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11 de octubre de 2026

🌍 Panorama Planetario

Estado del sistema Tierra · Observaciones, indicadores y horizonte de vigilancia

Resumen ejecutivo

Un sistema conectado, con señales que deben leerse juntas

El diagnóstico planetario combina temperatura del aire, estado oceánico, composición atmosférica y respuesta de los ecosistemas. Las observaciones recientes muestran una elevada carga térmica, mientras el principal mecanismo de variabilidad oceánica continúa reforzándose. Esta combinación puede modificar la distribución de lluvias y la exposición a extremos, aunque sus consecuencias no son iguales en todos los lugares.

Este panel diferencia las mediciones ya publicadas de las previsiones. La fecha de edición corresponde al 11 de octubre; cada cifra conserva su período de referencia. Una observación mensual describe el clima de ese mes y una perspectiva estacional expresa probabilidades: ninguna de las dos equivale a una medición instantánea de todo el planeta.

🌡️ Temperatura global +1,65 °C

Referencia mensual sobre el nivel preindustrial

Copernicus situó agosto de 2026 en 1,65 °C por encima de la referencia estimada de 1850–1900. La temperatura media global fue de 16,96 °C, empatando con julio de 2023. Se trata de un resultado mensual: superar temporalmente 1,5 °C no significa, por sí solo, haber cruzado el umbral de largo plazo del Acuerdo de París.

🌊 Océanos 21,07 °C

Calor superficial con efectos sobre el sistema climático

La media superficial oceánica entre 60° sur y 60° norte alcanzó 21,07 °C en agosto, según ERA5, igualando el máximo mensual de marzo de 2024. El dominio excluye los océanos polares. El seguimiento necesita combinar temperatura superficial, calor en profundidad y circulación: una media elevada no revela por sí sola dónde se concentra el riesgo ecológico.

🧪 CO₂ atmosférico 428,00 ppm

Estimación global diaria de NOAA

El laboratorio de monitoreo global de NOAA publica una estimación de 428,00 partes por millón para el 7 de octubre de 2026. El indicador representa una estimación global diaria, distinta de una lectura de una estación concreta. Su interpretación requiere considerar el ciclo estacional y la tendencia de varios años, evitando atribuir significado climático a pequeñas oscilaciones entre días.

🧊 Hielo polar

Extensión y espesor responden a preguntas diferentes

En agosto, la extensión del hielo marino quedó por debajo de la media tanto en el hemisferio norte como en el sur, según Copernicus. El área cubierta permite seguir el ciclo estacional, pero no resume el volumen del hielo. Para interpretar la evolución polar también importan su espesor, antigüedad, movimiento y la duración de los períodos de congelación y deshielo.

🔥 Incendios

La superficie quemada no mide todos los impactos

La vigilancia planetaria del fuego necesita distinguir focos activos, área afectada y emisiones. Un incendio pequeño en turberas puede liberar carbono acumulado durante mucho tiempo; otro puede producir humo que viaje lejos del frente de llamas. La señal ambiental debe integrar combustible disponible, humedad, viento y recurrencia, junto con la capacidad de recuperación de la vegetación después del episodio.

💧 Sequías

El déficit de agua puede persistir bajo la superficie

La falta de lluvia, la pérdida de humedad del suelo y la reducción de reservas subterráneas evolucionan a ritmos diferentes. Una lluvia aislada puede aliviar la capa superficial sin recuperar acuíferos ni caudales. El estado de sequía requiere series acumuladas y medidas de disponibilidad efectiva; observar solamente la precipitación del último día puede ocultar un déficit que continúa afectando al sistema hídrico.

⛈️ Tormentas y fenómenos extremos

Importan la intensidad, la duración y la coincidencia

El calor oceánico puede aportar energía y humedad, pero la formación de tormentas también depende de la estructura atmosférica. La evaluación de extremos debe contemplar episodios compuestos: lluvia intensa sobre suelos saturados, viento acompañado de inundación o calor prolongado con aire contaminado. Las probabilidades climáticas generales necesitan traducirse mediante pronósticos meteorológicos y avisos oficiales antes de orientar decisiones concretas.

