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🌍 Panel de control planetario

Panorama Planetario

Actualización ambiental: 20 de julio de 2026

Resumen ejecutivo. El sistema climático continúa mostrando una elevada acumulación de calor en la atmósfera y los océanos. Junio de 2026 fue el segundo junio más cálido del registro de Copernicus, mientras la temperatura superficial de los océanos no polares alcanzó un máximo mensual. La rápida consolidación de El Niño está reorganizando los patrones de lluvia, calor y circulación atmosférica de la segunda mitad del año.
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Temperatura global

Calor planetario persistentemente alto

La temperatura media mundial de junio alcanzó aproximadamente 16,54 °C, unos 0,56 °C por encima del promedio de 1991–2020. Aunque no fue el junio más cálido del registro ERA5, la señal confirma que el planeta permanece dentro de una franja térmica excepcionalmente elevada.

Junio de 2026: segundo más cálido registrado Señal alta
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Océanos

Récord mensual de calor superficial

Los océanos situados entre 60°S y 60°N registraron en junio una temperatura superficial media cercana a 20,86 °C, la mayor observada para ese mes. El Pacífico tropical concentra una anomalía creciente, mientras las olas de calor marinas mantienen presión sobre corales, pesquerías y ecosistemas costeros.

Océano no polar en máximos para junio Crítico
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CO₂ atmosférico

Concentración sin descenso estructural

La concentración atmosférica de dióxido de carbono continúa en niveles históricamente elevados, muy por encima de las condiciones preindustriales. Las oscilaciones estacionales no modifican la tendencia de fondo: la acumulación de gases de efecto invernadero sigue reforzando el desequilibrio energético del planeta.

Tendencia anual: ascendente Presión alta
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Hielo polar

Déficit simultáneo en ambos hemisferios

La extensión del hielo marino ártico fue la sexta más baja registrada para un mes de junio, con déficits destacados al norte del mar de Barents. En la Antártida, la superficie media fue de unos 12,7 millones de km², aproximadamente 8 % inferior al promedio de 1991–2020.

Ártico y Antártida por debajo del promedio Vigilancia
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Incendios

Combustibles secos y episodios de humo

Las temperaturas estivales, la baja humedad y los déficits locales de precipitación mantienen condiciones favorables para incendios rápidos en regiones del hemisferio norte. El peligro aumenta cuando el calor coincide con viento, vegetación seca y tormentas eléctricas con poca lluvia.

Riesgo variable con focos regionales elevados Atención
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Sequías

Mayor riesgo de intensificación rápida

La combinación de calor persistente, evapotranspiración elevada y lluvias irregulares puede transformar déficits moderados de humedad en sequías de inicio rápido. Las áreas agrícolas y de pastizales requieren seguimiento cercano porque el deterioro del suelo puede producirse en pocas semanas.

Vigilancia sobre zonas continentales cálidas En evolución
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Tormentas extremas

Una atmósfera más húmeda amplifica lluvias

El calentamiento oceánico aporta humedad adicional a sistemas convectivos, monzones y ciclones. Esto no implica lluvias intensas en todos los territorios, pero sí aumenta la capacidad de determinados episodios para descargar grandes volúmenes de agua en períodos cortos y producir inundaciones repentinas.

Riesgo de acumulaciones locales severas Impacto alto
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Circulación planetaria

El Niño gana fuerza en el Pacífico

Los modelos internacionales indican un rápido fortalecimiento de El Niño durante julio–septiembre. Su influencia puede favorecer lluvias superiores a lo normal en el Pacífico ecuatorial central y oriental, y condiciones más secas en sectores del océano Índico, el subcontinente indio y Australia.

Alta probabilidad de persistencia hasta 2027 Determinante

📡 Señal planetaria destacada

La combinación entre océanos excepcionalmente cálidos y un El Niño en rápida intensificación constituye la señal ambiental dominante de julio. El calor almacenado en el Pacífico puede trasladarse a la atmósfera y modificar la distribución de lluvias, sequías, incendios, productividad marina y temperaturas regionales durante el segundo semestre de 2026.

🔭 Perspectiva para los próximos 7–14 días

Se mantendrá un patrón de elevada variabilidad regional. El calor continuará siendo un factor de riesgo en extensas áreas del hemisferio norte, con episodios capaces de elevar la demanda eléctrica, el estrés hídrico y la mortalidad asociada a temperaturas extremas. La entrada de humedad tropical favorecerá lluvias intensas en zonas monzónicas y corredores convectivos, mientras otras regiones podrían experimentar secado acelerado. Deben vigilarse los incendios en áreas con vegetación curada, las inundaciones repentinas en cuencas urbanizadas y las temperaturas marinas excepcionalmente altas. La perspectiva no representa un pronóstico local y debe complementarse con los avisos de cada servicio meteorológico nacional.

