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Panel de control del sistema Tierra

Panorama Planetario

Lectura integrada de las principales señales climáticas y ambientales observadas alrededor del planeta.

Actualización planetaria
Martes, 14 de julio de 2026
Resumen ejecutivo. El sistema climático global mantiene una acumulación elevada de calor en la atmósfera y los océanos. Junio de 2026 fue el segundo junio más cálido del registro de Copernicus, mientras que las temperaturas oceánicas permanecieron entre las más altas observadas. El hielo marino continuó por debajo de los valores medios en ambos polos y la concentración de dióxido de carbono conservó su tendencia ascendente. Al mismo tiempo, la probable consolidación de El Niño está comenzando a reorganizar los patrones de lluvia, temperatura, circulación tropical y riesgo de fenómenos extremos para el segundo semestre. La señal general no depende de un solo episodio: refleja la superposición de calentamiento persistente, océanos con gran contenido energético, humedad atmosférica elevada y territorios cada vez más expuestos.
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Temperatura global Calor sostenido en niveles excepcionalmente altos

La temperatura media mundial de junio alcanzó 16,54 °C, unos 0,56 °C por encima del promedio 1991–2020 y alrededor de 1,39 °C sobre la referencia preindustrial. La señal confirma que incluso los meses que no establecen un récord absoluto permanecen dentro de un régimen climático extraordinariamente cálido.

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Océanos El almacenamiento de calor sigue siendo crítico

Las temperaturas oceánicas mundiales continuaron cerca de niveles récord. NOAA situó la anomalía térmica oceánica de junio entre las siete más altas de toda su serie histórica mensual. Este exceso de energía favorece olas de calor marinas, estrés coralino, evaporación intensa y mayor disponibilidad de humedad para lluvias extremas.

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CO₂ atmosférico 431,44 ppm como promedio mensual en junio

La estación de referencia de Mauna Loa registró un promedio mensual de 431,44 partes por millón, frente a 429,61 ppm en junio de 2025. La variabilidad estacional puede reducir temporalmente las lecturas semanales, pero la tendencia de fondo continúa apuntando hacia una mayor concentración de gases de efecto invernadero.

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Hielo polar Déficits simultáneos en el Ártico y la Antártida

La extensión del hielo marino ártico fue la sexta más baja registrada para junio, con anomalías destacadas en el norte del mar de Barents. La Antártida también presentó su sexta extensión más baja para el mes, especialmente por la escasez de hielo en el mar de Bellingshausen.

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Incendios Combustibles secos y calor elevan la vigilancia

Las regiones con déficit de humedad, vegetación reseca y episodios cálidos prolongados presentan condiciones favorables para la ignición y propagación rápida del fuego. El riesgo se concentra de manera cambiante en áreas mediterráneas, bosques boreales, zonas occidentales de Norteamérica y paisajes sometidos a sequedad estacional.

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Sequías Persistencia desigual y nuevos focos estacionales

La disponibilidad de agua sigue mostrando contrastes marcados. En Estados Unidos se prevé desarrollo de sequía durante julio-septiembre en el noroeste del Pacífico y el norte de California, mientras el monzón podría favorecer cierta mejora en otras áreas occidentales. En otras regiones, la presión sobre embalses, suelos y agricultura continúa acumulándose.

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Tormentas y extremos Más energía disponible para episodios intensos

Océanos cálidos y una atmósfera capaz de retener más vapor de agua aumentan el potencial de precipitaciones torrenciales. La presencia o desarrollo de El Niño modificará los corredores de tormentas y ciclones, aunque cada episodio dependerá también de la cizalladura del viento, la circulación regional y las condiciones costeras.

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Circulación planetaria El Niño reorganiza el mapa climático

La Organización Meteorológica Mundial estimó una probabilidad del 80 % de aparición de El Niño durante junio-agosto y cercana o superior al 90 % para su continuidad hasta finales de año. Los modelos sugieren un episodio al menos moderado, con posibilidad de alcanzar mayor intensidad.

Señal planetaria destacada

La combinación de océanos anormalmente cálidos y El Niño constituye la señal dominante. El fenómeno no significa que todas las regiones tendrán el mismo tipo de impacto. En algunas zonas aumentará la probabilidad de sequedad y calor; en otras, crecerá el riesgo de precipitaciones intensas. La importancia reside en que el océano Pacífico tropical puede amplificar o desplazar patrones atmosféricos a miles de kilómetros, afectando agricultura, recursos hídricos, incendios, ecosistemas marinos y preparación ante desastres.