Señal planetaria destacada

El acoplamiento entre océano y atmósfera gana protagonismo

La actualización de la Organización Meteorológica Mundial del 8 de octubre describe un fortalecimiento de El Niño y sitúa su máximo previsto alrededor de diciembre. Esta señal ayuda a interpretar cambios en los patrones de temperatura y precipitación. Su utilidad reside en preparar escenarios, sin convertir una previsión de escala estacional en una afirmación sobre el tiempo de una fecha o localidad determinada.

Horizonte del 12 al 25 de octubre

Perspectiva para los próximos 7–14 días

La lectura operativa debe centrarse en la persistencia de anomalías térmicas, la evolución de humedad y los cambios en la circulación atmosférica. El contexto estacional aporta una base para la vigilancia, pero no permite anticipar con precisión tormentas individuales durante toda la quincena. La evaluación se actualiza con pronósticos de conjunto y con la concordancia entre sus diferentes escenarios.

Las señales más útiles serán aquellas que aparezcan de forma consistente en sucesivas actualizaciones. Un cambio brusco en un solo modelo merece comprobación adicional. La prioridad es relacionar cada amenaza con exposición y vulnerabilidad: la misma lluvia puede ser beneficiosa para una cuenca deficitaria y problemática sobre otra ya saturada.

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11 de octubre de 2026

🌱 Tendencias de la Tierra

Informe estratégico · Trayectorias ambientales hacia 2030

Resumen ejecutivo

Medir resultados ecológicos, además de actividades

La lectura estratégica de este mes se centra en cómo evaluar las intervenciones ambientales durante varios años. Plantar árboles, instalar capacidad renovable o declarar una zona protegida son acciones verificables, pero sus resultados dependen del mantenimiento, la gestión y las condiciones del territorio. El seguimiento necesita conectar las inversiones con cambios reales en funciones ecológicas, disponibilidad de recursos y bienestar de las comunidades.

Este informe propone criterios de interpretación para diez ámbitos. Son una síntesis editorial de marcos y orientaciones internacionales, no un inventario de anuncios del día. La perspectiva hacia 2030 permite distinguir mejoras duraderas de avances temporales y reconocer que los beneficios ambientales suelen requerir continuidad, coordinación institucional y datos comparables antes de poder atribuirse a una intervención concreta.

01 · Restauración ecológica

Recuperar procesos y capacidad de regeneración

La restauración se evalúa mejor cuando observa cómo vuelve a funcionar un ecosistema degradado. La infiltración, la regeneración natural, la diversidad de especies y la estabilidad del suelo aportan información complementaria. El PNUMA contempla un abanico de intervenciones ajustadas a las condiciones locales. La selección debe responder a las causas de degradación y a un ecosistema de referencia apropiado, con seguimiento suficiente para corregir decisiones.

Criterio: recuperación sostenida de funciones.
02 · Reforestación

Supervivencia, diversidad y compatibilidad territorial

El número inicial de árboles es una medida de esfuerzo, pero necesita acompañarse de supervivencia y desarrollo posteriores. La diversidad de especies y la procedencia del material vegetal influyen en la respuesta a enfermedades y estrés hídrico. Antes de plantar conviene identificar si el lugar corresponde a un ecosistema forestal: convertir pastizales naturales en plantaciones puede comprometer valores ecológicos que también necesitan protección.

Criterio: vegetación adecuada al ecosistema.
03 · Biodiversidad

La conectividad complementa la superficie protegida

La conservación exige observar poblaciones y relaciones ecológicas, además de la extensión de las áreas designadas. Un espacio aislado puede perder capacidad para sostener especies que necesitan desplazarse, alimentarse o reproducirse en diferentes hábitats. El Marco Mundial de Biodiversidad ofrece un horizonte compartido; su aplicación requiere indicadores que permitan reconocer calidad del hábitat, presión humana y resultados de gestión a lo largo del tiempo.

