Una investigación publicada en octubre de 2026 identifica cómo el agua puede descongelar desde abajo grandes bloques de terreno congelado y provocar derrumbes de dimensiones extraordinarias en el noroeste canadiense.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Eduardo Schmitz
Dos enormes deslizamientos ocurridos en 2017 y 2018 en los Territorios del Noroeste de Canadá han permitido identificar un mecanismo de inestabilidad geológica hasta ahora insuficientemente reconocido. Una investigación difundida el 15 de octubre de 2026 por la Unión Geofísica Americana (AGU) describe cómo grandes placas de permafrost pueden desprenderse de las laderas cuando el agua penetra por fracturas y debilita el terreno congelado desde su base.
El descubrimiento, presentado en la revista científica Geophysical Research Letters, plantea una explicación diferente de los deslizamientos habitualmente asociados al deshielo superficial. En estos episodios, el deterioro de la unión entre el permafrost y el material subyacente puede liberar masas de suelo y hielo de varias decenas de metros de espesor.
Los acontecimientos dejaron cicatrices de hasta 3,2 kilómetros de longitud en el paisaje. Uno de los casos examinados corresponde a un deslizamiento registrado en 2018 en la región del río Redstone, donde quedó una zona de desprendimiento de aproximadamente 350 metros de anchura.
El agua puede desestabilizar el terreno congelado desde abajo
El permafrost es suelo, sedimento o roca que permanece a temperaturas iguales o inferiores a cero grados Celsius durante al menos dos años consecutivos. En las regiones septentrionales de Canadá puede alcanzar espesores considerables y conservar grandes cantidades de hielo entre sus componentes minerales.
Su estabilidad depende de diversos factores, entre ellos la temperatura, la estructura geológica, la pendiente y la presencia de agua. Cuando cambian estas condiciones, el terreno puede deformarse, agrietarse o desplazarse.
La nueva investigación propone una secuencia particular. Las temperaturas superficiales elevadas y el calentamiento intenso asociado a incendios forestales pueden favorecer pequeños movimientos iniciales del permafrost. Estos desplazamientos generan grietas que permiten la infiltración del agua hacia niveles más profundos.
Una vez que alcanza la base de la capa congelada, el agua contribuye a descongelar el material que mantiene su conexión con el terreno inferior. La pérdida progresiva de resistencia facilita que una gran sección se desprenda y se desplace pendiente abajo.
Este mecanismo se diferencia de los procesos de descongelación del permafrost del Ártico estudiados anteriormente, en los que la degradación superficial del hielo provoca hundimientos y retrocesos del terreno.
Los deslizamientos de 2017 y 2018 revelan una dinámica distinta
Los investigadores utilizaron los dos grandes colapsos registrados en el noroeste canadiense para examinar la relación entre el calentamiento, la formación de fracturas y el desprendimiento de extensas masas congeladas.
La característica más relevante es que el movimiento no afecta solamente a una capa superficial de suelo descongelado. Puede involucrar bloques mucho más gruesos que pierden su apoyo desde abajo y terminan desplazándose como unidades de gran tamaño.
La extensión de las cicatrices constituye una evidencia de la magnitud de estos acontecimientos. En el deslizamiento del río Redstone, la anchura aproximada de 350 metros de la zona de desprendimiento muestra que la inestabilidad puede afectar simultáneamente a una superficie considerable de la ladera.
La investigación identifica este comportamiento como un tipo de deslizamiento diferente de los hundimientos y movimientos de terreno relacionados principalmente con el deshielo descendente desde la superficie.
La distinción resulta importante porque los mecanismos que producen un desplazamiento condicionan tanto el volumen de material movilizado como las señales que podrían utilizarse para reconocer terrenos vulnerables.
Los incendios forestales pueden contribuir a iniciar las fracturas
Uno de los aspectos más significativos del estudio es la posible intervención de los incendios forestales en la primera etapa del proceso.
El calentamiento intenso de la superficie durante un incendio puede alterar las condiciones térmicas del terreno congelado. Si posteriormente aparecen pequeños desplazamientos y fracturas, el agua encuentra vías para penetrar hacia zonas que normalmente permanecen aisladas de la circulación superficial.
La combinación de calor, grietas e infiltración puede favorecer el deterioro de la base del permafrost, incluso cuando una parte importante de la masa superior continúa congelada.
Los investigadores no sostienen que todos los incendios produzcan este tipo de deslizamiento. El proceso requiere condiciones particulares de pendiente, estructura del terreno, disponibilidad de agua y degradación del material congelado.
El hallazgo amplía el conocimiento sobre la dinámica de los suelos congelados en las laderas árticas, donde la gravedad, la humedad y las propiedades físicas del terreno intervienen en movimientos de distinta velocidad y magnitud.
El calentamiento climático podría aumentar la exposición de las laderas
La investigación advierte que estos grandes desprendimientos podrían hacerse más frecuentes si el cambio climático incrementa el calentamiento del permafrost y su exposición a incendios forestales.
El planteamiento representa una posibilidad respaldada por el mecanismo identificado, no una predicción cuantitativa de cuántos deslizamientos ocurrirán en las próximas décadas.
La vulnerabilidad del terreno congelado depende de características locales que pueden variar considerablemente entre regiones. La profundidad del permafrost, su contenido de hielo, la cobertura vegetal, el drenaje y la configuración de las pendientes influyen en su respuesta.
Las observaciones internacionales ya han documentado un aumento de la profundidad de descongelación estacional del permafrost en numerosos puntos del planeta. Sin embargo, el nuevo trabajo canadiense aborda un mecanismo específico de ruptura que no debe confundirse con todas las formas de degradación del suelo congelado.
La importancia científica reside en reconocer que el calentamiento puede modificar la estabilidad de una ladera mediante procesos subterráneos que no siempre resultan evidentes desde la superficie.
Una nueva variable para evaluar los riesgos geológicos
Los grandes deslizamientos del permafrost pueden transformar rápidamente el relieve y movilizar importantes volúmenes de sedimentos, hielo y materiales superficiales.
Cuando estos movimientos se producen cerca de cursos de agua, valles o infraestructuras, sus consecuencias potenciales dependen de la trayectoria del material y de las características del territorio afectado.
El reconocimiento de un mecanismo de descongelación basal ofrece una nueva perspectiva para estudiar la estabilidad de las regiones frías. No basta con considerar únicamente cuánto se descongela la superficie: también puede ser necesario investigar la formación de grietas, la infiltración y las condiciones de contacto entre las capas congeladas y el terreno inferior.
Esta perspectiva complementa las investigaciones sobre la inestabilidad de las laderas de alta montaña, donde la degradación del permafrost constituye uno de los factores que pueden reducir la resistencia de masas rocosas y sedimentos.
Los casos de Canadá muestran que un terreno aparentemente sólido puede perder estabilidad cuando procesos térmicos e hidrológicos debilitan su estructura interna. La magnitud de los desprendimientos registrados en 2017 y 2018 proporciona evidencias para estudiar una categoría de movimientos de ladera que deberá considerarse en futuras investigaciones sobre riesgos naturales en ambientes de permafrost.
Fuente referencial:
Unión Geofísica Americana (AGU), investigación publicada en Geophysical Research Letters, 15 de octubre de 2026




