Un estudio de la Universidad de California en Riverside proyecta que la desaceleración de la AMOC intensificaría ríos atmosféricos en California y reduciría las nevadas sobre Groenlandia
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
La desaceleración de una gran corriente del océano Atlántico podría intensificar tormentas potentes en California y, al mismo tiempo, reducir las nevadas sobre Groenlandia, de acuerdo con un estudio de la Universidad de California en Riverside publicado en Nature Communications.
La investigación se centra en la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico, conocida como AMOC, un sistema oceánico que funciona como una cinta transportadora: mueve agua cálida desde los trópicos hacia el norte, ayuda a templar regiones como Europa y devuelve agua fría y densa hacia el sur por el fondo marino.
El debilitamiento de la AMOC ya aparece como una de las señales más vigiladas del sistema climático, porque puede modificar patrones de temperatura, humedad, lluvias y circulación atmosférica a escala planetaria.
Un vínculo entre el Atlántico y el Pacífico
El estudio muestra que una corriente atlántica más lenta no solo alteraría el clima del Atlántico Norte. Sus efectos también podrían propagarse hacia el Pacífico y cambiar la dinámica de las tormentas que llegan a la costa oeste de Estados Unidos.
La investigación plantea que, bajo un escenario de AMOC debilitada, California podría recibir ríos atmosféricos más intensos. Estos corredores de humedad transportan grandes cantidades de vapor de agua desde el océano hacia tierra firme y pueden producir lluvias torrenciales, nevadas intensas e inundaciones.
En California, los ríos atmosféricos son esenciales para el abastecimiento de agua, pero también pueden transformarse en un factor de riesgo cuando llegan con demasiada fuerza o permanecen sobre cuencas vulnerables.
Más tormentas fuertes para California
Los autores proyectan que una AMOC más débil favorecería tormentas más poderosas en California. El mecanismo estaría relacionado con cambios en la circulación atmosférica y en el transporte de humedad que conecta regiones oceánicas distantes.
Ese resultado es relevante porque California ya enfrenta una combinación compleja de sequías, incendios, lluvias extremas y daños por inundaciones. Los ríos atmosféricos pueden aliviar déficits hídricos, pero también causar pérdidas cuando descargan grandes volúmenes de agua en poco tiempo.
Otros estudios han mostrado que los pronósticos de ríos atmosféricos son decisivos para anticipar crecidas, planificar embalses y reducir daños en la Costa Oeste.
Menos nieve sobre Groenlandia
La misma desaceleración oceánica proyectada tendría otro efecto importante: una reducción de las nevadas sobre Groenlandia. Para una región cubierta por una enorme capa de hielo, la nieve no es un detalle menor, porque contribuye a reponer parte de la masa perdida por deshielo y escorrentía.
Menos acumulación de nieve puede afectar el equilibrio de la capa de hielo y modificar su contribución futura al aumento del nivel del mar. La situación de Groenlandia ya preocupa por el calentamiento acelerado del Ártico y por la sensibilidad de sus glaciares a cambios atmosféricos y oceánicos.
El estudio no plantea que la pérdida de nieve sea el único factor de riesgo para Groenlandia, pero sí agrega una pieza al rompecabezas: la circulación oceánica atlántica puede influir en la forma en que se distribuye la humedad sobre el hemisferio norte.
Por qué importa la AMOC
La AMOC redistribuye calor, sal y energía entre los trópicos y el Atlántico Norte. Cuando ese sistema se debilita, cambia la cantidad de calor que llega a altas latitudes y se modifica la interacción entre océano y atmósfera.
Una de las señales más discutidas es la llamada mancha fría del Atlántico Norte, una región al sur de Groenlandia que se ha calentado menos que el resto del océano. Investigaciones recientes han vinculado esa anomalía con una desaceleración de la circulación oceánica.
La nueva investigación añade que los efectos de esa desaceleración pueden sentirse lejos del Atlántico, incluso en la intensidad de tormentas del Pacífico oriental.
Riesgos climáticos interconectados
El resultado refuerza una idea central de la ciencia climática: las regiones no responden de manera aislada. Un cambio en el Atlántico puede reorganizar patrones atmosféricos y alterar extremos meteorológicos en otro océano.
Para California, esto significa que la planificación de inundaciones, infraestructura hídrica y gestión de emergencias debe considerar no solo el calentamiento local, sino también cambios de gran escala en la circulación oceánica global.
Para Groenlandia, la reducción de nieve proyectada suma presión sobre un sistema ya afectado por calentamiento, deshielo superficial, pérdida de hielo glaciar y cambios en el océano circundante.
Una advertencia para los modelos y la adaptación
El estudio publicado en Nature Communications no describe un colapso inmediato de la AMOC, sino una proyección sobre cómo su debilitamiento podría modificar extremos regionales.
Su aporte está en conectar procesos de escala planetaria con impactos concretos: tormentas más intensas en California y menor acumulación de nieve en Groenlandia.
La señal es clara para la adaptación climática: entender el futuro de las tormentas, las capas de hielo y el agua disponible exige observar las corrientes oceánicas como parte del mismo sistema, no como fenómenos separados.
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