Un estudio sobre la tormenta Boris de septiembre de 2024 revela que el calentamiento causado por actividades humanas amplificó los caudales máximos de las inundaciones en Europa central mucho más que las precipitaciones que las originaron.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Karem Díaz S.
El cambio climático puede aumentar la magnitud de las inundaciones fluviales en una proporción considerablemente mayor que el incremento de las lluvias extremas que las desencadenan. Así lo demuestra una investigación del Centro Helmholtz de Investigación Ambiental (UFZ), en Alemania, que analizó las devastadoras crecidas provocadas por la tormenta Boris en Europa central durante septiembre de 2024.
El estudio, publicado el 28 de octubre de 2026 en la revista científica Science Advances, encontró que, sin la influencia del calentamiento global causado por actividades humanas, las precipitaciones asociadas con aquella tormenta habrían sido aproximadamente entre un 6 % y un 9 % menores. Sin embargo, los caudales máximos de las inundaciones habrían sido, en promedio, entre un 14 % y un 22 % inferiores.
Esta diferencia muestra que una variación relativamente moderada en la cantidad de lluvia puede traducirse en un aumento mucho más pronunciado de la cantidad de agua que circula por los ríos durante un episodio extremo.
La investigación fue dirigida por Peter Miersch, del UFZ, y contó con la participación de Jakob Zscheischler, investigador climático del mismo centro y profesor de análisis de datos en ciencias hidrológicas de la Universidad Técnica de Dresde.
Los científicos combinaron simulaciones climáticas y modelos hidrológicos para estudiar cómo las precipitaciones se transformaron en escorrentía y posteriormente en crecidas fluviales.
Los resultados tienen implicaciones directas para la evaluación de los riesgos de inundación y para el diseño de infraestructuras de protección, especialmente en regiones donde los sistemas existentes fueron construidos considerando determinados niveles máximos de caudal.
La tormenta Boris provocó inundaciones graves en Europa central
En septiembre de 2024, la tormenta Boris produjo precipitaciones extraordinariamente intensas en amplias regiones de Europa central y oriental.
Polonia, República Checa y Austria estuvieron entre los países más afectados. En determinadas zonas se acumularon varios cientos de milímetros de lluvia durante pocos días, lo que provocó el desbordamiento de numerosos ríos.
Las inundaciones afectaron localidades, infraestructuras y extensas superficies del territorio, convirtiéndose en uno de los episodios hidrometeorológicos más graves de aquel año en la región.
Las investigaciones de atribución climática realizadas después del acontecimiento ya habían identificado una contribución del calentamiento global a la intensidad de las precipitaciones.
Sin embargo, esos estudios se concentraban principalmente en las características meteorológicas del episodio, como la cantidad de lluvia y su intensidad.
El nuevo trabajo aborda una cuestión adicional: cómo se traduce ese incremento de las precipitaciones en el comportamiento de los ríos.
Esta distinción resulta fundamental porque las inundaciones dependen no solamente de cuánto llueve, sino también de cómo responde el territorio a la entrada de agua.
La investigación complementa los análisis sobre las consecuencias económicas y territoriales de las inundaciones en Europa, donde el aumento de los riesgos climáticos está planteando nuevas dificultades para la protección de viviendas e infraestructuras.
Por qué una lluvia ligeramente más intensa puede provocar crecidas mucho mayores
La explicación principal identificada por los investigadores se encuentra en la capacidad limitada del suelo para absorber agua durante un episodio de precipitaciones persistentes.
Al comienzo de una tormenta, parte de la lluvia puede infiltrarse en el terreno y almacenarse temporalmente en sus poros.
Sin embargo, cuando las precipitaciones continúan y el suelo alcanza condiciones de saturación, su capacidad de almacenar agua adicional disminuye considerablemente.
En ese momento, una proporción mucho mayor de la lluvia puede convertirse en escorrentía y alcanzar los cursos fluviales.
Esto significa que los últimos milímetros de precipitación de un episodio prolongado pueden tener consecuencias hidrológicas muy diferentes de los primeros.
Cuando las cuencas ya están saturadas, un incremento adicional de lluvia puede provocar un aumento desproporcionado del caudal de los ríos.
Los científicos comprobaron que este mecanismo contribuyó a amplificar las inundaciones asociadas con la tormenta Boris.
