Un estudio en 31 tramos de carreteras rurales de Ontario encontró más abejas y moscas de las flores cuando se redujo la frecuencia de siega y los herbicidas se aplicaron de forma selectiva
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Eduardo Schmitz
Las franjas de vegetación que bordean las carreteras rurales pueden convertirse en hábitats significativamente mejores para los polinizadores con cambios relativamente modestos en su mantenimiento. Una investigación dirigida por la Universidad de Ottawa, en Canadá, encontró que las cunetas gestionadas con menos siegas y aplicaciones localizadas de herbicidas presentaron, en promedio, un 45 % más de polinizadores y una riqueza de especies un 23 % superior que aquellas sometidas a un mantenimiento más intensivo.
El trabajo, publicado en Insect Conservation and Diversity, aprovechó las diferentes políticas de mantenimiento aplicadas por jurisdicciones vecinas del este de Ontario. Durante dos temporadas de crecimiento, los científicos estudiaron 31 lugares y recolectaron 3.773 ejemplares pertenecientes a 153 especies de abejas y sírfidos, también conocidos como moscas de las flores.
Los resultados aportan evidencia de que espacios habitualmente gestionados por razones de seguridad vial pueden desempeñar también una función ecológica. La investigación no plantea abandonar el mantenimiento de las carreteras, sino determinar si su intensidad puede ajustarse sin comprometer la seguridad y, al mismo tiempo, conservar más recursos para los insectos.
Dos formas distintas de mantener las cunetas
El equipo utilizó lo que los autores describen como un experimento natural a escala de paisaje. Comparó carreteras rurales de Lanark County con otras situadas en Ottawa y United Counties of Leeds and Grenville, jurisdicciones geográficamente próximas pero con prácticas distintas de control de la vegetación.
En los lugares clasificados como de baja intensidad, la vegetación se segaba como máximo dos veces al año y las plantas invasoras se trataban individualmente con herbicida o se retiraban manualmente. En las zonas de mantenimiento convencional se realizaban entre dos y cuatro siegas anuales y periódicamente se aplicaban herbicidas sobre superficies más amplias.
Los 31 sitios fueron organizados en bloques geográficos para comparar tramos con características paisajísticas similares. Cada área de muestreo consistió en un transecto lineal de 70 metros de largo por dos metros de ancho, paralelo a la carretera y situado aproximadamente a tres metros de ella.
Este diseño resulta importante porque las carreteras atraviesan paisajes muy diferentes y esa variabilidad puede influir por sí misma en la presencia de insectos. Los investigadores seleccionaron sitios próximos dentro de cada bloque y procuraron que tuvieran coberturas del terreno circundante comparables.
Más de 3.700 insectos identificados durante dos años
Los muestreos se realizaron desde finales de mayo hasta octubre de 2023 y 2024. Cada sitio fue examinado repetidamente, con un total de 24 eventos de muestreo por lugar durante los dos años.
Los científicos capturaron 3.773 polinizadores: 1.646 ejemplares correspondientes a 100 especies de abejas y 2.127 individuos pertenecientes a 53 especies de sírfidos. Las identificaciones se realizaron mediante características morfológicas y, cuando fue necesario, se comprobaron utilizando códigos de barras de ADN y ejemplares de referencia de la Canadian National Collection of Insects, Arachnids and Nematodes.
Las cunetas con mantenimiento de baja intensidad registraron una abundancia media estimada de 68,5 polinizadores por sitio y año, frente a 47,3 en las áreas sometidas al mantenimiento convencional. Esa diferencia equivale aproximadamente a un 45 % más de individuos.
La riqueza total también fue superior. Los sitios manejados con menor intensidad presentaron aproximadamente un 23 % más de especies y promediaron 27 especies por lugar a lo largo del estudio, frente a 22 en las cunetas con mantenimiento más intensivo.
La siega elimina flores y posibles lugares de anidación
Las diferencias son coherentes con los efectos ecológicos que produce el manejo de la vegetación. Una siega frecuente elimina flores utilizadas como fuente de néctar y polen y puede retirar tallos y otras estructuras aprovechadas por determinadas abejas para construir sus nidos.
Los herbicidas, por su parte, pueden reducir la abundancia y diversidad de plantas con flores cuando se aplican de manera generalizada. En las áreas de baja intensidad estudiadas en Ontario, el control químico se dirigía específicamente a plantas invasoras, en lugar de tratar extensiones completas de vegetación.
La relación entre los contaminantes y los insectos puede manifestarse por mecanismos muy diferentes. Investigaciones anteriores han mostrado, por ejemplo, que la contaminación atmosférica puede degradar las señales químicas que utilizan los polinizadores para encontrar flores. El nuevo trabajo canadiense se concentra en otro factor: la transformación física y química del hábitat disponible en las márgenes de las carreteras.
La investigación tampoco implica que cualquier reducción de la siega produzca automáticamente el mismo resultado. La respuesta depende de la vegetación, las especies presentes, el paisaje circundante, el clima y las necesidades de mantenimiento de cada carretera.
El efecto estuvo impulsado en parte por especies comunes
Los autores introducen una cautela importante en la interpretación del aumento del 45 %. Cuando retiraron de los análisis algunas de las especies más abundantes, buena parte de la diferencia en el número total de individuos desapareció.
Entre esas especies dominantes estaban la abeja de la miel Apis mellifera, el abejorro Bombus impatiens y los sírfidos Sphaerophoria philanthus y Toxomerus marginatus. Esto indica que el incremento de abundancia estuvo impulsado en una proporción importante por unas pocas especies frecuentes y no necesariamente por una respuesta uniforme de toda la comunidad.