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Se ha descubierto que los cambios de altitud de las nubes tienen un impacto mínimo en la sensibilidad climática de la Tierra.

Las nubes son importantes para el equilibrio energético de la Tierra porque interactúan con la radiación de diferentes maneras. Por un lado, las nubes bajas reflejan la radiación solar incidente y, por lo tanto, enfrían la Tierra mediante una propiedad conocida como albedo. Por otro lado, las nubes, principalmente a gran altitud, impiden que la radiación térmica escape al espacio, lo cual tiene un efecto de calentamiento. En general, actualmente predomina el efecto de enfriamiento.


por Denise Müller-Dum, Sociedad Max Planck


Si el calentamiento global provoca que las nubes cambien su extensión o brillo, esto podría aumentar o disminuir su albedo y, por lo tanto, su efecto de enfriamiento . El efecto de calentamiento de las nubes podría verse alterado si se desplazaran a diferentes altitudes a medida que aumentan las temperaturas. Ambos factores tendrían un impacto en la sensibilidad climática , que mide cuánto se calienta la superficie terrestre al duplicarse el dióxido de carbono y es una medida clave para las proyecciones climáticas.

Para aislar el aspecto de la altitud cambiante de las nubes, un equipo dirigido por Lukas Kluft, del Instituto Max Planck de Meteorología (MPI-M), investigó el efecto radiativo de las nubes con albedo constante mediante un modelo simple e idealizado. El artículo se publicó en la revista Atmospheric Chemistry and Physics .

Cómo el calentamiento impacta la altitud de las nubes

En el modelo, la atmósfera se representa como una columna de aire con un perfil típico de temperatura y presión. Los investigadores introdujeron nubes en tres capas: nubes bajas cerca de la superficie, nubes de nivel medio que se forman a nivel de congelación y nubes altas de hielo. El experimento asumió que el albedo de estas nubes no cambiaba con el aumento de la temperatura global , sino que permitía su ascenso o descenso.

«La belleza de estos modelos simplificados reside en su proximidad a nuestra comprensión conceptual. Su simplicidad los define con claridad, lo que nos permite experimentar de forma específica», afirma Kluft.

Dado que el modelo simplificado no permite predecir las propiedades de las nubes, los investigadores simularon un gran número de combinaciones plausibles de nubes, consistentes con las mediciones satelitales actuales. La sensibilidad climática calculada para estas aproximadamente 500 configuraciones con un albedo fijo fue de 2,2 °C para una duplicación de los niveles de dióxido de carbono, justo por debajo del valor teórico para una atmósfera completamente despejada de nubes en ausencia de cambios en la superficie.

Cuando los investigadores aumentaron la temperatura en su modelo, las nubes bajas se mantuvieron al mismo nivel de presión y se calentaron. Las nubes medias y altas se desplazaron a mayor altitud y mantuvieron en gran medida su temperatura. Si bien la temperatura constante provoca un mayor calentamiento, la mayor altitud también atenúa el efecto invernadero del dióxido de carbono. Estos dos efectos se compensan mutuamente, por lo que la sensibilidad climática general permanece prácticamente inalterada.

Valor de referencia importante

«Para nosotros era importante establecer la base que implica la comprensión teórica: podemos comprender una sensibilidad climática de 2,2 °C. Si nuestros modelos climáticos más complejos arrojan valores diferentes, podemos investigar el origen de posibles desviaciones», explica Kluft.

Por ejemplo, simplemente considerar el retroceso de la nieve y el hielo superficiales con el calentamiento aumenta la sensibilidad climática esperada a los valores más comunes, cercanos a los 3 °C. De este modo, los investigadores han establecido un importante valor de referencia que puede servir de base para estudios posteriores, por ejemplo, sobre los posibles cambios en el albedo de las nubes utilizando la nueva generación de modelos del sistema terrestre que se está desarrollando en el instituto.

Más información: Lukas Kluft et al., Un marco conceptual para comprender los efectos de las nubes de onda larga en la sensibilidad climática, Química y Física Atmosférica (2025). DOI: 10.5194/acp-25-9075-2025