Una encuesta a 1.288 empleados expuestos al clima revela bajas, reducción de jornadas y efectos sobre el bienestar, mientras pocas empresas cuentan con planes de adaptación
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Eduardo Schmitz
Las sucesivas olas de calor registradas durante el verano de 2026 están modificando las condiciones laborales en Reino Unido, pero las temperaturas elevadas no constituyen el único peligro. Una encuesta realizada entre trabajadores de siete sectores también identificó efectos relacionados con inundaciones, sequías, tormentas, nieve, hielo y contaminación del aire.
El estudio reunió las respuestas de 1.288 personas empleadas en agricultura, construcción, educación, servicios de emergencia, entretenimiento y deporte, transporte y logística, y atención sanitaria y social. El 56 % señaló que al menos un fenómeno meteorológico extremo había afectado su trabajo durante los 12 meses anteriores.
El calor provoca bajas y reduce el rendimiento laboral
Entre quienes habían solicitado una baja por causas meteorológicas, el 40 % identificó el calor como uno de los factores. Los síntomas pueden comenzar con sarpullidos, sed intensa, calambres, mareos o dificultad para concentrarse y avanzar hacia agotamiento térmico o golpe de calor.
El golpe de calor constituye una emergencia médica. Puede producir piel caliente, confusión, convulsiones y pérdida del conocimiento, con riesgo de muerte si no se reconoce y ati
El calor extremo altera el trabajo en Reino Unido
Una encuesta a 1.288 empleados expuestos al clima revela bajas médicas, jornadas reducidas y escasa preparación empresarial ante temperaturas, inundaciones y tormentas
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Eduardo Schmitz
Las sucesivas olas de calor registradas durante el verano de 2026 en Reino Unido están afectando la salud, el bienestar y la productividad de trabajadores de sectores especialmente expuestos. Una encuesta dirigida por investigadores de la Universidad de Leeds encontró que el estrés térmico ya figura entre los principales motivos de ausencia laboral relacionados con el tiempo meteorológico.
El estudio consultó a 1.288 trabajadores de agricultura, construcción, educación, servicios de emergencia, entretenimiento y deportes, transporte y logística, y atención sanitaria y social. El 56 % declaró haber sufrido durante los doce meses anteriores los efectos de al menos un fenómeno meteorológico extremo en su lugar de trabajo.
El estrés térmico puede avanzar desde calambres hasta golpe de calor
El estrés por calor aparece cuando los mecanismos utilizados por el cuerpo para regular su temperatura dejan de ser suficientes. El riesgo no depende únicamente del termómetro: también intervienen la humedad, la radiación solar, la circulación del aire, la intensidad del esfuerzo y la ropa o los equipos de protección utilizados.
Entre las manifestaciones iniciales se encuentran la dificultad para concentrarse, la sed intensa, las erupciones cutáneas, los calambres musculares y los desmayos. El agotamiento térmico puede provocar fatiga, mareos, náuseas, dolor de cabeza y sudoración abundante.
La confusión, las convulsiones, la pérdida de conciencia o una piel anormalmente caliente pueden indicar un golpe de calor, una emergencia potencialmente mortal. El avance del estrés térmico entre una proporción creciente de la población mundial convierte estas señales en un asunto laboral y de salud pública.
Cuatro de cada diez bajas vinculadas al clima incluyeron el calor
Entre quienes habían solicitado una baja debido a factores meteorológicos, el 40 % señaló que el calor influyó en su ausencia. Además, el 72 % de los trabajadores afectados por episodios de temperaturas extremas informó consecuencias negativas sobre su bienestar.
La exposición fue especialmente elevada en la agricultura, los servicios de emergencia y el transporte y la logística. En estos sectores resulta difícil evitar por completo el exterior, cambiar el uniforme, detener una operación o abandonar equipos de protección que limitan la evaporación del sudor.
El problema también alcanza espacios interiores. Cocinas, panaderías, lavanderías, fundiciones, salas de máquinas, hospitales, vehículos y edificios con ventilación insuficiente pueden acumular calor aunque sus ocupantes no estén expuestos directamente al sol.
Durante la quinta ola de calor del verano británico, el país alcanzó 38,1 °C en Londres. El episodio afectó hospitales y servicios de emergencia, como documentó el informe sobre la nueva ola de calor que atravesó Europa.
El clima extremo obliga a modificar jornadas y operaciones
El 44 % de las personas consultadas indicó que había cambiado su patrón de trabajo como consecuencia de fenómenos extremos. Entre los empleados afectados, la mitad redujo su tiempo de actividad, el 18 % dejó de trabajar porque la empresa suspendió las operaciones y el 14 % necesitó ausentarse.