Los investigadores tampoco detectaron diferencias significativas en la composición general de las comunidades ni en su diversidad beta entre ambos tipos de mantenimiento. Las cunetas, independientemente del régimen aplicado, albergaron conjuntos de polinizadores relativamente similares.
El hallazgo distingue entre dos aspectos diferentes de la biodiversidad: una carretera puede albergar más individuos y más especies localmente sin que ello signifique necesariamente que aparezca una comunidad completamente distinta de insectos.
Las cunetas pueden funcionar como corredores ecológicos
Las márgenes de carreteras ocupan grandes superficies acumuladas y forman redes lineales que atraviesan paisajes agrícolas, rurales y urbanos. Cuando conservan vegetación adecuada, pueden ofrecer alimento y lugares de refugio, además de facilitar el desplazamiento de organismos entre otros hábitats.
Este papel como corredor resulta especialmente relevante en paisajes fragmentados. Una experiencia diferente desarrollada en Colombia mostró cómo la restauración de vegetación y el manejo de abejas pueden integrarse para recuperar conectividad y funciones ecológicas en territorios transformados por actividades productivas.
En las carreteras, sin embargo, existe una restricción adicional: la vegetación debe mantenerse bajo control para preservar la visibilidad y otras condiciones de seguridad. Incluso los sitios de baja intensidad del estudio canadiense continuaron siendo segados.
Jessica Forrest, profesora del Departamento de Biología de la Universidad de Ottawa e investigadora principal del proyecto, destacó que las medidas analizadas no requieren convertir las cunetas en espacios sin mantenimiento. La diferencia consistió principalmente en reducir ligeramente la frecuencia de corte y dirigir el herbicida únicamente hacia las plantas que necesitaban control.
Las abejas respondieron con mayor claridad al manejo
El efecto del mantenimiento fue más evidente en las abejas que en los sírfidos. Los investigadores plantearon inicialmente que algunas especies podrían resultar especialmente sensibles a la eliminación de tallos y vegetación leñosa utilizados para anidar, aunque los análisis mostraron una respuesta más compleja.
Algunas de las diferencias observadas estuvieron dominadas por especies comunes que no dependen precisamente de esos tallos para establecer sus nidos. Además, la intensidad de la respuesta cambió entre los dos años de estudio.
En 2024 hubo más polinizadores en términos generales y las diferencias entre tratamientos fueron menos pronunciadas para determinados grupos. Los autores señalan que ese verano fue más húmedo y plantean que un mayor crecimiento vegetal pudo amortiguar parte de los efectos negativos del mantenimiento intensivo.
Esta variabilidad recuerda que los insectos responden simultáneamente a numerosos factores ambientales. En otros ecosistemas se ha documentado, por ejemplo, que la sequía puede provocar fuertes descensos en las poblaciones urbanas de mariposas, mientras que la recuperación de la vegetación tras las lluvias puede favorecer nuevamente su abundancia.
Un cambio de mantenimiento sin necesidad de plantar
Una de las características prácticas del estudio es que el tratamiento de baja intensidad no dependía de crear desde cero praderas florales ni de realizar una restauración completa. Los beneficios detectados aparecieron simplemente bajo un régimen diferente de mantenimiento de la vegetación existente.
Los autores señalan que intervenciones más activas, como establecer plantas nativas con flores, podrían aportar beneficios adicionales, aunque requerirían recursos, planificación y seguimiento. La elección de especies también tendría que adaptarse a las condiciones ecológicas de cada territorio.
Experiencias en espacios urbanos muestran igualmente que pequeñas decisiones de diseño y mantenimiento pueden modificar las comunidades biológicas. Estudios sobre la planificación de espacios públicos para favorecer la biodiversidad han destacado que conservar lugares de anidación y recursos florales puede aumentar las oportunidades para las abejas y otros organismos incluso dentro de ambientes intensamente transformados.
El estudio no demuestra que todas las cunetas sean refugios seguros
Los investigadores advierten que todavía es necesario determinar hasta qué punto las márgenes de las carreteras funcionan como lugares donde las poblaciones pueden reproducirse y mantenerse a largo plazo o si algunos tramos actúan principalmente como espacios temporales de alimentación y desplazamiento.
Las carreteras introducen además otros riesgos, como tráfico, contaminación y fragmentación. Por ello, mejorar las cunetas no sustituye la protección y restauración de hábitats naturales de mayor calidad.
Las amenazas sobre los polinizadores tampoco se limitan al mantenimiento de la vegetación. Noticias de la Tierra ha documentado cómo la iluminación artificial puede alterar la actividad de los polinizadores nocturnos, otro ejemplo de cómo modificaciones aparentemente localizadas del entorno pueden repercutir en procesos ecológicos.
La aportación concreta del estudio de Ontario es demostrar, mediante comparaciones repetidas durante dos años, que las prácticas habituales de mantenimiento de carreteras pueden modificarse de una forma relativamente sencilla y producir diferencias medibles en abundancia y riqueza de polinizadores.
Para municipios y administraciones responsables de extensas redes de carreteras rurales, los resultados ofrecen una opción de gestión que puede evaluarse localmente: mantener las exigencias de seguridad, reducir cuando sea posible la frecuencia de siega y sustituir aplicaciones extensivas de herbicidas por controles más dirigidos.
Fuentes referenciales:
Insect Conservation and Diversity
Universidad de Ottawa




