Un estudio del Desert Research Institute revela que las tierras agrícolas funcionan como barreras naturales contra el fuego y advierte que su desaparición puede agravar los riesgos asociados a la sequía en el oeste estadounidense.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Karem Díaz S.
La desaparición de millones de hectáreas agrícolas en el oeste de Estados Unidos está modificando la capacidad del territorio para contener los incendios forestales. Una investigación dirigida por científicos del Desert Research Institute (DRI) ha encontrado que los campos de cultivo, especialmente aquellos que mantienen suficiente humedad mediante el riego, pueden actuar como barreras naturales que dificultan la propagación del fuego.
El estudio, difundido el 14 de octubre de 2026 y publicado en la revista científica Environmental Research Letters, analizó los perímetros de casi 10.000 incendios registrados entre 1985 y 2024. Los resultados muestran que las tierras agrícolas estuvieron entre 1,3 y 5 veces más asociadas con los lugares donde se detuvieron los incendios que otros tipos de cobertura del suelo.
La investigación también identificó una transformación territorial de gran magnitud: aproximadamente 4,3 millones de hectáreas de cultivos desaparecieron o fueron convertidas a otros usos desde 1985 en las regiones examinadas, una superficie comparable a la de Suiza.
El descubrimiento plantea un desafío ambiental para los responsables de gestionar los recursos naturales. Reducir las superficies irrigadas puede contribuir al ahorro de agua durante las sequías, pero también puede eliminar elementos del paisaje que ayudan a limitar el avance de los incendios.
Los investigadores analizaron cuatro décadas de incendios forestales
El trabajo fue codirigido por Austen Lorenz y Bea Gordon, del Desert Research Institute, con la colaboración de especialistas en gestión de incendios y otros investigadores.
El equipo reunió información geográfica sobre los perímetros de casi 10.000 incendios forestales ocurridos durante cuatro décadas en once estados del oeste estadounidense.
Posteriormente comparó las áreas quemadas y los lugares donde se detuvo el fuego con diferentes categorías de cobertura terrestre, incluidas superficies agrícolas, bosques, zonas naturales, áreas urbanizadas y terrenos sin vegetación.
El objetivo era determinar si las tierras de cultivo presentaban una relación diferenciada con la propagación de los incendios y si los cambios de uso del suelo podían modificar esa función.
Los resultados mostraron que las superficies agrícolas tenían menos probabilidades de quedar dentro de las áreas quemadas que otros tipos de territorio.
Además, los investigadores encontraron una asociación especialmente importante entre los campos cultivados y los límites donde se interrumpía la propagación del fuego.
Esta observación complementa los conocimientos sobre la influencia de las sequías sobre los incendios y la recuperación de los ecosistemas, una relación que adquiere especial importancia en las regiones áridas y semiáridas de Estados Unidos.
Los campos irrigados pueden frenar el avance de las llamas
Una de las principales explicaciones propuestas por los investigadores está relacionada con la humedad de la vegetación agrícola.
Los cultivos que reciben suficiente agua pueden conservar un contenido de humedad relativamente elevado durante períodos en los que los ecosistemas naturales próximos presentan condiciones mucho más secas.
Esa diferencia puede dificultar la combustión de las plantas y reducir la continuidad del material inflamable disponible para alimentar un incendio.
Los campos agrícolas también suelen presentar espacios abiertos y estructuras vegetales diferentes de las existentes en bosques densos o matorrales.
Estas características pueden facilitar determinadas operaciones de extinción y ofrecer áreas de apoyo para los equipos que combaten los incendios.
Los científicos observaron que el efecto protector era especialmente relevante en lugares donde la temporada de riego coincidía con los meses de mayor actividad de los incendios forestales.
Entre las regiones identificadas se encuentran el Valle Central de California, la cuenca del río Columbia en Washington y la llanura del río Snake en Idaho.
