Un estudio sobre las grandes crecidas del río Yangtsé revela que los niveles máximos de agua pueden producirse después del pico del caudal, cuando coinciden la descarga fluvial y las mareas oceánicas.
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Eduardo Schmitz
Las mareas oceánicas pueden avanzar cientos de kilómetros tierra adentro a través de los ríos costeros y elevar todavía más el nivel del agua durante una inundación. La interacción entre la corriente fluvial y las oscilaciones de la marea puede generar crecidas especialmente peligrosas cuando ambas fuerzas coinciden en el momento adecuado.
Una investigación publicada en la revista científica AGU Advances analizó este mecanismo en el río Yangtsé, en China, donde las desastrosas inundaciones de 1954 y 2020 estuvieron reforzadas por la influencia de las mareas.
El trabajo fue encabezado por Leicheng Guo junto con Adam T. Devlin, Ton Hoitink, Ian Townend, David A. Jay, Zheng Bing Wang, Chunyan Zhu, Hamed R. Moftakhari, Qing He, Fan Xu, Yuanyang Wan, Yuan Xu y Weiming Xie.
Los investigadores combinaron datos sobre el caudal del río y las mareas correspondientes a ambos episodios, además de un modelo de mareas, para estudiar cómo la descarga fluvial y la entrada de agua oceánica produjeron niveles anormalmente elevados.
Las mareas penetran profundamente en los ríos
Los tramos de los ríos donde las mareas se propagan tierra adentro reciben el nombre de ríos mareales. En ellos, el movimiento periódico del océano se encuentra con el agua que desciende desde la cuenca, creando una interacción hidrodinámica compleja.
El alcance de este fenómeno puede ser considerable. Un análisis global previo determinó que más de 175.000 kilómetros de ríos costeros están significativamente influidos por las mareas y que alrededor de 725 millones de personas viven en zonas afectadas por estos pulsos fluviales.
En algunos sistemas, la señal de la marea puede avanzar enormes distancias. En el Amazonas, por ejemplo, se ha detectado hasta 892 kilómetros río arriba desde la desembocadura, como muestra el primer mapa mundial del pulso de marea en los ríos costeros.
Durante una crecida, la llegada de agua desde el océano puede dificultar el drenaje del río y elevar el nivel total. Sin embargo, el nuevo estudio demuestra que el mayor peligro no necesariamente coincide con el momento en que el río transporta su máximo caudal.
El nivel máximo llegó después del pico del caudal
Los autores encontraron que, durante las inundaciones de 1954 y 2020, los niveles máximos de agua se registraron aproximadamente entre una y dos semanas después del máximo caudal del Yangtsé.
Ese retraso coincidió con mareas vivas de perigeo, un periodo en el que la posición relativa del Sol y la Luna favorece mareas especialmente altas. La coincidencia entre el agua que todavía permanecía en el sistema fluvial y el empuje oceánico elevó el nivel del río.
Cuando el caudal alcanza su máximo, la fuerza de la corriente puede reducir determinadas oscilaciones de la marea. En cambio, cuando la descarga disminuye hasta valores intermedios, esas oscilaciones pueden recuperar amplitud y producir niveles de agua más elevados.
El resultado central del estudio es que el riesgo de inundación en un río mareal puede ser mayor durante una descarga intermedia que durante el pico absoluto del caudal.
El agua de una crecida tarda en abandonar el sistema
La explicación también depende del tiempo que necesita el agua para desplazarse río abajo. Después de una gran crecida, el volumen acumulado no desaparece de inmediato, sino que continúa avanzando lentamente hacia el estuario y el océano.
Durante los días posteriores al máximo caudal, el nivel del río puede permanecer elevado. Si en ese periodo llega una marea intensa, el agua marina se encuentra con un sistema todavía lleno y puede reducir su capacidad de desagüe.
La superposición de ambos procesos genera lo que los investigadores describen como niveles máximos compuestos. El riesgo no depende únicamente de la cantidad de agua que transporta el río, sino también de la fase de la marea, la geometría del canal, la profundidad del cauce y el tiempo de propagación de la crecida.
Este tipo de interacción también es relevante para la gestión de la intrusión de agua salada en los ríos mareales, otro proceso que depende del equilibrio entre el caudal fluvial y el avance del océano.
