Naciones Unidas advierte que hasta el 90 % de los corales podría verse afectado hacia 2050 si no se frena el calentamiento global
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
Cada 1 de junio, el Día Mundial de los Arrecifes recuerda la importancia de unos ecosistemas que ocupan una parte mínima del océano, pero sostienen una proporción extraordinaria de la vida marina. Los arrecifes coralinos cubren menos del 1 % de la superficie oceánica y albergan cerca del 25 % de las especies marinas conocidas.
La Organización de las Naciones Unidas los define como el ecosistema con mayor biodiversidad del océano. Esa riqueza natural no solo tiene valor ecológico: también sostiene economías costeras, protege comunidades frente a tormentas, alimenta cadenas pesqueras y aporta recursos vinculados al turismo, la seguridad alimentaria y la investigación médica.
Un ecosistema pequeño con impacto global
Los arrecifes están formados por comunidades marinas que construyen estructuras rocosas mediante la excreción de carbonato de calcio. En ellas conviven microorganismos, bacterias, algas, anémonas, crustáceos, gasterópodos, peces, tortugas y otros organismos que dependen de esa arquitectura viva.
La Universidad de Burgos destaca que la magnitud ecológica de los arrecifes contrasta con su tamaño físico. Aunque representan menos del 1 % del océano, sostienen alrededor de una cuarta parte de todas las especies marinas conocidas, una concentración que explica por qué son considerados verdaderos oasis oceánicos.
Los arrecifes también están conectados con otros ambientes costeros, como manglares y pastos marinos. Muchas especies atraviesan allí etapas larvarias y juveniles antes de desplazarse hacia otras zonas del océano. Esa función de refugio y crianza fortalece la biodiversidad marina y sostiene redes tróficas esenciales.
Protección natural para las costas
La función de los arrecifes no termina en el mar abierto. Oceana, organización internacional dedicada a la conservación de los océanos, recuerda que estos ecosistemas modifican la dirección y la velocidad de las corrientes marinas, ofrecen espacios de reproducción y actúan como barreras naturales frente a huracanes.
La NASA también señala que los arrecifes ayudan a evitar la erosión costera y protegen las costas de daños asociados a tormentas. Esa defensa natural tiene un valor económico y social directo para comunidades expuestas al oleaje extremo, al aumento del nivel del mar y a eventos meteorológicos intensos.
Según Naciones Unidas, los arrecifes benefician directa o indirectamente a 1.000 millones de personas y aportan hasta 2,7 billones de dólares al año en servicios ecosistémicos. Entre esos servicios figuran la protección costera, la seguridad alimentaria, el turismo y materias primas de interés para medicamentos.
Calentamiento, blanqueamiento y pérdida coralina
La principal amenaza para los arrecifes de coral es el cambio climático. El estrés térmico provoca que los corales expulsen las microalgas con las que viven en simbiosis. Cuando eso ocurre, pierden color, se blanquean y quedan debilitados. Si la temperatura del agua no vuelve a niveles tolerables, pueden morir por falta de alimento.
Naciones Unidas advierte que hasta el 90 % de los corales podría verse afectado hacia 2050 si el calentamiento global alcanza 1,5 °C. Con un calentamiento de 2 °C, las proyecciones vinculadas al IPCC elevan el riesgo hasta un escenario en el que podría desaparecer hasta el 99 % de los corales.
La presión ya se mide en pérdidas concretas. Entre 2009 y 2018 se perdió el 14 % de los corales de los arrecifes del mundo por varios episodios de blanqueamiento, de acuerdo con el informe Status of Coral Reefs of the World: 2020, publicado por la Red Global de Monitoreo de Arrecifes de Coral con apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.
El calentamiento de los océanos agrava esa tendencia. Investigaciones recientes sobre hábitats marinos afectados por el calentamiento oceánico muestran que el cambio de temperatura puede alterar la distribución de miles de especies y modificar equilibrios ecológicos que sostienen la vida marina.
Presiones humanas que se suman al clima
El deterioro de los arrecifes no depende únicamente de la temperatura. La Universidad de Burgos identifica también la pesca excesiva y la contaminación como riesgos relevantes. El informe Arrecifes en riesgo, del Instituto de Recursos Mundiales, estima que el 60 % de los arrecifes del mundo está amenazado por actividades como la sobrepesca, la pesca destructiva, los desarrollos costeros y la contaminación.
La acidificación del océano añade otra presión. Al aumentar el dióxido de carbono atmosférico, cambia la química del agua marina y se dificulta la formación de estructuras de carbonato de calcio. Ese proceso puede afectar a organismos que construyen esqueletos o conchas, incluidos los corales. En Noticias de la Tierra ya se ha documentado cómo la acidificación de los océanos amenaza los arrecifes de coral.
Los arrecifes coralinos pueden ser costeros, de barrera, de plataforma o atolones. También existen arrecifes rocosos y artificiales, según la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad. Todos cumplen funciones ecológicas, pero los coralinos concentran una biodiversidad especialmente elevada y dependen de condiciones ambientales muy delicadas.
La protección exige reducir el daño
La preservación de los arrecifes requiere frenar el calentamiento global, reducir la contaminación y mejorar la gestión de los recursos marinos. Naciones Unidas insiste en que su supervivencia depende de la acción colectiva para limitar el aumento de temperatura y proteger la vida marina.
La conservación también implica controlar presiones locales, como la sobrepesca, los vertidos, el turismo mal gestionado y los desarrollos costeros que destruyen hábitats. Experiencias recientes sobre protección de arrecifes en Australia muestran que la gestión específica de amenazas puede formar parte de estrategias más amplias de recuperación.
El Día Mundial de los Arrecifes llega en un momento crítico para estos ecosistemas. Su deterioro afectaría a la biodiversidad marina, a la seguridad alimentaria, a la protección costera y a comunidades que dependen directamente del océano. La escala del riesgo convierte a los arrecifes en una señal temprana del estado de salud del planeta marino.
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