El mundo se aleja de sus metas forestales


Un informe de la ONU advierte que la deforestación y la pobreza de comunidades dependientes del bosque siguen fuera de rumbo


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz


La protección de los bosques del planeta avanza con demasiada lentitud frente a la escala de la crisis ambiental. El informe Global Forest Goals Report 2026, presentado en el Foro de las Naciones Unidas sobre los Bosques en Nueva York, muestra que los gobiernos todavía están lejos de cumplir los objetivos forestales globales establecidos dentro del Plan Estratégico de las Naciones Unidas para los Bosques.

El documento, elaborado a partir de informes voluntarios presentados por 48 países que representan más de la mitad de los bosques del mundo, revisa el progreso hacia seis Objetivos Forestales Globales y 26 metas asociadas. Su conclusión central es que existen avances, pero son desiguales, incompletos y todavía insuficientes para revertir la pérdida forestal.

Solo siete de las 26 metas han sido ampliamente cumplidas. Otras 17 aparecen parcialmente cumplidas, mientras que dos están completamente fuera de camino: revertir la deforestación y erradicar la pobreza extrema entre las personas que dependen directamente de los bosques.

Entre 2015 y 2025, el mundo perdió más de 40 millones de hectáreas de bosque, una superficie ligeramente superior a la de Alemania o Japón. Dentro de esa pérdida se incluyen 16 millones de hectáreas de bosques primarios, ecosistemas especialmente importantes por su valor climático, ecológico y biológico.

La advertencia coincide con análisis recientes sobre cómo los bosques primarios sostienen clima y biodiversidad, pero enfrentan presiones crecientes por deforestación, degradación y cambio climático.

Metas globales con avances insuficientes

Los bosques cumplen funciones esenciales para la estabilidad climática, la conservación de la biodiversidad, el suministro de agua, la vida rural y los medios de subsistencia de millones de personas. Aun así, las políticas públicas no han logrado traducir ese valor en una protección suficientemente firme.

El informe reconoce avances en áreas protegidas, planes de manejo forestal a largo plazo y sistemas de monitoreo. También destaca experiencias nacionales e internacionales que han producido beneficios concretos para los bosques y para las comunidades que dependen de ellos.

Sin embargo, esos progresos conviven con presiones persistentes. La expansión de redes viales, la degradación forestal, los cambios de uso del suelo y las actividades ilegales siguen afectando regiones forestales en distintas partes del mundo.

La situación confirma que proteger bosques no depende solo de crear áreas protegidas. También requiere controlar las causas económicas y territoriales que empujan la conversión de tierras, la tala, la fragmentación y el deterioro de ecosistemas.

Deforestación y pobreza siguen fuera de rumbo

El punto más crítico del balance es que la meta de revertir la deforestación continúa fuera de rumbo. La pérdida de bosques reduce la capacidad de almacenar carbono, altera ciclos de agua, fragmenta hábitats y debilita la resiliencia de ecosistemas frente al calentamiento global.

La segunda meta completamente desviada es la erradicación de la pobreza extrema entre personas dependientes del bosque. Esta dimensión social es clave porque millones de hogares rurales utilizan los bosques para obtener alimentos, energía, ingresos, medicina tradicional, materiales y protección ambiental.

El informe señala que los bosques sostienen prácticamente todos los objetivos de desarrollo sostenible hacia 2030, desde la reducción de la pobreza y el hambre hasta el acceso a agua limpia, energía y medios de vida dignos. Pero muchos países todavía enfrentan mercados débiles, escasas oportunidades económicas y limitaciones institucionales para convertir la conservación forestal en desarrollo local.

La relación entre bosques, agua y territorio también aparece en estudios sobre cómo la pérdida de bosques altera el flujo de agua en cuencas, afectando procesos hidrológicos que sostienen comunidades y ecosistemas.

Cooperación internacional bajo presión

Los autores del análisis, Terry Sunderland y Peter Wood, remarcan que los bosques ya no pueden tratarse como un asunto puramente nacional. La crisis forestal atraviesa fronteras porque se relaciona con cadenas globales de suministro, comercio de materias primas, financiamiento, clima, biodiversidad y seguridad alimentaria.

El informe plantea que la cooperación internacional es indispensable para responder a desafíos forestales que ningún país puede resolver de manera aislada. Sin embargo, esa cooperación enfrenta un contexto político adverso, marcado por tensiones geopolíticas y por la prioridad de intereses nacionales de corto plazo.

Un dato refleja esa dificultad: la asistencia al desarrollo, incluido el apoyo a instituciones multilaterales, cayó 23 % entre 2024 y 2025, la mayor contracción anual registrada. Esa reducción limita la capacidad de financiar conservación, restauración y fortalecimiento institucional en países con grandes masas forestales.

