Una revisión científica concluyó que la temporada de fusión aumentó unos 7,4 días por década desde 1979, mientras disminuyeron el espesor del hielo y la profundidad de la nieve
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Karem Díaz S.
El hielo marino del Ártico permanece expuesto al deshielo durante periodos cada vez más largos, mientras su espesor invernal y la capa de nieve que lo cubre continúan disminuyendo. Una revisión encabezada por Melinda A. Webster, investigadora del Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad de Washington, reunió décadas de observaciones para evaluar cómo se están transformando las propiedades físicas y los procesos del hielo en las dos regiones polares.
El trabajo, publicado el 2 de septiembre de 2026 en Nature Reviews Earth & Environment, calculó que la temporada de deshielo del Ártico se prolongó aproximadamente 7,4 días por década entre 1979 y 2024. El cambio responde tanto a un inicio más temprano de la fusión como a una congelación otoñal más tardía, aunque la importancia relativa de cada proceso varía según la región y el periodo analizado.
El hielo invernal perdió 1,6 metros de espesor medio
La revisión identificó una reducción media total de 1,6 metros en el espesor invernal del hielo marino ártico entre 1980 y 2023. La pérdida afecta especialmente al hielo perenne, es decir, la cobertura que logra sobrevivir al verano y permanece durante más de un ciclo anual.
Cuando disminuye ese hielo antiguo y grueso, aumenta la proporción de cobertura estacional formada durante el otoño y el invierno. Esta superficie más joven y delgada presenta menos capacidad para resistir las temperaturas de la primavera y del verano siguientes.
El retroceso de la cobertura se relaciona con la tendencia de largo plazo del deshielo ártico, aunque las variaciones naturales de la atmósfera y del océano pueden acelerar o frenar temporalmente la pérdida observada durante determinados años.
La nieve sobre el hielo disminuye 2,5 centímetros por década
La profundidad de la nieve acumulada sobre el hielo marino durante la primavera cayó alrededor de 2,5 centímetros por década entre 1954 y 2024. Además de perder espesor, la superficie se ha vuelto más lisa en algunas zonas, alterando características esenciales del hábitat polar.
La nieve funciona como aislante térmico y regula la cantidad de luz que atraviesa el hielo. Su adelgazamiento modifica la transferencia de energía entre la atmósfera, el hielo y el océano, por lo que puede influir tanto en la velocidad del deshielo como en la productividad biológica bajo la superficie.
Los cambios no se limitan al mar. La transformación del entorno congelado también alcanza el permafrost, donde la denominada cortina cero prolonga la actividad microbiana mientras el suelo permanece cerca del punto de congelación.
Menos hielo permite que el océano absorba más energía
El hielo marino refleja una proporción elevada de la radiación solar, mientras que el océano oscuro absorbe mucha más energía. La revisión encontró que el albedo superficial del Ártico durante el verano disminuyó 0,03 por década entre 1979 y 2020.
La reducción de esa capacidad reflectante refuerza un mecanismo de retroalimentación climática: cuanto menor es la superficie helada, más calor absorbe el océano; al conservar esa energía durante más tiempo, el agua retrasa la congelación otoñal y favorece la formación de hielo estacional más fino.
El calentamiento también afecta a la capa de hielo de Groenlandia. Investigaciones anteriores documentaron el aumento de los episodios extremos de fusión en Groenlandia, un proceso distinto de la pérdida de hielo marino, pero igualmente relevante para comprender la transformación del Ártico.
Osos polares, focas y algas pierden condiciones esenciales
El adelgazamiento de la nieve y los cambios en la textura del hielo pueden reducir los espacios utilizados por focas y osos polares para construir refugios, reproducirse o criar a sus descendientes. Las consecuencias dependen de cada especie, de la región y de su capacidad para modificar hábitos de alimentación y desplazamiento.
Bajo el hielo, las algas adaptadas a ambientes de escasa iluminación forman la base de una parte importante de la cadena alimentaria. Una cubierta más delgada permite una entrada diferente de luz, altera su crecimiento y puede modificar la disponibilidad de alimento para organismos que sostienen poblaciones de peces, aves y mamíferos marinos.
Los cambios en las aguas árticas también influyen en el ciclo del carbono. Un estudio sobre el mar de Beaufort mostró que los aportes fluviales pueden favorecer la liberación de dióxido de carbono en determinadas zonas costeras, aunque el balance varía según la estación y los procesos biológicos presentes.
El Ártico y la Antártida no responden de la misma manera
La revisión comparó ambos polos y advirtió que sus diferencias geográficas impiden trasladar automáticamente las conclusiones de una región a la otra. El Ártico es un océano rodeado principalmente por continentes, mientras que la Antártida es un continente circundado por el océano Austral.
Los investigadores encontraron que la tendencia de pérdida en el Ártico es más clara y extensa. En la Antártida, las variaciones regionales y temporales son mayores, aunque los años recientes registraron extensiones excepcionalmente bajas que requieren observaciones adicionales.
La velocidad de desplazamiento del hielo aumentó en ambos hemisferios. El incremento calculado fue de 0,63 centímetros por segundo y por década en el Ártico entre 1978 y 2024, y de 0,69 centímetros por segundo y por década en la Antártida entre 1982 y 2024.
La observación polar deberá combinar satélites y mediciones directas
El equipo señaló que todavía existen vacíos importantes sobre el espesor del hielo, la profundidad de la nieve y los procesos que conectan la atmósfera con el océano. Las observaciones por satélite proporcionan cobertura regional, pero necesitan complementarse con boyas, campañas sobre el terreno y modelos climáticos.
El seguimiento también deberá incorporar transformaciones físicas menos evidentes, como la aceleración de la erosión en ríos del Alto Ártico durante las primeras fases del descongelamiento. Estos procesos muestran que el calentamiento modifica simultáneamente el hielo marino, los suelos, los cauces y los ecosistemas.
Los autores consideran prioritario coordinar las mediciones y los modelos antes del quinto Año Polar Internacional, cuya fase principal se desarrollará en 2032 y 2033. El objetivo será mejorar la capacidad de detectar cambios, reducir la incertidumbre y comprender cómo la pérdida de hielo puede repercutir en el balance energético del planeta.
Fuentes referenciales:
Infobae
Nature Reviews Earth & Environment




