Una imagen del satélite Landsat 9, captada el 27 de septiembre de 2026, muestra cómo la materia orgánica procedente de bosques y humedales se mezcla con sedimentos fluviales en las bahías de Rupert y Hannah, al sur de la bahía de James.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Karem Díaz S.
Una nueva observación satelital de la NASA ha permitido distinguir los procesos naturales que producen las llamativas aguas marrones de las bahías de Rupert y Hannah, situadas en el extremo meridional de la bahía de James, en Canadá. La imagen, obtenida el 27 de septiembre de 2026 por el satélite Landsat 9 y difundida por el Observatorio de la Tierra de la agencia espacial estadounidense el 6 de octubre, muestra cómo confluyen aguas fluviales cargadas de materia orgánica y extensas plumas de sedimentos suspendidos.
La escena revela una combinación de tonalidades que van desde el marrón oscuro hasta el beige claro, contrastando con las aguas azuladas de la bahía de James. Aunque estos colores podrían confundirse con señales de contaminación, la NASA explica que responden principalmente a procesos naturales relacionados con la descomposición de vegetación, el transporte fluvial de materiales y la dinámica de las mareas.
Los protagonistas de este fenómeno son los ríos Moose, Nottaway y Harricanaw, cuyas aguas atraviesan extensos bosques boreales, turberas y humedales del norte de Quebec y Ontario antes de alcanzar las zonas costeras.
La observación constituye un ejemplo de cómo las imágenes satelitales permiten identificar procesos ambientales que conectan los ecosistemas terrestres con los sistemas acuáticos y las regiones costeras.
Tres grandes ríos transportan materia orgánica hacia la bahía de James
Las bahías de Rupert y Hannah forman parte del extremo sur de la bahía de James, una amplia entrada marina vinculada con la bahía de Hudson, en el este de Canadá.
Esta región recibe aportes de numerosos ríos que drenan paisajes dominados por bosques boreales, lagos, pantanos y extensas superficies de turba.
Durante su recorrido, las aguas fluviales incorporan sustancias liberadas por la vegetación y los suelos. Entre ellas se encuentran compuestos orgánicos procedentes de hojas, raíces, cortezas y otros materiales vegetales en descomposición.
Una parte de estas sustancias permanece disuelta en el agua y puede desplazarse grandes distancias sin depositarse inmediatamente en el fondo.
Cuando los ríos alcanzan las bahías, transportan esa materia orgánica hacia un ambiente donde interactúan con el agua marina, los sedimentos costeros y las corrientes de marea.
La imagen de Landsat 9 permite reconocer esta interacción mediante las diferencias de color entre las masas de agua.
Según la NASA, las tonalidades marrones observadas a finales de septiembre reflejan tanto el contenido de materia orgánica disuelta como la presencia de partículas minerales suspendidas.
Por qué el agua adquiere una coloración semejante al té
Uno de los componentes responsables del color oscuro es la materia orgánica disuelta coloreada, conocida científicamente por sus siglas en inglés CDOM.
Este conjunto de sustancias incluye compuestos derivados de la descomposición de plantas y otros materiales orgánicos presentes en los suelos y humedales.
Entre sus componentes se encuentran sustancias relacionadas con taninos y ligninas, compuestos vegetales que pueden incorporarse al agua mediante la escorrentía y los procesos de descomposición.
La materia orgánica disuelta coloreada absorbe determinadas longitudes de onda de la radiación solar, especialmente en las regiones azul y ultravioleta del espectro electromagnético.
Como consecuencia, el agua puede adquirir tonalidades amarillentas o marrones cuando se observa bajo determinadas condiciones de iluminación.
El fenómeno es comparable, desde el punto de vista óptico, al cambio de color que experimenta el agua cuando se prepara una infusión de té.
Sin embargo, la intensidad de la coloración depende de la concentración y composición de las sustancias presentes, así como de otros materiales suspendidos.
La presencia de materia orgánica disuelta es habitual en numerosos sistemas acuáticos naturales y no constituye por sí misma una prueba de contaminación.
Investigaciones sobre los cambios de color de los lagos han mostrado que las propiedades ópticas del agua pueden aportar información sobre procesos físicos, biológicos y químicos, aunque para determinar sus causas es necesario considerar diferentes factores ambientales.
Los sedimentos producen las plumas de color marrón claro
La imagen también muestra extensas zonas de agua de tonalidad marrón clara, especialmente cerca de las áreas costeras poco profundas.
Estas superficies responden a un mecanismo diferente del que produce el oscurecimiento asociado con la materia orgánica disuelta.
En este caso, el color se relaciona con partículas minerales que permanecen temporalmente suspendidas en el agua.
Los ríos transportan sedimentos procedentes de la erosión de suelos, orillas y materiales geológicos de sus cuencas.
Cuando las corrientes alcanzan zonas de menor velocidad, parte de esos materiales se deposita y contribuye a formar bancos de lodo y extensas planicies intermareales.
Sin embargo, los sedimentos no permanecen necesariamente inmóviles después de depositarse.
