El mayor análisis global realizado hasta ahora reúne 423 estudios y más de 220.000 datos y concluye que numerosos servicios ecosistémicos siguen mejorando a medida que aumenta la diversidad biológica
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Karem Díaz S.
La idea de que los ecosistemas contienen suficientes especies capaces de sustituirse entre sí cuando algunas desaparecen podría haber sido sobreestimada. Un análisis global dirigido por investigadores del Imperial College London y King’s College London, en Reino Unido, encontró que la biodiversidad sostiene de manera directa numerosas funciones y servicios de los ecosistemas y que, en muchos casos, sus beneficios continúan aumentando incluso en comunidades con niveles elevados de diversidad.
El estudio, publicado el 6 de octubre de 2026 en Nature Ecology & Evolution, sintetizó 423 investigaciones y reunió 222.829 puntos de datos procedentes de ecosistemas terrestres, de agua dulce, marinos y estuarinos. La base resultante es más de dos veces mayor que la utilizada en la síntesis global precedente, lo que permitió comparar de forma estandarizada cómo la diversidad biológica se relaciona con procesos que incluyen almacenamiento de carbono, polinización, calidad del agua, producción de alimentos y regulación natural de organismos perjudiciales.
Los resultados cuestionan una interpretación extendida en ecología: que muchos ecosistemas poseen una elevada redundancia funcional y, por tanto, pueden perder varias especies antes de que sus funciones comiencen a deteriorarse. Los investigadores encontraron que, para numerosos servicios, cada incremento de biodiversidad sigue asociado con beneficios adicionales.
El hallazgo amplía el significado práctico de conservar comunidades biológicas completas. Estudios regionales ya habían mostrado que proteger bosques amazónicos intactos frente a incendios y tala selectiva conserva simultáneamente biodiversidad y carbono. El nuevo análisis intenta determinar si relaciones de este tipo pueden identificarse de forma consistente entre ecosistemas y funciones muy diferentes.
Más de 1.900 conjuntos de datos permitieron comparar las funciones
Los autores realizaron una búsqueda sistemática de la literatura científica y construyeron una base global sobre las relaciones entre biodiversidad, funcionamiento ecológico y servicios ecosistémicos. El análisis de efectos incluyó 1.959 conjuntos de datos, mientras que la base completa incorporó información procedente de cientos de estudios experimentales y observacionales.
Los ecosistemas terrestres fueron los más representados, con 1.759 conjuntos de datos, frente a 183 de agua dulce, 153 marinos y 23 estuarinos. Los investigadores advierten que esta distribución desigual constituye una limitación importante: algunos de los patrones detectados en ambientes marinos o acuáticos podrían modificarse a medida que aumente la evidencia disponible.
El equipo estudió 23 categorías de funciones y servicios. En nueve de ellas, la relación entre biodiversidad y funcionamiento se describió mejor mediante modelos lineales, mientras once mostraron relaciones cuadráticas y solo dos siguieron principalmente modelos logarítmicos.
Una relación lineal implica que el beneficio continúa aumentando a medida que se incorporan especies o grupos funcionales, sin alcanzar rápidamente una meseta. Esto contradice la hipótesis de que, después de cierto nivel de diversidad, nuevas especies apenas añadirían capacidad funcional al ecosistema.
Polinización y calidad del agua dependen de comunidades diversas
Entre los servicios reguladores, la calidad del agua y la polinización mostraron habitualmente relaciones aproximadamente lineales con la biodiversidad. Según los autores, este patrón sugiere que diferentes componentes de una comunidad pueden aportar contribuciones adicionales en lugar de limitarse a desempeñar exactamente la misma función.
La relación no fue idéntica para todos los procesos. Algunas funciones alcanzaron niveles de saturación antes que otras y la regulación de peligros naturales mostró una dependencia comparativamente menor de la riqueza total de especies.
En esos casos pueden ser especialmente importantes unas pocas especies con características funcionales difíciles de reemplazar. Sin embargo, los investigadores advierten que esas especies tampoco existen de manera aislada: dependen de las redes ecológicas de las que forman parte.
La pérdida de biodiversidad también puede modificar los servicios cuando el cambio no implica simplemente la desaparición de especies nativas. En Europa, por ejemplo, se ha documentado que las especies invasoras pueden alterar la provisión de diferentes servicios ecosistémicos, desde la regulación ambiental hasta actividades culturales y productivas.
El carbono azul mostró una sensibilidad especialmente elevada
Uno de los resultados más destacados apareció en el océano. Entre las funciones analizadas, el secuestro marino de carbono mostró una de las asociaciones positivas más fuertes con la biodiversidad.
Los investigadores describen esta sensibilidad como particularmente relevante para las estrategias de carbono azul. La conservación de hábitats costeros y marinos suele evaluarse por la cantidad de carbono que pueden almacenar, pero el nuevo estudio indica que preservar únicamente la superficie de un ecosistema podría no ser suficiente si simultáneamente disminuye su diversidad biológica.
Los manglares ilustran la convergencia entre ambas dimensiones. Estos ecosistemas almacenan carbono en su biomasa y especialmente en sus sedimentos, mientras proporcionan hábitat a numerosas especies y protegen las costas. En Perú, un proyecto de restauración de los manglares de Tumbes integra precisamente recuperación de biodiversidad y almacenamiento de carbono azul.
La investigación global sugiere que las políticas climáticas basadas en la naturaleza deberían considerar explícitamente la diversidad de organismos que sostienen el funcionamiento del ecosistema y no limitar la evaluación al área protegida o a una estimación de carbono acumulado.
