Nuevas herramientas permiten seguir cuatro décadas de cambios en bosques árticos y boreales de Norteamérica
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Karem Díaz S.
Los bosques del extremo norte del planeta almacenan carbono en su biomasa y ayudan a frenar parte del calentamiento global, pero medir con precisión cuánto carbono conservan o pierden sigue siendo un desafío científico. En las regiones árticas y boreales de Alaska y Canadá, donde el calentamiento avanza entre dos y cuatro veces más rápido que el promedio global, esa información se vuelve cada vez más importante para entender la respuesta de los ecosistemas al cambio climático.
Dos investigaciones lideradas por los biólogos Wanwan Liang y Jon Wang, de la Universidad de Utah, buscan mejorar la forma en que se mide la biomasa aérea en las zonas árticas y boreales de Norteamérica. Los trabajos surgieron dentro del Arctic-Boreal Vulnerability Experiment, ABoVE, una campaña de investigación de la NASA dedicada a estudiar los cambios de los ecosistemas en altas latitudes del norte.
La biomasa aérea incluye la vegetación que almacena carbono sobre el suelo. A través de la fotosíntesis, árboles, arbustos y otras plantas capturan dióxido de carbono de la atmósfera y lo incorporan a sus tejidos. Cuando esa biomasa crece, el ecosistema puede funcionar como sumidero de carbono; cuando muere, se quema o se descompone, parte de ese carbono puede volver a la atmósfera.
Por qué importa medir la biomasa
El cambio climático está intensificando perturbaciones como incendios forestales, sequías, brotes de insectos y estrés térmico. Estos procesos pueden alterar el equilibrio de los bosques boreales y hacer que algunas zonas pasen de absorber carbono a liberarlo.
Conocer dónde aumenta o disminuye la biomasa ayuda a identificar qué fuerzas están impulsando esos cambios. Puede tratarse de incendios, tala, conversión de tierras, calentamiento, sequía, actividad humana o aumento de las concentraciones atmosféricas de CO2.
El tema es central porque los bosques no responden al calentamiento de forma simple. Aunque temperaturas más altas podrían estimular el crecimiento vegetal en algunas áreas, también pueden aumentar la mortalidad forestal y la liberación de carbono. Esta incertidumbre se relaciona con estudios sobre cómo los bosques boreales y templados participan en el balance global de carbono.
El problema de los mapas contradictorios
El primer estudio, publicado en Environmental Research Letters en marzo de 2026, evaluó nueve conjuntos de datos satelitales usados para estimar biomasa aérea en regiones árticas y boreales de Norteamérica. El objetivo no fue elegir un único mapa ganador, sino identificar qué herramienta es más adecuada para cada uso.
Wanwan Liang explicó que existen muchos conjuntos de datos disponibles, pero poca orientación para quienes necesitan escoger entre ellos. Jon Wang, profesor asistente en la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad de Utah, señaló que dos mapas pueden ofrecer estimaciones completamente distintas para la misma región, lo que complica la interpretación para usuarios que no son especialistas.
La comparación permite saber qué mapas funcionan mejor para evaluar el impacto de incendios, cuáles son más útiles para balances nacionales de carbono y cuáles resultan adecuados para estudiar dinámicas ecológicas específicas. Esa distinción es importante porque los gobiernos usan estimaciones de carbono para inventarios de gases de efecto invernadero y para evaluar metas climáticas.
Un mapa anual entre 1984 y 2022
El segundo trabajo, publicado en Remote Sensing of Environment en abril de 2026, presenta un nuevo mapa de biomasa aérea derivado de Landsat. La herramienta combina imágenes del programa NASA/USGS Landsat, mediciones LiDAR aerotransportadas y datos de inventarios forestales de los servicios forestales de Estados Unidos y Canadá.
El resultado cubre el período 1984-2022 y ofrece información anual a una resolución de 30 metros, aproximadamente el tamaño de un campo de béisbol. Ese nivel de detalle permite detectar grandes perturbaciones, como incendios, pero también cambios de menor escala, como tala o conversión de tierras.
