adaptación.

Hábitats marinos más afectados

Los arrecifes de coral, los bosques de macroalgas y las praderas marinas tienen los mayores niveles de riesgo. El riesgo para estos hábitats es alto incluso logrando un aumento global de la temperatura de 1,5 grados, que supondría contener las emisiones para cumplir el Acuerdo de París.

Si se supera el grado y medio, ahora sabemos que muchos arrecifes de coral, bosques y praderas submarinas van a alcanzar cambios irreversibles a mediados de este siglo.

La principal causa del blanqueamiento de los corales es el cambio climático. The Ocean Agency / Coral Reef Image Bank, CC BY-NC-ND

Las adaptaciones para estos casos están limitadas, pues las medidas basadas en la restauración y conservación de ecosistemas pierden efectividad en los escenarios de altas emisiones.

Se trata además de sistemas marinos con numerosos servicios ecosistémicos asociados, como la provisión de alimento, la regulación de inundaciones o las actividades recreativas. Su pérdida y detrimento impactará en las poblaciones humanas más vulnerables y afectará a sectores como el turismo o la pesca.

Aumento del nivel del mar

En el caso del aumento del nivel del mar, los riesgos asociados para los ecosistemas y para la población van a multiplicarse por diez antes de fin de siglo si no se logra contener el aumento global de temperatura en 1 grado y medio. De lograrse, las medidas de adaptación basadas en la naturaleza, como la restauración de dunas, humedales y manglares son efectivas reduciendo impactos.

Sin embargo, con aumentos superiores de la temperatura media global, van a ser necesarias intervenciones con nuevas infraestructuras costeras, migración asistida de especies marinas y migraciones o relocalización de poblaciones costeras. Estas intervenciones tienen importantes riesgos e incertidumbres asociadas.

Pradera de Posidonia oceanica en el Mediterráneo. Frédéric Ducarme / Wikimedia Commons, CC BY-SA

Adaptación transformativa

La evidencia científica demuestra que ya se está respondiendo a los impactos del cambio climático en los sistemas marinos, pero no es suficiente.

Los escenarios futuros de altas emisiones van a requerir que la adaptación vaya un paso más allá y sea transformativa. Hablamos de transformación para referirnos a cambios estructurales que afectan a las instituciones, a los sistemas de gobernanza o a la economía.

Si no nos adentramos en estos cambios transformadores donde se reinventan las instituciones, el resultado que se espera es un aumento de las desigualdades entre regiones, una disminución de la equidad social y un aumento de los conflictos entre jurisdicciones marinas. Ejemplos de estas transformaciones son la gestión basada en los ecosistemas, las redes de áreas marinas resilientes al cambio climático o la gobernanza transnacional, participativa e inclusiva de los océanos.

Mitigación y adaptación

Una de las conclusiones más claras del capítulo sobre océanos del último informe del IPCC es la necesidad de combinar medidas de adaptación con una ambiciosa mitigación, si queremos reducir impactos de forma significativa.

Las soluciones basadas en la naturaleza consisten en restaurar o conservar hábitats y ecosistemas naturales para mantener o recuperar sus servicios ecosistémicos. Por ejemplo, un humedal costero cumple, entre otras, la función de regulación de inundaciones. A su vez, estos ecosistemas, si se mantienen en buen estado de conservación funcionan como sumideros de carbono.

Para las comunidades costeras, los humedales, además, podrían seguir produciendo otros servicios como la pesca y recolección de alimentos, o beneficios culturales, permitiendo mantener las formas de vida y el conocimiento ecológico local y tradicional.

El cambio climático, sin embargo, compromete la efectividad a medio y largo plazo de algunas de estas adaptaciones. La conservación y restauración de arrecifes de coral no será suficiente para proteger estos ecosistemas más allá de 2030, ni la protección de manglares más allá de 2040 si no se toman medidas contundentes de mitigación.

Opciones de desarrollo resiliente

Existen motivos para ver el futuro con cierto optimismo. En el informe se incluye una síntesis con evidencia científica acerca de los beneficios y riesgos de escoger una ruta u otra de desarrollo. Es lo que llamamos vías de desarrollo resiliente al clima.

Existen ejemplos de soluciones basadas en la naturaleza que por su diseño y desarrollo consiguen disminuir desigualdades sociales. Se trata de medidas que incorporan procesos de toma de decisiones justos e inclusivos y contribuyen a los cambios transformativos de gobernanza regional e internacional.

Estamos en un punto de inflexión para los océanos y sus servicios ecosistémicos, donde un giro de timón permitiría seguir un camino más sostenible. Este camino supone cambios transformativos en nuestra respuesta al cambio climático, la disminución de vulnerabilidades sociales, la restauración y conservación de hábitats marinos y costeros, y la disminución eficiente de las emisiones de gases de efecto invernadero.

De esta forma, los océanos pueden contribuir significativamente a lograr los objetivos de desarrollo sostenible.

Elena Ojea, Investigadora del Future Oceans Lab (CIM), Universidade de Vigo

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.