Investigadores muestran que dos métodos científicamente válidos pueden atribuir proporciones muy diferentes de los daños de un mismo desastre al calentamiento global, incluso cuando ambos funcionan correctamente.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Karem Díaz S.
¿Cuánto dinero cuesta realmente el cambio climático cuando ocurre un huracán, una inundación o una ola de calor? Aunque los científicos disponen de herramientas cada vez más avanzadas para estudiar la influencia del calentamiento global sobre los fenómenos extremos, una nueva investigación revela que calcular los daños económicos atribuibles a ese calentamiento contiene una ambigüedad que no puede eliminarse simplemente mejorando los modelos climáticos.
El estudio, publicado en octubre de 2026 en la revista científica AGU Advances, fue desarrollado por A. L. Match y colaboradores. Los investigadores examinaron los fundamentos de los métodos utilizados para atribuir al cambio climático una parte de las pérdidas ocasionadas por desastres meteorológicos.
Su principal conclusión es que dos procedimientos diferentes pueden ofrecer resultados muy distintos para un mismo acontecimiento y, sin embargo, ser científicamente consistentes. La diferencia no necesariamente indica que alguno esté equivocado: puede surgir de la propia manera en que se define qué parte del desastre corresponde al cambio climático.
El hallazgo tiene implicaciones para las evaluaciones de pérdidas y daños, la planificación de medidas de adaptación y los debates sobre responsabilidades económicas relacionadas con los efectos del calentamiento global.
Dos maneras de calcular los daños atribuibles al calentamiento
La investigación se centra en la atribución de impactos de fenómenos extremos, una metodología que busca determinar qué proporción de las consecuencias de un desastre puede relacionarse con el cambio climático provocado por las actividades humanas.
Para realizar este análisis, los científicos comparan un acontecimiento real con escenarios hipotéticos en los que el clima no hubiera experimentado la influencia humana que se pretende estudiar.
Sin embargo, existen distintas maneras de construir esa comparación.
El primer procedimiento se concentra en los cambios de frecuencia. Examina cuánto más probable se ha vuelto un fenómeno extremo debido al calentamiento global y utiliza esa modificación de la probabilidad para atribuir una parte de sus consecuencias económicas.
El segundo procedimiento se concentra en los cambios de intensidad. En lugar de preguntar cuánto aumentó la probabilidad del acontecimiento, analiza cuánto más grave resultó debido al cambio climático y qué daños adicionales produjo esa intensificación.
Ambas aproximaciones parten de preguntas científicas diferentes.
Una evalúa la influencia del calentamiento sobre la posibilidad de que ocurra el desastre; la otra, sobre la magnitud de sus consecuencias una vez producido.
Esta distinción resulta fundamental porque los fenómenos extremos pueden cambiar tanto en frecuencia como en intensidad, y esas modificaciones no tienen por qué traducirse en la misma proporción de pérdidas económicas.
El huracán Harvey muestra una diferencia de 60 puntos porcentuales
Los investigadores utilizaron como ejemplo el huracán Harvey, que afectó a Estados Unidos en 2017 y provocó inundaciones devastadoras, especialmente en Texas.
Los daños económicos del desastre se estimaron en aproximadamente 90.000 millones de dólares, según la cifra empleada en el análisis.
Al aplicar una metodología basada en los cambios de frecuencia, una estimación atribuyó al cambio climático el 75 % de esos costos.
Sin embargo, una aproximación basada en el incremento de la intensidad atribuyó solamente el 15 %.
La diferencia es considerable.
Si ambas proporciones se aplican a la misma estimación de pérdidas totales, el primer resultado equivale aproximadamente a 67.500 millones de dólares y el segundo a 13.500 millones.
Se trata de una diferencia de 54.000 millones de dólares entre dos formas de evaluar la contribución climática al mismo desastre.
Las cifras no significan que el huracán tuviera dos costos reales diferentes. El daño económico total es el mismo; lo que cambia es la proporción atribuida al calentamiento global según el criterio utilizado.
Este ejemplo muestra por qué la cuantificación económica del cambio climático puede resultar especialmente compleja cuando se utiliza para comparar responsabilidades, calcular compensaciones o valorar políticas de prevención.
Los investigadores proponen una prueba de consistencia
Para determinar si estas diferencias implicaban que alguna metodología era incorrecta, el equipo desarrolló un marco teórico basado en el concepto de consistencia.
Según este criterio, un método de atribución es consistente cuando, al aplicarse a un conjunto de acontecimientos a lo largo del tiempo, la suma de los costos atribuidos al cambio climático coincide con el exceso real de pérdidas ocasionado por su influencia.
La evaluación no se limita, por tanto, a comprobar si una cifra parece razonable para un desastre individual.
Lo que examina es si el procedimiento permite contabilizar de manera coherente los daños adicionales dentro de un conjunto más amplio de fenómenos.
Los investigadores demostraron que tanto el método basado en cambios de frecuencia como el basado en cambios de intensidad pueden satisfacer este criterio bajo determinadas condiciones.
Esto significa que ambos pueden ser válidos desde el punto de vista teórico, aunque produzcan estimaciones distintas cuando se aplican a un acontecimiento concreto.
La conclusión modifica la interpretación habitual de las discrepancias entre estudios de atribución.
