Un observatorio autónomo registró en la Dorsal del Índico Sudoriental un evento de expansión del fondo marino que desplazó el lecho oceánico 4,2 metros en seis días
Redactor: Luis Ortega
Editor: Eduardo Schmitz
Un equipo científico logró las primeras observaciones directas conocidas de un evento de expansión del fondo marino en una dorsal mediooceánica del océano Índico, un proceso clave para entender cómo se crea nueva corteza oceánica.
Los resultados, publicados en la revista Nature, muestran con mediciones de aguas profundas cómo el fondo oceánico puede moverse rápidamente durante episodios discretos de apertura tectónica.
El estudio fue dirigido por Jean-Yves Royer y colegas, quienes instalaron un observatorio autónomo para recoger datos sísmicos y de cartografía del fondo marino en la Dorsal del Índico Sudoriental.
Una dorsal entre dos placas tectónicas
La Dorsal del Índico Sudoriental marca el límite entre las placas de Australia y la Antártida. En este tipo de fronteras, las placas se separan, el magma asciende, se enfría y se incorpora al fondo marino como nueva corteza oceánica.
Las dorsales mediooceánicas forman una red submarina de límites tectónicos donde se ha creado gran parte de la superficie del planeta. Sin embargo, observar directamente estos procesos sigue siendo difícil por la profundidad y la complejidad técnica del entorno.
La investigación aporta una ventana excepcional a la dinámica del fondo marino, un tema conectado con otros trabajos sobre tectónica de placas y formación de relieve oceánico.
Un desplazamiento de 4,2 metros en seis días
El observatorio submarino quedó instalado justo a tiempo para registrar un episodio ocurrido después de una secuencia de terremotos el 26 de abril de 2024.
Durante los seis días posteriores, el fondo marino cercano a la dorsal se desplazó un total de 4,2 metros. El movimiento alcanzó su punto máximo inmediatamente después del evento sísmico, con una velocidad de 5 centímetros por minuto.
Siete días más tarde, el desplazamiento se había reducido a 1,2 centímetros por día, lo que muestra una transición rápida desde una fase intensa de deformación hacia una evolución más lenta.
Un reservorio de magma bajo la corteza
Los autores proponen que la deformación se debió al vaciamiento parcial de un reservorio de magma de 2,5 kilómetros de ancho, ubicado a 3,6 kilómetros bajo la corteza.
La estimación indica que el evento liberó más de 160 millones de metros cúbicos de lava hacia el fondo marino. Ese volumen ayuda a explicar la magnitud del desplazamiento observado y ofrece una medida directa del proceso de creación de corteza.
La corteza oceánica se forma cuando magmas procedentes del manto ascienden y se solidifican en las dorsales. Estudios previos sobre perforaciones en el fondo marino han permitido obtener datos del manto terrestre y de la composición de esas rocas profundas.
Por qué estas observaciones son importantes
Aunque dos tercios de la superficie terrestre se han formado en dorsales mediooceánicas, se sabe relativamente poco sobre cómo se comportan durante eventos breves de expansión.
Las nuevas mediciones muestran que estos episodios pueden liberar tensión acumulada durante décadas en los límites de placas. También permiten observar la relación entre terremotos, movimiento del fondo marino, magma y creación de nueva corteza.
Ingo Grevemeyer y Lars Ruepke, autores de un comentario en Nature, destacaron que la expansión de placas en el fondo oceánico se entiende peor que en tierra firme porque las observaciones profundas son más difíciles. El trabajo demuestra que ya es posible realizar mediciones submarinas comparables a las logradas en ambientes terrestres.
Un fondo oceánico dinámico
El hallazgo confirma que el fondo oceánico no es una superficie estática. Es un mosaico activo donde las placas se separan, se fracturan, liberan tensión y reciben nuevo material volcánico desde el interior del planeta.
Ese dinamismo también se observa en estudios sobre fallas, fracturas y límites de placas bajo los océanos. Investigaciones recientes sobre ruptura de placas tectónicas bajo el océano muestran cómo sensores submarinos pueden revelar procesos que antes quedaban fuera de la observación directa.
Comprender estos eventos ayuda a mejorar la visión global sobre volcanismo submarino, terremotos oceánicos, formación de corteza y evolución de las cuencas marinas.
Lo que viene para la investigación submarina
Los autores señalan que futuras investigaciones deberán analizar otros sistemas de dorsales mediooceánicas, incluidos aquellos dominados por terremotos y con menor participación de magma.
Comparar diferentes tipos de dorsales permitirá saber si el evento observado en el Índico Sudoriental representa un patrón común o una modalidad particular de expansión del fondo marino.
El avance también refuerza la necesidad de más observatorios autónomos, cartografía batimétrica y sensores geodésicos en aguas profundas. Solo con mediciones directas será posible seguir en tiempo real cómo la Tierra renueva su corteza bajo los océanos.
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