En estos territorios, la agricultura irrigada forma parte de paisajes sometidos simultáneamente a una fuerte demanda de agua y a condiciones climáticas que pueden favorecer la propagación del fuego.
Sin embargo, los autores no sostienen que cualquier cultivo funcione como una barrera eficaz. El contenido de humedad, la estructura de la vegetación, la época del año y las características del terreno pueden modificar considerablemente su comportamiento frente a un incendio.
Más de cuatro millones de hectáreas agrícolas cambiaron de uso
La investigación identificó aproximadamente 4,3 millones de hectáreas de tierras de cultivo que fueron transformadas en otros usos desde 1985 dentro de las áreas analizadas.
Una parte considerable de esas superficies pasó a estar cubierta por matorrales y otras formas de vegetación baja que, bajo determinadas condiciones, pueden ser más inflamables que los campos irrigados.
Alrededor del 20 % de las tierras agrícolas transformadas se convirtió en espacios destinados a asentamientos humanos y desarrollo urbano, especialmente en las proximidades de grandes áreas metropolitanas.
Esta expansión urbana introduce factores adicionales en la gestión de los incendios, entre ellos nuevas fuentes potenciales de ignición y mayores dificultades para proteger viviendas, infraestructuras y comunidades.
Los investigadores advierten que la eliminación de las superficies agrícolas puede suprimir su función como barreras contra el fuego, independientemente del uso que posteriormente reciba el terreno.
El estudio no demuestra que toda conversión agrícola produzca necesariamente incendios más extensos. Sus resultados identifican asociaciones territoriales y permiten reconocer posibles consecuencias de determinadas decisiones sobre el uso del suelo.
La transformación de los paisajes también debe interpretarse dentro de un contexto más amplio de crecimiento de los incendios de alta severidad en California, donde las condiciones de aridez y la acumulación de combustible vegetal influyen sobre el comportamiento del fuego.
Ahorrar agua puede generar consecuencias inesperadas
El oeste de Estados Unidos enfrenta una presión creciente sobre sus recursos hídricos. Las sequías prolongadas, la demanda de agua de las ciudades y las necesidades de los ecosistemas obligan a reconsiderar cómo se utilizan las superficies agrícolas irrigadas.
Entre las estrategias disponibles se encuentra retirar temporalmente determinados terrenos de la producción o transformar cultivos que requieren grandes cantidades de agua.
Estas decisiones pueden disminuir el consumo agrícola y liberar recursos hídricos para otros usos, pero la investigación muestra que también deben evaluarse sus consecuencias sobre el comportamiento de los incendios.
Bea Gordon, hidróloga del Desert Research Institute, explicó que las estrategias de adaptación a la sequía suelen concentrarse en determinar cuánta agua utilizan los cultivos y cuánto podría ahorrarse mediante cambios en la producción.
La colaboración con especialistas en incendios permitió incorporar otra dimensión al problema: lo que sucede con el territorio después de modificar su cobertura agrícola.
Según la investigadora, las decisiones sobre adaptación a la sequía pueden influir en la manera en que el fuego se desplaza por el paisaje.
La observación demuestra que dos objetivos ambientales legítimos, como conservar agua y reducir el riesgo de incendios, pueden entrar en tensión cuando se gestionan de manera independiente.
Por ello, los autores proponen analizar conjuntamente los beneficios hídricos de cada transformación territorial y sus posibles consecuencias para la seguridad frente al fuego.
Las tierras sin vegetación también mostraron capacidad de contención
La comparación entre diferentes coberturas terrestres permitió identificar otro resultado significativo.
Los terrenos prácticamente desprovistos de vegetación fueron la única categoría que presentó una capacidad de interrupción del fuego comparable a la de las tierras agrícolas.
Esta observación es coherente con el papel que desempeña la disponibilidad de combustible vegetal en la propagación de los incendios.
Cuando existe poca vegetación combustible o se interrumpe su continuidad, el fuego puede encontrar mayores dificultades para avanzar.