Criterio: persistencia de poblaciones y hábitats.
04 · Agua y recursos hídricos

Gestionar la demanda junto con las reservas

Una evaluación hídrica completa relaciona consumo, calidad, disponibilidad y necesidades de los ecosistemas. Mejorar la eficiencia de un uso puede reducir pérdidas, aunque el beneficio de cuenca depende de lo que ocurra con el agua ahorrada. Si se destina a ampliar extracciones, la presión puede mantenerse. El análisis estratégico debe incluir retornos, recarga y caudales ambientales, con límites compatibles con la variabilidad del recurso.

Criterio: balance de cuenca y calidad del agua.
05 · Calidad del aire

Del promedio urbano a la exposición cotidiana

Las directrices de la Organización Mundial de la Salud ofrecen referencias para partículas y otros contaminantes. Evaluar una mejora requiere conocer dónde viven y trabajan las personas, cuánto dura su exposición y qué fuentes contribuyen a ella. Los promedios de una ciudad pueden ocultar diferencias entre barrios. La vigilancia gana utilidad cuando las mediciones se relacionan con intervenciones concretas y con la distribución social de sus beneficios.

Criterio: menor exposición y seguimiento continuo.
06 · Adaptación climática

Comprobar si disminuye la vulnerabilidad

La adaptación necesita evaluarse frente al riesgo que pretende reducir. Una obra puede proteger una zona y modificar la exposición de otra; una medida útil hoy puede perder eficacia bajo condiciones futuras. El criterio estratégico es comprobar su desempeño en distintos escenarios, sus necesidades de mantenimiento y sus consecuencias distributivas. La participación local permite reconocer vulnerabilidades que los indicadores agregados no siempre reflejan.

Criterio: reducción del riesgo sin trasladarlo.
07 · Energía limpia

Conectar potencia instalada con producción efectiva

Las estadísticas de IRENA distinguen capacidad de generación y electricidad producida. Esa diferencia resulta esencial para interpretar la transición energética. El efecto ambiental depende también de redes, almacenamiento, demanda y sustitución de combustibles. La planificación territorial debe considerar hábitats y usos del suelo, mientras el análisis del ciclo de vida incorpora materiales y gestión final de equipos. Un indicador aislado no describe toda la transformación del sistema.

Criterio: generación útil e impactos del ciclo de vida.
08 · Conservación de ecosistemas

Proteger antes de que la recuperación sea más difícil

Conservar ecosistemas que mantienen sus funciones evita pérdidas cuya reparación puede resultar lenta o incompleta. El seguimiento debe incluir presiones externas, usos autorizados y capacidad de gestión. La protección formal necesita traducirse en prácticas sostenidas y acuerdos que reconozcan a las comunidades vinculadas al territorio. La calidad del manejo permite distinguir una designación administrativa de una conservación efectiva y duradera.

Criterio: integridad ecológica y gestión verificable.
09 · Economía ambiental

Financiar continuidad, además de intervenciones iniciales

Los proyectos ambientales requieren recursos para mantenimiento, monitoreo y correcciones, además de su puesta en marcha. La evaluación económica debe distinguir compromisos, desembolsos y resultados demostrados. El PNUMA identifica la financiación de la restauración como un componente del avance hacia 2030. La lectura editorial incorpora la permanencia de los beneficios y la transparencia de los datos para valorar mejor la utilidad de cada inversión.

Criterio: financiación sostenida y resultados comprobables.
10 · Tendencia destacada del mes

Octubre: una lectura centrada en la efectividad

La tendencia seleccionada por este observatorio es la evaluación conjunta de ejecución y resultados. Su pregunta central es qué mejora después de intervenir: la calidad del hábitat, la disponibilidad de agua, la exposición a contaminación o la resiliencia de un territorio. Comparar situaciones anteriores y posteriores, documentar incertidumbres y mantener series consistentes ayuda a evitar conclusiones prematuras.

