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Panorama Planetario

14 de septiembre de 2026
Resumen ejecutivo. El sistema terrestre llega a mediados de septiembre bajo una combinación de calor global extraordinario, océanos excepcionalmente cálidos, sequías regionales, incendios intensificados y episodios de precipitación extrema. Agosto fue el mes de agosto más cálido del registro de NOAA y Copernicus lo situó entre los meses más calurosos observados. La energía acumulada en mares y atmósfera aumenta la posibilidad de impactos simultáneos, aunque ningún episodio individual puede atribuirse únicamente al cambio climático sin un análisis específico.
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Temperatura global

NOAA calculó para agosto una anomalía de aproximadamente 1,32 °C sobre el promedio del siglo XX, la más elevada para ese mes en su serie iniciada en 1850. Copernicus estimó 16,96 °C de temperatura media del aire y 1,65 °C sobre el nivel preindustrial. La diferencia entre referencias estadísticas no cambia la señal principal: persiste un calentamiento excepcional.

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Océanos

La temperatura superficial del océano fuera de las zonas polares permanece cerca de máximos históricos. Las aguas cálidas elevan el estrés térmico de arrecifes y especies sensibles, alteran pesquerías, favorecen la expansión del nivel del mar y aportan humedad a tormentas. El impacto no es uniforme: cada cuenca responde también a vientos, corrientes y variabilidad regional.

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CO₂ atmosférico

La concentración atmosférica de dióxido de carbono continúa muy por encima de 420 partes por millón en las mediciones de referencia. Las oscilaciones estacionales modifican el valor diario, pero no la tendencia de fondo. El CO₂ acumulado retiene energía durante largos periodos, por lo que estabilizar el clima exige reducir las emisiones netas, no solo desacelerar su crecimiento.

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Hielo polar

El hielo marino del Ártico atraviesa la fase cercana a su mínimo anual, normalmente alcanzado en septiembre. La extensión exacta dependerá de las condiciones meteorológicas finales de la temporada. En la Antártida, la vigilancia se concentra en la evolución del máximo invernal y en los contrastes regionales entre sectores, plataformas y hielo marino.

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Incendios

Indonesia concentra una señal crítica, especialmente en Kalimantan y el este de Sumatra. Datos difundidos a partir de Copernicus estimaron 19,7 millones de toneladas de CO₂ emitidas entre el 1 y el 7 de septiembre. El fuego sobre turberas puede mantenerse bajo la superficie, dificultar la extinción y liberar humo con efectos transfronterizos sobre salud y calidad del aire.

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Sequías

Persisten déficits de humedad en áreas de Europa central y oriental, regiones mediterráneas y sectores de América Latina, África y Asia. Sus efectos dependen del almacenamiento de agua, el tipo de cultivo y la duración del déficit. La recuperación de una sequía agrícola o hidrológica suele requerir lluvias sostenidas; un solo episodio intenso puede causar inundaciones sin recargar suficientemente los sistemas.

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Tormentas y extremos

La atención permanece sobre el Atlántico tropical, el Pacífico occidental y el monzón asiático. Mares más cálidos pueden aumentar la humedad disponible, pero la formación e intensidad de cada ciclón dependen también de la cizalladura, la estructura atmosférica y su trayectoria. Nepal y zonas próximas del Himalaya evidenciaron recientemente la capacidad destructiva de lluvias, crecidas y deslizamientos encadenados.

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Calidad del aire

La Organización Meteorológica Mundial advierte que las olas de calor y los incendios pueden contrarrestar avances logrados mediante la reducción de emisiones industriales y del transporte. El humo eleva partículas finas y otros contaminantes a grandes distancias. La vigilancia atmosférica debe integrar meteorología, focos de incendio, exposición humana y alertas sanitarias coordinadas.

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Señal planetaria destacada

La coincidencia de aire y océanos extraordinariamente cálidos constituye la señal dominante del 14 de septiembre. No implica que todo el planeta experimente calor simultáneamente, pero sí desplaza la distribución de probabilidades: aumenta la posibilidad de extremos térmicos, lluvias intensas, evaporación acelerada y presión sobre ecosistemas. El riesgo crece cuando estos factores se superponen con vulnerabilidad social, urbanización o degradación ambiental.

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Perspectiva para los próximos 7–14 días

La vigilancia prioritaria estará en la evolución de ciclones tropicales, lluvias del monzón, incendios y humo en el Sudeste Asiático, disponibilidad hídrica europea y cierre de la temporada de deshielo ártico. Los pronósticos subestacionales sirven para reconocer zonas con probabilidades elevadas, pero no permiten anticipar con precisión cada impacto local. Conviene consultar los servicios meteorológicos y de protección civil de cada país.

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El éxito está bajo tierra: por qué triunfan los árboles invasores en los bosques de ribera

Los bosques de ribera son ecosistemas especialmente vulnerables a las invasiones por árboles exóticos debido a sus condiciones benignas. Alberto Romero, CC BY-SA

Los árboles son una fuente esencial de servicios ecosistémicos para las personas: nos proporcionan alimentos, medicinas, madera, conocimiento y belleza paisajística. Además, ayudan a regular el clima, proteger el suelo frente a la erosión y mucho más.


Alberto Romero Blanco, Universidad de Alcalá; Elena Granda, Universidad de Alcalá, and Pilar Castro Díez, Universidad de Alcalá


Para obtener estos servicios, el ser humano ha introducido diversas especies de árboles fuera de su área de distribución natural, convirtiéndolas en especies exóticas. Algunas han terminado invadiendo exitosamente los ecosistemas receptores, poniendo en riesgo su funcionamiento, estructura y biodiversidad. Parte de ese éxito podría deberse a su capacidad para acceder al agua en capas más profundas del suelo, evitando así la competencia directa con las especies nativas.

