Una revisión internacional propone abandonar la visión de intervenciones uniformes a escala planetaria y adaptar la eliminación marina de CO₂ a ciudades, industrias y comunidades costeras, con controles ambientales y verificación específicos para cada lugar
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Eduardo Schmitz
La mejora de la alcalinidad oceánica podría resultar más viable como una herramienta climática adaptada a necesidades locales que como una intervención de geoingeniería desplegada de manera uniforme en todos los océanos. Esa es la propuesta de un grupo internacional de científicos que revisó el estado de esta tecnología emergente y plantea un cambio sustancial en la manera de investigarla, regularla y eventualmente aplicarla.
El análisis, publicado el 6 de octubre de 2026 en Nature Reviews Earth & Environment, está liderado por Lennart T. Bach, biogeoquímico marino del Institute for Marine and Antarctic Studies de la University of Tasmania, en Australia. Los investigadores sostienen que las diferentes formas de aumentar la alcalinidad del agua podrían integrarse en contextos costeros específicos para compensar emisiones locales, siempre que demuestren un balance climático favorable, riesgos ambientales aceptables y respaldo social.
El planteamiento modifica el enfoque que dominó las primeras discusiones sobre esta tecnología. La mejora de la alcalinidad oceánica fue presentada inicialmente como una posible vía para retirar gigatoneladas de dióxido de carbono de la atmósfera. El nuevo trabajo considera que esa visión global puede ocultar obstáculos fundamentales relacionados con la distribución de los materiales, las características de cada costa, la química de los sedimentos, la medición del carbono retirado y la aceptación de las comunidades.
La tecnología ya había sido analizada desde una perspectiva de eficiencia física: investigaciones previas mostraron que las corrientes, el lugar de aplicación y la velocidad de mezcla determinan cuánto CO₂ puede capturar la mejora de la alcalinidad oceánica. La nueva revisión amplía ese marco y propone que esas diferencias regionales sean consideradas una característica central del sistema, no simplemente una dificultad que deba eliminarse al intentar escalarlo.
La química permite almacenar carbono principalmente como bicarbonato
El agua de mar posee alcalinidad natural debido, entre otros procesos, a los productos de la meteorización de las rocas que llegan al océano. Esa propiedad química influye en la cantidad de dióxido de carbono que el agua puede absorber y conservar.
La mejora de la alcalinidad oceánica, conocida como OAE por sus siglas en inglés, intenta acelerar ese mecanismo mediante la incorporación de sustancias alcalinas o mediante procesos electroquímicos. El cambio químico transforma una mayor proporción del carbono disuelto en bicarbonato y carbonato y reduce la presión parcial de CO₂ del agua superficial.
Al generarse un desequilibrio entre el mar y la atmósfera, el agua puede incorporar dióxido de carbono adicional. El bicarbonato resultante es químicamente estable y puede permanecer en el océano durante periodos muy prolongados.
El mecanismo también puede contrarrestar localmente parte de la acidificación causada por la absorción de CO₂ atmosférico. Sin embargo, elevar la alcalinidad deliberadamente no equivale simplemente a neutralizar un ácido: cada método introduce materiales, energía, infraestructuras y posibles efectos secundarios que deben contabilizarse.
Los procesos naturales del fondo marino son importantes en este contexto. Investigaciones anteriores han mostrado que los sedimentos producen alcalinidad mediante reacciones biogeoquímicas que pueden ser alteradas por actividades como la pesca de arrastre y el dragado. La nueva revisión señala precisamente que las interacciones con los sedimentos deben incorporarse a las evaluaciones de proyectos costeros.
Un aumento global cercano al 2 % muestra el potencial y el desafío
Los autores utilizan una estimación para ilustrar la enorme capacidad química del océano. En teoría, aumentar alrededor de un 2 % la alcalinidad media del océano proporcionaría capacidad suficiente para almacenar una cantidad de carbono comparable a aproximadamente 2,66 billones de toneladas de CO₂ emitidas por la humanidad desde la Revolución Industrial.
Pero esa cifra representa capacidad química teórica, no una propuesta práctica para retirar de la atmósfera todo ese carbono. El principal obstáculo consiste en cómo producir, transportar y distribuir semejante cantidad de alcalinidad de forma ambientalmente responsable y lograr que las aguas tratadas permanezcan en contacto con la atmósfera durante el tiempo necesario para absorber CO₂.