Esta perspectiva permite reconocer avances sin perder de vista sus límites. También facilita ajustar proyectos cuando los resultados difieren de lo esperado y orientar recursos hacia medidas que muestran beneficios duraderos. El horizonte de 2030 necesita combinar objetivos compartidos con evaluaciones locales capaces de explicar dónde, cómo y para quién se producen las mejoras.

La sequía y la subida del nivel del mar son los impactos del cambio climático que más afectarán a la cuenca mediterránea 

El profesor Jofre Carnicer, de la Facultad de Biología de la Universidad de Barcelona y el CREAF, es miembro del Grupo de Trabajo II del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas (IPCC) y uno de los coautores del nuevo informe 

Según las conclusiones, la región más amenazada de toda Europa por los efectos del cambio climático es el área del Mediterráneo, que sufrirá las consecuencias de las sequías y una subida del nivel del mar. En la orilla sur, donde confluyen el cambio climático y otros riesgos sociales y económicos, los impactos serán más severos

El 50 % de las especies de animales y plantas se han desplazado ya huyendo del cambio climático a altitudes más altas. Se ha documentado la primera extinción de un mamífero a causa del cambio climático

La soberanía alimentaria está en peligro por la sequía, el calor y las condiciones de trabajo de las personas del campo. Se espera una caída en la producción de un 17 % en la cuenca del Mediterráneo

Las políticas de reducción de emisiones de dióxido de carbono son la principal solución, pero es necesario avanzar también en modelos de desarrollo resiliente al clima que promuevan acciones de adaptación eficaces a largo plazo, justas y equitativas 


Barcelona, 1 de marzo de 2022. El cambio climático inducido por el ser humano está causando una perturbación peligrosa y generalizada en la naturaleza y afecta a la vida de miles de millones de personas en todo el mundo. Las personas y los ecosistemas con menor capacidad para hacer frente a la situación son ya los más afectados, según afirma la comunidad científica en el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), publicado hoy. La comunidad científica alerta de que el mundo se enfrenta a múltiples riesgos climáticos que viviremos durante las dos próximas décadas y que en el Mediterráneo han comportado a día de hoy un calentamiento de 1,5 °C (por encima de la media global, 1,1 °C). 

Si no se reducen las emisiones en las próximas décadas y se supera temporalmente el nivel de calentamiento establecido en el Acuerdo de París (1,5 °C), habrá graves impactos, algunos de los cuales serán irreversibles. El nuevo informe, elaborado por el Grupo de Trabajo II del IPCC, se ha centrado en analizar el impacto del cambio climático en los ecosistemas naturales y los sistemas socioeconómicos, así como la vulnerabilidad y la capacidad de adaptación de estos. También ha evaluado las mejores estrategias para reducir el impacto del cambio global a diferentes escalas. En este equipo internacional de expertos, participa Jofre Carnicer, profesor de ecología de la Facultad de Biología, el Instituto de Investigación de la Biodiversidad (IRBio) de la Universidad de Barcelona y el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), que es el único experto de toda Cataluña —y uno de los pocos investigadores de todo el Estado— que ha formado parte de él. El documento lo han aprobado el domingo 27 de febrero de 2022 los 195 gobiernos miembros del IPCC en una sesión de aprobación virtual que se ha prolongado dos semanas, del 14 de febrero al 27 de febrero. El informe final es la segunda entrega del sexto informe de evaluación (IE6) del IPCC, que se completará este año. 