La vulnerabilidad de las riberas frente a los árboles invasores

Uno de los ecosistemas más vulnerables a la invasión de árboles exóticos son los bosques de ribera. Las especies nativas que habitan en ellos están adaptadas a ríos con niveles freáticos someros –el nivel que alcanza el agua subterránea en el suelo– y a inundaciones periódicas. Sin embargo, los niveles freáticos están bajando y la frecuencia de las inundaciones se está reduciendo a causa de la aridificación del clima y de las alteraciones provocadas por el ser humano en los cauces y en los caudales de los ríos.

Estos cambios conducen a ambientes más secos que pueden debilitar a las especies nativas y, al mismo tiempo, abrir la puerta a que algunos árboles exóticos se conviertan en invasores. Esto ocurre especialmente cuando estas especies ya vienen equipadas desde su lugar de origen con rasgos que les permiten prosperar en estos ambientes alterados, como raíces más profundas que las de las especies nativas. Si especies exóticas y nativas captaran agua de diferentes profundidades, la competencia entre ellas por el agua se reduciría, facilitando el establecimiento de las primeras.

Eso es lo que nos hemos preguntado en un estudio que hemos publicado en la revista Agricultural and Forest Meteorology: si en los bosques de ribera del centro peninsular en España los árboles exóticos y nativos extraen el agua de distintas profundidades del suelo. Las especies de árboles que muestreamos pueden observarse en la imagen que sigue a este párrafo.

árboles nativo y exóticos de la Península Ibérica
Especies de árboles nativas y exóticas incluidas en el estudio. El ailanto y la falsa acacia son especies exóticas que presentan un comportamiento invasor. Sten Porse/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Siguiendo el rastro del agua con ayuda de los isótopos

Medir la profundidad de la raíz de los árboles puede resultar muy complicado. En su lugar, hemos empleado otra herramienta para ver de dónde obtenían los árboles el agua: los isótopos del agua. Concretamente, utilizamos una variable llamada δ¹⁸O, que mide la proporción entre el isótopo ligero del oxígeno (oxígeno-16), que se evapora más fácilmente en contacto con la atmósfera, y el isótopo pesado (oxígeno-18), más abundante en el agua superficial expuesta a la evaporación.

Por lo tanto, para rastrear de dónde toman el agua los árboles en condiciones de escasez, recolectamos en verano muestras de xilema, el tejido conductor que distribuye el agua por la planta, y de suelo a diferentes profundidades. A continuación extrajimos el agua del xilema y de los suelos y analizamos la proporción de isótopos de oxígeno que contenían.

Otra variable que medimos fue la proporción de isótopos estables de carbono (δ¹³C) de las hojas de los árboles para poder estimar un rasgo que también puede influir en la adaptación a entornos con escasez de agua: la eficiencia en el uso del agua.

Este rasgo informa sobre la cantidad de agua que pierde una planta a través de los estomas cuando estos se abren para captar el dióxido de carbono (CO₂) atmosférico que será utilizado posteriormente en la fotosíntesis. Cuanto más CO₂ capta una planta y menos agua pierde en el proceso, más eficiente es en el uso del agua, al igual que un coche es eficiente cuando recorre muchos kilómetros consumiendo poco combustible.

Captar agua profunda puede estar tras el éxito invasor

Al analizar los valores de δ¹⁸O en el agua del xilema, encontramos que las dos especies exóticas con comportamiento invasor –la falsa acacia y el ailanto– mostraban los valores de δ¹⁸O más bajos, lo que indica que estas son las que extraen el agua de las capas más profundas del suelo. Esto sugiere que parte de su éxito invasor podría estar relacionado con su capacidad para evitar la intensa competencia por el agua que ocurre en las capas más superficiales del suelo.

bosque de ailanto
Bosque de ailanto (Ailanthus altissima), un árbol exótico invasor en España. Elena Granda, CC BY-SA

Otro hallazgo destacable fue que los árboles exóticos, especialmente la falsa acacia, presentaron valores más altos de δ¹³C que los nativos, indicando que los primeros hacen un uso más eficiente de los recursos hídricos. Esto facilitaría su establecimiento en los ecosistemas receptores y les daría ventaja frente a las especies nativas, ya que serían capaces de aumentar la captación de carbono durante los periodos secos.

Nuestra investigación arroja luz sobre una estrategia poco conocida que permite a los árboles exóticos establecerse y prosperar en bosques de ribera, a la vez que enfrentan con éxito episodios de sequía, cuya gravedad está aumentando por el cambio climático y las perturbaciones humanas en los ríos.

Mientras que los árboles de ribera nativos sufren cada vez más por estas condiciones, las especies exóticas podrían sacar provecho al extraer agua de las capas más profundas del suelo y aprovecharla de manera más eficiente. La combinación de todos estos factores puede alterar profundamente la estructura y funcionamiento de los bosques de ribera.

Alberto Romero Blanco, Investigador postdoctoral en Ecología por la Universidad de Alcalá. Invasiones biológicas y ecotoxicología, Universidad de Alcalá; Elena Granda, Profesora ayudante doctor en ciencias de la vida (Ecología), Universidad de Alcalá, and Pilar Castro Díez, Profesora Titular de Universidad. Área de especialización: Ecología, Universidad de Alcalá

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.