La NASA cartografió una fase en la que el suelo permanece cerca de 0 °C, conserva humedad y permite que los microorganismos liberen dióxido de carbono y metano durante más tiempo
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
Un estudio encabezado por la NASA elaboró los primeros mapas detallados de la denominada “cortina cero”, una fase del ciclo térmico del Ártico durante la cual el suelo permanece cerca del punto de congelación durante días o semanas. El fenómeno puede prolongar la actividad de los microorganismos que descomponen materia orgánica y liberan gases de efecto invernadero.
La investigación, publicada el 18 de agosto de 2026 en Scientific Reports, combinó observaciones satelitales, resultados de modelos y mediciones de campo recopiladas desde 1891. El equipo integró estos datos mediante GeoCryoAI, un sistema de inteligencia artificial creado para identificar la duración, la intensidad y la distribución geográfica de la cortina cero.
Los resultados no constituyen una medición directa de todas las emisiones microbianas del Ártico ni permiten establecer cuánto carbono adicional llegará a la atmósfera. Su importancia reside en ofrecer una representación más precisa de las condiciones térmicas y de humedad que mantienen biológicamente activos los suelos polares.
El suelo no se congela inmediatamente al llegar el invierno
Durante la transición del otoño al invierno, la temperatura del aire puede descender por debajo de 0 °C sin que el terreno se congele por completo. El agua contenida en el suelo libera calor al transformarse en hielo, lo que retrasa el enfriamiento posterior y mantiene la temperatura cerca del punto de congelación.
El mecanismo puede compararse con un vaso que contiene agua y hielo. Mientras ambas fases coexisten, la energía disponible se utiliza en el cambio de estado en lugar de modificar rápidamente la temperatura. En primavera sucede el proceso inverso: la energía que entra en el suelo derrite el hielo antes de elevar la temperatura del terreno.
Esta pausa térmica puede extenderse durante días o semanas según la humedad, las características del terreno y las condiciones meteorológicas. Los mapas elaborados por la NASA muestran que el periodo asociado con el deshielo primaveral suele ser considerablemente más largo que la cortina cero de la congelación otoñal.
Las regiones con mayor contenido de humedad también presentan periodos más prolongados. La presencia de agua influye en la cantidad de energía necesaria para completar la congelación o el deshielo y crea condiciones favorables para la actividad biológica.
Los microorganismos siguen degradando materia orgánica
El suelo cercano a 0 °C todavía puede contener agua líquida y permitir que los microorganismos permanezcan activos. Estos organismos consumen materia orgánica almacenada en el terreno y, como resultado de su metabolismo, liberan dióxido de carbono y metano.
El proceso resulta relevante porque el permafrost ártico conserva aproximadamente 1,9 billones de toneladas de carbono orgánico, equivalentes a 1,7 billones de toneladas métricas. Esta reserva es cercana al doble del carbono presente actualmente en la atmósfera terrestre, según la NASA.
No todo ese carbono se liberará ni lo hará al mismo tiempo. La cantidad y el tipo de gas producido dependen de factores como la temperatura, la humedad, la disponibilidad de oxígeno, la composición de la materia orgánica y las comunidades microbianas presentes.
Investigaciones anteriores han explicado cómo el deshielo del permafrost libera carbono y metano cuando los microorganismos recuperan acceso a materiales orgánicos que habían permanecido congelados durante largos periodos.
GeoCryoAI reconstruyó el fenómeno a escala regional
Las observaciones directas de la temperatura del suelo son limitadas en el Ártico debido a su extensión, clima extremo y escasa infraestructura. GeoCryoAI fue diseñado para cubrir parte de esas lagunas mediante la integración de distintas fuentes de información.
El sistema combina mediciones de campo que se remontan a finales del siglo XIX con datos satelitales y resultados de modelos físicos. A partir de esa información, genera mapas de alta resolución sobre el momento en que aparece la cortina cero y el tiempo durante el cual permanece activa.
El empleo de inteligencia artificial no reemplaza las observaciones sobre el terreno. Los datos históricos y las estaciones de medición aportan las referencias necesarias para entrenar y comprobar el funcionamiento del modelo, mientras los satélites permiten ampliar la cobertura espacial.
El nuevo mapa también puede complementar estudios sobre cómo la transformación de la vegetación modifica las emisiones del permafrost. Las plantas afectan la temperatura, la acumulación de nieve, la humedad y la cantidad de carbono disponible en el suelo.
La misión NISAR ampliará la vigilancia del terreno congelado
GeoCryoAI fue preparado para trabajar con las observaciones de NISAR, la misión conjunta de la NASA y la Organización de Investigación Espacial de la India. Su radar de apertura sintética puede detectar cambios en la superficie terrestre incluso durante la noche o cuando las nubes impiden las observaciones ópticas.
La integración de estos datos podría mejorar el seguimiento de la congelación, el deshielo y los cambios de humedad en los paisajes árticos. También permitiría ajustar los modelos utilizados para estimar las futuras emisiones de gases de efecto invernadero procedentes del permafrost.
El monitoreo resulta importante porque el deshielo no solo afecta al ciclo del carbono. También puede modificar los flujos de agua subterránea y movilizar sustancias retenidas en el terreno, como muestran investigaciones sobre la liberación de contaminantes desde el permafrost ártico.
Una variable que debe incorporarse a las proyecciones climáticas
La duración de la cortina cero define cuánto tiempo permanece el suelo en condiciones de humedad y temperatura compatibles con la actividad microbiana. Si los modelos climáticos representan esta fase de manera imprecisa, podrían subestimar o sobreestimar la cantidad de carbono liberada durante las transiciones estacionales.
El estudio no demuestra por sí solo que la cortina cero esté aumentando de forma uniforme en todo el Ártico. Los autores ofrecen una herramienta para observar sus diferencias regionales y analizar cómo podría responder a cambios futuros de temperatura, humedad y cobertura vegetal.
Estas interacciones explican por qué el permafrost funciona como una parte activa del sistema climático. Las emisiones microbianas pueden contribuir al calentamiento, mientras el incremento de temperatura favorece nuevos procesos de deshielo. El alcance de esa retroalimentación depende de la evolución de las emisiones humanas y de la respuesta física y biológica de cada territorio.
La investigación también se relaciona con experimentos que han conseguido reactivar microorganismos conservados en el permafrost, una evidencia de que las comunidades microbianas pueden recuperar actividad cuando vuelven a disponer de agua líquida y condiciones térmicas adecuadas.
Los nuevos mapas permitirán comparar estaciones, años y zonas geográficas con mayor detalle. Esa información podrá utilizarse para evaluar cuánto dura la actividad del suelo durante la congelación y el deshielo y para mejorar las estimaciones del carbono que podría incorporarse a la atmósfera.
Fuentes referenciales:
Infobae
NASA
Scientific Reports
