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Viernes, 24 de julio de 2026

Panorama Planetario

Una lectura integrada del clima, los océanos, la atmósfera, el hielo y los principales riesgos naturales que configuran el estado actual del sistema Tierra.

Resumen ejecutivo

El sistema climático continúa operando sobre una base térmica excepcionalmente elevada. Junio de 2026 fue el segundo junio más cálido registrado globalmente por Copernicus, con una temperatura media superficial de 16,54 °C, 0,56 °C por encima del promedio de 1991–2020 y 1,39 °C sobre la estimación preindustrial correspondiente al mes.

El desarrollo de El Niño en el Pacífico tropical añade una señal de reorganización atmosférica y oceánica para el segundo semestre. NOAA indica que el episodio continuará fortaleciéndose y presenta una probabilidad muy alta de persistir hasta comienzos de la primavera boreal de 2027.

La combinación de océanos cálidos, concentraciones elevadas de gases de efecto invernadero, sequedad regional y episodios de calor mantiene activos riesgos interconectados: olas de calor, incendios, estrés hídrico, lluvias intensas, inundaciones costeras y alteraciones en ecosistemas terrestres y marinos.

Indicadores del sistema Tierra

🌡️
Temperatura global

Calor persistente

Junio de 2026 fue el segundo más cálido del registro global. La señal confirma que la variabilidad natural actúa sobre un planeta cuya temperatura de fondo permanece muy por encima de los niveles históricos.

🌊
Océanos

Pacífico en fase cálida

El Niño ya está establecido. El calentamiento del Pacífico ecuatorial puede alterar lluvias, vientos y temperaturas en múltiples continentes, aunque sus impactos concretos variarán según región y estación.

☁️
CO₂ atmosférico

Acumulación sostenida

Las concentraciones de dióxido de carbono continúan en niveles históricamente elevados. Su permanencia prolongada en la atmósfera refuerza el desequilibrio energético y la retención de calor del planeta.

🧊
Hielo polar

Temporada sensible en el Ártico

El verano boreal avanza hacia el mínimo anual del hielo marino ártico. La distribución regional del hielo, su espesor y la temperatura oceánica condicionarán la extensión observada al final de la temporada.

🔥
Incendios

Combustibles secos y calor

Las altas temperaturas, la vegetación reseca y el viento mantienen peligro de incendios en zonas mediterráneas, bosques templados, regiones occidentales de Norteamérica y sectores secos de Sudamérica.

🏜️
Sequías

Déficits con efecto acumulativo

La sequía no depende únicamente de la ausencia de lluvia. El calor acelera la evaporación, reduce humedad del suelo y agrava la presión sobre cultivos, ríos, embalses, bosques y abastecimiento urbano.

⛈️
Tormentas

Atmósfera con más humedad

Una atmósfera cálida puede contener más vapor de agua. Cuando se forman tormentas, aumenta la posibilidad de lluvias intensas, inundaciones repentinas, granizo y daños concentrados en períodos breves.

🌀
Fenómenos extremos

Riesgos simultáneos

Calor, incendios, sequías, lluvias torrenciales y erosión costera pueden coincidir en distintas partes del planeta. La simultaneidad exige sistemas de alerta capaces de priorizar recursos y población vulnerable.

Señal planetaria destacada: El Niño se consolida

La señal cálida del Pacífico tropical es el principal cambio dinámico del sistema Tierra durante este período. NOAA mantiene un aviso de El Niño y señala que el fenómeno continuará fortaleciéndose hacia el invierno boreal de 2026–2027.

Sus efectos no son uniformes ni automáticos. Puede aumentar la probabilidad de determinadas anomalías de lluvia y temperatura, modificar la actividad de tormentas tropicales y ejercer presión adicional sobre arrecifes de coral expuestos al estrés térmico marino.

Perspectiva para los próximos 7–14 días

Próximos siete días

La atención se concentra en olas de calor del hemisferio norte, incendios en paisajes secos, lluvias monzónicas intensas en Asia y posibles inundaciones repentinas. Las zonas urbanas pueden experimentar temperaturas nocturnas elevadas, con menor recuperación térmica.

En costas y estuarios, la coincidencia entre mareas altas, oleaje y tormentas puede agravar inundaciones locales, especialmente donde la subsidencia o la elevación del nivel del mar reducen el margen de seguridad.

Entre ocho y catorce días

Será necesario vigilar la persistencia de bloqueos atmosféricos, la expansión de áreas secas y cualquier reorganización de lluvias asociada al Pacífico tropical. La incertidumbre aumenta con el plazo, por lo que deben priorizarse actualizaciones regionales.

Los servicios de emergencia y gestores ambientales deberían mantener seguimiento de humedad del suelo, índices de peligro de incendio, temperatura marina, caudales y alertas de precipitación extrema.

Fuentes científicas

Copernicus Climate Change Service · NOAA Climate Prediction Center · NASA Earth Observatory · NOAA Coral Reef Watch

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La sal podría habernos empujado más hacia la Tierra Bola de Nieve hace 700 millones de años


Nuestro planeta se sumió en uno de los estados climáticos más dramáticos de su larga historia, hace aproximadamente 720–635 millones de años. Durante un período que los geólogos denominan Tierra Bola de Nieve, las capas de hielo se extendieron desde los polos hasta los trópicos, cubriendo los océanos y continentes en una congelación casi global.


por Hannah Bird , Phys.org


La evidencia de este clima extremo proviene de formaciones rocosas alrededor del mundo que llevan las señales de antiguos glaciares en latitudes bajas, señales de que la superficie de la Tierra estaba cubierta de hielo mucho más allá de lo que vemos en las regiones polares actuales.

