La saturación del alcantarillado y la escorrentía urbana favorecen el transporte de residuos y contaminantes hacia ríos y zonas costeras, incluso después de que termina una tormenta.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Karem Díaz S.
Las precipitaciones intensas pueden transformar las redes de drenaje de las ciudades en vías de transporte de contaminación hacia los ecosistemas acuáticos. Cuando una tormenta descarga grandes cantidades de agua en poco tiempo, las alcantarillas, los colectores y las instalaciones de saneamiento pueden superar su capacidad, favoreciendo que aguas contaminadas alcancen ríos, estuarios y playas.
Este fenómeno constituye uno de los problemas ambientales asociados con la gestión del agua en las zonas urbanizadas. La combinación de superficies impermeables, sistemas de evacuación insuficientes y episodios de lluvia intensa puede facilitar el desplazamiento de microorganismos, residuos y sustancias químicas desde las calles hasta los cuerpos de agua naturales.
El problema no depende únicamente de la cantidad de lluvia. También influyen el diseño de las infraestructuras, el mantenimiento de los colectores, la proporción de suelo impermeabilizado y las características de las cuencas que reciben las descargas.
Qué ocurre cuando las lluvias superan la capacidad del alcantarillado
En numerosas ciudades existen redes de saneamiento que recogen las aguas residuales domésticas y las conducen hacia estaciones depuradoras. Sin embargo, algunos sistemas también reciben el agua de lluvia procedente de calles, tejados y otras superficies urbanas.
Estas instalaciones, conocidas como redes unitarias, pueden experimentar incrementos muy importantes de caudal durante una tormenta. Si el volumen recibido supera su capacidad hidráulica, pueden producirse desbordamientos que descargan una mezcla de aguas pluviales y residuales en el medio receptor.
Los alivios del alcantarillado cumplen una función de protección hidráulica frente a la sobrecarga de las conducciones, pero también pueden convertirse en una vía de entrada de contaminación a los ecosistemas cuando transportan aguas residuales sin tratamiento completo.
La situación es diferente en las redes separativas, donde las aguas pluviales y las residuales circulan por conducciones distintas. No obstante, estas redes tampoco eliminan automáticamente la contaminación: el agua de lluvia puede recoger sustancias presentes en las superficies urbanas y descargarlas directamente en ríos o zonas costeras.
Los efectos ambientales de las precipitaciones extremas también dependen de la respuesta hidrológica de las cuencas, condicionada por factores como la humedad previa del terreno y la distribución temporal de las lluvias.
De las calles a los ríos: el recorrido de los contaminantes
Durante los períodos secos, distintos materiales pueden acumularse sobre carreteras, aceras, aparcamientos y otras superficies impermeables. Entre ellos se encuentran partículas procedentes del tráfico, residuos orgánicos, sedimentos, restos de combustibles y fragmentos de materiales plásticos.
Cuando comienza una precipitación, el agua moviliza parte de esos materiales y los incorpora a la escorrentía superficial. Posteriormente, las redes de drenaje pueden conducirlos hacia canales, arroyos y ríos, desde donde algunos contaminantes continúan desplazándose hacia el mar.
La intensidad de la lluvia, su duración y el tiempo transcurrido desde el episodio anterior influyen en la cantidad de materiales movilizados. En determinadas circunstancias, las primeras escorrentías pueden arrastrar concentraciones importantes de sustancias acumuladas durante los días secos.
Investigaciones sobre el transporte de microplásticos durante lluvias extremas han mostrado que los episodios de precipitación intensa pueden producir aumentos repentinos del flujo de estas partículas hacia los océanos.
El transporte de contaminación no termina necesariamente cuando disminuye la lluvia. Los materiales pueden permanecer temporalmente en sedimentos fluviales, desplazarse con nuevas crecidas o acumularse en determinadas zonas de los estuarios.
Las playas pueden recibir contaminación procedente de kilómetros de distancia
Los ríos y las redes de drenaje establecen conexiones entre los núcleos urbanos y los ambientes costeros. Por ello, una descarga contaminante originada lejos del litoral puede alcanzar posteriormente playas y áreas utilizadas para actividades recreativas.
Entre los principales riesgos asociados con las aguas residuales se encuentra la presencia de microorganismos de origen fecal. Su llegada a las zonas de baño puede deteriorar la calidad microbiológica del agua y justificar restricciones temporales cuando los controles detectan condiciones incompatibles con la seguridad sanitaria.