La brecha entre necesidad ambiental y apoyo financiero se vuelve más grave cuando se compara con los flujos de capital asociados a actividades de riesgo. Las instituciones financieras privadas aportaron 8,9 billones de dólares a empresas con alto riesgo de deforestación, mientras que los subsidios agrícolas perjudiciales para el ambiente alcanzaron aproximadamente 406.000 millones de dólares anuales.

Financiamiento desigual para proteger bosques

El contraste financiero es uno de los mensajes más fuertes del informe. Los flujos destinados a proteger bosques sumaron apenas 84.000 millones de dólares, una cifra muy inferior al dinero que sigue respaldando actividades capaces de acelerar la pérdida forestal.

Esta diferencia muestra que el problema no es solo técnico. Existen herramientas, conocimiento, marcos de política pública y experiencias exitosas, pero la escala del financiamiento y la voluntad política siguen siendo insuficientes.

La protección forestal necesita mecanismos financieros innovadores, instituciones más sólidas y cooperación entre sectores. Agricultura, infraestructura, energía, comercio, finanzas y conservación deben coordinarse si se quiere reducir la presión sobre los bosques.

En países tropicales, la pérdida forestal también compromete grandes reservas de carbono. Diversos estudios han señalado que los bosques tropicales continúan bajo presión por expansión agrícola, ganadería, explotación maderera, minería y calentamiento global.

Canadá como ejemplo de riesgo y respuesta

El informe destaca algunos casos nacionales con avances concretos. Canadá aparece mencionado por su Estrategia de Prevención y Mitigación de Incendios Forestales 2024, que adopta un enfoque de sociedad completa para aumentar la resiliencia frente al fuego.

La estrategia canadiense busca profundizar alianzas con pueblos indígenas, ampliar el conocimiento del riesgo de incendios y aumentar inversiones en prevención y mitigación. Su objetivo es fortalecer la resiliencia de comunidades e infraestructura hacia 2030.

Pero el caso canadiense también muestra la dimensión climática del problema. El calentamiento está elevando temperaturas, reduciendo humedad, bajando niveles freáticos y aumentando los riesgos asociados a rayos que pueden iniciar incendios. Las proyecciones apuntan a temporadas de fuego más tempranas y prolongadas en Canadá y en muchas regiones templadas del mundo.

Los incendios también ocurren con mayor frecuencia donde los espacios silvestres se encuentran con desarrollos humanos, lo que aumenta la amenaza sobre infraestructura crítica, comunidades y actividades industriales.

Restaurar, proteger y gobernar mejor

El informe no plantea que el mundo carezca de soluciones. Al contrario, subraya que ya existen herramientas para avanzar: mejores sistemas de monitoreo, planes de manejo, restauración ecológica, participación comunitaria, financiamiento innovador y cooperación internacional.

La restauración forestal puede ser una pieza importante, siempre que se enfoque en ecosistemas adecuados, especies nativas y recuperación de funciones ecológicas. No basta plantar árboles sin planificación; la calidad del bosque recuperado importa tanto como la superficie intervenida.

Experiencias recientes en América Latina muestran que la restauración puede combinar recuperación ambiental, empleo local y protección climática, como ocurre con proyectos orientados a frenar el deterioro de la Amazonía mediante reforestación.

La conservación también necesita reconocer el papel de comunidades locales e indígenas. En muchos territorios, la protección efectiva del bosque depende de derechos claros, gobernanza territorial, acceso a mercados justos y apoyo a economías compatibles con la conservación.

Una década decisiva para los bosques

El balance global llega en un momento clave para la Agenda 2030. Si solo siete de 26 metas forestales han sido ampliamente cumplidas, el margen para corregir el rumbo se estrecha. La pérdida de más de 40 millones de hectáreas en una década muestra que los compromisos actuales no bastan para detener la degradación.

Los bosques son infraestructura natural para el clima, el agua, la biodiversidad y las economías rurales. Su protección no puede quedar subordinada a respuestas fragmentadas ni a financiamiento insuficiente mientras continúan los incentivos que favorecen la deforestación.

La cooperación internacional aparece como condición básica para avanzar. Sin coordinación entre países, instituciones financieras, comunidades, empresas y organismos multilaterales, las metas forestales de Naciones Unidas seguirán siendo más una aspiración que una realidad medible.

El informe deja una señal clara: el conocimiento existe, los instrumentos están disponibles y hay experiencias exitosas. Lo que falta es ampliar la voluntad política, corregir los flujos financieros y convertir la protección de los bosques en una prioridad global sostenida.

Fuente(s) referenciales

Phys.org: Greater international cooperation is needed to achieve the UN’s global forest goals