Un estudio de la Universidad de Helsinki, basado en más de 20 años de observaciones, identifica tres regiones árticas donde las partículas que intervienen en la formación de nubes responden de manera diferente al calentamiento y a la contaminación atmosférica.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Karem Díaz S.
El calentamiento del Ártico no provocará necesariamente el mismo cambio en las partículas que favorecen la formación de nubes en toda la región polar. Una investigación internacional dirigida por científicos de la Universidad de Helsinki, en Finlandia, ha identificado tres zonas atmosféricas con comportamientos diferentes, lo que cuestiona la posibilidad de representar el Ártico como un único sistema en los estudios sobre aerosoles y clima.
El trabajo, publicado en octubre de 2026 en la revista científica Nature Geoscience, reunió más de dos décadas de mediciones atmosféricas obtenidas en ocho estaciones científicas y durante varias expediciones de investigación.
Los resultados indican que las partículas naturales capaces de intervenir en la formación de nubes podrían aumentar en las áreas permanentemente cubiertas de hielo, disminuir en las regiones marítimas de aguas abiertas y evolucionar de manera distinta en las zonas continentales, donde las emisiones humanas desempeñan un papel especialmente importante.
La investigación fue encabezada por Samuel De Xun Chua, investigador doctoral del Instituto de Investigación Atmosférica y del Sistema Terrestre (INAR) de la Universidad de Helsinki, en colaboración con especialistas del Instituto Meteorológico de Finlandia y otras instituciones científicas.
Tres regiones del Ártico con comportamientos atmosféricos diferentes
Uno de los principales resultados de la investigación es la identificación de tres regímenes atmosféricos diferenciados: el Ártico alto, el Ártico marítimo y el Ártico continental.
Esta clasificación se basa en las interacciones entre los aerosoles y las nubes, así como en las condiciones ambientales que favorecen o limitan la formación de nuevas partículas.
El Ártico alto se caracteriza por la presencia de una cubierta de hielo persistente. En este entorno, los investigadores estiman que el calentamiento podría favorecer un aumento de los aerosoles formados naturalmente y de las partículas capaces de actuar como núcleos de condensación de nubes.
En cambio, en el Ártico marítimo, donde predominan las superficies oceánicas abiertas, los resultados apuntan hacia una posible disminución de esas partículas a medida que aumenten las temperaturas.
La situación es diferente en el Ártico continental. Allí, la evolución de los aerosoles dependería en mayor medida de los cambios futuros en la contaminación atmosférica generada por las actividades humanas que del calentamiento considerado de forma aislada.
Estas diferencias indican que una misma tendencia de aumento de temperatura puede producir respuestas atmosféricas distintas dependiendo de la región, la superficie subyacente y las fuentes de partículas presentes.
Por qué los aerosoles son importantes para la formación de nubes
Los aerosoles son partículas microscópicas suspendidas en la atmósfera. Pueden proceder de fuentes naturales, como las emisiones marinas y los procesos de formación de nuevas partículas, o de actividades humanas, entre ellas la combustión de combustibles fósiles.
Algunas de estas partículas pueden crecer hasta alcanzar dimensiones que les permiten actuar como núcleos de condensación, superficies sobre las cuales el vapor de agua se condensa y forma pequeñas gotas.
La cantidad y las características de esos núcleos influyen en las propiedades de las nubes, incluida la distribución del tamaño de sus gotas.
La importancia climática de este mecanismo también se ha estudiado mediante observaciones satelitales sobre el enfriamiento asociado con las interacciones entre aerosoles y nubes, que ayudan a evaluar cómo estas partículas modifican el balance energético del planeta.
Sin embargo, la relación entre aerosoles, nubes y clima no es lineal. Depende también de la humedad, la temperatura, los movimientos del aire y otros procesos atmosféricos.
En las regiones polares, esta interacción es especialmente relevante porque las nubes participan en el intercambio de energía entre la superficie terrestre, la atmósfera y el espacio.
Su efecto puede variar según la estación, la altura y las condiciones de iluminación. En determinadas circunstancias reflejan parte de la radiación solar, mientras que en otras contribuyen a retener radiación infrarroja emitida desde la superficie.
Más de veinte años de observaciones permitieron identificar las diferencias
Para desarrollar el estudio, los investigadores reunieron registros de distribución del tamaño de aerosoles correspondientes a un período superior a veinte años.
Las mediciones procedían de ocho estaciones atmosféricas y de diversas expediciones realizadas en el Ártico.
Estos registros se combinaron con observaciones satelitales y se analizaron mediante métodos desarrollados específicamente para la investigación.
La combinación de mediciones terrestres y datos obtenidos desde el espacio permitió distinguir patrones regionales que resultan difíciles de reconocer cuando el Ártico se analiza como una sola unidad.
La distribución del tamaño de las partículas es una variable fundamental porque permite estudiar su formación, crecimiento y posible participación posterior en los procesos de condensación.
Las partículas recién formadas pueden medir apenas unos nanómetros, dimensiones que dificultan considerablemente su detección y seguimiento.
Comprender cómo estas partículas aumentan de tamaño también constituye una línea de investigación importante. Estudios sobre los mecanismos que regulan el crecimiento de las nanopartículas atmosféricas han demostrado que su evolución depende de procesos físicos y químicos complejos, relevantes para la calidad del aire y la formación de nubes.
