El sistema Deter identificó 2.874,38 kilómetros cuadrados bajo alerta entre agosto de 2025 y julio de 2026, el menor registro de su serie histórica
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Karem Díaz S.
La Amazonía brasileña registró entre agosto de 2025 y julio de 2026 la menor superficie bajo alerta de deforestación desde que comenzó la actual serie de monitoreo en 2016. Los datos del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil (INPE) muestran que las alertas abarcaron 2.874,38 kilómetros cuadrados, un 36% menos que durante el ciclo anterior.
El resultado quedó además un 55,6% por debajo del promedio de los diez ciclos comprendidos entre 2015/2016 y 2024/2025. Las cifras prolongan la tendencia descendente observada desde el inicio del tercer mandato del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, cuyo Gobierno mantiene el objetivo de eliminar la deforestación ilegal antes de 2030.
Los registros proceden del Sistema de Detección de Deforestación en Tiempo Real, conocido como Deter. Esta herramienta utiliza imágenes satelitales para localizar rápidamente cambios en la cobertura vegetal y proporcionar información operativa a los organismos responsables de la fiscalización ambiental.
Pará y Mato Grosso concentraron la mayor superficie bajo alerta
Pará encabezó los registros entre los estados de la Amazonía Legal, con 987,27 kilómetros cuadrados bajo alerta. Le siguieron Mato Grosso, con 834,41 kilómetros cuadrados; Amazonas, con 433,9; Roraima, con 272,6; Acre, con 153,8; y Rondônia, con 114,3 kilómetros cuadrados.
La disminución se extendió a la mayoría de esos territorios. Mato Grosso redujo su superficie bajo alerta un 49%, Amazonas un 46,7%, Rondônia un 41,2%, Acre un 35,3% y Pará un 25,5% frente al ciclo anterior.
Roraima fue la principal excepción a la tendencia general, con un aumento del 32,5%. La diferencia territorial indica que el descenso agregado no elimina la necesidad de mantener controles focalizados en los lugares donde persisten o aumentan las presiones sobre el bosque.
Los nuevos resultados amplían el balance conocido en julio, cuando la deforestación amazónica durante el primer semestre de 2026 había caído a 1.295 kilómetros cuadrados, un 38% menos que en el mismo periodo de 2025.
Deter identifica alertas y Prodes calcula la tasa oficial
El INPE utiliza dos sistemas complementarios para vigilar la pérdida de vegetación. Deter genera alertas diarios destinados a orientar las inspecciones y las operaciones de control, mientras que Prodes realiza una medición anual de mayor precisión y constituye la referencia oficial para establecer las tasas de deforestación de los biomas brasileños.
Por esa diferencia metodológica, los 2.874,38 kilómetros cuadrados no deben interpretarse como la tasa anual consolidada de deforestación calculada por Prodes. Representan la superficie identificada bajo alerta por Deter durante el ciclo concluido en julio de 2026.
La rapidez de Deter permite localizar áreas donde posiblemente se esté retirando vegetación y facilita la movilización de los organismos ambientales. Prodes emplea posteriormente imágenes y procedimientos más detallados para cuantificar la pérdida anual efectiva.
El monitoreo desde el espacio también permite estudiar los efectos acumulados de la transformación territorial. Investigaciones anteriores han utilizado información satelital para analizar el avance de la deforestación en la zona de desarrollo Abunã-Madeira, situada entre Amazonas, Acre y Rondônia.
La reducción consolida un cambio iniciado en 2023
La pérdida de cobertura forestal había aumentado durante varios años y alcanzó 13.038 kilómetros cuadrados en 2021, según la serie anual de Prodes. Entre agosto de 2022 y julio de 2023, la superficie deforestada descendió a 9.001 kilómetros cuadrados, una reducción del 22% frente al ciclo precedente.
El retroceso continuó durante los años siguientes. Los datos de Prodes correspondientes al periodo comprendido entre agosto de 2024 y julio de 2025 situaron la deforestación amazónica en 5.796 kilómetros cuadrados, un 11% menos que un año antes y el menor nivel anual desde 2014.
