Un estudio de la Universidad McMaster atribuye a los depósitos subterráneos el 76 % del carbono liberado durante la temporada récord de incendios forestales de 2023
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
La mayor parte del carbono liberado durante los incendios forestales que azotaron Canadá en 2023 no procedió de los árboles, sino de la combustión del suelo y la turba. Una investigación de la Universidad McMaster concluyó que los depósitos subterráneos representaron el 76 % de las emisiones generadas durante aquella temporada sin precedentes.
El estudio, publicado en la revista Geophysical Research Letters, estimó que los incendios quemaron 15,1 millones de hectáreas, una superficie siete veces superior al promedio registrado en Canadá durante los 20 años anteriores. La combustión liberó aproximadamente 554 millones de toneladas métricas de carbono.
Los resultados modifican la interpretación habitual de los incendios boreales, centrada principalmente en la pérdida de árboles y vegetación superficial. Los investigadores advierten que una parte decisiva del impacto climático se produce bajo la superficie, donde los suelos orgánicos y las turberas acumulan carbono durante siglos o milenios.
El 76 % del carbono procedió de depósitos subterráneos
El equipo determinó que aproximadamente tres cuartas partes de las emisiones de carbono de los incendios de 2023 estuvieron asociadas con la combustión del suelo y la turba. Solo las turberas fueron responsables de cerca de un tercio del total liberado durante la temporada.
Alemu Gonsamo, profesor asociado de la Escuela de Tierra, Medioambiente y Sociedad de la Universidad McMaster, explicó que Canadá alberga alrededor del 20 % del carbono orgánico mundial almacenado en suelos y turberas.
Estos depósitos representan una reserva climática de enorme importancia. Mientras permanecen húmedos y sin perturbaciones, conservan el carbono acumulado por la descomposición incompleta de la vegetación. Cuando se secan y arden, ese material puede pasar rápidamente a la atmósfera.
La vulnerabilidad de estos ecosistemas ya había sido señalada en análisis sobre los incendios que afectan turberas esenciales para la captura de carbono, especialmente en regiones donde el drenaje, la degradación y el calentamiento reducen la humedad del suelo.
Las turberas secas se convirtieron en combustible
Las turberas son humedales caracterizados por la acumulación de materia vegetal parcialmente descompuesta. En condiciones normales, el exceso de agua limita la presencia de oxígeno, ralentiza la descomposición y dificulta la propagación del fuego.
Las temperaturas elevadas y los periodos prolongados de sequedad pueden reducir el nivel del agua y exponer las capas orgánicas. Cuando esto ocurre, un ecosistema normalmente resistente al fuego se transforma en un combustible capaz de arder lentamente durante periodos extensos.
La combustión de la turba difiere de las llamas visibles que consumen troncos y copas. Puede avanzar sin llama, penetrar en el suelo y mantenerse activa bajo la superficie, lo que dificulta su detección y extinción.
El riesgo de estos procesos resulta especialmente relevante en las latitudes boreales y árticas, como explica el análisis sobre la influencia de los incendios forestales y de turba en el clima terrestre. En esas regiones se concentran importantes reservas de carbono orgánico vulnerables al calentamiento.
Canadá concentra 1,1 millones de kilómetros cuadrados de turberas
Canadá posee aproximadamente 1,1 millones de kilómetros cuadrados de turberas. Entre sus principales complejos se encuentran las Tierras Bajas de la Bahía de Hudson, consideradas la segunda región de turberas más extensa del mundo.
Según la investigación, este territorio almacena alrededor de 30.000 millones de toneladas métricas de carbono. La magnitud de esa reserva muestra por qué los incendios de suelo pueden alterar de manera significativa los balances de emisiones, incluso cuando las llamas ocurren en regiones remotas.
La protección de estos ambientes no depende únicamente de evitar la destrucción visible de la vegetación. También exige conservar los niveles de agua, limitar la degradación y comprender cómo responden los depósitos orgánicos a las sequías y al aumento de las temperaturas.
La importancia ecológica de estos territorios coincide con evaluaciones sobre el valor climático y ambiental de los humedales canadienses, amenazados por incendios, alteraciones hidrológicas y actividades humanas.