Una diferencia importante entre resultados no demuestra automáticamente que exista un error técnico, una representación deficiente del clima o una falla en los datos utilizados.
En algunos casos, la divergencia refleja que los procedimientos están respondiendo a preguntas distintas sobre el mismo fenómeno.
La incertidumbre científica no es lo mismo que la ambigüedad
Uno de los aspectos más importantes de la investigación es la separación entre incertidumbre y ambigüedad.
La incertidumbre aparece cuando los científicos no conocen con precisión una variable, disponen de observaciones incompletas o utilizan modelos que representan de manera aproximada determinados procesos físicos.
En principio, algunas de estas limitaciones pueden reducirse mediante mejores mediciones, series históricas más extensas y herramientas de simulación más avanzadas.
La ambigüedad identificada por el nuevo estudio tiene otra naturaleza.
Surge porque existen varias maneras legítimas de definir y calcular la contribución del cambio climático a los costos de un acontecimiento extremo.
Incluso si los investigadores conocieran perfectamente las condiciones climáticas, la vulnerabilidad de las poblaciones y todos los daños económicos registrados, las distintas definiciones de atribución podrían continuar produciendo resultados diferentes.
Por ello, los autores sostienen que ningún avance técnico puede eliminar por completo esta ambigüedad.
La conclusión no pone en duda la influencia humana sobre el calentamiento global ni la capacidad de la ciencia para detectar cambios en los fenómenos extremos. Lo que cuestiona es la posibilidad de asignar siempre una única cifra económica, universal e independiente del método, a la contribución climática en un desastre individual.
Los modelos climáticos siguen siendo esenciales para evaluar los riesgos
El estudio también permite distinguir dos tareas científicas relacionadas, pero diferentes: proyectar cómo cambiará el clima y calcular qué proporción de las pérdidas de un desastre debe atribuirse a ese cambio.
Las simulaciones climáticas permiten estudiar la evolución de las temperaturas, las precipitaciones, los patrones de circulación atmosférica y otros procesos que influyen en los fenómenos extremos.
Sin embargo, transformar esas modificaciones físicas en pérdidas económicas requiere incorporar información sobre exposición, infraestructura, población y vulnerabilidad.
La complejidad de estas proyecciones aparece también en investigaciones sobre las dificultades para predecir las precipitaciones en un planeta más cálido, donde los cambios de circulación atmosférica representan una fuente importante de incertidumbre regional.
Otro ejemplo procede de los estudios sobre la representación del caudal de los ríos en los modelos del sistema terrestre, que muestran la necesidad de contrastar las simulaciones con observaciones reales.
Mejorar estas herramientas permite caracterizar con mayor precisión las amenazas físicas, aunque no resuelve por sí solo las diferencias conceptuales entre los métodos de atribución económica.
Implicaciones para la adaptación y las reclamaciones por daños
La cuantificación de pérdidas asociadas al cambio climático tiene aplicaciones que van más allá de la investigación académica.
Las administraciones públicas pueden utilizar estas estimaciones para evaluar necesidades de infraestructura, preparar medidas de adaptación y comprender la exposición económica a fenómenos extremos.
También pueden influir en los debates internacionales sobre pérdidas y daños climáticos, así como en procedimientos judiciales donde se discute la relación entre determinadas emisiones y sus consecuencias.
El nuevo trabajo advierte que la elección de la metodología puede influir considerablemente en la cifra final atribuida al cambio climático.
Por ese motivo, resulta necesario especificar qué pregunta responde cada cálculo, cuáles son sus supuestos y cómo debe interpretarse el resultado.
Los autores no concluyen que las evaluaciones económicas sean inútiles. Señalan que sus resultados tienen límites conceptuales que deben reconocerse antes de utilizarlos como fundamento exclusivo de decisiones sobre recuperación, adaptación o litigios.
Esta distinción es especialmente importante cuando las cifras se presentan públicamente como si representaran una medición única y definitiva del costo climático de un desastre.
Un desafío diferente al de calcular el calentamiento futuro
La investigación también complementa otros trabajos destinados a reducir la incertidumbre de las proyecciones climáticas.
Por ejemplo, un estudio anterior analizó cómo ajustar las estimaciones del calentamiento futuro y del presupuesto de carbono mediante observaciones, una estrategia que ayuda a restringir los resultados de los modelos del sistema terrestre.
Ese tipo de avances mejora el conocimiento de la respuesta física del planeta ante las emisiones de gases de efecto invernadero.
El trabajo de Match y sus colaboradores aborda una cuestión distinta: qué significa exactamente afirmar que una determinada cantidad de dinero perdida durante un desastre es atribuible al cambio climático.
La respuesta depende, en parte, de si se analiza la modificación de la probabilidad del acontecimiento o el aumento de los daños causado por su intensificación.
Ambos enfoques pueden aportar información útil, siempre que se interpreten dentro de sus respectivos marcos metodológicos.
El principal aporte de la investigación es demostrar que la ambigüedad puede persistir incluso cuando los métodos son teóricamente consistentes. Por ello, comunicar de manera transparente el procedimiento utilizado resulta tan importante como presentar la cifra económica obtenida.
Fuentes referenciales:
AGU Advances – On the Inherent Ambiguity of Extreme Event Costs Attributed to Climate Change
Eos / American Geophysical Union – The ambiguous costs of climate change




