Un estudio liderado por el GFZ Helmholtz Centre for Geosciences y la Universidad de Cambridge cuantificó cómo incendios, tala selectiva y efectos de borde reducen la biomasa aérea, y cómo los bosques degradados pueden recuperar carbono más rápido que las áreas totalmente deforestadas.
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz
Los bosques tropicales húmedos concentran alrededor del 70% de la biomasa viva global y cumplen un papel decisivo en el ciclo del carbono. Por esa razón, la deforestación, la degradación parcial de los árboles y la regeneración posterior de estos ecosistemas tienen consecuencias directas para el clima, los inventarios nacionales de emisiones y las estrategias internacionales de conservación.
Una investigación internacional liderada por la doctora Viola Heinrich, del GFZ Helmholtz Centre for Geosciences, en Potsdam, Alemania, y por la doctora Amelia Holcomb, de la Universidad de Cambridge, en Reino Unido, ofrece una de las evaluaciones más completas hasta ahora sobre pérdidas y ganancias de carbono después de perturbaciones en bosques tropicales húmedos.
El trabajo fue publicado en Science Advances y reunió datos de 146 estudios sobre bosques tropicales desde 1988. En total, participaron 41 autores de 34 instituciones, con el objetivo de construir una base armonizada para mejorar la representación de la degradación forestal y la regeneración en modelos de carbono y reportes climáticos.
Por qué la degradación forestal importa tanto como la deforestación
La deforestación a gran escala ha sido ampliamente estudiada, pero los impactos de la degradación forestal seguían siendo más inciertos. La degradación no implica necesariamente la eliminación completa del bosque, sino daños parciales provocados por tala selectiva, incendios bajo el dosel, sequías, caída de árboles por viento o efectos de borde en fragmentos forestales.
Estos procesos reducen la capacidad del bosque para actuar como sumidero de carbono y, al mismo tiempo, generan emisiones cuando la biomasa muerta se quema o se descompone. La investigación muestra que estos daños pueden ser lo suficientemente importantes como para alterar la contabilidad climática si no se registran de forma adecuada.
La incertidumbre sobre el carbono almacenado en los bosques ha sido una preocupación recurrente para la ciencia climática. En ese contexto, los avances en datos satelitales sobre carbono forestal han permitido distinguir mejor entre deforestación completa, degradación parcial y recuperación posterior.
Incendios, tala selectiva y bordes forestales
La nueva síntesis cuantificó las pérdidas inmediatas de carbono aéreo después de perturbaciones inducidas por actividades humanas. Los incendios forestales provocaron pérdidas promedio del 49% del carbono; la tala selectiva, del 34%; y los efectos de borde de los bosques, del 31%.
Los autores también observaron que perturbaciones más intensas y frecuentes aumentan significativamente la pérdida de carbono. Esto es relevante porque muchas áreas tropicales no experimentan un solo daño aislado, sino una combinación de incendios, fragmentación, tala parcial, sequía y presión humana repetida.
El hallazgo se suma a estudios previos que han mostrado cómo la tala a pequeña escala en selvas tropicales también puede tener un peso importante en la pérdida de carbono, incluso cuando no se percibe como una deforestación masiva.
Los bosques degradados no están perdidos
Uno de los resultados más relevantes del estudio es que los bosques degradados que conservan parte de su estructura recuperan carbono con mayor rapidez que las áreas completamente despejadas. Después de 20 años de regeneración, los bosques degradados en recuperación acumularon más carbono aéreo que los bosques secundarios que crecieron tras una deforestación total.
Los stocks de carbono fueron más altos en bosques degradados en recuperación, con rangos de 41% a 117%, que en bosques secundarios regenerados después de una tala completa, donde el rango fue de 1% a 74%. La diferencia sugiere que mantener estructura, suelos, fuentes de semillas y conectividad ecológica mejora la capacidad de recuperación del ecosistema.