Perspectiva para 7–14 días

La vigilancia inmediata debe concentrarse en episodios de calor extremo del hemisferio norte, inundaciones súbitas asociadas a lluvias convectivas, actividad tropical, incendios en paisajes secos y anomalías costeras. No se espera una reducción rápida de la señal térmica mundial. Los pronósticos regionales y los sistemas de alerta temprana serán decisivos para traducir esta situación planetaria en medidas locales de protección.

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Informe estratégico ambiental

Tendencias de la Tierra

Procesos de mediano y largo plazo que están transformando la restauración, la conservación, el uso de recursos y la adaptación de los territorios.

Martes, 14 de julio de 2026
Resumen ejecutivo. La gestión ambiental está avanzando desde proyectos aislados hacia modelos territoriales que combinan ciencia, financiación, participación comunitaria y seguimiento mediante datos. Sin embargo, la velocidad de restauración y adaptación todavía es inferior al ritmo de degradación climática y ecológica. Las iniciativas más sólidas comparten cuatro características: trabajan a escala de paisaje o cuenca; establecen indicadores verificables; reconocen los derechos y conocimientos locales; y conectan la conservación con beneficios económicos duraderos. La tendencia de fondo consiste en pasar de la protección reactiva a una gestión preventiva de los sistemas naturales.
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01 · Restauración ecológica

Recuperar funciones, no solo cobertura vegetal

La restauración está dejando atrás el enfoque limitado de sembrar plantas sin seguimiento posterior. Los programas más avanzados evalúan la recuperación del suelo, la conectividad entre hábitats, la infiltración de agua, la diversidad de especies y la capacidad del ecosistema para resistir sequías o incendios. También aumenta el interés por restaurar manglares, turberas, praderas marinas y humedales, debido a su valor combinado para la biodiversidad, el almacenamiento de carbono y la protección de comunidades.

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02 · Reforestación

Más diversidad y menos monocultivos vulnerables

La reforestación eficaz está incorporando mezclas de especies nativas, planificación hídrica y selección genética adaptada a condiciones futuras. Plantar árboles continúa siendo importante, pero los resultados dependen de la supervivencia a largo plazo y de evitar especies inadecuadas para el territorio. También se reconoce que sabanas, pastizales y otros ecosistemas abiertos no deben convertirse automáticamente en bosques, porque poseen biodiversidad propia y funciones ecológicas específicas.

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03 · Biodiversidad

La conservación entra en la planificación económica

Gobiernos, empresas e instituciones financieras están aumentando el uso de métricas relacionadas con pérdida de hábitat, integridad ecológica y dependencia de servicios naturales. El objetivo internacional de conservar al menos el 30 % de las tierras y océanos para 2030 impulsa nuevas áreas protegidas, aunque la calidad de la gestión será tan importante como la superficie declarada. Crece, además, la atención sobre polinizadores, corredores migratorios y biodiversidad de agua dulce.

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04 · Agua y recursos hídricos

La cuenca se convierte en la unidad decisiva

La seguridad hídrica se aborda cada vez más mediante gestión integrada de cuencas, reutilización, reducción de pérdidas urbanas, recarga de acuíferos y protección de cabeceras. Las infraestructuras grises siguen siendo necesarias, pero se combinan con humedales, llanuras de inundación y soluciones basadas en la naturaleza. El desafío central será distribuir el agua de manera transparente entre consumo humano, agricultura, industria y necesidades ecológicas bajo una variabilidad climática creciente.

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05 · Calidad del aire

La vigilancia incorpora satélites y sensores locales

Las redes de medición tradicionales están siendo complementadas por satélites, sensores urbanos de menor costo y modelos capaces de identificar focos de contaminación. La información en tiempo casi real permite relacionar partículas finas, ozono, incendios y tormentas de polvo con riesgos sanitarios concretos. La tendencia más relevante es integrar las políticas de aire limpio con transporte, energía, planificación urbana y prevención de incendios, en lugar de tratarlas como un problema sectorial independiente.

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06 · Adaptación climática

De los planes generales a inversiones verificables

La adaptación está evolucionando hacia proyectos con responsables, presupuestos e indicadores de reducción del riesgo. Ciudades y regiones están ampliando zonas de sombra, corredores verdes, refugios climáticos, drenajes sostenibles y sistemas de alerta temprana. En áreas rurales, la prioridad incluye almacenamiento de agua, variedades resistentes, seguros climáticos y recuperación de suelos. La principal brecha continúa siendo financiera, especialmente en países altamente expuestos y con menor capacidad institucional.

