Un estudio de la Universidad de Columbia revela que el último vestigio de la antigua capa de hielo Laurentide comenzó a expandirse hace unos 2.000 años, pero el calentamiento del siglo XX invirtió esa tendencia. Los científicos plantean que la Tierra ya había iniciado una nueva fase de crecimiento glaciar.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Eduardo Schmitz
Una investigación dirigida por científicos del Observatorio Terrestre Lamont-Doherty, perteneciente a la Universidad de Columbia, en Estados Unidos, ha encontrado evidencias de que una antigua capa de hielo del Ártico canadiense comenzó a expandirse nuevamente hace aproximadamente 2.000 años. Sin embargo, ese crecimiento se interrumpió durante el siglo XX, cuando las temperaturas estivales aumentaron lo suficiente para provocar un retroceso sostenido del hielo.
El estudio, publicado en octubre de 2026 en la revista científica Science, propone una interpretación sorprendente de la historia climática reciente: la Tierra podría haber iniciado una nueva fase de glaciación que fue interrumpida por el calentamiento moderno.
Los investigadores, encabezados por el geoquímico Nicolás E. Young, reconstruyeron la evolución del casquete glaciar Barnes, situado en la isla de Baffin, en el territorio canadiense de Nunavut. Este cuerpo de hielo constituye el último vestigio de la antigua capa de hielo Laurentide, que durante la última glaciación cubrió extensas regiones de América del Norte.
La principal conclusión no significa que una nueva edad de hielo continental fuera inminente. Los autores sostienen que el crecimiento inicial de una capa glaciar representa una señal temprana de glaciación, aunque su expansión hasta dimensiones continentales habría requerido decenas de miles de años.
Un antiguo casquete de hielo conserva la historia climática de Canadá
La capa de hielo Laurentide fue una de las mayores masas glaciares que existieron durante el último período glacial. Se extendió sobre buena parte de Canadá y el norte de Estados Unidos, alcanzando regiones tan meridionales como el actual estado de Illinois.
En algunos sectores, el espesor del hielo superó los 3,2 kilómetros. Su expansión y posterior retroceso transformaron profundamente el paisaje norteamericano y contribuyeron a configurar numerosos sistemas de lagos y depósitos sedimentarios.
Aunque la mayor parte de esa capa desapareció después de la última glaciación, una pequeña porción sobrevivió en el centro de la isla de Baffin: el casquete Barnes.
Este remanente resulta especialmente valioso para los investigadores porque permanece adherido directamente al lecho rocoso y presenta un comportamiento distinto al de muchos glaciares que se desplazan sobre su base.
Gracias a esta característica, el hielo pudo conservar restos de vegetación que crecieron en períodos anteriores, cuando su extensión era menor.
Los científicos utilizaron esas plantas antiguas para reconstruir los avances y retrocesos del casquete a lo largo de miles de años.
Las plantas atrapadas bajo el hielo revelaron una expansión inesperada
El equipo examinó restos vegetales que quedaron expuestos a medida que el casquete Barnes y otros cuerpos de hielo más pequeños retrocedían.
Para determinar cuándo habían crecido esas plantas, los investigadores aplicaron técnicas de datación mediante carbono 14, un isótopo radiactivo que permite estimar la antigüedad de materiales orgánicos.
Cuando una planta muere y queda cubierta por el hielo, deja de intercambiar carbono con la atmósfera. La cantidad de carbono 14 que permanece en sus tejidos disminuye progresivamente, proporcionando una referencia temporal para estudiar el momento en que fue sepultada.
Al analizar muestras procedentes de diferentes posiciones, los investigadores pudieron reconstruir la evolución del margen glaciar.
Los resultados indican que la capa Laurentide alcanzó una de sus extensiones mínimas hace aproximadamente 3.000 años.
Posteriormente, alrededor de hace 2.000 años, las condiciones climáticas se volvieron suficientemente frías para permitir que el hielo comenzara a expandirse nuevamente.