Según la comunidad científica, entre 3.300 y 3.600 millones de personas viven en un contexto muy vulnerable al cambio climático, casi la mitad de la humanidad. A nivel global, las zonas más vulnerables son África central, el sudeste asiático y América central, mientras que, en el caso del continente europeo, la región más amenazada es el área del Mediterráneo. En este sentido, el nuevo informe es contundente: para evitar la pérdida creciente de vidas, de biodiversidad y de infraestructuras, es necesario adoptar rápidamente medidas ambiciosas para mitigar el cambio climático y adaptarse a él. A pesar de los avances constantes en experiencias locales que estudian cómo reducir los efectos negativos del cambio climático en diferentes sectores (adaptación), el informe revela que todavía existe una distancia entre las necesidades totales y las acciones pioneras que se están implementando progresivamente. Las consecuencias del cambio climático son más graves entre las poblaciones con menores ingresos y en determinadas zonas geográficas del planeta más vulnerables. Además, también se modulan en función de la edad y el género. El estudio destaca que el desarrollo económico actual es insostenible, y que es esencial considerar la participación inclusiva de todos los actores sociales, así como la equidad y la justicia climática, para desarrollar acciones de mitigación y adaptación transformadoras, encaminadas a un modelo de desarrollo sostenible y resiliente a los impactos del clima. 

«Este informe es una advertencia terrible sobre las consecuencias que puede tener no actuar», alerta Hoesung Lee, presidente del IPCC. «Muestra que el cambio climático es una amenaza grave y creciente para nuestro bienestar y para mantener un planeta sano. Nuestras acciones de hoy determinarán la forma en que las personas se acabarán adaptando y cómo la naturaleza responderá a los riesgos climáticos crecientes», afirma. 

Jofre Carnicer, autor principal de los capítulos de Europa y el Mediterráneo en el IPCC, es contundente: «El coste ambiental de la inacción es muy elevado, y el informe concluye que es necesario actuar antes de que se cierre la ventana de oportunidad que tenemos, que es de solo de dos o tres décadas. Cada acción es relevante, ya sea en el ámbito gubernamental e internacional, como en industrias y actividades sectoriales, o en cambios del estilo de vida de los ciudadanos, y estas acciones pueden contribuir progresivamente a reducir el calentamiento y los impactos en las próximas décadas y para las futuras generaciones». Por ello, el estudio remarca la necesidad de introducir urgentemente cambios profundos y transformadores en todos los sectores de la sociedad y, en especial, en todas las actividades económicas que generan emisiones. «Los costes de adaptación a los impactos del cambio climático serán mucho más altos si no implementamos drásticamente una reducción de emisiones decidida en las dos próximas décadas que nos acerque a una trayectoria de calentamiento inferior a 2 °C», advierte Jofre Carnicer. 

La biodiversidad, al límite 

El resumen del informe del IPCC considera que la vulnerabilidad humana y la de los ecosistemas son interdependientes. Por eso, pone el acento en los efectos actuales y futuros del cambio climático en la biodiversidad. Para ello, se han utilizado más de 40.000 estudios que examinan los sistemas marinos y terrestres de todo el planeta. La ciencia afirma que el aumento de las oleadas de calor, las sequías y las inundaciones ya supera los umbrales de tolerancia de muchas plantas y animales, lo que ha provocado, por una parte, extinciones locales de poblaciones de algunas especies sensibles a la temperatura o con poca movilidad, como son las especies endémicas o más especialistas; por otra, mortalidades masivas de especies en hábitats más vulnerables al estrés térmico, como las praderas submarinas o los arrecifes coralinos. El informe tiene en cuenta estudios científicos que advierten que más del 50 % de las especies del planeta se han desplazado en los últimos años, o hacia latitudes más al norte, o hacia zonas de mayor altitud, para huir del aumento de temperaturas. 

Asimismo, el documento ha analizado el riesgo de extinción de más de 100.000 especies sobre las que se dispone documentación científica. Los resultados son preocupantes: «Podemos comprobar que en trayectorias de calentamiento por encima de los 1,5 °C, es decir, sin una reducción drástica de emisiones en las próximas dos décadas, el riesgo de extinción aumenta en muchos grupos taxonómicos, a menudo por encima del 10 % de las especies», asegura Jofre Carnicer. El informe no incluye resultados o información de especies a escala local, porque cada especie tiene una ecología única y cada patrón es extremadamente complejo, pero sí se hace eco de la primera extinción documentada de una especie de mamífero. Se trata del ratón con cola de mosaico (Melomys rubicola), originario de un islote tropical de baja altitud (Bramble Cay) cerca de Papúa Nueva Guinea, y que se ha extinguido después de que se redujera drásticamente su hábitat por impactos climáticos extremos y por la subida del nivel del mar. 