Las mareas y las corrientes pueden removerlos y devolver las partículas más finas a la columna de agua.
Esta resuspensión genera plumas de sedimentos que se extienden sobre las bahías y modifican su apariencia desde el espacio.
El resultado es una mezcla de aguas fluviales oscuras, partículas minerales claras y masas de agua marina con propiedades ópticas diferentes.
Las mareas modifican continuamente el paisaje costero
Las bahías de Rupert y Hannah presentan amplias superficies costeras de escasa profundidad.
La NASA señala que la batimetría de esta región, caracterizada por fondos poco profundos y pendientes suaves, favorece la formación de extensas planicies de lodo.
En estos ambientes, pequeñas variaciones del nivel del agua pueden dejar expuestas grandes superficies durante la bajamar y volver a cubrirlas cuando sube la marea.
El movimiento periódico del agua también redistribuye los sedimentos y modifica la extensión de las plumas visibles.
Por esta razón, la apariencia de una bahía puede cambiar considerablemente entre diferentes momentos de observación.
Las condiciones meteorológicas, los caudales fluviales y la intensidad de las corrientes también intervienen en la distribución de las partículas.
La fotografía del 27 de septiembre representa, por tanto, una situación concreta de un sistema costero dinámico, no una configuración permanente de las aguas.
Para determinar cómo varía el fenómeno a lo largo de las estaciones sería necesario comparar observaciones repetidas y complementarlas con mediciones de campo.
El terreno canadiense todavía se eleva tras la última glaciación
Otro proceso destacado por la NASA es el levantamiento posglacial del terreno.
Durante la última glaciación, grandes masas de hielo cubrieron extensas regiones de América del Norte y ejercieron una enorme presión sobre la corteza terrestre.
El peso acumulado provocó una deformación gradual de los materiales situados bajo la superficie.
Cuando las capas de hielo retrocedieron, esa carga disminuyó y la corteza comenzó a recuperar parte de su posición anterior.
Este proceso, denominado ajuste isostático glacial o rebote posglacial, continúa desarrollándose en determinadas regiones del hemisferio norte.
En las tierras bajas próximas a la bahía de James, el levantamiento progresivo del terreno contribuye a transformar la relación entre las superficies emergidas y el nivel del mar.
La elevación del paisaje interactúa con la acumulación de sedimentos transportados por los ríos, favoreciendo la evolución de las planicies costeras.
El fenómeno demuestra que los efectos geológicos de las antiguas glaciaciones pueden continuar mucho después de la desaparición de las grandes masas de hielo que los originaron.
No obstante, la fotografía de Landsat 9 no mide directamente la velocidad del levantamiento. La NASA incorpora este proceso como parte de la explicación geológica del paisaje observado.
Los humedales boreales influyen en la composición del agua
Los humedales y las turberas de Quebec y Ontario desempeñan un papel importante en el transporte de materia orgánica hacia los sistemas fluviales.
Estos ecosistemas acumulan restos vegetales bajo condiciones de elevada humedad que pueden ralentizar su descomposición.
Con el tiempo, parte de esos materiales se incorpora a los suelos y otra fracción puede movilizarse mediante el agua.
Las sustancias orgánicas que llegan a los ríos participan en diferentes procesos biogeoquímicos y contribuyen al transporte de carbono desde los ecosistemas terrestres hacia los ambientes acuáticos.
La importancia de los humedales canadienses va más allá de la coloración de los ríos. También constituyen reservas de carbono y hábitats para numerosas especies.
En Canadá, investigaciones recientes han examinado cómo las alteraciones físicas de las turberas boreales modifican sus emisiones de metano, poniendo de manifiesto la sensibilidad de estos ecosistemas frente a determinadas perturbaciones.
Sin embargo, el transporte natural de materia orgánica hacia las bahías de Rupert y Hannah no debe confundirse con las emisiones de gases de efecto invernadero medidas en otros humedales.
Se trata de procesos relacionados con el ciclo del carbono, pero sus mecanismos y consecuencias son diferentes.
La materia orgánica disuelta conecta los bosques con el océano
El recorrido del carbono orgánico desde los suelos hasta las aguas costeras constituye una de las conexiones fundamentales entre los ecosistemas terrestres y marinos.
Cuando las precipitaciones y la escorrentía movilizan sustancias orgánicas, estas pueden incorporarse a arroyos, lagos y ríos.
Durante el transporte, una parte del carbono puede ser utilizada por microorganismos, otra puede transformarse químicamente y una fracción puede continuar desplazándose aguas abajo.
El destino de estos materiales depende de factores como la temperatura, la disponibilidad de oxígeno, la exposición a la luz y el tiempo de permanencia del agua en cada ambiente.
Un estudio realizado en Suecia mostró que la presencia de lagos modifica el recorrido del carbono en las redes acuáticas, alterando la proporción que permanece en el sistema, se libera a la atmósfera o continúa hacia otros cuerpos de agua.
En las bahías canadienses observadas por Landsat 9, la NASA documenta visualmente la llegada de materia orgánica disuelta y sedimentos a un ambiente costero.
