El proyecto de alta montaña combinó 97.000 árboles nativos, más de 190 colmenas y prácticas agropecuarias sostenibles junto a familias rurales de Cundinamarca
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
Un proyecto ejecutado en el corredor de alta montaña Chingaza-Sumapaz-Guerrero, en Colombia, recuperó más de 577 hectáreas de ecosistemas mediante una estrategia que integró restauración del bosque altoandino, apicultura y transformación de las actividades agropecuarias. La intervención incluyó la siembra de más de 97.000 árboles nativos y la instalación de más de 190 colmenas.
La iniciativa, clausurada oficialmente en agosto de 2021, involucró al Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Conservación Internacional Colombia, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Fondo Mundial para el Medio Ambiente. Su propósito fue aumentar la resiliencia climática de los ecosistemas y de las comunidades rurales que dependen de ellos, especialmente en una región determinante para la regulación del agua que llega a Bogotá y a municipios vecinos.
El programa fue desarrollado entre 2015 y 2020 bajo el nombre “Adaptación a los impactos climáticos en regulación y suministro de agua para el área de Chingaza-Sumapaz-Guerrero”. En lugar de concentrarse exclusivamente en reforestar, abordó conjuntamente el manejo del agua, la producción campesina, la degradación de los suelos y la generación de ingresos compatibles con la conservación.
Los árboles nativos llegaron a cuatro microcuencas
Las labores de restauración y rehabilitación participativa se realizaron en las microcuencas de los ríos Guandoque, San Francisco, Chipatá y Chisacá. Los árboles fueron establecidos tanto en fincas privadas como en predios públicos, con la participación de 81 familias en este componente.
La intervención buscó recuperar funciones ecológicas del bosque altoandino y fortalecer la capacidad del territorio para regular y retener agua. La vegetación nativa también contribuye a proteger los suelos, ampliar el hábitat disponible para la fauna y mejorar la conexión entre áreas naturales dentro de un paisaje sometido a actividades productivas.
Esta visión guarda relación con el uso de corredores biológicos agrícolas para conservar polinizadores, donde la vegetación dentro y alrededor de las fincas conecta hábitats, reduce la fragmentación y permite que la producción rural conviva con procesos ecológicos esenciales.
Más de 190 colmenas generaron ingresos y polinización
La apicultura fue incorporada como una actividad productiva capaz de generar beneficios ambientales e ingresos adicionales para las familias. Las más de 190 colmenas instaladas permitieron desarrollar la producción de miel, polen, propóleo y otros derivados sin exigir la sustitución del bosque por nuevas áreas de pastoreo o cultivo.
Las abejas también prestan un servicio de polinización que favorece la reproducción de numerosas plantas silvestres y cultivadas. No obstante, las colmenas no restauran por sí solas un ecosistema: su aporte depende de la disponibilidad de flora, del manejo sanitario, de la protección frente a plaguicidas y de su integración responsable con los demás polinizadores presentes en el territorio.
El modelo convirtió la conservación en una actividad con utilidad económica para la población local. Al vincular los ingresos rurales con la permanencia de la cobertura vegetal, el proyecto procuró reducir la presión para ampliar actividades agropecuarias sobre zonas ambientalmente sensibles.
La producción campesina también cambió
El componente agroecológico impulsó 22 cultivos a cielo abierto, integrados por más de 20 especies de hortalizas, plantas aromáticas y frutales. Además, fueron establecidos 42 sistemas de producción bajo invernadero con captación de agua de lluvia y riego por goteo.
Las familias comenzaron a producir y utilizar abonos orgánicos para rehabilitar suelos agrícolas degradados y obtener alimentos destinados al autoconsumo y al mercado. Estas medidas ampliaron la intervención más allá de las superficies forestales, al actuar sobre algunas de las prácticas productivas que determinan el estado del paisaje.
La recuperación de tierras deterioradas resulta especialmente relevante frente a los efectos de la degradación del suelo sobre la producción alimentaria. Restaurar materia orgánica, reducir la erosión y gestionar mejor el agua puede proteger simultáneamente la productividad de las fincas y las funciones ambientales de las cuencas.
Sistemas silvopastoriles en 60 fincas
El proyecto estableció sistemas silvopastoriles en 60 fincas, sobre una superficie conjunta de 55 hectáreas. Las acciones incluyeron renovación de praderas, mezclas de pastos, plantación de árboles y división de potreros para mejorar el manejo ganadero.
Estas prácticas fueron orientadas a devolver a los suelos utilizados por la ganadería parte de su capacidad para regular y conservar agua. La presencia de árboles dentro de las unidades productivas también permite diversificar la vegetación y disminuir la separación rígida entre bosque y producción pecuaria.
La experiencia coincide con principios aplicados en iniciativas regenerativas desarrolladas en fincas de pequeña escala, donde la reforestación, los cultivos diversificados y el aprovechamiento de materiales orgánicos forman parte de una misma estrategia de manejo.
Una intervención vinculada al abastecimiento de agua
La importancia territorial del corredor Chingaza-Sumapaz-Guerrero reside en su contribución al suministro de agua potable del área metropolitana de Bogotá y de municipios rurales colindantes. Por esa razón, la restauración no se limitó al número de árboles plantados, sino que buscó fortalecer la capacidad de amortiguamiento hidrológico de la cuenca alta.
El proyecto dejó como aprendizaje que la conservación en paisajes habitados requiere participación comunitaria, alternativas económicas y acuerdos que puedan mantenerse una vez finalizada la financiación externa. Las familias productoras de papa y leche no fueron tratadas como actores separados del ecosistema, sino como participantes directos en el manejo de la montaña.
Los resultados comunicados corresponden a las acciones acumuladas hasta la clausura del programa. La permanencia de sus beneficios depende del cuidado de los árboles establecidos, el mantenimiento de los sistemas de captación y riego, la viabilidad de los emprendimientos apícolas y la continuidad de las prácticas agropecuarias adoptadas.
Fuentes referenciales:
Gizmodo en Español
Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia
Banco Interamericano de Desarrollo