La presencia de bacterias indicadoras, como Escherichia coli y los enterococos intestinales, se utiliza habitualmente para evaluar la contaminación fecal en aguas recreativas. Estos indicadores permiten identificar situaciones de riesgo, aunque no equivalen por sí mismos a una medición directa de todos los patógenos posibles.
La contaminación costera también puede incluir nutrientes, materia orgánica y sustancias químicas transportadas desde el interior de las cuencas. Un análisis internacional sobre el aporte humano de nitrógeno a las aguas costeras ha documentado la importancia de las actividades terrestres en la alteración de estos ecosistemas.
La magnitud del impacto depende de factores como el volumen descargado, la dilución, las corrientes, las mareas y las condiciones meteorológicas posteriores. Por tanto, no todas las tormentas provocan el mismo grado de contaminación ni todas las playas responden de manera idéntica.
La contaminación puede persistir en los sedimentos de los ríos
Además del transporte inmediato de contaminantes, las descargas urbanas pueden dejar señales ambientales que permanecen durante períodos prolongados.
Un estudio sobre tres ríos de Dar es Salaam, en Tanzania, identificó una contribución persistente de aguas residuales a la materia orgánica acumulada en los sedimentos. La investigación mostró que los cambios estacionales del caudal no necesariamente eliminan la influencia de las fuentes urbanas de contaminación.
Este tipo de resultados evidencia que la contaminación acumulada en los sedimentos fluviales puede mantenerse incluso cuando varían las condiciones hidrológicas.
Los sedimentos funcionan como depósitos temporales de determinadas sustancias y partículas. Durante nuevas crecidas, una parte de esos materiales puede volver a ponerse en suspensión y desplazarse hacia otros sectores de la cuenca.
Cómo reducir las descargas contaminantes durante las tormentas
La reducción de estos episodios requiere combinar mejoras en las infraestructuras de saneamiento con una planificación urbana que tenga en cuenta el comportamiento del agua durante las precipitaciones intensas.
Entre las medidas disponibles se encuentran la separación progresiva de redes donde resulte viable, la construcción de depósitos de retención, la ampliación de la capacidad de tratamiento y el mantenimiento de colectores y estaciones de bombeo.
También pueden emplearse soluciones basadas en la naturaleza, como jardines de lluvia, superficies permeables, zonas de infiltración y espacios verdes capaces de retener temporalmente parte de la escorrentía. Su eficacia depende de las condiciones locales, el diseño y el mantenimiento.
La vigilancia de la calidad del agua después de episodios de lluvia constituye otra herramienta importante. Los controles microbiológicos y químicos permiten identificar alteraciones, evaluar los riesgos y orientar las decisiones sobre el uso recreativo de las aguas.
Las inundaciones también pueden favorecer la dispersión y acumulación de contaminantes en terrenos, cauces y zonas donde disminuye la energía de las corrientes, lo que obliga a considerar sus efectos más allá del episodio meteorológico inmediato.
La gestión del problema exige actuar tanto sobre las fuentes de contaminación como sobre las rutas que permiten su desplazamiento. Mejorar únicamente la capacidad de evacuación del agua no garantiza que disminuya la carga contaminante que finalmente reciben los ecosistemas.
Un desafío para las ciudades expuestas a precipitaciones extremas
La expansión de las superficies impermeables y la concentración de población e infraestructuras en las cuencas urbanas aumentan la importancia de gestionar adecuadamente las aguas pluviales y residuales.
En los territorios donde se intensifican los episodios de lluvia extrema, la capacidad de adaptación de las redes de saneamiento adquiere especial relevancia. Sin embargo, los riesgos concretos deben evaluarse de acuerdo con las tendencias climáticas locales y las características de cada sistema urbano.
La conexión entre alcantarillado, ríos y playas demuestra que la contaminación hídrica no siempre permanece cerca del lugar donde se origina. Las decisiones sobre drenaje, depuración y ordenación territorial pueden influir directamente en la calidad ambiental de ecosistemas situados aguas abajo.
Por ello, la prevención de vertidos durante tormentas requiere una visión integrada de toda la cuenca, desde las calles donde comienza la escorrentía hasta los ambientes fluviales y costeros que reciben finalmente el agua.
Fuente referencial:
The Conversation — Cómo las lluvias intensas pueden provocar que las aguas urbanas contaminadas lleguen a ríos y playas