Los científicos han estudiado durante mucho tiempo cómo un proceso de retroalimentación conocido como albedo del hielo contribuyó a fijar y amplificar este frío intenso. El albedo mide la cantidad de luz solar que refleja una superficie; la nieve y el hielo son brillantes y reflejan la mayor parte de la energía solar de vuelta al espacio, enfriando aún más el planeta a medida que se extiende por la superficie.

Pero una nueva investigación, publicada en Climate of the Past , explora otro factor que se ha pasado por alto: cómo la sal que emerge del hielo marino podría haber jugado un papel en mejorar el agarre helado de la Tierra durante las primeras etapas de la glaciación global, cuando el planeta estaba en transición de un clima más cálido a un estado completamente congelado.

El efecto climático de la sal

Cuando el hielo marino se forma hoy en día en las regiones polares, no se congela como agua pura. El agua del océano contiene sal, y a medida que se forma el hielo, la mayor parte de esta se desprende de la red de congelación. Parte de esa sal queda atrapada en bolsas de salmuera y, en condiciones muy frías y secas, puede cristalizarse y precipitarse del hielo restante.

En una Tierra Bola de Nieve, los autores sugieren que este proceso puede haber sido generalizado en la vasta extensión de hielo marino desnudo expuesto a la atmósfera.

A medida que el hielo se sublima (pasando directamente de sólido a vapor de agua sin fundirse), la sal atrapada en su estructura habría quedado como un residuo de brillantes cristales de sal blancos en la superficie. En un clima ya dominado por una alta reflectividad, esta corteza salina podría haber potenciado aún más la capacidad de reflexión del planeta. En términos de la climatología, esto representa otra retroalimentación positiva: una mayor luz solar reflejada implica un menor calentamiento, lo que a su vez implica una mayor acumulación de hielo (y, en este caso, de sal) en la capa helada de la Tierra.

Para explorar cuán significativo podría haber sido este efecto, investigadores de UiT, la Universidad Ártica de Noruega, construyeron un modelo climático simple que incluía esta retroalimentación sal-albedo.

En sus simulaciones, una vez que el proceso se inició, contribuyó a intensificar la tendencia al enfriamiento que ya estaba en marcha durante las primeras etapas del fenómeno Tierra Bola de Nieve. Esto sugiere que la precipitación salina podría haber actuado como un acelerador, hundiendo el planeta en un estado de congelación aún mayor del que habría alcanzado únicamente con los procesos de albedo del hielo.

Además, en el modelo, una vez que se activa la retroalimentación salina, volver a un clima más cálido requeriría un calentamiento sustancialmente mayor que en simulaciones sin sal, lo que sugiere que el proceso podría haber hecho que el estado congelado fuera más resistente al derretimiento.

Ilustración de los parámetros de modelado de temperatura y radiación solar que influyen en las transiciones de glaciación a invernadero con y sin depósitos de sal. Crédito: Samuelsberg et al., 2026.

Por qué la sal es importante en los modelos climáticos

La salinidad de los océanos influye en la densidad del agua, su circulación y la forma en que el calor se desplaza a través de los mares, todo lo cual repercute en el sistema climático global. Investigaciones previas han demostrado incluso que las diferencias en la salinidad pueden influir en la facilidad con la que un planeta entra o sale del estado de bola de nieve.

Estudios de laboratorio y de campo han demostrado que el hielo salado puede tener un albedo muy alto en comparación con el hielo o la nieve ordinarios, pero estos efectos no se han incorporado ampliamente a los modelos climáticos globales, especialmente a los utilizados para estudiar el pasado profundo de la Tierra.

En la práctica, esto significa que muchas simulaciones de la Tierra Bola de Nieve podrían haber subestimado cuán reflectante podría haberse vuelto la superficie del planeta una vez que el hielo comenzó a desprenderse de sus residuos salinos. Los nuevos resultados sugieren que este proceso, pasado por alto, podría ayudar a explicar por qué la Tierra entró en una congelación tan profunda y prolongada en primer lugar y cuán sensibles pueden ser los climas planetarios a procesos físicos aparentemente pequeños que actúan en la superficie.

Sin embargo, los investigadores enfatizan que este es un estudio de modelado inicial. Sigue siendo incierto si se formaron y persistieron grandes depósitos superficiales de sal de larga duración en la Tierra Bola de Nieve, y se necesitan modelos climáticos más detallados para evaluar la intensidad de esta retroalimentación al incluir procesos como la dinámica de las nubes, el viento y el hielo.

El panorama más amplio de las congelaciones profundas

Los fenómenos de la Tierra Bola de Nieve, aunque extremos, no fueron curiosidades aisladas. Se cree que ocurrieron más de una vez durante el Neoproterozoico (hace aproximadamente entre 1000 y 538 millones de años), una época de drásticas fluctuaciones climáticas que también podrían haber influido en la evolución de la vida primitiva. Comprender la mecánica precisa de estos fenómenos ayuda a los científicos a desentrañar cómo se comporta el sistema climático de la Tierra en condiciones muy diferentes a las actuales.

La retroalimentación sal-albedo no reemplaza la clásica retroalimentación hielo-albedo que los climatólogos han estudiado desde hace mucho tiempo. Más bien, añade otra capa a la compleja interacción de procesos que pueden llevar a un planeta a (o salir de) una glaciación global. A medida que los modeladores perfeccionen sus herramientas e incluyan física más detallada, podríamos descubrir que la congelación antigua de la Tierra fue aún más matizada de lo que las rocas y las simulaciones han mostrado previamente.

Detalles de la publicación

Aksel Samuelsberg et al., Enfriamiento amplificado de la Tierra Bola de Nieve a partir de una retroalimentación sal-albedo, Clima del Pasado (2026). DOI: 10.5194/egusphere-2026-679