Conservar carbono y conservar especies no siempre son objetivos separables
La fuerte relación encontrada entre biodiversidad y secuestro de carbono apareció tanto en ambientes marinos como terrestres. Esto añade evidencia a la idea de que las políticas climáticas y las estrategias de conservación pueden perder eficacia cuando tratan ambos objetivos de forma independiente.
La degradación parcial de un ecosistema constituye un ejemplo. Un bosque puede permanecer visible en imágenes satelitales y, al mismo tiempo, perder especies, estructura y biomasa por incendios, tala selectiva o efectos de borde. Investigaciones recientes han mostrado que la degradación de los bosques tropicales puede provocar pérdidas importantes de carbono aun sin una deforestación completa.
La misma cautela se aplica a las intervenciones destinadas exclusivamente a aumentar la captura de CO₂. Las plantaciones homogéneas de árboles pueden almacenar carbono, pero no reproducen necesariamente la diversidad ni todas las funciones de un ecosistema natural. Por ello, especialistas han advertido que priorizar plantaciones destinadas a compensar carbono puede generar costos para la biodiversidad tropical cuando sustituyen estrategias de conservación de ecosistemas intactos.
La pérdida de especies podría reducir el control natural de plagas
Además de sintetizar estudios existentes, los investigadores desarrollaron un modelo exploratorio para estimar cómo futuros cambios de biodiversidad podrían modificar la regulación biológica de plagas, un servicio directamente relacionado con la producción de alimentos.
Para ello combinaron las relaciones observadas entre biodiversidad y servicios ecosistémicos con proyecciones de cambios en el uso del suelo y escenarios socioeconómicos. Los resultados indican que la pérdida futura de biodiversidad podría debilitar el control natural de organismos perjudiciales precisamente en algunas regiones donde crecerá la demanda de producción alimentaria.
Los autores presentan estas estimaciones como proyecciones y no como predicciones deterministas. El modelo utiliza cambios esperados en el Índice de Integridad de la Biodiversidad, pero no puede determinar exactamente qué especies desaparecerán en cada región.
Esta limitación importa porque las especies no son funcionalmente equivalentes. Si las más vulnerables cumplen funciones especialmente importantes, las consecuencias podrían ser diferentes de las estimadas a partir de cambios generales de biodiversidad.
La evidencia científica sigue concentrada en países desarrollados
El mapa de los estudios utilizados reveló otro problema: la investigación disponible está distribuida de manera desigual. Los países desarrollados y los ecosistemas terrestres concentran una parte considerable de los datos, mientras regiones de África y América del Sur y numerosos sistemas acuáticos permanecen comparativamente poco estudiados.
Esta brecha resulta relevante porque algunas de esas regiones albergan niveles extraordinarios de diversidad y experimentan simultáneamente cambios intensos en el uso del territorio. Ampliar las observaciones en ecosistemas tropicales, de agua dulce y marinos permitirá comprobar hasta qué punto los patrones globales identificados se mantienen a escalas regionales.
El análisis también muestra que los servicios ecosistémicos dependen de procesos que ocurren por encima y por debajo de la superficie. En los ecosistemas terrestres, por ejemplo, las comunidades microbianas del suelo intervienen directamente en el ciclo y almacenamiento del carbono, un componente de la biodiversidad que no siempre resulta visible en las estrategias de conservación.
La redundancia ecológica sería menor de lo que se suponía
Los autores no concluyen que todas las especies sean igualmente indispensables ni que la pérdida de una sola produzca automáticamente un colapso del ecosistema. Los datos muestran diferencias considerables entre funciones, ambientes y escalas de observación.
Lo que sí cuestiona la síntesis es la existencia generalizada de grandes cantidades de biodiversidad funcionalmente prescindible. En muchos de los gradientes analizados, los beneficios ecológicos continuaron aumentando hasta los niveles más altos de diversidad observados.
Esto significa que la saturación funcional, cuando existe, puede encontrarse a niveles de biodiversidad superiores a los asumidos en algunos enfoques de conservación. Las comunidades con mayor número de especies no serían simplemente versiones más diversas de sistemas que ya funcionan al máximo, sino que pueden ofrecer niveles adicionales de almacenamiento de carbono, polinización, producción y regulación ambiental.
El trabajo tampoco demuestra que aumentar artificialmente el número de especies produzca automáticamente esos beneficios en cualquier ecosistema. Se trata de una síntesis de relaciones obtenidas mediante diseños experimentales y observacionales muy distintos, con escalas que van desde pequeñas parcelas hasta áreas mucho mayores. Los autores señalan que serán necesarios experimentos comparables entre sistemas, métricas estandarizadas y mayor cobertura geográfica para precisar los mecanismos.
La base de datos y los modelos fueron publicados junto con el estudio, lo que permitirá evaluar nuevas hipótesis y actualizar las estimaciones conforme aparezcan más observaciones. La principal señal que emerge de los más de 220.000 datos reunidos es que la diversidad biológica no constituye únicamente un inventario de especies: forma parte del mecanismo mediante el cual los ecosistemas mantienen procesos de los que dependen el clima, el agua y la producción de alimentos.
Fuentes referenciales:
Nature Ecology & Evolution — Biodiversity safeguards ecosystem services and functions worldwide
King’s College London — Nature’s capacity to bounce back when species are lost vastly overestimated
Imperial College London — Biodiversity loss could threaten food security and climate protection