El Yangtsé cambió entre 1954 y 2020
La comparación entre las dos inundaciones mostró que el río Yangtsé presentaba condiciones diferentes en 2020. El canal se había profundizado debido, en parte, a la reducción del suministro de sedimentos asociada a la presa de las Tres Gargantas.
Un canal más profundo permite que la señal de la marea avance con mayor eficacia río arriba. Esta transformación contribuyó a que los niveles de agua de 2020 fueran superiores a los observados durante la inundación de 1954.
El nivel del mar también era más alto en 2020, lo que facilitó el movimiento del agua oceánica hacia el interior del río. Ambos factores, la profundización del cauce y la elevación del mar, reforzaron el efecto de las mareas.
La pérdida de sedimentos es un problema extendido en numerosos sistemas fluviales. La construcción de presas y otras alteraciones humanas reducen el material que llega a los estuarios y deltas, debilitando su capacidad para conservar elevación frente al océano.
Este proceso se suma a la subsidencia observada en muchos grandes deltas, donde el terreno se hunde más rápido que el nivel del mar y eleva la exposición de millones de personas a las inundaciones.
Más de 3.380 kilómetros de ríos podrían estar expuestos
Los investigadores estiman que, en conjunto, más de 3.380 kilómetros de ríos mareales en distintas partes del mundo podrían estar expuestos a inundaciones provocadas por mecanismos similares.
El río Mekong y el Amazonas también presentan oscilaciones mareales subarmónicas, por lo que la combinación entre una crecida fluvial y la entrada de agua oceánica podría producir niveles extraordinariamente altos.
Las oscilaciones subarmónicas tienen periodos más largos que el ciclo básico de la marea y pueden modificar los niveles del agua durante varios días. Su efecto acumulado ayuda a explicar por qué una inundación puede intensificarse después de que el caudal máximo ya haya pasado.
La extensión del riesgo puede aumentar en las próximas décadas debido al ascenso del nivel del mar, la modificación de los cauces y los cambios en la intensidad de las precipitaciones. Las zonas costeras y los deltas ya enfrentan una combinación de subsidencia, erosión, urbanización y mayor exposición a mareas y tormentas.
La vulnerabilidad es especialmente elevada en regiones donde los ríos atraviesan territorios densamente poblados antes de llegar al océano. En esos lugares, una pequeña elevación adicional del agua puede determinar si una defensa contiene la crecida o si el río desborda barrios, cultivos e infraestructuras.
Las alertas no deben terminar cuando baja el caudal
Los resultados tienen implicaciones directas para los sistemas de pronóstico y alerta. Vigilar únicamente el pico del caudal puede subestimar el riesgo si una marea intensa llega varios días después.
Los modelos de inundación en ríos costeros deben incorporar simultáneamente la descarga fluvial, las mareas astronómicas, el nivel del mar, la geometría del canal y el tiempo que tarda la crecida en desplazarse hacia la desembocadura.
También será necesario actualizar los mapas de riesgo a medida que cambien la profundidad de los canales, la disponibilidad de sedimentos y el nivel medio del océano. La amenaza puede aumentar incluso cuando la magnitud de las crecidas fluviales se mantiene dentro de los valores históricos.
En regiones donde los deltas pierden elevación, estas interacciones pueden sumarse a otros factores de vulnerabilidad. La combinación de un río crecido, una marea alta y un terreno en descenso puede ampliar tanto la extensión como la duración de una inundación.
Un riesgo compuesto entre el río y el océano
El estudio muestra que las inundaciones de los ríos mareales deben entenderse como fenómenos compuestos. El agua no procede de una sola dirección: desciende desde la cuenca y, al mismo tiempo, puede ser empujada hacia el interior por el océano.
En el Yangtsé, la interacción entre ambas fuerzas contribuyó a las crecidas históricas de 1954 y 2020. El momento más peligroso llegó después del máximo caudal, cuando el río todavía mantenía niveles elevados y las mareas vivas aumentaron la entrada de agua.
La investigación, titulada Tidal River Flood Risk Highest During Intermediate Rather Than Peak River Discharge, fue publicada en 2026 en el volumen 7 de AGU Advances, con el identificador e2025AV002247.
Fuente(s) referenciales
Phys.org — How tides and river water combine to amplify floods