Según los autores, esta recuperación constituye una señal de que el sistema glaciar había iniciado una nueva etapa de crecimiento, después de un prolongado período de retroceso.
Una nueva glaciación habría necesitado unos 30.000 años
El estudio propone distinguir entre el comienzo de una glaciación y el momento en que una capa de hielo alcanza dimensiones continentales.
Tradicionalmente, las reconstrucciones climáticas han utilizado diferentes indicadores para identificar las transiciones entre períodos glaciales e interglaciales, incluidos cambios orbitales, temperaturas y extensión de las grandes masas de hielo.
Los investigadores consideran que el crecimiento renovado de un casquete que anteriormente había disminuido hasta dimensiones mínimas puede interpretarse como una etapa inicial del proceso.
De acuerdo con esta interpretación, la expansión iniciada hace unos 2.000 años habría necesitado miles de años para producir un enfriamiento ampliamente perceptible.
El equipo estima que la reconstrucción de una capa de hielo comparable a la antigua Laurentide habría requerido aproximadamente 30.000 años.
Esto significa que el fenómeno identificado no representaba la llegada inmediata de una edad de hielo, sino una posible transición climática de desarrollo extremadamente lento.
La interpretación también difiere de estudios anteriores basados en modelos, que habían situado el comienzo de la próxima glaciación dentro de varios miles o incluso decenas de miles de años.
La diferencia depende, en parte, de cómo se define el inicio de un período glacial.
El calentamiento del siglo XX invirtió el crecimiento del hielo
La reconstrucción indica que la expansión del casquete Barnes continuó durante buena parte de los últimos dos milenios, hasta que el aumento de las temperaturas modificó su balance de masa.
Durante la década de 1960, las condiciones estivales ya eran suficientemente cálidas para que el hielo perdido durante el verano superara la cantidad acumulada durante el invierno.
Como resultado, el casquete comenzó a retroceder y quedó interrumpida la tendencia de crecimiento identificada en los registros geológicos.
Los autores interpretan esta inversión como una demostración de la capacidad del calentamiento moderno para alterar procesos climáticos que normalmente evolucionan durante miles de años.
Sin embargo, el estudio se concentra en la historia del casquete Barnes y en su relación con la antigua capa Laurentide. No demuestra que todos los sistemas glaciares del planeta estuvieran expandiéndose simultáneamente hace 2.000 años.
Esta distinción es importante porque la evolución de los glaciares depende de factores regionales, como las precipitaciones, las temperaturas y la configuración del terreno.
Las investigaciones sobre los episodios de enfriamiento y avances glaciares durante el Holoceno también muestran que las variaciones climáticas naturales pueden provocar respuestas significativas de las masas de hielo en distintas regiones.
El último vestigio de Laurentide podría desaparecer por completo
El casquete Barnes conserva una importancia geológica que supera ampliamente su tamaño actual.
Su presencia constituye una conexión física con el sistema glaciar que dominó grandes extensiones de América del Norte durante el último período glacial.
Según las proyecciones citadas por los investigadores, el casquete podría desaparecer completamente durante los próximos siglos si continúa su retroceso.
La pérdida de este remanente tendría consecuencias para la historia futura de las glaciaciones porque eliminaría una masa de hielo que, en condiciones frías, puede favorecer la acumulación adicional de nieve y hielo.
Este mecanismo está relacionado con procesos de retroalimentación climática. Una superficie cubierta de hielo refleja una proporción elevada de la radiación solar, contribuyendo a mantener temperaturas relativamente bajas.
Cuando el hielo disminuye y deja expuestas superficies más oscuras, aumenta la absorción de energía solar, lo que puede favorecer un calentamiento adicional.
El papel de la nieve y el hielo en el balance energético terrestre también se ha estudiado mediante observaciones satelitales sobre el enfriamiento asociado con los lagos helados del hemisferio norte, que permiten cuantificar la importancia de las superficies reflectantes.
