Una investigación internacional revela que eliminar ratas invasoras y recuperar la vegetación nativa puede fortalecer los arrecifes, aumentar la producción de sedimentos y reducir la erosión de pequeñas islas tropicales.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Karem Díaz S.
La supervivencia de numerosas islas tropicales frente al aumento del nivel del mar podría depender de una relación ecológica que comienza con las aves marinas y termina en los arrecifes de coral. Una investigación internacional dirigida por científicos de la Universidad de Lancaster, en el Reino Unido, ha demostrado que proteger las colonias de aves y recuperar los bosques nativos puede mejorar varios procesos naturales que contribuyen a mantener la estabilidad de los atolones.
El estudio, publicado el 14 de octubre de 2026 en la revista científica Science Advances, examinó información ecológica de 28 islas coralinas situadas en el océano Índico y el Pacífico. Los territorios analizados incluyen atolones de Seychelles, el archipiélago de Chagos y Tetiaroa, en la Polinesia Francesa.
Los investigadores identificaron tres mecanismos especialmente importantes para la resistencia de estas pequeñas islas: el crecimiento de los arrecifes de coral, la producción natural de sedimentos y la capacidad de las raíces vegetales para mantener el suelo en su lugar.
Los resultados muestran que estos procesos pueden fortalecerse cuando las aves marinas encuentran condiciones favorables para reproducirse y cuando la vegetación autóctona conserva una presencia importante en el territorio.
Las aves transportan nutrientes desde el océano hasta los arrecifes
Uno de los descubrimientos centrales de la investigación está relacionado con el movimiento de nutrientes entre el mar abierto y las pequeñas islas coralinas.
Las aves marinas recorren grandes distancias para alimentarse de peces y otros organismos oceánicos. Posteriormente regresan a sus lugares de descanso y reproducción, donde depositan excrementos que contienen nutrientes procedentes del océano.
Parte de estos compuestos alcanza los ecosistemas costeros y los arrecifes cercanos, donde puede favorecer determinados procesos biológicos.
Este intercambio natural conecta directamente la biodiversidad terrestre con la productividad marina. Cuando desaparecen las colonias de aves, también disminuye una importante vía de transferencia de nutrientes.
El equipo científico comparó las condiciones ecológicas de islas con poblaciones abundantes de aves y territorios donde las ratas invasoras han reducido considerablemente su presencia.
Los resultados indican que los arrecifes situados alrededor de islas libres de ratas, y por tanto con mayores poblaciones de aves marinas, presentaban tasas de crecimiento estimadas 1,8 veces superiores en las zonas de laguna y 2,5 veces superiores en los sectores expuestos al océano.
Este crecimiento resulta especialmente relevante porque los arrecifes de coral frente al aumento del nivel del mar constituyen una protección natural que puede disminuir la energía de las olas antes de que alcancen las costas.
Los arrecifes saludables también producen más arena
La investigación identificó otro beneficio relacionado con la formación de sedimentos, un proceso fundamental para la existencia y evolución de las islas coralinas.
Los atolones no son estructuras completamente inmóviles. Sus playas y superficies emergidas pueden modificarse mediante la acumulación, redistribución y pérdida de materiales producidos por los organismos marinos.
Entre estos materiales se encuentran fragmentos de coral y partículas generadas por peces y otros organismos que intervienen en la transformación del sustrato arrecifal.
Los investigadores calcularon que los arrecifes asociados con islas habitadas por aves marinas presentaban un potencial de producción de sedimentos entre 2,3 y 2,8 veces superior al observado alrededor de territorios con poblaciones reducidas de estas aves.
Para una isla pequeña de aproximadamente 14 hectáreas, esa diferencia podría representar alrededor de 170 metros cúbicos adicionales de sedimentos producidos anualmente en los arrecifes circundantes.
La cifra constituye una estimación del potencial de producción, no una medición directa de la cantidad de arena que necesariamente se acumulará sobre la isla.
La distribución efectiva de esos materiales depende también del oleaje, las corrientes, las tormentas y las características geomorfológicas de cada atolón.
Sin embargo, disponer de una mayor fuente natural de sedimentos puede favorecer los procesos que permiten a determinadas islas mantener o modificar su superficie emergida.
Las plantas nativas protegen mejor el suelo que las plantaciones de cocoteros
El tercer mecanismo estudiado está relacionado con la vegetación que crece sobre las propias islas.
En numerosos atolones tropicales, los bosques originales fueron sustituidos durante décadas por plantaciones de cocoteros y otras formas de aprovechamiento del territorio.
Estas transformaciones modificaron la estructura de las raíces y, con ello, la capacidad de la vegetación para retener los sedimentos frente a la erosión.
El equipo encontró que las zonas con abundante vegetación nativa presentaban una longitud estimada de raíces finas 4,6 veces superior a la registrada en áreas con escasa cobertura autóctona.