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07 · Energía limpia

La transición se desplaza hacia redes y almacenamiento

La expansión solar y eólica está aumentando la importancia de redes eléctricas flexibles, almacenamiento, interconexiones y gestión de la demanda. La discusión ya no se centra únicamente en instalar capacidad renovable, sino en garantizar que esa energía pueda integrarse de forma estable y con bajo impacto territorial. La planificación ambiental temprana resulta esencial para evitar conflictos con rutas de aves, ecosistemas frágiles, comunidades y áreas de elevada biodiversidad.

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08 · Conservación de ecosistemas

La conectividad gana importancia estratégica

Las áreas protegidas aisladas pueden perder eficacia cuando el clima obliga a las especies a desplazarse. Por eso aumentan los corredores ecológicos, las redes transfronterizas y los acuerdos de conservación en paisajes productivos. También se fortalece el reconocimiento del papel de pueblos indígenas y comunidades locales, cuyas formas de gestión han mantenido amplias superficies de bosque, sabana y zonas costeras con altos valores ecológicos.

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09 · Economía ambiental

El riesgo natural comienza a reflejarse en las cuentas

La degradación de ecosistemas está siendo considerada como un riesgo económico que afecta alimentos, agua, seguros, infraestructura y estabilidad social. Avanzan la contabilidad del capital natural, los mercados de servicios ecosistémicos y los mecanismos de financiación combinada. No obstante, persiste el riesgo de asignar valor solo a aquello que puede monetizarse. Las mejores políticas combinan instrumentos económicos con límites ecológicos, regulación pública y salvaguardas sociales verificables.

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10 · Seguimiento y transparencia

Observar resultados será tan importante como prometerlos

Satélites, inventarios de biodiversidad, plataformas abiertas y sensores ambientales permiten comprobar cambios en cobertura forestal, humedad del suelo, calidad del agua y emisiones. Esta capacidad reduce la dependencia de declaraciones voluntarias y mejora la rendición de cuentas. La tendencia futura será combinar observación remota con verificación de campo, porque ninguna fuente por sí sola puede describir completamente la complejidad ecológica de un territorio.

Tendencia destacada de julio: ciencia integrada para decisiones territoriales

La Conferencia Global de la Década Internacional de las Ciencias para el Desarrollo Sostenible, convocada por UNESCO del 15 al 17 de julio de 2026, refleja una transformación institucional más amplia: clima, agua, biodiversidad, océanos, inteligencia artificial y conocimiento indígena ya no se consideran ámbitos separados. La prioridad es construir sistemas científicos capaces de convertir grandes volúmenes de información en decisiones públicas comprensibles, inclusivas y aplicables. Este enfoque será crucial para evitar que la acumulación de datos crezca más rápido que la capacidad de prevenir riesgos o restaurar ecosistemas.

Los datos satelitales muestran cómo la sequía cambia la recuperación de los incendios forestales en Occidente

El incendio Thomas de California de 2017 (en la imagen) se incluyó en un nuevo análisis de más de 1.500 incendios forestales que revela cómo la sequía y los incendios se combinan para afectar las tierras del oeste de EE. UU. Crédito: Servicio Forestal del USDA/Stuart Palley

Un nuevo estudio que utiliza datos satelitales de la NASA revela cómo la sequía afecta la recuperación de los ecosistemas occidentales del fuego, un resultado que podría proporcionar información significativa para los esfuerzos de conservación.


por Emily DeMarco, NASA


Occidente ha sido testigo de una tendencia al aumento del número y la intensidad de los incendios forestales. Históricamente una parte natural de la ecología de la región, los incendios se han visto exacerbados por el cambio climático (incluidas sequías más frecuentes e intensas) y los esfuerzos anteriores para extinguir los incendios, que pueden conducir a la acumulación de material combustible como ramas y hojas caídas. Pero cuantificar cómo el fuego y la sequía afectan conjuntamente a los ecosistemas ha resultado difícil.

En el nuevo estudio, los investigadores analizaron más de 1.500 incendios de 2014 a 2020 en todo el oeste y también recopilaron datos sobre las condiciones de sequía que se remontan a 1984. Descubrieron que las sequías dificultan las cosas para los pastizales y matorrales, como los de Nevada y Utah. para recuperarse después de los incendios, incluso los menos graves. Los bosques, si no se queman demasiado, se recuperan mejor que los pastizales y matorrales porque algunas raíces de los bosques pueden acceder al agua a mayor profundidad. El equipo informó sus hallazgos en Nature Ecology & Evolution .

