Un estudio de campo en Terranova y Labrador encontró escasa evidencia de que el rocío del Atlántico fuera una fuente importante de químicos persistentes depositados sobre las costas analizadas
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Javier Morales O.
Investigadores de la Universidad de York encontraron poca evidencia de que los aerosoles generados por el oleaje del océano Atlántico transportaran cantidades importantes de sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas hacia cuatro áreas costeras de Terranova y Labrador, en Canadá. El resultado contradijo la hipótesis inicial del equipo, que esperaba detectar una contribución clara del rocío marino debido al viento y la proximidad de los lugares estudiados al océano.
El trabajo, publicado en la revista Environmental Science: Processes & Impacts, analizó la deposición atmosférica de PFAS, conocidos como “químicos eternos” por su elevada persistencia. Sus conclusiones aportan datos obtenidos directamente en el terreno a un debate hasta ahora sustentado, en buena medida, por experimentos de laboratorio y modelos sobre la capacidad del mar para devolver estos compuestos a la atmósfera.
Cuatro lugares costeros sometidos a la influencia del Atlántico
El equipo examinó cuatro cuencas forestales distribuidas a lo largo del Transecto Latitudinal del Ecosistema Boreal de Terranova y Labrador. Los sitios se encontraban a distancias de hasta 30 kilómetros de la costa oriental y estaban expuestos a partículas marinas producidas cuando las olas rompen y liberan pequeñas gotas hacia el aire.
Los científicos recolectaron tanto deposición húmeda como seca. La primera comprendía los contaminantes transportados por la lluvia y otras precipitaciones, mientras que la segunda incluía partículas y gases que se asentaban sobre las superficies durante periodos sin lluvia.
La ubicación ofrecía condiciones apropiadas para comprobar la hipótesis. Terranova y Labrador poseen costas ventosas y una intensa influencia oceánica, por lo que los investigadores anticipaban una señal detectable de PFAS asociada con el aerosol marino.
Cora Young, química atmosférica y autora principal sénior, explicó que el estudio fue diseñado específicamente para determinar si el rocío del mar movilizaba nuevamente estos contaminantes en las regiones costeras. Sin embargo, los análisis no mostraron el patrón esperado.
La firma química no señaló al rocío marino como fuente dominante
Los investigadores compararon la presencia de diferentes PFAS con indicadores químicos utilizados para reconocer la influencia de la sal y los aerosoles del océano. Si el oleaje hubiera sido una fuente principal, las concentraciones y los perfiles de estos compuestos deberían haber mostrado una relación consistente con la señal marina.
La evidencia obtenida no respaldó esa explicación para los lugares estudiados. Los patrones observados apuntaron a mecanismos más complejos, entre ellos la transformación atmosférica de sustancias precursoras y la deposición directa de gases y partículas procedentes de otras fuentes.
El estudio identificó que, para determinados ácidos perfluoroalquílicos, la deposición seca podía constituir una vía relevante de llegada al territorio. También encontró indicios de que varios ácidos perfluorocarboxílicos se formaban en la atmósfera mediante la oxidación de compuestos precursores antes de depositarse.
Estos procesos ayudan a explicar por qué los contaminantes persistentes pueden alcanzar entornos alejados de fábricas o grandes núcleos urbanos. Un análisis anterior sobre la huella química humana en el océano Ártico mostró igualmente que las sustancias persistentes pueden recorrer grandes distancias mediante las corrientes oceánicas y atmosféricas.
El resultado difiere de investigaciones anteriores
Estudios internacionales previos habían demostrado que determinados PFAS presentes en el agua de mar pueden concentrarse en las diminutas gotas expulsadas por las burbujas y las olas. Algunos experimentos y modelos plantearon que este mecanismo podría devolver a la atmósfera cantidades considerables de contaminantes acumulados durante décadas en los océanos.
El equipo de York esperaba confirmar ese proceso en una región abierta al Atlántico. Daniel Persaud, estudiante de doctorado y autor principal del trabajo, participó en la recolección y evaluación de las muestras junto con Young y especialistas de otras instituciones canadienses.
La diferencia entre los resultados no significa necesariamente que las investigaciones anteriores sean incorrectas. La transferencia de PFAS desde el agua hacia el aire puede depender de las concentraciones presentes en cada zona marina, la composición del agua, las condiciones del oleaje, los vientos, la distancia a la costa y las características químicas de cada compuesto.
Los experimentos de laboratorio permiten aislar mecanismos concretos, mientras que los estudios de campo incorporan simultáneamente múltiples variables ambientales. Los nuevos datos muestran que una ruta físicamente posible no tiene por qué dominar la contaminación en todas las costas.
El hallazgo no elimina el riesgo ambiental de los PFAS
Los resultados deben interpretarse dentro de su alcance geográfico. El estudio evaluó cuatro cuencas forestales de Terranova y Labrador y no permite concluir que el rocío marino carezca de importancia en todas las regiones costeras del planeta.
Tampoco indica que estas sustancias hayan desaparecido del ambiente canadiense. Los PFAS comprenden una extensa familia de compuestos sintéticos empleados por su resistencia al agua, las grasas y el calor. La estabilidad de sus enlaces químicos dificulta su degradación y favorece su permanencia en el agua, el suelo, el aire y los organismos.
El transporte atmosférico continúa siendo una vía relevante. Por ejemplo, la detección de químicos eternos en el agua de lluvia de Miami evidenció que los PFAS pueden desplazarse y depositarse lejos de sus fuentes inmediatas, aunque los mecanismos y concentraciones varían entre territorios.
La nueva investigación delimita una ruta concreta: en los sitios examinados, el aerosol procedente directamente del Atlántico no apareció como el factor dominante que se había anticipado. Otras fuentes y procesos atmosféricos necesitan, por tanto, una atención equivalente.
Las fuentes terrestres y los precursores requieren más vigilancia
La ausencia de una señal marina intensa obliga a examinar con mayor detalle el transporte continental. Los movimientos de las masas de aire pueden llevar contaminantes desde regiones industrializadas, mientras algunos precursores volátiles se transforman químicamente durante el recorrido y producen PFAS persistentes que posteriormente caen con la lluvia o se depositan en seco.
Esta combinación dificulta asignar el origen de una muestra a una única actividad. Dos lugares con concentraciones similares pueden haber recibido los compuestos por rutas distintas, lo que afecta las decisiones sobre regulación, monitoreo y reducción de emisiones.
Los autores sostienen que se necesitan más observaciones directas en diferentes ambientes costeros para determinar cuándo el rocío marino actúa como una fuente relevante y cuándo predominan el transporte atmosférico de larga distancia, la transformación de precursores o las emisiones locales.
La investigación contó con la participación de especialistas de la Universidad de York, Recursos Naturales de Canadá, la Universidad Memorial de Terranova y Medio Ambiente y Cambio Climático de Canadá. El muestreo en una extensa franja latitudinal permitió estudiar regiones boreales poco representadas en las redes convencionales de vigilancia de contaminantes atmosféricos.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Environmental Science: Processes & Impacts