Una temporada que aportó casi una cuarta parte de las emisiones mundiales
Los incendios de Canadá generaron cerca de una cuarta parte de las emisiones mundiales vinculadas con incendios forestales durante 2023. La temporada se caracterizó por la extensión de las áreas quemadas, la persistencia de los focos y el transporte de humo a grandes distancias.
Convertidas a dióxido de carbono, las emisiones estimadas fueron aproximadamente tres veces superiores a las emisiones anuales de gases de efecto invernadero producidas por actividades humanas en Canadá y notificadas para 2022.
La comparación no significa que ambas fuentes se contabilicen de la misma forma en los inventarios nacionales, pero permite dimensionar la cantidad de carbono que regresó a la atmósfera durante un solo periodo de incendios extremos.
Otros episodios recientes también han mostrado cómo los incendios forestales pueden elevar las emisiones regionales de carbono y comprometer la capacidad de bosques y humedales para actuar como sumideros.
Los incendios pueden invertir la función climática de las turberas
Las turberas retiran dióxido de carbono de la atmósfera mediante el crecimiento de las plantas y lo almacenan en capas orgánicas saturadas de agua. Este proceso convierte a los humedales conservados en depósitos de carbono de largo plazo.
Cuando el fuego consume esas capas, el sistema puede pasar temporalmente de almacenar carbono a liberarlo en grandes cantidades. La recuperación de las reservas perdidas puede requerir periodos muy prolongados, siempre que las condiciones hidrológicas permitan nuevamente la acumulación de materia orgánica.
El estudio advierte sobre una posible retroalimentación climática: el calentamiento favorece condiciones más secas, estas aumentan la vulnerabilidad de la turba y los incendios liberan carbono adicional que contribuye a intensificar el calentamiento.
Investigaciones relacionadas han alertado de que las sequías extremas pueden acelerar la pérdida de carbono de las turberas, especialmente cuando los ecosistemas ya se encuentran degradados o parcialmente drenados.
La gestión forestal no alcanza las zonas más remotas
Las prácticas de gestión forestal pueden reducir determinados riesgos mediante la creación de cortafuegos, el manejo de combustibles vegetales y la planificación de las respuestas de emergencia. Sin embargo, una parte considerable de los incendios canadienses ocurre en territorios remotos y escasamente gestionados.
Esta limitación obliga a ampliar las estrategias más allá del tratamiento de los árboles y la vegetación superficial. El seguimiento de la humedad de los suelos orgánicos y la localización de turberas vulnerables pueden ayudar a identificar zonas donde un incendio tendría consecuencias climáticas especialmente elevadas.
La restauración hidrológica constituye una herramienta relevante en turberas alteradas. Bloquear canales de drenaje, recuperar niveles de agua y conservar la cobertura vegetal puede disminuir la inflamabilidad, aunque cada intervención debe adaptarse a las condiciones ecológicas del lugar.
Medir el carbono del suelo mejora los cálculos de emisiones
La investigación evidencia la necesidad de incorporar con mayor precisión la combustión subterránea en las estimaciones de emisiones. Los cálculos basados principalmente en la biomasa visible pueden subestimar el carbono liberado cuando el fuego penetra en suelos ricos en materia orgánica.
Para mejorar las evaluaciones se requiere combinar observaciones satelitales, mapas de ecosistemas, datos sobre profundidad de la combustión y mediciones del carbono contenido en diferentes tipos de suelo.
El desarrollo de mapas de biomasa y reservas de carbono permite localizar los depósitos expuestos a incendios y analizar cómo cambian después de una perturbación.
Los investigadores consideran que la reducción de las emisiones globales de gases de efecto invernadero sigue siendo necesaria para limitar el calentamiento y frenar el aumento de las condiciones que favorecen temporadas de incendios cada vez más intensas.
Los resultados sitúan a los suelos y las turberas en el centro de la evaluación del riesgo climático en Canadá. La dimensión de los depósitos subterráneos implica que la gravedad de los incendios no puede medirse únicamente por la cantidad de árboles destruidos o la superficie alcanzada por las llamas.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Universidad McMaster
Geophysical Research Letters