Las raíces densas y extendidas ayudan a sujetar el suelo y dificultan que los materiales sean desplazados por el agua y otros procesos erosivos.
Los investigadores también observaron que la presencia de aves marinas puede favorecer el desarrollo de estos sistemas radiculares mediante el aporte de nutrientes.
Esta interacción demuestra que la restauración de ecosistemas naturales puede contribuir a la adaptación ambiental mediante procesos que actúan simultáneamente sobre la biodiversidad, la vegetación y la estabilidad del terreno.
Eliminar las ratas invasoras puede recuperar funciones ecológicas perdidas
La investigación también destaca el impacto de las especies invasoras sobre el funcionamiento de los atolones.
Las ratas llegaron a numerosas islas tropicales transportadas accidentalmente por embarcaciones durante distintos períodos históricos.
Una vez establecidas, pueden alimentarse de huevos, polluelos y otros organismos, provocando fuertes reducciones de las colonias reproductoras de aves marinas.
La pérdida de estas poblaciones no afecta únicamente a las aves. También puede interrumpir el transporte de nutrientes hacia los ecosistemas terrestres y marinos.
Por ello, los científicos consideran que los programas de erradicación de ratas, acompañados de la recuperación de hábitats naturales, pueden ofrecer beneficios que van más allá de la conservación de especies individuales.
En el caso de los atolones, estas intervenciones podrían favorecer simultáneamente el crecimiento coralino, la disponibilidad de sedimentos y la estabilidad del suelo.
El planteamiento resulta particularmente relevante para territorios donde la biodiversidad insular enfrenta múltiples amenazas, entre ellas el cambio climático, las especies introducidas y las transformaciones del uso del suelo.
No obstante, los investigadores no plantean que todas las islas puedan recuperar automáticamente sus condiciones originales. La efectividad de las intervenciones depende de las características ecológicas locales y de la posibilidad de mantener las medidas de conservación a largo plazo.
Una protección natural frente al ascenso del océano
Los autores evaluaron cómo estos procesos podrían contribuir a la resistencia de los atolones bajo un escenario de calentamiento global de 2 grados Celsius.
Sus estimaciones indican que las tasas de crecimiento de determinados arrecifes de laguna asociados con islas libres de ratas y pobladas por aves podrían aproximarse al ritmo de aumento del nivel del mar proyectado hasta finales de siglo bajo ese escenario.
En cambio, los arrecifes vinculados con territorios donde las aves marinas han desaparecido mostrarían una capacidad más limitada para mantener ese ritmo de crecimiento.
Esto no significa que la restauración ecológica garantice la permanencia de todas las islas ni que pueda compensar cualquier escenario de elevación oceánica.
Las tormentas intensas, el calentamiento del agua, el deterioro de los corales y las condiciones locales continúan representando amenazas importantes.
El hallazgo aporta, sin embargo, evidencia de que la protección de la biodiversidad puede influir directamente sobre procesos físicos que determinan la evolución de las costas.
La relación entre conservación y adaptación climática adquiere especial importancia en pequeños territorios donde construir grandes defensas costeras puede resultar económicamente difícil o ambientalmente perjudicial.
La conservación de las islas necesita integrar tierra y mar
Una de las principales implicaciones científicas del estudio es que los atolones deben comprenderse como sistemas ecológicos y geológicos interconectados.
La salud de un arrecife no depende exclusivamente de lo que ocurre bajo el agua. También puede estar condicionada por los animales y la vegetación presentes en las islas próximas.
Del mismo modo, la estabilidad de las superficies terrestres depende parcialmente de procesos marinos que generan y transportan materiales hacia las costas.
Esta perspectiva amplía el alcance de las estrategias tradicionales de conservación, que frecuentemente administran por separado los espacios terrestres y los ambientes oceánicos.
La investigación sugiere que proteger las colonias reproductoras de aves, controlar especies invasoras y recuperar la vegetación autóctona puede generar beneficios complementarios dentro de un mismo sistema insular.
Para territorios como Seychelles y otras regiones con atolones poco habitados, estas medidas representan una posibilidad de adaptación basada en procesos naturales que merece ser considerada junto con otras políticas de protección costera.
El estudio también establece una base científica para investigar hasta qué punto la restauración de comunidades biológicas puede modificar la capacidad de respuesta de las islas frente a distintos escenarios de cambio climático.
Los resultados refuerzan una idea fundamental para la conservación de los atolones: proteger las conexiones entre aves, bosques y arrecifes puede ser tan importante como conservar cada uno de esos ecosistemas por separado.
Fuentes referenciales: Science Advances — Seabirds and native vegetation drive ecosystem processes that support atoll island resilience Universidad de Lancaster — Información institucional sobre la investigación