Los primeros modelos de escala global tendían a analizar la alcalinidad después de que esta hubiera sido distribuida y diluida en grandes regiones oceánicas. Según los investigadores, ese enfoque puede pasar por alto precisamente la etapa más difícil: lo que ocurre cerca del punto donde una sustancia alcalina concentrada entra realmente en el medio marino.
En esa zona pueden producirse cambios transitorios del pH, partículas suspendidas, aportes de nutrientes o metales traza y otras perturbaciones cuya magnitud depende del material y del método seleccionado.
Las ciudades podrían conectar la alcalinidad con sus aguas residuales
La propuesta de los investigadores es sustituir la búsqueda de una única solución global por una cartera de aplicaciones adaptadas a diferentes contextos. Una ciudad costera, por ejemplo, podría analizar si la alcalinidad obtenida de determinados silicatos puede integrarse con su sistema de tratamiento y vertido de aguas residuales.
Esta posibilidad no es únicamente conceptual. Un estudio anterior calculó que tratar aguas residuales con minerales alcalinos antes de descargarlas al océano podría aumentar su capacidad de eliminación y almacenamiento de CO₂. La utilización de infraestructuras ya existentes podría reducir algunas necesidades de transporte y distribución, aunque cada emplazamiento requeriría una evaluación propia.
Los autores ofrecen también el ejemplo de regiones con parques eólicos que producen temporalmente más electricidad de la que puede absorber la red. Parte de ese excedente podría emplearse en sistemas electroquímicos destinados a generar alcalinidad, en lugar de desconectar aerogeneradores durante periodos de exceso de producción.
Estas aplicaciones no tendrían necesariamente que alcanzar escalas de gigatoneladas para tener utilidad. Podrían contribuir a objetivos de emisiones netas de municipios, puertos, instalaciones industriales o regiones costeras, siempre que la cantidad de CO₂ retirada pueda medirse y que las emisiones producidas durante todo el proceso sean inferiores al carbono almacenado.
El material añadido puede importar más que el bicarbonato resultante
La revisión distingue entre el almacenamiento final del carbono como bicarbonato y los efectos asociados con la forma concreta de producir ese resultado. La evidencia disponible indica que un incremento del bicarbonato dentro de rangos plausibles no constituye por sí mismo el principal riesgo ecológico identificado.
Las mayores preocupaciones aparecen en los efectos colaterales del procedimiento. Algunos minerales pueden contener metales traza; determinados métodos pueden elevar temporalmente mucho el pH; la adición de partículas puede aumentar la turbidez; y las reacciones químicas pueden modificar nutrientes o provocar la formación de minerales secundarios.
Una aplicación excesiva también puede desencadenar precipitación de carbonato cálcico. Esa reacción consume alcalinidad y puede reducir la eficiencia de eliminación de CO₂, lo que significa que añadir más material no produce necesariamente una captura proporcionalmente mayor.
La necesidad de analizar el ecosistema completo es particularmente importante porque la química marina condiciona organismos fundamentales para el ciclo del carbono. Se ha documentado, por ejemplo, que la acidificación puede reducir la producción primaria de determinados grupos de fitoplancton eucariota en aguas tropicales y subtropicales.
Los sedimentos costeros pueden cambiar la eficacia del proyecto
Una parte importante de las aplicaciones reales probablemente se desarrollaría cerca de las costas, donde existen puertos, plantas de tratamiento, industrias e infraestructura energética. Pero esos ambientes presentan una química considerablemente más compleja que una masa de agua oceánica idealizada.
Los sedimentos intercambian continuamente sustancias con el agua situada sobre ellos. La alcalinidad incorporada artificialmente puede reaccionar con minerales, favorecer nuevas precipitaciones o interactuar con procesos microbianos antes de producir toda la absorción atmosférica de CO₂ prevista.
Estudios sobre el funcionamiento natural del fondo oceánico han mostrado que el agua intersticial y las reacciones entre minerales, materia orgánica y microorganismos pueden generar alcalinidad y modificar la capacidad del mar para absorber carbono.
