El evento solar de noviembre de 2025 alteró la ionosfera sobre Estados Unidos y extendió perturbaciones de las señales satelitales por regiones de latitud media consideradas relativamente estables
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz
La supertormenta geomagnética iniciada el 11 de noviembre de 2025 provocó errores horizontales de posicionamiento superiores a 10 metros en amplias zonas de Estados Unidos, según una investigación publicada en Geophysical Research Letters. Las perturbaciones afectaron durante horas las señales de los sistemas globales de navegación por satélite en regiones donde nunca se había documentado un fenómeno de esta extensión.
El estudio, encabezado por Endawoke Yizengaw, científico de The Aerospace Corporation, reconstruyó cómo la actividad auroral avanzó hacia latitudes medias y generó irregularidades en la ionosfera. Estas estructuras dispersaron las ondas de radio utilizadas por el GPS y otros sistemas GNSS, reduciendo la precisión necesaria para la agricultura, el transporte autónomo y otras actividades dependientes de la navegación satelital.
La actividad solar desencadenó una tormenta extrema
El episodio comenzó después de que llamaradas solares y eyecciones de masa coronal procedentes de una región activa del Sol enviaran energía y partículas cargadas hacia la Tierra. Al interactuar con el campo magnético terrestre, ese material produjo una tormenta geomagnética severa y empujó las auroras mucho más al sur de sus posiciones habituales.
Durante la fase principal, desarrollada el 12 de noviembre, el índice Kp alcanzó el nivel 9, el valor máximo de la escala utilizada para describir la perturbación geomagnética global. El índice Dst, otro indicador de la intensidad de estas tormentas, descendió hasta aproximadamente −240 nanoteslas.
Las auroras llegaron a observarse hasta el centro de Florida. Aunque estas luces constituyeron la expresión más visible del fenómeno, la modificación de la ionosfera produjo consecuencias tecnológicas menos evidentes. Este comportamiento coincide con los riesgos descritos ante la llegada de tormentas solares capaces de afectar satélites, comunicaciones y redes eléctricas.
Una franja de plasma se extendió de costa a costa
La ionosfera es una región de la alta atmósfera que contiene electrones e iones capaces de modificar la propagación de las ondas de radio. Bajo condiciones normales, las latitudes medias de Estados Unidos presentan una estabilidad suficiente para que las alteraciones intensas de amplitud sean poco frecuentes.
La supertormenta cambió ese patrón. Una franja alargada de intensa luminosidad auroral se desplazó hacia el ecuador y generó un amplio corredor con fuertes gradientes en la densidad electrónica. La estructura se extendió aproximadamente entre los 60 y 120 grados de longitud oeste, abarcando buena parte del territorio continental estadounidense.
En los bordes de esa concentración de plasma se formaron irregularidades de pequeña escala. Al atravesarlas, las señales transmitidas por los satélites experimentaron variaciones rápidas en su intensidad, un proceso conocido como centelleo ionosférico de amplitud.
Los científicos registraron valores del índice S4 superiores a 0,5, indicativos de un centelleo pronunciado. A diferencia de las fluctuaciones de fase observadas con mayor frecuencia durante tormentas geomagnéticas, una perturbación intensa de amplitud distribuida casi de costa a costa no había sido reportada previamente en las latitudes medias del país.
Las señales GPS perdieron precisión durante horas
El equipo utilizó datos de receptores GNSS de la red UNAVCO, mediciones del contenido total de electrones y observaciones de cámaras terrestres del proyecto THEMIS. La combinación permitió comparar la localización de las auroras, los gradientes de plasma y los errores de posicionamiento.
Los resultados mostraron una correspondencia espacial entre el avance auroral, las irregularidades ionosféricas y la degradación de las señales de radiofrecuencia. Los errores horizontales superaron los 10 metros en algunas áreas y las interferencias se mantuvieron durante varias horas.
Un receptor de navegación calcula su ubicación a partir del tiempo que tardan en llegar las señales de varios satélites. Las variaciones inesperadas en la densidad electrónica modifican el recorrido y las características de esas ondas, introduciendo errores que resultan especialmente importantes cuando una actividad requiere precisión centimétrica.
La investigación amplía el contexto científico sobre la interacción de las tormentas solares con la atmósfera terrestre, aunque sus resultados se concentran específicamente en la ionosfera y las aplicaciones de radiofrecuencia, no en cambios del clima meteorológico.
La agricultura de precisión estuvo entre los sectores expuestos
Las tecnologías GNSS orientan tractores, sembradoras, cosechadoras y equipos de aplicación de insumos. En estos sistemas, un desplazamiento de varios metros puede provocar solapamientos, dejar franjas sin trabajar o impedir que una máquina siga correctamente una ruta programada.
El evento ocurrió en noviembre, fuera del periodo de máxima actividad para muchos cultivos de Estados Unidos. Los investigadores señalaron que, si una perturbación semejante hubiera coincidido con las labores agrícolas principales, podría haber causado pérdidas importantes. El estudio no calculó daños económicos reales derivados de la tormenta.
Los vehículos autónomos y otras plataformas de transporte también dependen de una localización exacta. Aunque suelen combinar el GNSS con cámaras, radares y sensores inerciales, una degradación repentina de la señal satelital puede reducir la fiabilidad del conjunto, especialmente cuando el sistema no anticipa que las latitudes medias atravesarán condiciones ionosféricas anómalas.
La sincronización satelital interviene además en telecomunicaciones, transacciones financieras, redes energéticas, cartografía y operaciones de emergencia. La magnitud de los efectos varía según el equipo utilizado, las correcciones disponibles y la capacidad de cada sistema para detectar señales degradadas.
El seguimiento del clima espacial debe incluir las latitudes medias
La investigación demuestra que las perturbaciones asociadas normalmente con las regiones aurorales pueden desplazarse hasta zonas densamente pobladas y tecnológicamente dependientes del GNSS. Esta expansión obliga a reconsiderar los límites geográficos empleados para evaluar los riesgos del clima espacial.
Los autores sostienen que una mejor predicción requiere observaciones coordinadas desde tierra y desde satélites, además de modelos físicos capaces de representar el movimiento de las auroras, la precipitación de partículas y la formación de irregularidades en el plasma.
Los resultados también respaldan el desarrollo de alertas dirigidas a operadores agrícolas, empresas de transporte y administradores de infraestructuras críticas. Con una advertencia suficientemente temprana, estos sectores pueden aplazar tareas de alta precisión, reforzar los sistemas alternativos de navegación o aumentar la vigilancia sobre los datos recibidos.
Además de Yizengaw, participaron Wajid Younas, Yukitoshi Nishimura, Christine Gabrielse, Theodore Beach, Anthea Coster, Rinto Pradipta y Keith Groves, vinculados a instituciones como la Universidad de Boston, Boston College y el Observatorio Haystack del Instituto Tecnológico de Massachusetts.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Geophysical Research Letters