Las medidas de adaptación para mantener la biodiversidad, de cuyos servicios dependemos absolutamente como sociedad, pasan por la restauración de los ecosistemas, la aplicación de soluciones basadas en la naturaleza y el aumento del territorio protegido. «Hay que proteger de forma más consistente las áreas naturales del planeta, porque somos muy dependientes de los servicios ecosistémicos para mantener la seguridad climática en el planeta. Los océanos y bosques absorben el 50 % de nuestras emisiones de gases de efecto invernadero y contribuyen a regular la temperatura del planeta. El informe confirma que un aumento de los impactos climáticos puede causar declives en la eficiencia de absorción global del CO2 por parte de los ecosistemas y retroalimentar así positivamente el calentamiento», sostiene Jofre Carnicer. Para ello, el informe apuesta por pasar del 16 % de áreas protegidas en el mundo —un dato pactado en los convenios mundiales sobre biodiversidad— al 30 % o al 50 % en 2030. «Las soluciones que consisten en proteger la naturaleza o restaurarla son importantes, pero es necesario que vayan acompañadas en primer lugar de reducciones drásticas de emisiones de gases en múltiples sectores durante las dos próximas décadas», puntualiza Carnicer. 

Un Mediterráneo en riesgo asimétrico 

El Mediterráneo se calienta más rápidamente que la mayoría de zonas del mundo. En este ambiente ya ha aumentado la temperatura en 1,5 °C, mientras que la media mundial se mantiene cerca de los 1,1 °C. Hay consenso en que la sequía será un riesgo muy relevante en el Mediterráneo. En este sentido, las previsiones apuntan a un aumento considerable de las sequías: por cada grado que aumente la temperatura, veremos reducidas las lluvias en un 4 %, por lo que se prevé una disminución de entre un 5 % y un 20 %, según sea nuestra capacidad de reducir emisiones. 

En el Mediterráneo, es clave abordar el uso del agua en la agricultura para tratar de adaptarse a esta sequía y al aumento de temperaturas. A su vez, es necesario promover otros métodos de agricultura que sean más eficientes y mantengan mejor la humedad del suelo, como la agricultura regenerativa, que mantiene el suelo más fértil y rico en materia orgánica. 

Además, en la cuenca del Mediterráneo la vulnerabilidad al cambio climático es muy asimétrica. El informe revisa los objetivos de desarrollo sostenible en esta zona y revela que los indicadores son extremadamente diferentes entre la orilla sur y el norte de la cuenca mediterránea. La orilla sur registra índices de pobreza, seguridad alimentaria, acceso a las energías renovables, al agua, a la educación o a la salud más reducidos. Esto expone aún más a la población de esta zona a efectos del cambio climático porque, por ejemplo, disponen de menos recursos para adaptarse a los impactos futuros. «Un ejemplo muy claro de esa mayor vulnerabilidad al cambio climático en la orilla sur del Mediterráneo es el incremento del nivel del mar en Egipto, un país con 103 millones de habitantes. Solo en el delta del Nilo se espera que más de 6,3 millones de personas puedan quedar seriamente afectadas si el nivel del mar sube por encima de los 80 cm, una hipótesis de escenario planteada según las tendencias de emisiones de gases de efecto invernadero que tenemos hoy», explica Carnicer. 