La evolución coincide con el retorno de Lula da Silva a la Presidencia en enero de 2023 y con el fortalecimiento de las políticas de control ambiental. Entre las medidas aplicadas se encuentran la reactivación de planes interministeriales, la ampliación del seguimiento satelital y una mayor coordinación de los organismos federales.
La disminución acumulada representa una señal positiva, pero no elimina las presiones que continúan actuando sobre la región. La ocupación irregular de tierras públicas, la expansión de pasturas y cultivos, la minería ilegal, la tala y la apertura de infraestructura siguen influyendo en distintos sectores de la Amazonía.
La pérdida del bosque altera el calor y las lluvias
La importancia del descenso va más allá de la superficie conservada. La selva amazónica almacena carbono, alberga una biodiversidad excepcional y participa activamente en el transporte de humedad que sostiene las precipitaciones dentro y fuera de la cuenca.
La reducción del bosque modifica esos procesos. Un análisis sobre los efectos climáticos de la deforestación en la Amazonía brasileña mostró que las regiones con una cobertura forestal inferior al 40% presentan temperaturas más elevadas y una disminución de hasta una cuarta parte de las lluvias durante la estación seca.
La pérdida de árboles reduce la evapotranspiración, debilita el reciclaje de humedad y deja los fragmentos remanentes más expuestos al calor. Estas condiciones pueden afectar la regeneración natural, aumentar el estrés hídrico y favorecer la propagación de incendios en paisajes degradados.
Otra investigación concluyó que la deforestación contribuye a reducir las precipitaciones y elevar las temperaturas amazónicas. Estos efectos muestran por qué frenar el desmonte también constituye una medida de protección climática y de seguridad hídrica regional.
El Cerrado mantiene una superficie bajo alerta más elevada
El monitoreo oficial también registró una reducción del 7,8% en las alertas del Cerrado entre agosto de 2025 y julio de 2026. Sin embargo, la superficie identificada en esta sabana tropical alcanzó 5.119,46 kilómetros cuadrados, casi el doble del registro amazónico.
Maranhão encabezó las alertas en el Cerrado, con 1.276,92 kilómetros cuadrados, seguido por Tocantins, con 1.189,9. También se registraron superficies importantes en Piauí, Mato Grosso, Bahia y Minas Gerais.
Los resultados fueron desiguales: Tocantins, Piauí y Bahia redujeron sus alertas, mientras Maranhão, Mato Grosso y Minas Gerais presentaron aumentos. En este último estado, el incremento alcanzó el 72,5% frente al periodo anterior.
Los datos muestran que el descenso amazónico no representa por sí solo una reducción uniforme de la presión sobre todos los ecosistemas brasileños. La protección del Cerrado resulta especialmente relevante por su biodiversidad, sus reservas de carbono y su papel en las cuencas que abastecen de agua a distintas regiones del país.
El desafío es convertir la caída en una tendencia duradera
El mínimo registrado por Deter confirma que las alertas pueden reducirse mediante vigilancia satelital, fiscalización y coordinación institucional. Aun así, casi 2.900 kilómetros cuadrados de Amazonía permanecieron bajo alerta durante el último ciclo, y algunos estados mostraron evoluciones contrarias al promedio nacional.
El cumplimiento del objetivo de deforestación ilegal cero para 2030 dependerá de mantener los controles, proteger las tierras públicas y los territorios indígenas, perseguir las cadenas económicas asociadas con delitos ambientales y ofrecer alternativas sostenibles a las comunidades de la región.
La próxima estimación anual de Prodes permitirá precisar cuánta cobertura forestal fue eliminada efectivamente durante el periodo. Hasta entonces, los resultados de Deter funcionan como una señal temprana favorable y como una guía territorial para concentrar las acciones de protección donde todavía avanzan los desmontes.
Fuentes referenciales:
France 24
Agência Gov de Brasil y Ministerio de Medio Ambiente