La desaparición del casquete Barnes no impediría necesariamente que se formaran nuevas capas glaciares en un futuro lejano, pero podría modificar las condiciones iniciales bajo las cuales comenzaría ese proceso.
Qué significa realmente que la Tierra siga viviendo una edad de hielo
El estudio también plantea una distinción importante entre los términos utilizados habitualmente para describir las glaciaciones.
Desde una perspectiva geológica, la Tierra continúa dentro de una edad de hielo iniciada hace aproximadamente 34 millones de años, durante el Cenozoico tardío.
Dentro de esa extensa etapa climática se alternan períodos glaciales, caracterizados por la expansión de grandes capas de hielo, y períodos interglaciales relativamente cálidos.
El período interglacial actual comenzó hace aproximadamente 11.700 años, después de la finalización del último período glacial.
Por ello, cuando se habla de una posible nueva edad de hielo, normalmente se hace referencia al comienzo de otro período glacial dentro de una etapa geológica que ya presenta grandes masas de hielo permanentes.
El nuevo trabajo propone que el crecimiento del casquete Barnes hace unos 2.000 años podría representar el comienzo de una de esas transiciones.
No obstante, esta interpretación deberá contrastarse con otros registros paleoclimáticos y con las simulaciones que describen la evolución de los ciclos glaciales.
Las glaciaciones dependen de procesos climáticos de larga duración
Las grandes glaciaciones de la Tierra responden a la interacción de múltiples factores, entre ellos las variaciones orbitales, las concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero y los mecanismos de retroalimentación relacionados con el hielo y los océanos.
Los cambios en la órbita terrestre modifican la distribución estacional y geográfica de la energía solar recibida por el planeta.
Estas variaciones pueden favorecer o dificultar la acumulación de nieve durante períodos prolongados, especialmente en las latitudes altas del hemisferio norte.
Sin embargo, la respuesta final del sistema climático depende también de la composición de la atmósfera y de las interacciones entre océanos, continentes y grandes masas glaciares.
En escalas geológicas mucho más antiguas, los científicos han identificado mecanismos capaces de intensificar estados de enfriamiento extremo, como ocurrió durante los episodios conocidos como Tierra Bola de Nieve.
Las investigaciones sobre la influencia de las sales superficiales en las antiguas glaciaciones globales muestran cómo determinados procesos físicos pueden amplificar la reflexión solar y reforzar el enfriamiento.
Aunque aquellos acontecimientos ocurrieron en condiciones planetarias muy diferentes de las actuales, ilustran la importancia de las retroalimentaciones climáticas para comprender la expansión y persistencia de las grandes capas de hielo.
El estudio abre nuevas preguntas sobre las futuras glaciaciones
Una de las principales incertidumbres es determinar cuándo podrían volver a desarrollarse condiciones favorables para una expansión glaciar prolongada.
Los investigadores señalan que las concentraciones elevadas de gases de efecto invernadero complican las proyecciones sobre el comienzo de futuros períodos glaciales.
También plantean que la desaparición definitiva del casquete Barnes podría modificar la dinámica de una eventual recuperación del hielo continental en América del Norte.
El estudio no establece una fecha para una futura glaciación ni permite afirmar que el calentamiento global haya eliminado permanentemente los ciclos glaciales de la Tierra.
Su principal aportación consiste en documentar, mediante restos vegetales preservados bajo el hielo, una etapa de expansión del último remanente de Laurentide que comenzó hace unos 2.000 años y terminó con el retroceso registrado durante el siglo XX.
La investigación proporciona así una nueva referencia para estudiar cómo los procesos climáticos naturales de larga duración pueden verse alterados por cambios ambientales que se desarrollan en períodos mucho más breves.
Fuentes referenciales:
Science — Late Holocene re-expansion of the Laurentide Ice Sheet (2026)
Columbia Climate School — Global warming may have halted an emerging ice age, study suggests (22 de octubre de 2026)