Además, mantener instrumentos científicos funcionando durante largos períodos en el Ártico supone desafíos técnicos asociados con las bajas temperaturas, el aislamiento geográfico y las condiciones meteorológicas extremas.
Por ello, los autores destacan la importancia de disponer de registros continuos y comparables entre distintas estaciones.
Las estaciones de Finlandia aportan información decisiva
Entre las instalaciones científicas relevantes para este tipo de investigación se encuentran las estaciones de Värriö y Pallas, situadas en la región de Laponia, en el norte de Finlandia.
Estas estaciones permiten observar la evolución de las partículas atmosféricas durante períodos prolongados y relacionar sus variaciones con las condiciones ambientales.
Katrianne Lehtipalo, profesora de la Universidad de Helsinki y del Instituto Meteorológico de Finlandia, destacó que las series de observación de larga duración son fundamentales para construir herramientas analíticas capaces de estudiar la atmósfera polar.
La investigadora también señaló la importancia de combinar esas mediciones con nuevas técnicas de análisis, incluidas las aplicaciones de inteligencia artificial sobre observaciones satelitales.
El valor de estos registros reside en que permiten diferenciar cambios persistentes de fluctuaciones de corta duración.
Una campaña de medición limitada a unas pocas semanas puede describir condiciones atmosféricas particulares, pero difícilmente permite establecer por sí sola tendencias asociadas con transformaciones climáticas de varias décadas.
El hielo y el océano influyen en la evolución de las partículas
La diferencia entre el Ártico alto y el marítimo indica que las condiciones de la superficie tienen un papel relevante en los procesos atmosféricos.
La presencia de hielo marino modifica el intercambio de energía y materiales entre el océano y la atmósfera. Por su parte, las aguas abiertas favorecen procesos distintos de emisión y transformación de partículas.
Una investigación realizada en el archipiélago noruego de Svalbard identificó partículas de sal y carbohidratos procedentes del océano que alcanzan las capas atmosféricas donde se forman las nubes árticas. Esas observaciones aportan información complementaria sobre la conexión entre el océano, los aerosoles naturales y la atmósfera polar.
La nueva investigación no establece que todas las fuentes naturales de aerosoles aumenten o disminuyan de manera uniforme con la temperatura. Sus resultados muestran tendencias diferenciadas que dependen del régimen atmosférico considerado.
Esta distinción resulta importante porque el Ártico experimenta cambios continuos en la extensión y duración de su cubierta de hielo.
Las modificaciones de esa superficie pueden alterar las condiciones en las que se forman y evolucionan las partículas, además de influir en la humedad y en los intercambios de calor.
El nuevo estudio aporta un marco para investigar esas relaciones sin trasladar automáticamente los resultados obtenidos en una zona polar a todas las demás.
La contaminación humana puede modificar el comportamiento del Ártico continental
En las regiones continentales, los investigadores identificaron una dependencia especialmente importante de la evolución futura de las emisiones contaminantes.
Esto significa que las políticas de calidad del aire, los cambios industriales y otras transformaciones de las actividades humanas podrían influir en las concentraciones de aerosoles y núcleos de condensación presentes en estas zonas.
La influencia humana sobre la atmósfera polar también ha sido documentada en investigaciones sobre las emisiones del transporte marítimo y sus efectos sobre la formación de nubes en el Ártico, que muestran cómo determinadas fuentes de contaminación pueden modificar las propiedades atmosféricas locales.
La reducción de determinadas emisiones puede mejorar la calidad del aire, pero también modifica la cantidad y composición de partículas que intervienen en procesos atmosféricos.
Los efectos climáticos de esos cambios requieren una evaluación específica y no deben confundirse con los beneficios sanitarios de disminuir la contaminación.
La investigación subraya así que el calentamiento no es el único factor capaz de alterar las interacciones entre aerosoles y nubes en las regiones polares.
Las diferencias regionales plantean nuevos desafíos para los modelos climáticos
Los modelos climáticos necesitan representar procesos atmosféricos que ocurren a escalas muy diferentes, desde la formación de partículas nanométricas hasta la circulación del aire sobre extensas regiones.
Las interacciones entre aerosoles y nubes constituyen una fuente de incertidumbre porque dependen de numerosos mecanismos físicos y químicos que no siempre pueden describirse directamente con la resolución de los modelos globales.
La identificación de tres regímenes atmosféricos ofrece una forma de estudiar esas diferencias regionales y comprobar si las simulaciones reproducen adecuadamente los procesos observados.
Sin embargo, los autores advierten que sus resultados no proporcionan todavía una respuesta definitiva sobre cómo los aerosoles modificarán el clima del Ártico.
El estudio estima tendencias probables en la disponibilidad de partículas y núcleos de condensación, pero no determina por sí solo cuánto aumentará o disminuirá la nubosidad ni cuál será el efecto radiativo neto en cada región.
Para responder esas preguntas será necesario combinar los registros de aerosoles con observaciones de las propiedades de las nubes, mediciones radiativas y simulaciones climáticas.
La principal aportación del trabajo consiste en demostrar que las respuestas atmosféricas al calentamiento pueden ser opuestas dentro de una misma región polar. Esta heterogeneidad deberá tenerse en cuenta al investigar la evolución de las nubes y su influencia sobre el clima ártico.
Fuentes referenciales:
Nature Geoscience — Contrasting aerosol–cloud feedbacks across a warming Arctic (2026)
Universidad de Helsinki — Investigación sobre las partículas formadoras de nubes en el Ártico (22 de octubre de 2026)