No obstante, la ausencia de vegetación no representa necesariamente una condición ambiental deseable. Los terrenos desnudos pueden presentar otros problemas, como erosión, pérdida de hábitats y alteraciones en el funcionamiento del suelo.
La investigación tampoco propone sustituir ecosistemas naturales por campos agrícolas como estrategia general de prevención.
Su aportación consiste en identificar una función territorial de determinadas superficies cultivadas que debe considerarse cuando se planifican cambios de uso del suelo.
Esta perspectiva puede complementar otras medidas de prevención y reducción de daños por incendios forestales, como los tratamientos de combustible y las intervenciones destinadas a disminuir la intensidad del fuego.
Los programas de conservación podrían incorporar el riesgo de incendios
Los investigadores consideran que las políticas de conservación agrícola y de gestión hídrica podrían incorporar criterios relacionados con la función protectora de determinados cultivos.
Una de las iniciativas mencionadas es el Conservation Reserve Program, administrado por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos.
Este programa ofrece incentivos económicos a propietarios agrícolas para retirar de la producción determinadas tierras ambientalmente sensibles y destinarlas a coberturas que proporcionen beneficios de conservación.
El equipo científico propone estudiar cómo integrar el valor de las superficies agrícolas como barreras contra incendios dentro de los criterios utilizados para planificar estas transiciones.
También recomienda desarrollar herramientas capaces de comparar el ahorro de agua conseguido mediante una conversión territorial con los posibles cambios en el riesgo de incendios.
El planteamiento no supone mantener obligatoriamente todos los cultivos existentes ni impedir su transformación.
Los autores destacan que la retirada voluntaria y selectiva de tierras agrícolas continúa siendo una estrategia válida para reducir el consumo de agua, especialmente en regiones afectadas por sequías.
La cuestión central consiste en identificar dónde los beneficios de una transformación superan sus posibles consecuencias y dónde sería necesario adoptar medidas adicionales de prevención.
La planificación territorial debe considerar riesgos climáticos combinados
El estudio introduce una dimensión importante en el debate sobre la adaptación climática del oeste estadounidense: las decisiones destinadas a responder a una amenaza ambiental pueden modificar la exposición del territorio a otra.
En este caso, reducir el consumo de agua mediante cambios en la agricultura puede alterar las condiciones que ayudan a contener determinados incendios.
La situación es especialmente relevante para las comunidades situadas en zonas de transición entre espacios naturales, superficies agrícolas y áreas urbanizadas.
En estos paisajes, la distribución de la vegetación, la disponibilidad de agua y las actividades humanas influyen conjuntamente sobre el riesgo de incendios.
La investigación aporta una base regional para incorporar esas relaciones a las estrategias de ordenación territorial y adaptación a la sequía.
También plantea la necesidad de estudiar con mayor detalle qué sucede cuando un campo irrigado se convierte en matorral, pastizal, espacio urbano u otra cobertura terrestre.
Los investigadores esperan ampliar sus análisis para cuantificar los cambios de riesgo asociados con cada tipo de transformación agrícola.
El objetivo es proporcionar información que permita a las comunidades prepararse para un escenario en el que la disponibilidad de agua puede disminuir mientras los incendios de gran magnitud continúan representando una amenaza.
El hallazgo principal es que las tierras agrícolas no desempeñan únicamente una función productiva. En determinados paisajes del oeste de Estados Unidos también forman parte de la estructura territorial que puede limitar la propagación del fuego, una característica que debe evaluarse antes de modificar extensas superficies cultivadas.
Fuentes referenciales:
Environmental Research Letters — Out of the frying pan, into the fire? Tradeoffs between drought adaptation and wildfire risk under cropland loss and urbanization in the western United States
Desert Research Institute — Investigación sobre la pérdida de tierras agrícolas y la resistencia frente a incendios forestales