Seguridad alimentaria 

En Europa, la agricultura será un foco decisivo de impactos y adaptaciones al cambio climático. La ciencia ya tiene constancia de que en los últimos cincuenta años se han triplicado las pérdidas de los cultivos europeos a causa de la sequía. En todo el mundo también se han observado caídas de producción de hasta el 5 % en los tres cultivos principales: maíz, trigo y arroz. En cuanto al futuro, en la región mediterránea se espera un descenso de hasta el 17 % de productividad en los peores escenarios. Por otra parte, a escala mundial se estima que cerca del 10 % de la superficie cultivable no podrá dedicarse a la agricultura por culpa del cambio climático en escenarios de alto calentamiento. Además, las personas que trabajan en el campo podrían estar sometidas a 250 días de mucho calor por año. 

Aunque en la agricultura ya se toman medidas de adaptación, como los cambios en el calendario de los cultivos, los cambios de zonas de cultivos en áreas más altas, o el uso de especies más resistentes a la salinidad o a la carencia de agua, el informe documenta que en escenarios de elevado calentamiento (>2 °C) algunas medidas de adaptación pueden dejar de ser efectivas y no podrán mantener la producción actual de alimentos. 

Desarrollo resiliente en el clima 

El informe actual reconoce que el desarrollo humano actual no es sostenible ni resiliente al cambio climático. En este contexto, el estudio destaca la necesidad de acciones transformadoras, que mitiguen drásticamente las emisiones y los efectos del cambio climático y que permitan adaptarse al territorio y las personas, con especial énfasis en la urgencia de desplegar opciones inclusivas y equitativas. El trabajo destaca así la necesidad de esquemas de gobernanza justos e inclusivos, en los que las medidas de adaptación se tomen teniendo en cuenta la voz de todos los actores y facilitando actividades de cocreación de las soluciones en los distintos ámbitos. Así, por ejemplo, se tiene en cuenta el conocimiento de las poblaciones locales e indígenas del mismo modo que los conocimientos más científicos. Por último, la comunidad científica remarca en el informe la necesidad de cooperación internacional y la colaboración de los gobiernos a todos los niveles con las comunidades, los grupos socialmente más desfavorecidos, la sociedad civil, los organismos educativos, las instituciones científicas y de otros tipos, los medios de comunicación, y los inversores y empresas para facilitar actividades más sostenibles y resilientes al cambio climático. 

IPCC: ciencia internacional en beneficio de las políticas medioambientales 

Los informes del IPCC proporcionan a los gobiernos datos del máximo interés científico que pueden utilizar para diseñar las políticas climáticas. También constituyen una contribución fundamental a las negociaciones internacionales para hacer frente al cambio climático en el marco de la Convención Marco sobre el Cambio Climático o Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). 

En concreto, el IPCC comprende tres grupos de trabajo: el Grupo de Trabajo I, que analiza las bases físicas del cambio climático; el Grupo de Trabajo II, que estudia el impacto, la adaptación y la vulnerabilidad, y el Grupo de Trabajo III, centrado en la mitigación del cambio climático. Ahora, el nuevo informe del Grupo de Trabajo II amplía el marco de conocimientos sobre el cambio climático que hizo público el Grupo de Trabajo I en agosto de 2021, dentro del marco del sexto informe de evaluación (IE6) del IPCC.  

Para elaborar el nuevo informe, un equipo científico internacional de cerca de doscientos expertos —designados por el gobierno de cada país— ha trabajado de forma coordinada durante los últimos siete años para recopilar el máximo de información científica —más de 40.000 publicaciones— sobre la problemática del cambio climático. Posteriormente, todo el conocimiento adquirido lo han revisado en diferentes fases los principales expertos de todo el mundo, así como los interlocutores gubernamentales que elaboran las políticas públicas relacionadas con el cambio climático. Por último, se elabora el informe que reúne las conclusiones más destacadas y se presenta de forma pública y abierta a toda la sociedad. 

Vídeo del profesor Jofre Carnicer sobre el informe IPCC  https://youtu.be/zTKSnUVrfsE

Informe completo del IPCC:

https://www.ipcc.ch/report/ar6/wg2/