«Muchos de los pastizales de Occidente experimentan incendios de baja gravedad», dijo Shahryar Ahmad, autor principal del estudio e investigador científico en el Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA en Greenbelt, Maryland. «Este estudio muestra que incluso esos incendios pueden desencadenar una lenta recuperación en estos ecosistemas si van acompañados de una sequía previa».

Si los ecosistemas no tienen tiempo suficiente para recuperarse antes de otra sequía o incendio, eso podría provocar cambios permanentes en los tipos de plantas que crecen allí. Esto, a su vez, puede aumentar el riesgo de erosión del suelo y deslizamientos de tierra, y alterar los patrones habituales de escurrimiento del agua hacia arroyos y lagos.

«Una vez contenido el incendio, es cuando se realizan los esfuerzos de remediación», dijo Everett Hinkley, director del programa nacional de teledetección del Servicio Forestal de Estados Unidos, que no participó en la nueva investigación. «Comprender cómo responderá un ecosistema particular y un tipo de cobertura terrestre después del incendio informa qué acciones se deben tomar para restaurar el paisaje».

Sin dicha restauración, los cambios en la cobertura del suelo pueden afectar potencialmente la agricultura, el turismo y otros medios de vida comunitarios. Para rastrear la recuperación de los diferentes ecosistemas, los investigadores examinaron los cambios en la evapotranspiración (ET), la transferencia de agua a la atmósfera a través de la evaporación del suelo y el agua abierta y la transpiración de las plantas, antes y después de los incendios. El monitoreo de la evapotranspiración ayudó al equipo a identificar si diferentes ecosistemas, como bosques y pastizales, se recuperaron por completo después de un incendio, o si la recuperación se retrasó o se interrumpió.

Esos datos de evapotranspiración provienen de OpenET, una herramienta que calcula la evapotranspiración a escala de un cuarto de acre en el oeste de Estados Unidos. Lo hace utilizando modelos que aprovechan los datos disponibles públicamente del programa Landsat, una asociación entre la NASA y el Servicio Geológico de Estados Unidos, junto con otros satélites de la NASA y la NOAA.

«Este estudio destaca el control dominante de la sequía sobre la alteración de la resiliencia de la vegetación a los incendios en Occidente», dijo Erin Urquhart, directora del programa de recursos hídricos en la sede de la NASA en Washington. «Con el cambio climático actual , es imperativo que los administradores de tierras, los formuladores de políticas y las comunidades trabajen juntos, informados por dicha investigación, para adaptarse a estos cambios, mitigar los riesgos y garantizar el uso sostenible del agua y otros recursos naturales».

La investigación también mostró que los bosques, pastizales y matorrales luchan por recuperarse de las sequías que ocurren casi al mismo tiempo que los incendios de alta gravedad, que se están volviendo más comunes en Occidente. Esto puede conducir a cambios potencialmente duraderos no sólo en las comunidades vegetales sino también en la dinámica hídrica local y regional.

Los investigadores descubrieron que los incendios graves dañan las plantas hasta tal punto que la evapotranspiración se reduce considerablemente en los años siguientes. Entonces, en lugar de evaporarse a la atmósfera, más agua se hunde en el suelo a medida que se recarga o se convierte en escorrentía.

Utilizando un subconjunto de casi 800 incendios ocurridos entre 2016 y 2018, los investigadores calcularon que en todas las ecorregiones del estudio, un promedio de alrededor de 528 mil millones de galones (dos kilómetros cúbicos) de agua se desvió como escorrentía o recarga durante el primer año después de un incendio. fuego . Eso equivale a la demanda anual de agua de Dakota del Norte, o una cuarta parte del lago Shasta, el lago artificial más grande de California.

Cuando se escurre más agua, significa que podría haber menos disponible para la recuperación de los ecosistemas o la agricultura. A medida que el clima de la Tierra continúa calentándose, comprender estos cambios es crucial para desarrollar estrategias para gestionar los recursos hídricos de manera más efectiva y garantizar la seguridad hídrica para las generaciones futuras.

Más información: Shahryar K. Ahmad et al, Las sequías impiden la recuperación del balance hídrico de los incendios en el oeste de Estados Unidos, Nature Ecology & Evolution (2024). DOI: 10.1038/s41559-023-02266-8