Un análisis de 16.578 territorios insulares proyecta para 2050 una exposición creciente al calentamiento y al ascenso del mar; tres islas españolas aparecen entre los puntos críticos
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.
El cambio climático se convertirá hacia 2050 en la amenaza predominante para la biodiversidad del 65 % de los ecosistemas insulares analizados en todo el mundo, según una investigación internacional publicada en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences. El aumento de las temperaturas y la subida del nivel del mar concentrarán buena parte de esa presión.
El estudio evaluó 16.578 islas de más de un kilómetro cuadrado y comparó su exposición a tres grandes impulsores de la pérdida de biodiversidad: cambio climático, transformación del uso del suelo e invasiones biológicas. El resultado ofrece la primera evaluación global integrada de estas amenazas para territorios insulares.
Las islas representan alrededor del 7 % de la superficie terrestre, pero albergan cerca del 20 % de la biodiversidad mundial. Su aislamiento ha favorecido la evolución de numerosas especies endémicas, aunque esa singularidad también puede aumentar su sensibilidad frente a alteraciones ambientales rápidas.
El clima dominará sobre otras presiones en casi dos tercios de las islas
Las proyecciones sitúan al cambio climático como la amenaza dominante para el 65 % de las islas estudiadas. Los cambios en el uso del suelo ocuparán el primer lugar en el 22 %, mientras que las invasiones biológicas serán la presión predominante en el 13 % restante.
La investigación no afirma que todos estos ecosistemas perderán su biodiversidad antes de 2050. Los mapas miden exposición a diferentes amenazas, una dimensión que debe combinarse con la sensibilidad de las especies y la capacidad local de adaptación para estimar el riesgo ecológico completo.
El calentamiento puede modificar las condiciones térmicas que delimitan la distribución de plantas y animales. En islas pequeñas o aisladas, las especies cuentan con menos espacio para desplazarse hacia zonas más frescas, mientras que aquellas restringidas a elevaciones concretas pueden perder progresivamente su hábitat disponible.
Un proceso similar ya se investiga en los bosques montañosos de Jamaica, donde árboles nativos se desplazan hacia mayores alturas. Cuando una especie alcanza la cima de una montaña insular, deja de disponer de terrenos más elevados hacia los cuales avanzar.
El ascenso del mar reduce hábitats y altera el agua dulce
La subida del nivel del mar puede inundar zonas bajas, acelerar la erosión costera, salinizar humedales y acuíferos y reducir espacios de reproducción o alimentación. Estos efectos son especialmente importantes en atolones y otras islas de poca elevación.
Las consecuencias pueden aparecer antes de que una isla quede permanentemente sumergida. Un nivel medio del mar más alto permite que mareas y oleajes alcancen áreas que anteriormente permanecían secas, aumentando la frecuencia de inundaciones y la entrada de agua salada.
La situación de las islas coralinas amenazadas por el ascenso del océano muestra cómo la baja elevación limita las posibilidades de refugio tanto para las comunidades humanas como para las especies terrestres.
Los ecosistemas costeros pueden amortiguar parte de estos impactos. Manglares, arrecifes, dunas y praderas submarinas retienen sedimentos, reducen la energía del oleaje y proporcionan hábitats. Algunas investigaciones han mostrado que los pastos marinos tropicales producen sedimentos que ayudan a sostener islas de arrecife.
Uso del suelo e invasiones biológicas mantienen una presión regional
Aunque el clima ocupa el primer lugar global, la transformación territorial será la principal amenaza en numerosas islas del Pacífico, Micronesia, Fiyi, el mar Báltico, la bahía de Bengala y el Sudeste Asiático. La urbanización, la construcción de infraestructuras y la conversión de hábitats reducen y fragmentan los espacios naturales.
Las invasiones biológicas tendrán un peso especialmente alto en islas templadas, incluidas varias del norte de Europa. Las especies introducidas pueden competir con organismos nativos, depredarlos, transmitir enfermedades o transformar la vegetación y las redes alimentarias.
Las islas resultan particularmente sensibles porque muchas de sus especies evolucionaron sin determinados depredadores, competidores o patógenos. El caso de la pérdida de aves y la expansión de arañas en los bosques de Guam ilustra cómo una invasión biológica puede desencadenar cambios en cascada dentro de un ecosistema.
Estas presiones tampoco actúan necesariamente de manera aislada. El cambio climático puede facilitar la expansión de algunas especies invasoras, mientras que la fragmentación del hábitat reduce la capacidad de las poblaciones autóctonas para responder a temperaturas extremas, incendios, sequías o inundaciones.
Tres islas españolas aparecen como puntos críticos
El equipo examinó 28 islas españolas e identificó tres dentro del grupo de puntos críticos de exposición: la isla de Arosa y la isla de La Toja, en Galicia, y la isla Conejera, en Baleares.
En Arosa, los resultados atribuyen una importancia semejante al cambio climático, las especies invasoras y las transformaciones del uso del suelo. En La Toja y Conejera, las principales presiones proyectadas corresponden a las invasiones biológicas y a los cambios territoriales asociados con la urbanización.
Los puntos críticos globales corresponden al 5 % de las islas que registraron los valores acumulados de exposición más elevados. Entre las regiones con mayor concentración aparecen Seychelles, Polinesia Francesa, Bangladés, China, Fiyi, Micronesia, Dinamarca, Suecia, India y Japón.
Los investigadores identificaron 31 países con una proporción especialmente alta de estos territorios críticos. La distribución indica que las prioridades no deben limitarse a las islas tropicales: los archipiélagos templados también enfrentan combinaciones importantes de cambio territorial e invasiones.
Los mapas permiten priorizar la conservación insular
El trabajo fue liderado por el Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia y contó con participación del Museo Nacional de Ciencias Naturales, perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España. El equipo combinó conjuntos de datos globales con modelos de exposición y proyecciones específicas para 2050.
Los mapas resultantes permiten reconocer dónde coinciden varias presiones y orientar recursos hacia territorios con mayor exposición acumulada. Entre las medidas propuestas figuran la restauración de ecosistemas, la creación y gestión efectiva de áreas protegidas y el control de especies exóticas invasoras.
La evidencia disponible indica que las intervenciones de conservación pueden frenar o revertir la pérdida de biodiversidad cuando cuentan con objetivos definidos, seguimiento y recursos suficientes.
Los autores reconocen que su evaluación no incorpora con el mismo detalle todas las amenazas. Futuras versiones podrían integrar la contaminación por plásticos y pesticidas, la luz artificial y la sobreexplotación de los recursos naturales. Por ello, los mapas constituyen una base para priorizar decisiones, pero deben complementarse con información ecológica y social de cada isla.
Fuentes referenciales:
Agencia SINC
Proceedings of the National Academy of Sciences