Por tanto, no existe una relación necesariamente lineal entre el incremento de las precipitaciones y la magnitud de las crecidas.
Una tormenta con un 10 % más de lluvia no tiene por qué producir una inundación solamente un 10 % mayor. En determinadas condiciones, el aumento del caudal máximo puede ser considerablemente superior.
Dos modelos climáticos y dos hidrológicos respaldan los resultados
Para investigar la contribución del calentamiento global, el equipo científico utilizó dos modelos climáticos y dos modelos hidrológicos.
Uno de los modelos hidrológicos incorporaba técnicas de aprendizaje automático, lo que permitió comparar resultados obtenidos mediante aproximaciones metodológicas diferentes.
Los investigadores construyeron escenarios destinados a representar cómo se habría desarrollado el mismo episodio de precipitaciones bajo condiciones climáticas sin la influencia del calentamiento antropogénico.
Posteriormente analizaron cómo esas diferencias en las lluvias se traducían en cambios en la escorrentía y en los caudales máximos de los ríos.
Los resultados mostraron un patrón consistente entre las distintas combinaciones de modelos.
En todos los casos, las diferencias en los caudales máximos fueron proporcionalmente mayores que las diferencias en las precipitaciones.
La coincidencia entre métodos proporciona respaldo a la conclusión principal, aunque los porcentajes concretos dependen de los modelos y de las condiciones representadas.
El análisis permite avanzar desde una atribución exclusivamente meteorológica hacia una evaluación de las consecuencias hidrológicas de las precipitaciones extremas.
Las crecidas fueron entre un 14 % y un 22 % mayores por el calentamiento
La comparación entre el clima actual y los escenarios sin calentamiento causado por actividades humanas permitió cuantificar la diferencia en los caudales máximos.
Según las simulaciones, las precipitaciones de la tormenta Boris habrían sido entre un 6 % y un 9 % menores en ausencia de esa influencia climática.
Los caudales máximos, en cambio, habrían resultado entre un 14 % y un 22 % inferiores, en promedio.
En términos equivalentes, las simulaciones indican que el calentamiento antropogénico amplificó la respuesta hidrológica del episodio en una proporción mayor que la intensificación de las lluvias.
Es importante precisar que estos porcentajes no representan una medición directa de todas las pérdidas materiales ni del aumento de la superficie inundada.
Se refieren a las diferencias simuladas en las precipitaciones y en los caudales máximos bajo los escenarios climáticos comparados.
Los daños reales también dependen de la localización de viviendas e infraestructuras, las características de las defensas fluviales, la topografía y la vulnerabilidad de las comunidades.
La investigación demuestra, por tanto, una amplificación del peligro hidrológico, pero no establece que las pérdidas económicas aumentaran exactamente en esos mismos porcentajes.
Las defensas contra inundaciones pueden superar sus límites de diseño
Una de las principales consecuencias de los resultados se relaciona con la planificación de las medidas de protección frente a inundaciones.
Los diques, muros de contención y otras infraestructuras hidráulicas suelen diseñarse para resistir determinados niveles de caudal o altura del agua.
Cuando una crecida supera esos umbrales, la capacidad de protección puede reducirse rápidamente y las consecuencias pueden agravarse.
Jakob Zscheischler advierte que evaluar los riesgos futuros considerando únicamente el porcentaje de aumento de las precipitaciones puede llevar a subestimar el peligro real.
Por ejemplo, un incremento del 10 % en las lluvias extremas podría estar acompañado de un aumento del 20 % en la magnitud de determinadas crecidas, dependiendo de las condiciones hidrológicas.
El ejemplo no constituye una regla universal aplicable a todas las cuencas. Ilustra la importancia de representar la respuesta del territorio a las precipitaciones.
Las autoridades responsables de la gestión de inundaciones necesitan considerar el proceso completo, desde la formación de la tormenta hasta la acumulación y circulación del agua por los ríos.
Esta necesidad adquiere especial relevancia en un continente donde las diferencias regionales en los patrones de lluvia y sequía complican la evaluación de los riesgos hidrológicos.
Las medidas de adaptación deben considerar tanto los episodios de precipitación extrema como las características particulares de las cuencas expuestas.
