Una investigación internacional comparó Melbourne, Múnich y Hong Kong y concluyó que la vegetación urbana funciona mejor cuando combina especies, alturas y diseños adaptados al clima local
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
Los árboles pueden reducir de forma notable el calor que sienten los peatones en las ciudades, pero su efecto depende de una condición clave: no basta con plantar más ejemplares, hay que elegir bien las especies, distribuirlas con criterio y adaptar el diseño verde al clima local. Una investigación internacional evaluó mediciones de campo en Melbourne, Múnich y Hong Kong, tres ciudades con condiciones climáticas distintas, y encontró diferencias importantes en la forma en que la vegetación modifica el confort térmico urbano.
El trabajo, publicado como capítulo académico en el libro Urban Sustainability de Springer Nature, fue explicado por Mohammad A. Rahman, investigador y profesor de Horticultura Urbana de la Universidad de Melbourne. La conclusión principal es directa: la vegetación urbana puede enfriar las ciudades, pero una plantación mal diseñada también puede aumentar la humedad, reducir la ventilación o atrapar contaminantes en calles estrechas.
La investigación se suma a una discusión cada vez más urgente sobre árboles urbanos y enfriamiento de las ciudades, en un contexto donde las islas de calor agravan el impacto de las olas de calor, elevan el consumo energético y deterioran la calidad de vida en barrios densamente urbanizados.
Melbourne, Múnich y Hong Kong bajo medición
El equipo comparó el efecto de distintos tipos de plantación urbana en tres ciudades con climas contrastantes: Melbourne, de clima templado; Múnich, con condiciones más frías; y Hong Kong, de ambiente subtropical húmedo. El objetivo fue observar no solo la temperatura del aire, sino la carga térmica que realmente sienten las personas al caminar por calles, parques y espacios abiertos.
En Melbourne, los árboles ubicados en calles redujeron en más de 18 °C el calor radiante absorbido por los peatones frente a calles abiertas. Ese dato muestra que la sombra puede cambiar de forma drástica la experiencia térmica en el espacio público, incluso cuando la temperatura del aire apenas varía.
En Múnich, el mayor beneficio apareció cuando la vegetación estaba combinada en capas: árboles, arbustos y cobertura vegetal a nivel del suelo. Esa estructura redujo el estrés térmico de la tarde en casi 8 °C frente a zonas más abiertas.
Hong Kong presentó un resultado más variable. Allí, las copas superpuestas aportaron sombra, pero la humedad del clima alteró el confort térmico. En algunos casos, la vegetación densa elevó la humedad lo suficiente como para reducir parte del beneficio de enfriamiento.
La estructura verde importa tanto como la cantidad
El hallazgo central del estudio es que la estructura de la vegetación condiciona el resultado. No es lo mismo plantar una hilera de árboles aislados que diseñar un sistema de vegetación estratificada, con copas altas, arbustos intermedios y cobertura vegetal baja.
En parques y espacios abiertos, esa combinación puede ofrecer un enfriamiento más eficaz y, al mismo tiempo, favorecer la biodiversidad urbana. En calles estrechas y densas, en cambio, el diseño debe equilibrar sombra y ventilación para evitar que el aire cálido o la contaminación vehicular queden atrapados cerca de los peatones.
Este matiz coincide con otras investigaciones sobre vegetación e isla de calor urbano, que advierten que el efecto refrescante no siempre es automático y puede variar según clima, humedad, tipo de cobertura vegetal, albedo, evapotranspiración y forma urbana.
Por qué plantar cualquier árbol no alcanza
La recomendación no es dejar de plantar árboles. El punto es planificar mejor. Rahman planteó que las ciudades necesitan estrategias adaptadas a sus condiciones locales, en lugar de aplicar fórmulas universales de reverdecimiento urbano.
La transpiración vegetal es uno de los mecanismos que explican el enfriamiento. Las plantas liberan vapor de agua al aire, lo que puede refrescar el ambiente en climas secos. Pero cuando la humedad ya es alta, como ocurre en zonas subtropicales, ese mismo mecanismo puede volver el ambiente menos confortable.
También importa la ventilación. En algunos corredores urbanos angostos de Múnich, la vegetación densa redujo el flujo de aire, atrapó aire cálido y dificultó la dispersión de contaminación vehicular. Por eso, medir el éxito solo por número de árboles puede llevar a decisiones incompletas.
La métrica adecuada debe incluir disposición, densidad, tipo de vegetación y cobertura de copa. En esa línea, los estudios sobre cobertura arbórea urbana muestran que la planificación necesita objetivos medibles, pero también lectura del contexto climático y urbano.
Ciudades más frescas y más resilientes
La vegetación urbana cumple varias funciones al mismo tiempo. Puede reducir el calor radiante, mejorar el confort peatonal, aportar sombra, favorecer la infiltración del agua de lluvia, aumentar la biodiversidad y hacer más habitables los espacios públicos.
Otras investigaciones sobre diversidad de árboles urbanos han señalado que las poblaciones arbóreas variadas pueden fortalecer la resiliencia climática y mejorar el bienestar de las personas. La diversidad no solo reduce vulnerabilidades ecológicas; también permite diseñar parques y calles más atractivos, funcionales y adaptados a escenarios de calor extremo.
El desafío es mayor porque las ciudades concentran superficies oscuras, pavimentos, edificios y actividades que retienen calor. Esa combinación crea islas térmicas que pueden volver más peligrosas las olas de calor, especialmente para personas mayores, niños, trabajadores al aire libre y habitantes de barrios con poca vegetación.
Diseñar el verde urbano con precisión climática
El estudio internacional plantea una lectura práctica para urbanistas, gestores ambientales y responsables municipales: plantar árboles es necesario, pero no suficiente. La vegetación urbana debe diseñarse como infraestructura climática, con especies adecuadas, distribución inteligente y mantenimiento a largo plazo.
En calles anchas y espacios abiertos, las capas vegetales pueden multiplicar el efecto de enfriamiento. En corredores estrechos, conviene asegurar ventilación y evitar configuraciones que bloqueen el movimiento del aire. En climas húmedos, la sombra debe equilibrarse con el control de humedad. En climas secos, la disponibilidad de agua y la supervivencia de las especies elegidas se vuelven factores decisivos.
El mensaje final es claro: la ciudad más fresca no será necesariamente la que plante más árboles, sino la que plante mejor. Elegir especies, mezclar formas de vegetación y adaptar cada intervención al clima local puede marcar la diferencia entre una calle más habitable y un diseño verde que no logra cumplir su función.
Fuente(s) referenciales
Infobae — Los árboles pueden enfriar hasta 18 °C las ciudades, si se eligen las especies adecuadas