La investigación no se limitó al calor. También examinó inundaciones, sequías, tormentas, nieve, hielo y condiciones relacionadas con la contaminación atmosférica. Entre quienes estuvieron expuestos a sequía, el 44 % declaró un deterioro de su bienestar.
Las alteraciones pueden presentarse en cualquier estación. Las inundaciones bloquean desplazamientos y dañan instalaciones; las tormentas interrumpen redes eléctricas y transportes; la nieve y el hielo elevan el riesgo de caídas y accidentes; y la sequía afecta actividades agrícolas, suministro de agua y peligro de incendios.
Este escenario coincide con una Europa donde las olas de calor aparecen antes y rompen registros mensuales. La exposición laboral depende, además, de la capacidad de cada empresa para adaptar horarios, instalaciones y procedimientos.
Solo una cuarta parte reportó un plan de adaptación
De acuerdo con las respuestas de los trabajadores, solo el 26 % de los empleadores disponía de un plan de adaptación climática o de respuesta ante fenómenos extremos. Apenas el 30 % de los participantes había recibido capacitación para gestionar los efectos meteorológicos durante el trabajo.
Los servicios de emergencia fueron el sector donde más empleados consideraron insuficientes las acciones empresariales. Se trata de personal que debe continuar trabajando precisamente cuando las condiciones empeoran y aumenta la demanda de asistencia.
La respuesta tampoco puede depender únicamente del aire acondicionado. Un análisis sobre justicia térmica y desigualdad frente al calor señala que la protección debe incluir horarios flexibles, descansos, espacios compartidos de enfriamiento y medidas adaptadas a las necesidades de cada actividad.
Reino Unido carece de una temperatura laboral máxima
La legislación británica no establece una temperatura máxima general a partir de la cual deba suspenderse el trabajo. Sin embargo, la Autoridad de Salud y Seguridad del Reino Unido considera el calor un peligro laboral que debe incluirse en las evaluaciones de riesgo.
El Congreso de Sindicatos británico ha reclamado un límite legal y medidas obligatorias cuando la temperatura supere los 24 °C y los trabajadores manifiesten incomodidad. La propuesta sindical forma parte de un debate que todavía no se ha traducido en una norma nacional de temperatura máxima.
La ausencia de un umbral único no significa que cualquier condición sea segura por debajo de determinada cifra. Un trabajador que realiza un esfuerzo intenso con ropa protectora en un ambiente húmedo puede acumular calor a temperaturas inferiores a las que afectarían a una persona sentada en una oficina ventilada.
Adaptar horarios y tareas reduce el riesgo inmediato
La autoridad británica recomienda eliminar o aislar las fuentes de calor, mejorar la ventilación, utilizar barreras frente a la radiación y trasladar estaciones de trabajo fuera del sol directo. En labores exteriores, las actividades más exigentes pueden reprogramarse para las horas más frescas.
También deben proporcionarse agua fresca, descansos frecuentes y espacios de recuperación con sombra o refrigeración. Cuando sea posible, conviene reducir el ritmo de trabajo, utilizar ayudas mecánicas y revisar uniformes o equipos que dificulten la disipación del calor.
Los empleados nuevos necesitan un proceso gradual de aclimatación. La edad, determinados medicamentos, el embarazo y enfermedades cardiovasculares u hormonales pueden modificar la tolerancia térmica, por lo que algunas personas requieren evaluaciones y medidas adicionales.
La capacitación debe enseñar a reconocer síntomas, interrumpir una actividad peligrosa y activar procedimientos de emergencia. La vigilancia de la salud resulta necesaria cuando persiste una exposición residual pese a las medidas preventivas.
La adaptación laboral forma parte de la respuesta climática
Los autores señalan que la década 2015-2024 fue un 10 % más húmeda y 1,24 °C más cálida en Reino Unido que el período 1961-1990. Estos cambios no producen el mismo efecto en todas las ocupaciones, pero amplían la necesidad de integrar la protección de los trabajadores en las políticas de adaptación climática.
El país ya había experimentado episodios tempranos como el domo de calor que estableció marcas en Reino Unido y Francia. La repetición de estos eventos obliga a dejar atrás respuestas improvisadas y preparar protocolos aplicables antes de que se emitan las alertas.
Los resultados de la encuesta describen percepciones y experiencias laborales, por lo que no sustituyen registros médicos ni evaluaciones sectoriales detalladas. Aun así, muestran que el impacto del clima extremo ya se traduce en malestar, ausencias, interrupciones y pérdida de tiempo de trabajo.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Autoridad de Salud y Seguridad del Reino Unido: estrés térmico
Autoridad de Salud y Seguridad del Reino Unido: protección laboral frente al calor
