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Panorama Planetario · 8 de agosto de 2026

El calor, la sequedad y unos océanos persistentemente cálidos dominan la señal global

El sistema Tierra mantiene un balance térmico elevado. La combinación de calor continental, humedad oceánica disponible, vegetación seca y concentraciones crecientes de gases de efecto invernadero favorece impactos simultáneos: incendios, estrés hídrico, noches cálidas y episodios de precipitación intensa. No todas las regiones responden igual, pero la señal común es una mayor presión sobre agua, salud, ecosistemas e infraestructuras.

🌡️ Temperatura global

Calor excepcional sobre continentes y mares

Europa central y oriental atraviesa un episodio de calor muy intenso, con récords nacionales y temperaturas superiores a 40 °C en varios territorios. El calentamiento no se limita a las máximas diurnas: las noches persistentemente cálidas reducen la recuperación fisiológica y prolongan la demanda de refrigeración. A escala planetaria, la temperatura continúa claramente por encima de los valores preindustriales.

Señal: presión térmica alta
🌊 Océanos

Gran reserva de calor disponible

Las aguas superficiales permanecen anormalmente cálidas en numerosas cuencas. Este exceso térmico intensifica olas de calor marinas, altera hábitats y puede proporcionar más humedad y energía a sistemas tropicales. El último balance mensual completo de NOAA situó la temperatura oceánica global de junio en el valor más alto registrado para ese mes, señal de una inercia térmica todavía considerable.

Impacto: costas y ecosistemas marinos
☁️ CO₂ atmosférico

La curva de fondo continúa ascendiendo

La media semanal preliminar de Mauna Loa correspondiente a la semana iniciada el 26 de julio fue de 429,00 ppm, frente a 426,74 ppm un año antes. La medición diaria disponible para el 2 de agosto alcanzó 428,47 ppm. Las variaciones estacionales modifican el valor de corto plazo, pero no alteran la tendencia estructural de acumulación atmosférica.

429,00 ppm · referencia semanal
🧊 Hielo polar

Temporada crítica de deshielo en el Ártico

El hielo marino ártico avanza por su fase estacional de contracción, cuando la radiación, el océano y los patrones atmosféricos pueden acelerar la pérdida de superficie. El último boletín mensual consolidado de Copernicus clasificó junio como el sexto valor más bajo de la serie para el Ártico. En la Antártida también persisten déficits regionales, especialmente sensibles a la circulación oceánica y atmosférica.

Vigilancia satelital diaria
🔥 Incendios

Combustibles secos y meteorología adversa

La ola de calor europea coincide con vegetación desecada, humedad baja y episodios de viento capaces de facilitar igniciones y propagación rápida. Más allá de Europa, los bosques boreales y templados continúan bajo observación. La prioridad operativa no se reduce a combatir llamas: incluye prevención, franjas naturales, restauración de humedales y reducción del material combustible alrededor de comunidades.

Riesgo: elevado en zonas cálidas y secas
🏜️ Sequías

Ríos bajos y competencia por el agua

La escasez de lluvia y la evaporación acelerada presionan caudales, suelos agrícolas, reservas urbanas y sistemas energéticos que dependen del agua para refrigeración o transporte. En Europa, niveles fluviales reducidos ya afectan actividades económicas. En partes del Caribe y otras zonas vulnerables, las restricciones muestran cómo una anomalía meteorológica termina convirtiéndose en problema territorial y social.

Prioridad: gestión integrada de cuencas
🌀 Tormentas y extremos

Océanos cálidos elevan el potencial de intensificación

Los ciclones tropicales requieren seguimiento continuo porque pueden cambiar rápidamente cuando encuentran aguas muy cálidas, baja cizalladura y una atmósfera húmeda. Al mismo tiempo, las tormentas continentales pueden descargar lluvia intensa sobre suelos secos o urbanizados, elevando el riesgo de inundaciones repentinas. El peligro depende tanto del fenómeno como de la exposición y la capacidad de respuesta local.

Clave: alertas tempranas verificadas
🌍 Señal planetaria destacada

Los extremos empiezan a interferir entre sistemas

El rasgo más relevante no es un récord aislado, sino la conexión entre calor, agua, energía, navegación, agricultura y salud. Un río con poco caudal puede restringir transporte y generación eléctrica; un suelo seco puede agravar un incendio; una noche cálida puede elevar la mortalidad. La adaptación necesita considerar estas dependencias y evitar respuestas sectoriales desconectadas.

Lectura: riesgo compuesto
🛰️ Perspectiva · próximos 7–14 días

Persistirá una vigilancia reforzada sobre calor, incendios, agua y ciclones

Durante la segunda y tercera semana de agosto será necesario observar la duración del calor europeo, la evolución de caudales y humedad del suelo, los focos activos detectados por satélite y cualquier reorganización de sistemas tropicales. Los pronósticos locales pueden cambiar con rapidez, por lo que las decisiones de protección deben basarse en servicios meteorológicos y organismos de emergencia de cada país. La señal de fondo favorece impactos acumulativos allí donde el calor y la sequedad llevan varias semanas, mientras que regiones próximas a aguas cálidas pueden afrontar lluvias torrenciales o actividad ciclónica. La preparación más eficaz combina avisos tempranos, protección de población vulnerable, gestión preventiva del fuego y seguimiento de embalses, ríos y costas.