Amelia Holcomb explicó que la degradación forestal ocurre en un espectro y que un bosque degradado no debe considerarse automáticamente perdido. Reducir la intensidad y frecuencia de las perturbaciones ayuda a conservar la integridad estructural que estos ecosistemas necesitan para recuperarse.
Una base para mejorar la contabilidad climática
El estudio busca aportar valores más consistentes para la contabilidad de carbono en reportes nacionales e internacionales. Viola Heinrich señaló que una estimación precisa de pérdidas y ganancias es importante para inventarios nacionales de gases de efecto invernadero, niveles de referencia de emisiones forestales y procesos vinculados al Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático.
Hasta ahora, las pérdidas de carbono por deforestación tropical se habían documentado mejor que las pérdidas asociadas a degradación. Por eso, muchos modelos y reportes nacionales incluían la regeneración con distintos niveles de detalle, mientras que la degradación se informaba de manera inconsistente o incluso quedaba fuera de la contabilidad.
Marieke Sandker, de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, no participó en la investigación, pero destacó que los valores del estudio pueden combinarse con inventarios forestales nacionales para obtener factores de emisión por degradación. Esa información podría cubrir una brecha frecuente en los reportes y abrir oportunidades para financiamiento climático.
REDD+, biodiversidad y políticas forestales
Los autores señalan que la base de datos y el metaanálisis pueden ayudar a mejorar modelos de carbono, inventarios de gases de efecto invernadero y reportes ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Nigeria ya utilizó la base para estimar emisiones por degradación forestal en su presentación FREL de 2026.
El estudio llega en un momento en que los gobiernos buscan estimaciones más precisas de emisiones y absorciones forestales para cumplir metas de mitigación climática, aplicar marcos de conservación como REDD+ y proteger la biodiversidad. Los bosques como reguladores del clima no solo almacenan carbono: también sostienen hábitats, agua, suelos y conectividad ecológica.
Luiz Aragão, del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, afirmó que las pérdidas y ganancias de carbono por degradación y recuperación están ahora mejor caracterizadas. Esa base de evidencia puede respaldar medidas para detener la degradación forestal y fomentar la recuperación como parte de los esfuerzos globales de mitigación climática.
Satélites, parcelas de campo y fotografías aéreas
La investigación también refleja un cambio metodológico. Desde alrededor de 2015, los avances en sensores remotos satelitales, combinados con parcelas de campo y fotografías aéreas, han permitido diferenciar con mayor precisión la deforestación, la degradación y las trayectorias de recuperación.
Este enfoque resulta clave porque muchos bosques tropicales sufren daños que no siempre se detectan con mediciones simples de cobertura forestal. Un bosque puede seguir apareciendo como “bosque” en un mapa, pero haber perdido altura, biomasa, árboles grandes o capacidad de almacenamiento de carbono.
La medición de biomasa forestal también avanza con nuevas herramientas espaciales. La misión de satélite de biomasa para contabilizar el carbono forestal de la Agencia Espacial Europea busca precisamente mejorar la comprensión del carbono almacenado en los bosques y sus cambios.
Qué cambia para la conservación tropical
El mensaje central del estudio es que la degradación debe incorporarse de manera más completa a la política forestal y climática. No basta con medir solo la desaparición total del bosque. También importa registrar incendios, tala selectiva, fragmentación, daños de borde y recuperación posterior.
La conservación de la estructura forestal aparece como una prioridad práctica. Un bosque dañado, pero todavía conectado y con parte de su composición original, puede recuperar carbono de forma más eficaz que una zona arrasada por completo. Esa diferencia tiene consecuencias para restauración, financiamiento climático y diseño de políticas públicas.
La investigación no reduce la importancia de detener la deforestación. Al contrario, muestra que evitar la eliminación total del bosque y disminuir la degradación son estrategias complementarias. En los trópicos, cada reducción en la intensidad de las perturbaciones puede ayudar a conservar carbono, biodiversidad y capacidad de recuperación ecológica.
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