El estudio distingue entre la intensidad de la lluvia y el peligro de inundación
Los autores subrayan que una investigación de atribución climática debe precisar qué fenómeno está evaluando.
Determinar cuánto aumentó la lluvia debido al calentamiento global no equivale a establecer cuánto aumentó el caudal de los ríos.
La respuesta hidrológica depende de las características de cada cuenca, de la cantidad de agua que puede absorber el suelo y de la acumulación de precipitaciones durante el episodio.
El estudio de la tormenta Boris incorpora estas variables mediante modelos capaces de representar la transformación de la lluvia en escorrentía y caudal fluvial.
Los investigadores también establecieron límites explícitos para su análisis.
Las simulaciones no determinaron si el cambio climático hace que los patrones meteorológicos semejantes a los de Boris sean más o menos frecuentes.
Tampoco incorporaron modificaciones en el uso del suelo o en la gestión del agua.
El objetivo fue comparar el mismo territorio actual bajo dos condiciones climáticas diferentes, aislando la contribución del calentamiento causado por actividades humanas.
Por tanto, los resultados no deben interpretarse como una evaluación de todos los factores que influyeron en las inundaciones reales de septiembre de 2024.
El cambio climático puede alterar el riesgo sin modificar el territorio
Uno de los aspectos más relevantes de la metodología es que los investigadores mantuvieron constantes las características del paisaje al comparar los escenarios.
De esta manera, las diferencias obtenidas en los caudales máximos se relacionaron con las modificaciones de las precipitaciones atribuibles al cambio climático.
Este procedimiento permite distinguir la influencia climática de otros procesos que también pueden modificar el comportamiento de los ríos, como la urbanización, la construcción de embalses o la transformación de los suelos.
En condiciones reales, estos factores pueden interactuar y modificar todavía más el resultado de un episodio de lluvias intensas.
El análisis demuestra que incluso sin introducir cambios adicionales en el territorio, el aumento de las precipitaciones puede generar una respuesta hidrológica desproporcionada.
La investigación se suma a los estudios que han identificado una intensificación de las precipitaciones extremas durante 2024, pero incorpora una dimensión diferente: la magnitud de las crecidas que resultan de esas lluvias.
La diferencia es esencial para la planificación, porque una infraestructura hidráulica no debe responder únicamente a una cantidad de precipitación, sino al volumen y la velocidad del agua que finalmente alcanza los cauces.
Una investigación publicada en Science Advances en octubre de 2026
El estudio se titula Evidence from 2024 Storm Boris indicates anthropogenic climate change amplifies floods more than extreme precipitation y fue publicado en la revista científica Science Advances en octubre de 2026.
La investigación está encabezada por Peter Miersch, del Centro Helmholtz de Investigación Ambiental, y cuenta con la participación de Jakob Zscheischler, investigador del UFZ y profesor de la Universidad Técnica de Dresde.
El artículo científico tiene el identificador DOI: 10.1126/sciadv.aef7703.
Los resultados fueron difundidos el 28 de octubre de 2026 por la Asociación Helmholtz de Centros de Investigación Alemanes.
La investigación aporta una evaluación cuantitativa de cómo el calentamiento global influyó en la magnitud de las inundaciones durante un episodio meteorológico concreto.
Su conclusión principal es que el incremento de las precipitaciones extremas no representa necesariamente toda la magnitud del aumento del peligro de inundación.
En el caso de la tormenta Boris, las simulaciones mostraron que un aumento de las lluvias del orden del 6 % al 9 % estuvo acompañado de una amplificación proporcionalmente mayor de los caudales máximos.
Los investigadores consideran que esta relación debe incorporarse a las evaluaciones de riesgo y a las estrategias de adaptación climática.
El resultado es especialmente importante para los sistemas de protección que dependen de umbrales específicos de caudal, ya que pequeñas diferencias en la cantidad de lluvia pueden determinar si una crecida permanece dentro de los límites previstos o los supera.
La investigación demuestra la necesidad de estudiar conjuntamente el clima, las precipitaciones, los suelos y los ríos para comprender cómo el calentamiento global modifica los peligros hidrológicos.
Fuentes referenciales:
Science Advances — Investigación científica original de Peter Miersch y colaboradores (2026)
Asociación Helmholtz de Centros de Investigación Alemanes — Comunicación científica del 28 de octubre de 2026