Por ello, los autores de la nueva revisión consideran que los modelos destinados a evaluar proyectos reales necesitan una resolución suficiente para representar corrientes locales, intercambio con sedimentos, reacciones químicas y dispersión desde el punto de liberación.
Demostrar el CO₂ retirado será una de las mayores dificultades
Una intervención climática solo puede considerarse eficaz si es posible determinar cuánto dióxido de carbono adicional fue retirado de la atmósfera como consecuencia del proyecto. Esta verificación resulta particularmente difícil en el océano porque el carbono y la alcalinidad se desplazan con las corrientes y se mezclan con una enorme variabilidad natural.
El seguimiento tendrá que distinguir la señal producida por una intervención de los cambios normales en temperatura, salinidad, actividad biológica, intercambio de gases y circulación marina. Los investigadores proponen combinar observaciones específicas del emplazamiento con modelos de alta resolución y estimaciones transparentes de incertidumbre.
La cuestión ya ocupa un lugar central en la evaluación de las tecnologías marinas de eliminación de carbono. las Academias Nacionales de Estados Unidos han advertido que la captura marina de CO₂ necesita sistemas sólidos de monitoreo, reporte y verificación antes de una expansión comercial.
El balance deberá incluir además las emisiones generadas fuera del agua. Extraer y triturar minerales, transportar materiales, producir reactivos químicos o utilizar electricidad puede generar CO₂. Un proyecto solo produciría una eliminación neta si el carbono atmosférico retirado supera esas emisiones durante todo su ciclo de vida.
La expansión dependería de muchas iniciativas locales
En lugar de construir una única infraestructura destinada a modificar la química del océano a escala planetaria, la revisión plantea que la expansión podría producirse mediante numerosas aplicaciones diferentes adoptadas desde abajo hacia arriba.
Ese modelo permitiría seleccionar materiales y procedimientos según las características ambientales y económicas de cada región. También evitaría asumir que una técnica eficaz en una costa será automáticamente adecuada en otra con diferente circulación, biodiversidad, geología o infraestructura.
Los investigadores condicionan esa expansión a tres requisitos centrales: los proyectos deben ser ambientalmente responsables, demostrar que realmente producen una eliminación neta de carbono y conseguir confianza pública.
Este último componente convierte la gobernanza en una parte de la tecnología. Las comunidades costeras, pueblos indígenas, sectores pesqueros, autoridades ambientales y otros usuarios del mar pueden recibir tanto los posibles beneficios como los riesgos de una intervención, por lo que la revisión propone procesos de diseño y regulación adaptados a cada contexto.
La alcalinidad no sustituye la reducción de emisiones
El nuevo enfoque tampoco presenta la mejora de la alcalinidad como alternativa a reducir el uso de combustibles fósiles. La eliminación de dióxido de carbono intenta gestionar parte del CO₂ que permanece en la atmósfera, mientras la mitigación de emisiones evita que nuevas cantidades lleguen a ella.
Esta distinción es importante porque el océano ya absorbe naturalmente una fracción considerable del carbono antropogénico. Mediciones recientes han llevado a revisar al alza algunas estimaciones de ese sumidero, y la capacidad del océano para retirar CO₂ atmosférico está acompañada por cambios químicos y acidificación.
Los autores tampoco sostienen que la alcalinidad oceánica esté preparada para un despliegue masivo. Persisten incertidumbres sobre los materiales, los efectos ecológicos locales, las interacciones con sedimentos, la eficiencia real, la contabilidad del carbono, los costes y la regulación.
La principal propuesta es más limitada: abandonar la expectativa de encontrar una intervención homogénea capaz de resolver por sí sola una fracción enorme del problema climático y estudiar la alcalinidad como una herramienta adaptable a lugares concretos. Bajo ese modelo, su contribución global surgiría de la suma de proyectos locales que puedan demostrar, individualmente, que capturan más carbono del que emiten y que pueden operar sin trasladar riesgos desproporcionados a los ecosistemas y comunidades costeras.
Fuentes referenciales:
Nature Reviews Earth & Environment — Rethinking ocean alkalinity enhancement
Institute for Marine and Antarctic Studies — Boosting seawater alkalinity could help communities tackle local carbon emissions