Nota de observación: los valores atmosféricos más recientes son preliminares y algunas variables planetarias se consolidan con retraso. Este panel del 8 de agosto de 2026 resume señales verificables sin sustituir los avisos meteorológicos, hidrológicos o de protección civil.
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Rumbo al océano Atlántico para estudiar el impacto del cambio climático en la circulación oceánica


La UB lidera la campaña oceanográfica MORIA 2, destinada a estudiar los cambios en una corriente atlántica que es determinante en el clima global.



Barcelona, 16 de junio de 2026. Es cada vez más urgente estudiar los impactos del cambio climático en el sistema oceánico global. Las proyecciones futuras indican cambios relevantes en el sistema de corrientes del Mediterráneo y del Atlántico que podrían tener consecuencias climáticas impredecibles, especialmente en una de las corrientes oceánicas más determinantes en el clima global: la circulación de vuelco meridional del Atlántico (AMOC, por el inglés Atlantic meridional overturning circulation). Este sistema oceánico altamente sensible, que está dando señales de debilitamiento, podría llegar a colapsar en un futuro por el impacto del cambio climático y el deshielo de los polos, con efectos en la regulación oceánica global y el clima difíciles de prever.

Estudiar los cambios que podrían hacer colapsar la AMOC es el objetivo de la nueva campaña oceanográfica MORIA 2, liderada por la Universidad de Barcelona. Del 22 de junio al 7 de julio, estudiará la circulación de las aguas de salida del Mediterráneo —en inglés, Mediterranean outflow water o MOW— y su impacto en la corriente oceánica atlántica. Estas masas de agua que salen del mar Mediterráneo son una corriente constante y potente de masas de agua cálidas y más salinas, y se desplazan desde el estrecho de Gibraltar hasta latitudes más elevadas en el océano Atlántico.

AMOC: ¿una corriente en peligro de colapsar?

A bordo del barco Odón de Buen, la expedición navegará desde el puerto de Vigo hasta Reikiavik (Islandia) para estudiar el comportamiento de la AMOC en el margen europeo atlántico. Esta campaña es la continuación de MORIA 1, que se desplegó en 2025 a bordo del buque oceanográfico Sarmiento de Gamboa y que permitió cubrir con éxito el golfo de Vizcaya y el margen peninsular ibérico.

El proyecto MORIA está dirigido por los investigadores Leopoldo Pena e Isabel Cacho, con la participación destacada de los expertos Jaime Frigola y Galderic Lastras, todos miembros del Grupo de Investigación en Geociencias Marinas (Gmar) de la Facultad de Ciencias de la Tierra de la UB.

«MORIA 2 retoma la expedición exactamente donde MORIA 1 no pudo llegar por razones meteorológicas: el margen de Irlanda, las aguas alrededor del Reino Unido y Dinamarca, hasta llegar a Islandia. Esa continuidad es fundamental para obtener una visión completa del recorrido de las aguas mediterráneas a través de todo el margen europeo atlántico», explican Leopoldo Pena y Jaime Frigola, del Departamento de Dinámica de la Tierra y del Océano de la UB, responsables de la nueva campaña.

«Los resultados preliminares de MORIA 1 revelaron sorpresas científicas relevantes, especialmente en las principales rutas de exportación del agua mediterránea hacia latitudes más altas. Estos hallazgos preliminares refuerzan la importancia de completar la campaña y plantean nuevas preguntas que MORIA 2 podrá abordar», detallan los expertos.

De izquierda a derecha, Leopoldo Pena y Jaime Frigola, responsables de la nueva campaña ocenográfica MORIA 2.

Otras instituciones que forman parte del proyecto y la campaña son el Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC), el Instituto Español de Oceanografía de Vigo (IEO-CSIC), la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, el Instituto de Investigación Marinas (IIM-CSIC), el Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra (IACT) y el Colegio Universitario de Cork (Irlanda).

De los análisis geoquímicos a la reconstrucción del paleoclima

Durante la expedición, los expertos caracterizarán con precisión las aguas mediterráneas —con trazadores geoquímicos, parámetros fisicoquímicos, etc.— en su trayecto hacia el norte, a fin de estudiar el posible impacto de los cambios en la MOW sobre la AMOC. También está previsto recuperar muestras de sedimento de los fondos oceánicos para reconstruir la variabilidad de la MOW en el pasado reciente y estudiar el posible impacto de los cambios en esta masa de agua sobre la AMOC.

Los equipamientos del Laboratorio de Isótopos Radiogénicos y Ambientales (LIRA), ubicado en la Facultad de Ciencias de la Tierra, serán decisivos para analizar y reconstruir las propiedades químicas de las muestras obtenidas y cuantificar la cantidad de masas de agua del Mediterráneo exportadas hacia latitudes más septentrionales.

El proyecto MORIA (2023-2027) se enmarca en la acción estratégica 5 —«Clima, energía y movilidad»— del Plan Estatal de Investigación Científica, Técnica y de Innovación 2021-2023, una iniciativa que impulsa la investigación sobre los impactos del cambio climático. Se solicitó en el marco de la convocatoria de 2022 de los Proyectos de Generación de Conocimiento, del entonces Ministerio de Ciencia e Innovación.