La posibilidad de observar casi cuatro décadas de cambios mejora la lectura de procesos que antes quedaban ocultos en mapas más generales. También puede ayudar a identificar áreas donde la biomasa se recupera después de una perturbación y otras donde la pérdida persiste durante más tiempo.
Incendios, sequías y carbono perdido
Los incendios forestales son una de las amenazas más importantes para el carbono almacenado en bosques boreales y árticos. Cuando la vegetación arde, el carbono acumulado puede liberarse rápidamente a la atmósfera. Si el incendio afecta además suelos ricos en materia orgánica, el impacto climático puede ampliarse.
Las regiones del norte ya muestran señales preocupantes. Los megaincendios en latitudes altas pueden modificar la vegetación, alterar suelos y acelerar emisiones, como advierten investigaciones sobre incendios forestales y de turba en latitudes altas.
Las sequías también pueden reducir la capacidad de las plantas para absorber carbono y aumentar la mortalidad. Cuando árboles y arbustos mueren, dejan de captar CO2 y comienzan a liberar carbono durante la descomposición. Ese cambio puede debilitar el papel de los ecosistemas del norte como amortiguadores climáticos.
Datos abiertos para decisiones climáticas
Una diferencia relevante del proyecto de Liang y Wang es su énfasis en hacer que la información sea transparente y utilizable por científicos, responsables de políticas públicas y ciudadanía. Frente a algunos esfuerzos privados que restringen el acceso a datos de carbono, los investigadores defienden que la ciencia financiada con fondos públicos debe estar disponible para quienes necesitan evaluar riesgos y tomar decisiones.
Los mapas de alta resolución pueden servir para estimar cuánto carbono podría perderse en un incendio, identificar zonas de mayor vulnerabilidad, orientar decisiones de uso del suelo y mejorar los inventarios nacionales. En países como Canadá, la contabilidad nacional de carbono influye en la forma en que se fijan y evalúan los objetivos de reducción de emisiones.
La necesidad de datos precisos también se observa en el seguimiento global del carbono forestal mediante satélites. Las mediciones remotas permiten detectar tendencias amplias, pero su valor aumenta cuando se combinan con inventarios de campo y tecnología de alta resolución, como muestran estudios sobre almacenamiento de carbono forestal.
El extremo norte como zona sensible
Los ecosistemas árticos y boreales ocupan una posición estratégica en el sistema climático. Pueden almacenar grandes cantidades de carbono, pero también están expuestos a calentamiento acelerado, pérdida de nieve, incendios, deshielo y cambios en la vegetación.
Por eso, asumir que los bosques del norte seguirán absorbiendo más carbono solo porque las temperaturas suben puede ser un error. El crecimiento vegetal adicional podría verse compensado o superado por incendios, sequías, plagas y mortalidad forestal.
La complejidad es aún mayor cuando se considera el carbono del suelo. En el Ártico, plantar más árboles o favorecer ciertos cambios de vegetación puede tener efectos no deseados si altera suelos que almacenan carbono durante largos períodos, como se ha discutido en análisis sobre forestación en el Ártico.
Mejores mapas para una crisis más rápida
Las nuevas herramientas no eliminan la incertidumbre, pero permiten reducirla. Saber qué conjunto de datos conviene usar y contar con mapas anuales de alta resolución ayuda a seguir con más precisión la pérdida, recuperación o expansión de biomasa en regiones donde el cambio climático avanza rápidamente.
La información puede mejorar la respuesta científica y política ante incendios, sequías y cambios de uso del suelo. También permite observar si los ecosistemas boreales y árticos siguen actuando como sumideros de carbono o si algunas zonas empiezan a comportarse como fuentes netas.
El trabajo de la Universidad de Utah y la NASA aporta una base más sólida para medir el carbono almacenado en la vegetación del norte. En un escenario de calentamiento acelerado, esa precisión no es un detalle técnico: es una herramienta necesaria para comprender cuánto margen conservan los ecosistemas para ayudar a frenar el cambio climático.
Fuente(s) referenciales
Phys.org — Biologists improve biomass mapping tools to better track carbon storage