La imagen no permite determinar por sí sola cuánto carbono se transportó ni qué proporción terminó almacenada, transformada o liberada.
Para responder esas preguntas serían necesarias mediciones químicas, hidrológicas y biológicas adicionales.
Los colores también reflejan diferencias en la vegetación
La fotografía satelital no solamente muestra contrastes entre las aguas de las bahías.
En las zonas terrestres aparecen patrones verdes ramificados que siguen la distribución de determinados canales y áreas húmedas.
La NASA considera que estas diferencias probablemente están relacionadas con variaciones en la humedad del terreno y en la cobertura vegetal.
Las áreas próximas a los cauces pueden presentar una vegetación forestal más densa, mientras que las turberas con drenaje deficiente suelen mantener una cobertura arbórea menos extensa.
Desde el espacio, estas diferencias generan patrones que recuerdan a una red de venas extendida sobre el paisaje.
La distribución de la vegetación depende de múltiples factores, entre ellos la profundidad del agua, las características del suelo, la disponibilidad de nutrientes y la historia de las perturbaciones ambientales.
Por tanto, la observación orbital permite identificar contrastes espaciales, pero no establecer por sí sola todos los mecanismos responsables de su formación.
La combinación de imágenes satelitales y estudios ecológicos resulta especialmente útil para investigar regiones boreales de difícil acceso terrestre.
La observación de Landsat 9 y sus posibilidades científicas
La imagen fue captada mediante el instrumento Operational Land Imager 2, conocido como OLI-2, instalado en el satélite Landsat 9.
Esta misión, desarrollada conjuntamente por la NASA y el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), proporciona observaciones de la superficie terrestre en diferentes bandas del espectro electromagnético.
Los sensores permiten registrar información sobre vegetación, suelos, agua y otros componentes del paisaje.
En ambientes acuáticos, las diferencias de reflectancia pueden ayudar a distinguir masas de agua con propiedades ópticas contrastantes.
Los sedimentos suspendidos y la materia orgánica disuelta influyen en la cantidad y distribución de la luz reflejada o absorbida.
Sin embargo, la identificación visual de estas sustancias no equivale a una medición química directa.
La concentración precisa de cada componente requiere métodos específicos de análisis y calibración.
El valor de la imagen difundida en octubre reside en mostrar, a escala regional, la interacción de procesos que serían difíciles de apreciar simultáneamente desde la superficie.
Una región marcada por la historia natural y cultural
La NASA también destaca que las aguas marrones de esta región están relacionadas con una historia cultural profundamente vinculada al paisaje boreal.
En la lengua cree oriental meridional existe el término pahtaaunaakun, asociado con una tonalidad semejante al color de un castor chamuscado.
La referencia resulta especialmente significativa en una región donde los castores han tenido importancia ecológica, cultural y económica durante siglos.
Los pueblos cree mantienen una relación histórica con los bosques, ríos y humedales de esta parte de Canadá.
La bahía de Rupert también fue escenario de actividades vinculadas al comercio de pieles desde el siglo XVII.
La presencia del castor en la historia local refleja la importancia de una especie capaz de modificar los ambientes acuáticos mediante la construcción de presas y la transformación de pequeños cursos de agua.
Estos antecedentes no explican directamente las plumas de sedimentos fotografiadas en septiembre, pero ayudan a comprender la relación prolongada entre las comunidades humanas y los ecosistemas de la región.
Qué puede concluirse de la imagen difundida por la NASA
La observación de septiembre de 2026 documenta un fenómeno natural de mezcla de aguas fluviales, materia orgánica disuelta y sedimentos en el extremo sur de la bahía de James.
Las tonalidades marrones oscuras se relacionan principalmente con sustancias orgánicas procedentes de la vegetación y los suelos de las cuencas hidrográficas.
Las plumas más claras corresponden a partículas minerales suspendidas que pueden ser transportadas por los ríos o removidas por las mareas y las corrientes costeras.
La configuración del paisaje también está condicionada por las características poco profundas de las bahías y por el levantamiento posglacial que continúa modificando el territorio.
Es importante precisar que la NASA no presenta esta observación como un nuevo descubrimiento de contaminación, un episodio excepcional de deterioro ambiental ni una prueba de cambios recientes en la calidad del agua.
La imagen muestra procesos naturales conocidos mediante una observación actual y detallada.
Tampoco permite afirmar que las concentraciones de materia orgánica o sedimentos hayan aumentado respecto de años anteriores sin una comparación cuantitativa adecuada.
Su interés científico y ambiental reside en mostrar cómo interactúan los bosques boreales, los humedales, las redes fluviales, los sedimentos y las mareas en un mismo sistema costero.
La fotografía de Landsat 9 permite apreciar esa conexión a escala regional y recuerda que el color de las aguas naturales puede reflejar procesos ecológicos y geológicos complejos, sin que una tonalidad oscura represente necesariamente una señal de contaminación.
Fuente referencial:
NASA Earth Observatory — The Beaver Brown Waters of Rupert Bay, 6 de octubre de 2026




